Autor: Ñervatu
domingo, 03 de febrero de 2008
Sección: TardoAntigüedad
Información publicada por: Ñervatu
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La verdadera dimensión de la Invasión Musulmana.
Recientemente se ha puesto en solfa la Invasión musulmana del siglo VIII, incluso Olague y otros autores la han negado; pero en este foro vamos a intentar demostrar la falsedad de dichas tesis.
Una Invasión Masiva
La expansión Islámica por el Magreb, Occidente y otras partes del mundo se debió en primer lugar a la fuerza del Islam y al misticismo que impregnaba en sus seguidores; pero también a un vacío de poder tras la caida del Imperio Romano Occidental y el debilitamiento del Imperio Romano Oriental y del Imperio Persa.
Asi pues la invasión de la Península Ibérica no es un hecho aislado sino que es un eslabón de la expansión musulmana; la singularidad de dicha invasión es que fue anticipada y propiciada por discordias internas en el reino Visigodo.
Efectivamente aún no se había deglutido la conquista del Magreb Occidental ni islamizado a sus habitantes cuando debido a las disputas por el trono Toledano, un bando aristocático visigodo, los Witizanos solicitaron la ayuda al califa de Damasco para recuperar el trono que ostentaba un general de prestigio Don Rodrigo o Rodrich , Rodericus en latín; dicho general habría sido elegido como solución transitoria por los magnates godos descontentos con el predominio del linaje Witizano.
Una vez autorizados por el Califa de Damasco para iniciar la invasión los caudillos Táriq y Muza contaron con apoyos intramuros del reino, los partidarios de los hijos de Witiza como el conde Don Julian.
Táriq desembarcó con 7.000 hombres y Muza le envió un refuerzo de 5.000 contabilizando el ejército musulmano-beréber un total de 12.000 hombres en el momento decisivo de la batalla del Guadalete.
En el 712 Muza desembarcó con unos 18.000 hombres en esta ocasión árabes con un gran contingente de yemenitas asi que los efectivos musulmanes en el 712 serían en torno a los 30.000 hombres habiendo sufrido muy pocas bajas en los enfrentamientos con los partidarios del rey Don Rodrigo que solo habían resistido en Mérida e inicialmente en la batalla del Guadalete hasta que las alas Witizanas del ejército desertaron.
Comparando se obtiene la verdad
Hasta la fecha ningún historiador ha puesto en duda dichas cifras aunque curiosamente había unanimidad en decir que eran unos efectivos muy escasos y todos se preguntaban como efectivos tan nimios habrían podido conquistar la Península en tan poco tiempo.
Se exponían las teorías del hartazgo de la población nativa hispanorromana respecto a los visigodos, una supuesta peste que habría mermado la población, las divisiones internas previas y durante la invasión con enfrentamientos entre poderes territoriales, la práctica del terror llevada a cabo por los musulmanes para noquear y paralizar por miedo posibles movimientos resistentes etc.
Desde este foro modestamente y desde la modestia de este simple aficionado vamos a intentar enmendar la plana a tan ilustres y singulares expertos.
Y para evitar polémicas estériles voy a centrarme en aspectos concretos y verifica-
bles:
1º Los historiadores críticos con la Importancia y realidad de la Invasión Musulmana
jamás rechazaron las cifras dadas por los cronistas musulmanes en cuanto a los efec-
tivos de dicha invasión.
2º Dichos efectivos unánimemente fueron calificados de escasos y por lo tanto dado su bajo número para una empresa de tanto relieve como la conquista del Reino Visigodo -toda la Península Ibérica mas Baleares, mas la parte francesa del Reino, mas las plazas del Norte de Africa-se negaba la conquista en si. (Teoría de Olague y otros Unitarios-Trinitarios).
3º Hasta la fecha nadie ha puesto en duda que una superpotencia de la época como era el Imperio Romano disponía en el frente occidental de 50.000 comitatenses es decir el ejército real, el móvil, el que se empleaba en las batallas decisivas tipo Adrianópolis o Naissus o para tapar brechas en el frente sostenido por los limitanei que eran una especie de tropas guardafronteras acantonadas en fuertes y posiciones estáticas; y en el frente oriental otros 50.000 comitatenses. Es decir que para todo el Imperio Romano en Europa frente a los germanos, sármatas, alanos y demás pueblos bárbaros, en Africa frente a los bereberes del interior y en Asia frente al Imperio Persa Sassanida y luego el Parto los romanos disponían de 100.000 efectivos de combate divididos en dos grupos de 50.000 para oriente y occidente mas los limitanei tropas guardafronteras acantonadas en posiciones estáticas y de nulo valor combativo salvo como primer elemento disuasor y de retardo en las incursiones.
4º Si para todo Occidente Roma empleaba contra toda la panoplia de tribus que intermitentemente le presionaban en el Rhin-Danubio y Magreb de Africa 50.000 comitatenses; la cifra de 30.000 musulmanes para conquistar Hispania y una pequeña porción del sudeste francés es enorme.
5º que el Reino Visigodo ni remotamente podría reunir lo que usaba Roma para toda la parte Occidental del Imperio 50.000 hombres.
6º Que la inmediata expansión musulmana hasta el corazón del territorio franco en el centro-norte de la actual Francia demuestra que el objetivo de fuerza tan importante no era ni devolver el trono a los incautos witizanos, ni conquistar la Península sino darle un golpe decisivo a Occidente en Hispania-Galia como situación previa a la acometida final contra El Papado en Italia.
7º Que la Invasión de Europa tuvo un éxito sin precedentes y solo la discordia originada en el sistema tribal de los musulmanes impidió la aniquilación de Europa; ni siquiera los hunos de Atila habían logrado llegar al Atlántico.
8º Ese balón de Oxígeno permitió a los francos en la Galia y a la resistencia Astur-Cántabra en Hispania reorganizarse y recuperarse de la sorpresa para fortificarse, rearmarse y aprovechando las discordias entre los junds árabes y los bereberes llevar la frontera hasta el Duero.
9º Pero para ello, en la batalla de Covadonga, 300, como los espartanos, al mando de Belay el Rumí, "el asno salvaje" lograron hacer virar en un momento concreto y decisivo un acontecimiento histórico que parecía inevitable: la conversión de la Península Ibérica en una Anatolia Turca.
10º Y que mejor resumen que las palabras de Don Oppas obispo y caudillo de los Witizanos dirigidas al caudillo astur Don Pelayo: "¿como tú con esta pequeña tropa, en esta cueva, pretendes resistir al Islam que desde las arenas del desierto arábigo ha venido engullendo a todos los estados y naciones?
a lo que éste respondió porque la Iglesia de Dios es como la luna que aún estando en cuarto menguante, al poco tiempo recupera su esplendor; y diose la batalla y con el estandarte de la cruz de la Victoria, los astures, por la gracia de Dios aniquilaron a los caldeos muriendo su comandante Al Qaman y el pérfido obispo traidor iniciándose así la restauración de España.
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Comentarios
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Salud
Miletomaro, no sábes lo que dices, comida, agua fresquita? Dame un apartamento en Gran Canaria y déjate de pijadas... ;-)
Por cierto Beturio, si eres de Fash al-Ballut estarás harto de comer jamón de pata negra.
Lug.
Magnífico lo del invento del cambio climático, aquí también funciona pero debe estar mal instalado porque de seguir así nos vamos a tener que duchar con gaseosa.
Menos mal que todavía existen el Ribera del Duero, el Rioja, el Penedés, el Manzanilla y el Amontillado.
Ah y la sidra que me bebo una botella y cuarto yo solo.
Salud.
Beturio.
Por las barbas de Salomón que el ibérico de tres bellotas es para mí mejor que el perfume del jardín de Edén, sobre todo si me llenan la copa regularmente.
Civilización de frontera le llamo yo a lo que tú has descrito, hasta Cervantes, cachondeandose de él mismo y de todo lo que se le pusiera por delante dice en El Quijote que el libro en cuestión lo escribió un tal Cide Amete Benenjeli, osea un moro.
A lo mejor u día se me ocurre escribir un artículo titulado Hispania, Civilización de Frontera, o quizás eso lo harías tú mejor que yo. Por cierto que Cervantes anduvo por tu tierra y allí tuvo la ocurrencia de darse cabezazos contra el granito.
Me reitero en la elevación del ibérico al plano de lo legendario.
Perdón he dicho que Cervantes se dió cabezazos en el Valle de los Pedroches pero he querido decir Don quijote. Curioso lapsus.
Para bien sea, y espero que podamos leerla aquí, que aunque la empresa sea difícil, en buenas manos queda encomendada.
Pues Bergan, la magnitud de los encinares de Fash al-Ballut ya las contó el conocido como Moro Rasi. Pero sí, tienes razón, volvamos al tema.
Se plantea Ramonmo, #27, qué es lo que pasó. Excelente pregunta, pues como dice Eduardo Manzano vocablos como “conquista” o “reconquista” son sólo fotos fijas que poco ofrecen, excepto servir de arsenal para quienes emplean la historia como justificación de distintas ideologías. Lo que creo que de verdad importa para el estudio de la historia es el análisis de los procesos que produjeron la mudanza del reino hispanovisigodo al califato de al-Andalus en apenas poco más de dos siglos en más de dos tercios peninsulares, y varios pequeños reinos en el tercio restante. Consultando y repasando, y siguiendo el libro de Eduardo Manzano comentado fundamentalmente, he aquí lo que entiendo que pasó. Me temo que debo hacerlo en dos partes, a continuación de este post:
(¿Es necesario aclarar antes, como mi paisano que se perdió entre las columnas de la antigua mezquita cordobesa, la filiación o el origo para comprender alguna intención subliminal en el mensaje? No es mi caso, pienso que la historia es la misma, se viva en Cambados, Jerez o la Seo de Urgell. Particularmente, resido en el norte de Andalucía, pero mis antepasados son cántabros que llegaron a estas tierras hacia el siglo XIV [sí, hubo repoblación], y me es indiferente si ellos habían residido por Laredo desde que la Cueva del Castillo estaba habitada o eran descendientes de mozárabes que huyeron de los almohades, o emigrantes egipcios que se asentaron por Veleia -donde, por cierto, conocieron a un tal Parmenio-. Así que espero que no se busque en el texto ninguna oculta intención, sino mi particular afán de leer para desasnarme e intentar conocer y comprender el pasado.)
La conquista de Hispania.
1 Antecedentes: declive del reino hispanovisigodo. Leovigildo y Recaredo comprendieron la necesidad de unificar las dos etnias de hispanorromanos y godos. Tras el intento de hacerlo desde arriba del primero, el segundo lo hizo en el III Concilio de Toledo con la conversión de los godos arrianos al cristianismo. La aristocracia nativa, como ha sido frecuente desde siempre, también se unió a la élite del poder (la mujer hispana de Teudis fue la que le proporcionó los recursos necesarios para armar sus tropas). El poder, como dije antes, se basaba simple y llanamente en la posesión de la tierra, de los medios y modos de producción; el interés de los aristócratas se limitaba exclusivamente a sus propiedades. Esta feudalización galopante había minado la posibilidad de que el rey tuviese capacidad para imponer su autoridad. A esto se unía un gran problema estructural del reino, el método sucesorio. La tradición germana imponía el método electivo, aunque se intentó en distintos Concilios imponer el sucesorio.
Con estas dos cuestiones de fondo se produce la muerte de Witiza en el 710. La legitimidad sucesoria correspondía a su hijo Agila, pero el sector “nacionalista godo” impuso por elección a Roderico, con la fuerte oposición de los “legitimistas” de Agila, viviendo desde entonces el reino en una situación de práctica guerra civil.
2 La invasión de Tariq y Muza. Crónicas y leyendas hablan de una doncella (Florinda) mancillada por Roderico, hija del conde Julián, gobernador de Ceuta que, en venganza, se habría aliado con los opositores al rey encabezados por Agila y habría facilitado el paso de los musulmanes a la península (magistral aquel romance que narra la muerte de Roderido o Rodrigo y siente que va siendo pasto de los gusanos: “ya me comen, ya me comen, por do más pecado había…”). Desconocemos si alguna princesa bizantina o sasánida tuvo esa adversidad también, pero lo cierto es que el Islam tuvo una enorme expansión territorial a sus expensas en muy poco tiempo. Como escribía el gran maestro José Luis Martín (STTL), el Islam tenía una oferta “difícil de rechazar” para las masas populares: si durante las batallas para difundir la religión vencían, obtenían un quinto del botín; y si fallecían, les esperaba una eternidad repleta de huríes, prebendas y canonjías. En aquellos tiempos no hay que buscar cuestiones que no hubo hasta después, como cruzada; en aquellos tiempos de discusiones teológicas, dogmáticas y trinitarias, el lema No hay más Dios que Dios no tenía el sentido de conflicto que alcanzó después. El autor, cristiano, de la Crónica de 754, considera a Mohoma otro profeta o líder, un seguidor del mismo sendero que Abrahám o Jesús, no el fundador de una nueva religión que iba a ser su más seria competencia. De esto se dieron cuenta Álvaro y demás compañeros de Córdoba un siglo después.
En el año 698, Cartago capitulaba, y el Islam proseguían su avance hacia el este, hasta ver la Península al otro lado del estrecho. Ni en Siria, Egipto, Persia o Hispania hubo necesidad de doncella desflorada que vengar, una de las características del comienzo del Islam fue eso comentado, su enorme fuerza de expansión. Los acontecimientos que rodearon la conquista musulmana del 711 han sido narrados en innumerables ocasiones. En resumen, en su lucha contra Rodrigo, los hijos del difunto Vitiza habrían recurrido al gobernador árabe del norte de África, Musa b. Nusayr. Éste ordenó a su lugarteniente, Tariq b. Ziyad, desembarcar en la península, derrotando a Rodrigo en la batalla de Guadalete. Poco después llegaba a la península Musa, convencido de que la conquista del territorio era fácil. En poco tiempo dominó gran parte del país, hasta que fue llamado a capítulo en el 713 por el califa al-Walid por su excesiva independencia.
3. Conquistas o pactos. Las fuentes que narran la conquista son escasas o incluso alejadas en el tiempo y el espacio. Destacan la Crónica de 754 (cristiana); el Kitab utuh Misr, “Libro de las conquistas de Egipto”, del egipcio Ibn Abd al-Hakam; y el Kitab al-Tarij, “Libro de la Historia”, del andalusí Abd al-Malik b. Habib. Estos dos últimos no eran historiadores, sino ulemas, personas versadas en el derecho islámico y seguidores de la escuela malikí. Para ellos el determinar cómo se había producido la conquista era fundamental, si por derecho de conquista o mediante pactos con la población. La diferencia entre ambos era enorme, pues si los musulmanes habían encontrado una oposición armada que había habido que combatir por la fuerza (‘anwatan), la tierra era consideraba botín de la comunidad de creyentes (umma), que podían ser entregada en concesión (iqta’at) a particulares, aunque el dominio pertenecía a la umma, o sea, al califa o poder político de turno, que podía reclamar la quinta parte (jums) de las tierras conquistadas para administrarlas directamente. En cambio, donde había habido un tratado de capitulación (sulh) las cosas eran distintas, porque no había botín indivisible, ni quinta parte (jums), ni ningún derecho de la umma (o sea, administrado por la dinastía gobernante): en virtud del pacto, las poblaciones conquistadas seguían disponiendo de sus propiedades sin ninguna limitación, pudiendo venderlas o legarlas a sus descendientes.
Los dos ulemas malikíes, del círculo palatino de los Omeyas, eran firmes partidarios de que al-Andalus había sido conquistada por la fuerza de las armas: era, evidentemente, la visión que más convenía a los gobernantes, que podían reclamar el quinto de las propiedades.
Una opinión radicalmente distinta era defendida por Ibn al-Qutiya en Tarij ifti-tah al-Andalus, “Historia de la conquista de al-Andalus”. Era descendiente de Witiza a través de una nieta del rey visigodo, Sara, casada con un miembro del ejército conquistador, que dio lugar a la poderosa familia sevillana de los Banu Hayyay, clan que protagonizó a finales del IX y comienzos del X una seria revuelta contra los Omeyas cordobeses. En opinión de Ibn al-Qutiya, el hecho central que marcó los sucesos del año 711 fue el pacto que hicieron los hijos de Vitiza con los conquistadores, representados primero por Tariq, luego por Muza y después por el mismo califa. Este acuerdo les habría permitido disfrutar de unas posesiones muy numerosas, tres mil en total, tanto a ellos como a sus descendientes. Ibn al-Qutiya insiste en las relaciones entre indígenas y conquistadores, y niega rotundamente que en al-Andalus se reservara el quinto (jums) bajo administración directa de la comunidad, o sea, de la dinastía gobernante. Obviamente, los Omeyas no querían ni oír hablar de esos pactos que le negaban el dominio eminente en al-Andalus. La importancia de la conquista por la fuerza que argumentaban los dos ulemas malikíes era puesta en contradicho en otros documentos más, en un contexto en que los derechos sobre la tierra de los descendientes eran objeto de discusión, porque estaba de trasfondo la relación con el poder central de los Omeyas cordobeses.
La consolidación de al-Andalus.
4.- Alianzas con los indígenas. Tras la derrota de Rodrigo, la arqueología muestra continuidades y fuertes rupturas, del mismo modo que en las crónicas árabes y latinas se da una visión en la que se conjugan la idea de pactos con la de grandes enfrentamientos. El noble Teodomiro, con gobierno en un gran territorio con centro en Orihuela, estableció un tratado que han preservado las fuentes árabes: los conquistadores se comprometían a respetar la vida, condición, propiedades y religión de Teodomiro y su gente a cambio de sumisión, cese de cualquier actitud hostil y el pago de un tributo fijado de antemano. En las excavaciones de una ciudad incluida en el pacto, Madinat Iyyih (Minateda), no hay un corte brusco ni restos de destrucción, la presencia de la nueva cultura se aprecia gradualmente.
El sevillano citado arriba, Ibn al-Qutiya, cuenta que a su muerte de Witiza dejó tres hijos, Alamund, Agila y Artobás. Al desembarcar Tariq, los tres accedieron a unir sus tropas con las de Rodrigo, pero antes del combate mandaron un mensaje a Tariq a quien le señalaba que Rodrigo era sólo un súbdito de su padre (“uno de los perros de su padre”, más concretamente), y que estaban dispuestos a alcanzar un acuerdo que les asegurara la posesión de las 3.000 aldeas que había dejado su padre. Tras la conquista, Alamund se estableció en Sevilla, dejando tres hijos a su muerte; pero la herencia les fue arrebatada por Artobás, que tenía posesiones en Córdoba. La hija de Alamund, Sara, viajó hasta Oriente con sus hermanos y habló con el califa Hisam, quien ordenó enmendar la usurpación haciendo cumplir las cláusulas del tratado original, y le dio un novio, Isa b. Musahim, el antepasado árabe del cronista Ibn al-Qutiya. Escribe Manzano Moreno (op.cit., págs. 46-47):”La misma aristocracia que había forzado a los últimos reyes visigodos a legislar infructuosamente intentando regular sus obligaciones militares, se mostraba dispuesta ahora a pactar con los jefes de un ejército cuyas tropas venían a solventar un problema que se había planteado con toda su crudeza en los últimos años del reino de Toledo. El entendimiento era posible porque los conquistadores poseían la fuerza militar, y la aristocracia indígena, los recursos necesarios materiales para mantenerla”. Los matrimonios mixtos tuvieron que ser muy frecuentes desde el 711, pues en una carta fechada entre el 785 y 791 el Papa Adriano se lamentaba que muchos que se llamaban católicos entregaban sus hijas al pueblo gentil. La iglesia se dio cuenta tarde (en el concilio de Córdoba de 836 se condenan esas uniones mixtas) de la pérdida de la identidad de la sociedad indígena y la asimilación de sus miembros por el Islam. Los matrimonios de mujeres indígenas con los conquistadores suponían que éstas y sus propiedades se integraban en la rígida estructura de parentesco patrilineal árabe. La iglesia perdía así sus dos elementos principales de control social: las personas y los bienes. Pero en el tiempo de la conquista, la fragmentación social y la crisis política hacía que los conquistadores se presentaran como una fuerza militar capaz de garantizar el orden establecido, y en un primer momento la iglesia también pactó con ellos. Esto se constata tanto en la persistencia de las sedes episcopales como en que la mayor parte de las ciudades donde se constata la presencia de gobernadores árabes fueran obispados. Hubo una connivencia entre quienes podían ejercer el poder de coerción y unos prelados que, ante la ausencia de otra autoridad, eran los depositarios de los censos fiscales. Pero la Iglesia no previó las consecuencias a largo plazo de la fuerza asimiladora que mostraron los recién llegados.
5 Resistencia indígena. Si en algunos yacimientos se muestra una continuidad sin brusquedades tras el 711, en otros se observa una historia distinta. En El Bovalar, Serós, Lérida, el poblado junto a una basílica es destruido en algún momento del siglo VIII, tapado las cenizas aperos de labranza, semillas, objetos litúrgicos de una forma definitiva, quedando el lugar sin habitar después de su destrucción. En el NE peninsular crónicas y monedas hablan de dos reyes, Agila II (710-713) y Ardo, cuyo reinado llegó hasta el 720 aproximadamente. Un autor latino que escribió en Asturias hacia el 883 señalaba que entre godos y sarracenos hubo fuertes combates durante los siete años posteriores a la conquista. Así que se produjeron dos situaciones dispares, una la de la sumisión de quienes querían seguir con el poder pagando a los conquistadores a cambio de seguridad; y por otro, quienes se enfrentaron con las armas en la mano a los conquistadores. De un modo muy general, la ocupación de las ciudades se produjo de una forma bastante rápida, pero no así en toda la zona rural, resistiendo en territorios alejados del medio urbano. Paulatinamente, mientras la autoridad árabe se iba imponiendo, esos refugiados en el campo fueron firmando pactos con los musulmanes.
Esta dicotomía entre ciudad y campo es consecuencia de la configuración territorial del reino visigodo en su última época. Cuando llegan los musulmanes a Hispania se encontraron con que las ciudades eran los centros donde descansaba la administración territorial del reino visigodo. Tras la crisis de las instituciones cívicas tardoantiguas, en las ciudades residían lo obispos, las únicas autoridades reconocibles en el medio urbano. Éstos eran los únicos interlocutores con los que entablaron negociaciones los conquistadores musulmanes. Pero la nobleza visigoda hacía tiempo que había desertado del medio urbano, pues el control del medio rural era la base de su verdadero poder económico y social. Algunos grupos de nobles visigodos pudieron hacerse fuertes en sus propiedades, protagonizando una resistencia dispersa, pero efectiva. La crónica astur del 883, con una visión asentada por el tiempo, comenta que la población rural también llegó con el tiempo a pactar, lo que les permitió conservar sus territorios a cambio de tributos. En la época en que se escribe la crónica, los descendientes muladíes (Banu Qasi, Banu Sabrit, Banu Umar b. Hafsun, etc.) de aquellos nobles visigodos insumisos protagonizaron un turbulento periodo de rebeliones en al-Andalus, hasta que Abderramán III impuso el poder central del califato Omeya.
6 Las guerras internas de los conquistadores y la llegada del yund sirio. En el 740 los beréberes del norte de África comenzaban una gran revuelta. Los motivos eran diversos, como la presión fiscal creciente; la consideración de musulmanes de segunda que tenían los beréberes, a pesar de su conversión al Islam; y, lo que era más grave, el pago de un tributo es especie mediante la entrega de esclavas que debían remitirse a Oriente, donde eran apreciadas por su belleza. En al-Andalus antes, en el 732, un berebere llamado Munuza se había sublevado en la actual Cerdaña contra el gobernador al-Gafiqi. Munuza había establecido un pacto con el dux de la Aquitania, Eudes, casándose con su hija. Tras la derrota, la mujer del caudillo fallecido e hija del dux, fue enviada como regalo al califa de Oriente. Los beréberes se percataron de que a pesar de ser también musulmanes, tenían una posición subordinada con respecto a los conquistadores, sólo les interesaban sus hombres para los ejércitos del califa y las mujeres para los harenes. Esto, junto la rapacidad de los gobernadores, provocó un resentimiento entre ellos, que esgrimían su alianza con los árabes, certificada por su sincera conversión al Islám. Este resentimiento produjo la rebelión de 740; cuando la noticia llegó a la península, los beréberes allí asentados, y por los mismos motivos, iniciaron una sublevación, con un ataque coordinado de tres columnas contra Toledo, Córdoba y la tercera para dominar el estrecho.
El califa Hisam envió lo mejor de sus tropas, el ejército (yund) acantonado en Siria, pero el resultado fue una catástrofe, los sirios fueron derrotados completamente por los beréberes. Una parte del ejército sirio al mando de Baly b. Bisr huyó hacia el oeste llegando a Ceuta. El gobernador de al-Andalus, Abd al-Malik b. Qatan, ante la amenaza de la rebelión berebere en la península accedió que el yund sirio llegase a al-Andalus en el 741. Estas tropas derrotaron a los beréberes de la península, pero después no mostraron interés ninguno en regresar a su país de origen ni volver a combatir en el norte de África, sino que decidieron quedarse, una decisión que afirma Manzano Moreno fue trascendental con el paso del tiempo.
Las tropas estacionadas en los cuatro ejércitos (yund) sirios recibían estipendios procedentes del impuesto pagado por las poblaciones de las zonas sometidas, tanto en especie como en moneda. Realizaban la función de la fiscalidad, a la par que garantizaban la paz necesaria para que esas poblaciones fueran productivas y pagasen regularmente. Resulta extraño que una tropa expedicionaria acabase asentándose al otro lado del Mediterráneo, pero aquellos eran tiempos convulsos en Oriente, y quizá creyeron los sirios que poco podrían obtener si volvían sobre sus pasos, ya que ni tenían propiedades en Siria. Pero en al-Andalus comprendieron las enormes posibilidades que les confería convertirse en la principal fuerza militar del territorio, y mejorar su situación.
Los árabes de la primera oleada de conquistadores, los baladíes, es opusieron fieramente a que los sirios se asentaran, dando lugar a violentas luchas que sólo terminaron con el envío por parte del califa Hisam del gobernador Abu l-Jattar al-Kalbi como gobernador, a quien se atribuye la solución de permitir asentarse a los sirios, acabando las disputas con los baladíes. Parece ser que fue idea de Artobás, el hijo de Witiza, el que aconsejó al gobernador Abu l-Jattar la dispersión de los sirios por el territorio de al-Andalus, medida que a la larga tuvo gran importancia. Los gobernadores de al-Andalus habían tenido dificultades en implantar una organización fiscal sólida. Como los impuestos eran la base del mantenimiento del yund sirio, al encargarse de los territorios asignados podían mejorar la fiscalidad al encargarse de la percepción de impuestos.
En quince años que transcurren entre la llegada de los sirios y la del exiliado Omeya afianzaron su dominio en la península (fueron los clientes omeyas pertenecientes al yund sirio los que facilitaron la entrada de Abd al-Rhaman en al-Andalus), y también la situación política en Oriente favoreció a los sirios. El califato de Damasco entró en crisis, con el asesinato del califa al-Walid II en 744, y seis años después la caída del último omeya, Marwan II, comenzando la dinastía abbasí. En este tiempo los califas no volvieron a enviar nuevos gobernadores a al-Andalus; los árabes andalusíes eligieron a sus propios gobernadores, siendo nombrado por ellos para evitar el vacío de poder Yusuf al-Fihri en 747, depuesto nueve años después por la rebelión omeya de al-Andalus.
Los sirios comprendieron desde temprano las ventajas que les traía aliarse con la aristocracia indígena que, para no perder la costumbre, sólo mostraba interés en mantener su poder y autoridad en sus posesiones; como habían hecho anteriormente los baladíes, los sirios entablaron fuertes alianzas matrimoniales con la nobleza nativa, casándose con sus hijas.
[Pequeña digresión genética: El análisis de la genética de poblaciones
http://www.upf.edu/cexs/recerca/bioevo/2003BioEvo/BE2003-Bosch-InvyCiencia.pdf#search=%22Gen%C3%A9tica%20e%20historia%20de%20las%20poblaciones%20del%20norte%20de%20%C3%81frica%20y%20la%20Pen%C3%ADnsula%20Ib%C3%A9rica%22
viene a mostrar que entre la Península y el Magreb ha habido un gran intercambio cultural, sin que eso implicase grandes intercambios de poblaciones. Por ejemplo, el halotipo mitocondrial U6 o motivo berébere, genuino del norte de África, apenas si tiene un 1,5% en la población española. La explicación es lógica, dado que el ADN mitocondrial sólo se hereda por vía materna, quiere decirse que fueron pocas las mujeres beréberes que cruzaron el estrecho y dejaron sus genes. Los conquistadores, mayoritariamente hombres, se casaron con mujeres indígenas: lo mismo que los españoles en América siglos después. El gran cambio cultural que se produjo en el paso de Hispania a al-Andalus no fue consecuente de una afluencia masiva de nuevos pobladores; un pequeño número de conquistadores en relación con la población que han sojuzgado pueden introducir cambios radicales en la sociedad y la cultura, como demuestran las conquistas romanas o españolas en América. Los cambios que se introdujeron con la conquista fueron de tal magnitud que pocas generaciones después el recuerdo de los visigodos había quedado casi olvidado. En el siglo IX, no demasiado después de la llegada de Tariq, el 40% de los ulemas, de los sabios de la religión islámica, de al-Andalus eran descendientes de indígenas conversos, de muladíes.]
Estas alianzas de sirios y nobles hoy en día, después de siglos de reconquistas, yihads y cruzadas, pueden parecer sorprendentes. Pero entonces no habían pasado ochenta años de la muerte del Profeta, en el Islam no habían surgido las escuelas de derecho, y la nueva fe, como se dijo, no se presentaba como una religión distinta a las ya conocidas. En esos tiempos de disputas teológicas, la sencillez de No hay más un solo Dios, y su mensaje de salvación eterna, debió calar profundamente en las clases populares, y sobre todo en los esclavos, que alcanzaban la liberación con su conversión. Debe entenderse este tiempo con esas circunstancias, y no trasponer a ese momento circunstancias, situaciones y conflictos que sólo se desarrollaron después, con el paso del tiempo. Nadie a comienzos del siglo VIII pudo imaginarse cómo iba a configurarse al-Andalus cien años después; y a eso contribuyeron de modo trascendental las tropas sirias llegadas en torno al 742, cuando el Imperio árabe entraba en una crisis irreversible en todo el occidente musulmán. De no haberse producido el establecimiento del yund sirio, es improbable que la dinastía Omeya se hubiese hecho con el poder de al-Andalus.
En el establecimiento de los mismos tuvo una gran importancia la aristocracia nativa, que después de treinta años desde la conquista, no parecía descontenta con el nuevo orden, y además apostaba por su reforzamiento. En vez de permanecer tranquilos viendo como baladíes y sirios se despedazaban, gente como Artobás o Teodomiro intervino para que el ejército sirio se asentara en la península en las mejores condiciones posibles.
Durante los quince años entre su llegada y la de Abd al-Rhaman, los yund sirios no emprendieron ninguna campaña contra los núcleos cristianos del norte. Recordemos que los musulmanes se aposentaron fácilmente en el mundo urbano, pero que tuvieron fuertes enfrentamientos en el rural. Parece lógico que en la zona de la península donde el fenómeno urbano estaba menos acentuado fuera donde encontraran los musulmanes más resistencia… y ellos menos interés. Además, baladíes y sirios prefirieron concentrar sus esfuerzos en consolidar su dominio en las zonas mediterránea y meridional, las más romanizadas y que tenían los mayores recursos de donde obtener los imprescindibles recursos fiscales para mantener el sistema.
-"se intentó en distintos Concilios imponer el sucesorio" entendiendo que te refieres a la sucesión hereditaria de la corona, me haces dudar. Creo que los concilios sólo intentan proteger a los sucesores de los monarcas fallecidos, pero hablo de memoria.
- Tampoco veo claro que la nobleza se alejara de las ciudades, aunque en este tema hay un elemento
"el lema No hay más Dios que Dios no tenía el sentido de conflicto que alcanzó después. El autor, cristiano, de la Crónica de 754, considera a Mohoma otro profeta o líder, un seguidor del mismo sendero que Abrahám o Jesús, no el fundador de una nueva religión que iba a ser su más seria competencia"
Interesante punto de vista, no lo conocía.
Salud
"el 785 y 791 el Papa Adriano se lamentaba que muchos que se llamaban católicos entregaban sus hijas al pueblo gentil"
Pero se contradice con esto, ¿no? Aunque también podría haber división de opiniones, claro, unos que consideraran a los musulmanes como seguidores "paralelos" de su misma religión y otros que ya los consideraran como "infieles" o "gentiles".
Bergan, respecto a #114, #115:” -"se intentó en distintos Concilios imponer el sucesorio" entendiendo que te refieres a la sucesión hereditaria de la corona, me haces dudar. Creo que los concilios sólo intentan proteger a los sucesores de los monarcas fallecidos, pero hablo de memoria”
Leovigildo recibió el poder de su hermano y se lo transmitió a su hijo Recaredo, pero éste no fracasó cuando intentó hacer lo mismo con Liuva II. Sisenando llegó al poder por las armas y no por elección, por lo que convocó el IV Concilio de Toledo con el fin de que el poder eclesiástico sancionase su legalidad de acceso al trono; una de las disposiciones fue que a la muerte del rey su sucesor sería elegido por todos los magnates del reino y los obispos reunidos en un concilio común (monarquía electiva). Los concilios comenzaron a ser convocados para ratificar y sancionar el acceso del nuevo rey al trono. En el V Concilio de Toledo respecto a la elección del rey se acordó sólo podía recaer sobre los miembros de la alta nobleza militar y palatina visigoda; a la vez que se apoya el acceso al trono de Chintila y se ordena una especial protección para él y su familia. Por el VIII Concilio de Toledo (653) el acceso al trono debía efectuarse en Toledo, o en su defecto en el lugar donde hubiera muerto el rey anterior y que la elección debería ser hecha por los Obispos y los maiores palatii. A la muerte de Rescenvinto, los miembros del séquito real, sobre la marcha, eligen a Wamba, sin la participación de la parte de obispos, duques provinciales y demás jefes militares.
Este artículo sobre la monarquía visigoda tiene mucha sustancia:
dialnet.unirioja.es/servlet/fichero_
articulo?codigo=200983&orden=74292
Respecto a los nobles que se alejaban de las ciudades, es consecuencia de la feudalización: para mantenerse en el trono los reyes han de conceder mercedes (tierras, medios de producción) a sus adictos, con la consiguiente disminución del poder de la realeza. Los nobles se van a administrar personalmente sus propiedades, donde son los únicos amos y señores. Al menos en el registro arqueológico se advierte una disminución en el hábitat de las ciudades respecto al periodo romano, pero tendría que consultar el tocho de Arqueología…
Sobre la fiabilidad de las fuentes árabes, pues la verdad que hay que saber leer entre líneas. Los ulemas malikíes pro-omeyas defendían que al-Andalus había sido conquistada por las armas, porque eso beneficiaba al poder de la dinastía gobernante. Pero los descendientes de los pactos entre aristócratas nativos y la élite de los conquistadores, defendían que al-Andalus se había gestado sobre todo por los pactos, ya que a ellos los beneficiaba personalmente. Pero sí, Manzano Moreno advierte que hay un vacío de un siglo después del 711 sin apenas citas. La genealogía era la afición por excelencia de al-Andalus (será que no tenían Tomate Andalusí, con los últimos cotilleos del harén real), pues era una honra poder remontarse en los orígenes a un antepasado árabe legítimo. El aparezca en las genealogías alguna mujer goda, como Sara nieta de Witiza o la hija de Teodomiro, es anecdótico, lo que importaba era poder demostrar el parentesco con árabes de pura cepa. Sigo recomendando “Conquistadores, Emires y Califas” de Eduardo Manzano Moreno, Crítica 2006.
De la conquista: Parece que fue por iniciativa de Musa, más que de Damasco. Al menos toma directamente el mando tras la primera incursión de Tariq, y comienza a acuñar moneda el primer año de estancia en Hispania; y eso, como se comentó, no lo hace quien va en plan rapiña y saqueo, sino el que tiene intención de quedarse y tiene que emitir moneda para pagar a las tropas.
Un saludo.
Llug, no creo que haya contradicción, reflejan opiniones de momentos distintos. En las Crónica Bizantino-Arábiga (741) y la Crónica de 754, Mahoma recibe los epítetos de “profeta”,”apóstol” [uy, como se entere Ratzinger…], “princeps” o “ducatore” (caudillo). En ese tiempo el Islam se está formando,muchos de sus aspectos normativos están gestándose, no han aparecido las escuelas de derecho que explican de distinto modo la norma básica, el Corán; la nueva fe no se presenta como una religión distinta, sino como una de las numerosas variantes. Pero, por la ley islámica, con el matrimonio de un musulmán y una cristiana, ésta se convierte al Islám, y los hijos que nazcan igualmente.
La carta de Adriano (785-791) y el Concilio de Córdoba (836) son posteriores, y entonces la jerarquía eclesiástica ya se ha dado cuenta del peligro que suponía para ellos el enorme proselitismo del Islam.
Y bueno, arriba ya he expuesto mi visión sobre la conquista de al-Andalus (más que mía se la debo a Manzano Moreno, M. Acién, José Luis Martín... mío no hay ná), pero seguro que hay muchos aspectos más que tratar que ni he abordado, como el que habría este artículo sobre el número de efectivos musulmanes que llegó a la península, y si fueron pocos o muchos para derrotar a los godos. Parece que nos olvidamos que no sólo conquistaron Hispania, sino Egipto, el Magreb, Siria, Persia... Circunscribirlo todo a musulmanes vs. godos es una visión bastante paleta, en mi opinión. Y recuerdo, de memoria, a Bernal Díaz del Castillo, uno de los españoles que estuvo con Cortés desde primera hora en la conquista de México, cuando viene a decir algo así: "Alejandro tenía las falanges macedónicas, César las legiones romanas, pero nosotros éramos apenas cuatrocientos rodeados de millares de enemigos: ¿quién puede compararse en esa gesta?"
Codex Calixtinus, Regi perhennis glorie
[f. 139] (1v)
Decoravit Yspaniam
Iacobus et Galleciam
Illamque gentem impiam
Christi fecit ecclesiam
¿Entonces en el códice calixtino Santiago es musulmán, ya que si lo hispano es lo musulmán, cómo interpretamos "Yspaniam Iacobus"?. Pues no, lo hispano es lo correspondiente al territorio de la Hispania romana, y el problema es quien debe habitar esa hispania...desde luego que para los cronistas cristianos, los que sobran en la "hispania" son los sarracenos.
Codex Calixtinus, I, II, fol 11: Inter Yspanos apud Tudelonium die festo Sancti Iacobi triticum cotidie rusticos quidam in area excussit (Entre los hispanos, en Tudelonium, cierto agricultor estuvo majando trigo en la era todo el día de Santiago...por lo que cuando fue al baño, se le pegó la espalda a las paredes del retrete y murió, por no haber respetado la festividad).
Resulta curioso, porque Tudelonium es la actual Tudujén, junto a baños de Fitero...en Navarra. ¿Resulta que ahora los navarros, que deberían respetar la festividad de Santiago, son musulmanes porque son citados como Yspanos?
El sexto milagro del códice se refiere a la peregrinación del conde Guillermo de Poitou (Guillelmo pictauensium comite), a Santiago...y lo hace "cruzando las tierras de España". El apóstol le presta su asno para hacer el trayecto de ida y vuelta. Codex Calixtinus, II, VI, fol 145-145v: Guillelmo pictauensium comite sub Ludovico rege francorum principantepestis mortifera gentem quandoque sepulture tradebatur. Pictauorum miserabiliter inuasit, adeo quod pater familias cum tota gente sua . Tunc tempori heros quidam, huiusmodi clade preterritus, flagellum hoc euitare desiderans, per Yspaniarum partes ad sanctum Iacobum ire proposuit.
Pero la gran ventaja de codex calixtinus es que contiene un listado de TODOS LOS PUEBLOS que peregrinan a Santiago. Mira que bien, porque así salimos de dudas:
Por otra parte, el códice calixtino es un fraude en cuanto a su denominación, ya que no es atribuible a Calixto II -fue escrito por franceses, pero que conocían mucho las tensiones entre navarros de Estella y vascones, ya que a los navarros los denosta completamente-. Pero ya que mencionamos a Calixto II, podemos añadir un dato. El hizo transferir la primatura episcopal -arzobispado- de Mérida (bajo control musulmán) a Santiago, eliminando definitivamente cualquier posibilidad de legitimar a Al-Andalus como la sucesora de la tradición hispanorromana. De este modo, Diego Gelmírez fue el primer arzobispo compostelano.
Por otra parte, me resulta increible que vengamos de nuevo a hacer política...si no hay argumentos históricos, entonces volvemos con el revisionismo, la memoria histórica y demás.... Desde luego, yo lo único que he hecho ha sido poner textos históricos encima de la mesa. Y no existe ningún "nacionalismo cántabro" que quiera anular a don Pelayo y colocar como figura culmen de la lucha contra el sarraceno a Pedro el duque de Cantabria o al rey Alfonso. Nosotros hemos vivido muy tranquilos muchos años sin pelearnos con nadie por semejante protagonismo. Además, don Pelayo no está demostrado que fuera asturiano.
Tampoco digo que la reconquista (o si se prefiere, la recuperatio) fuera buena o mala, simplemente lo que digo es que la hubo,...y la hubo porque los ejércitos califales habían invadido la península...ya lo habían hecho en dos ocasiones durante el gobierno de Wamba, pero fueron rechazados (en 680. En 682 toda la zona africana del estrecho, salvo Ceuta, había caído en manos musulmanas. Y el conde Julían, indudablemente resistía gracias a los suministros visigodos desde la península). Que la mayoría de los hispanorromanos no defendieran al poder político visigodo no significa que desearan el poder musulmán. ¿Qué muchos aceptaron el islam?. También muchos checos, daneses, noruegos...aceptaron la ocupación nazi. ¿Y por eso estaban contentos y felices?.
Lo que está claro es que Mérida, Córdoba, Lérida, Zaragoza...no resistieron porque la minoría goda decidiera luchar. Si la ciudad no quiere luchar, no lucha. Y para más inri las fuerzas godas tras Guadalete habían evacuado Córdoba (sólo habían quedado 300 hombres, que era la guarnición de la ciudad), pero la resistencia en la ciudad duró 3 meses. Y quienes se levantaron posteriormente en Sevilla, Zaragoza o Pamplona contra el gobernador musulmán no fueron los godos, sino los hispanorromanos.
Claro que también puede ocurrir que las crónicas históricas nos hayan mentido, incluso las portuguesas.
La importancia de Covadonga no estriba ni en cuantos murieron ni en si eran 400 asnos o no...lo que importa es que fue la primera batalla que perdieron los árabes en Hispania sin contraataque posterior de éstos, y que además, por primera vez había un godo luchando con los hispanorromanos y no abandonándolos a su suerte, como habían hecho en Toledo, Córdoba....
A lo mejor hubiéramos sido más felices y vivido mejor de haber aceptado el islam nuestros antepasados. Pero la realidad es que no quisieron hacerlo.
En cuanto al tema de la magnitud de las poblaciones hispanas en el 711, es posible que muchas poblaciones conocidas no excedieran de 300 o 400 habitantes....pero Córdoba o Mérida no creo que bajasen de 10.000...en Córdoba la guarnición permanente era de 300 hombres. En todo caso, esta cuestión sí que parece interesante de debatir.
Jamás esperé ver en celtiberia.net un foro que empezara tan mal y que derivara en esta especie de fiesta asturiano-andalusí. Os felicito a todos, especialmente a los que han contribuido a la misma.
Un saludo sincero después de haber consumido varias cervezas acompañadas de suculentas lonchas de jamón cortadas a mano pero con precisión milimétrica, sobre loncha de pan tostado regado con jugo de picual.
Y al grano. Creía que la cosa iba de la conquista musulmana (que sí, que la hubo) y de cómo se produjo. Pero con Llug ejerciendo de Incitatus pues prosigamos con la segunda parte contratante de la segunda parte, o sea, la Reconquista, y, sobre todo, después de leer a Teshub #123 (eso de comparar la invasión musulmana con la ocupación nazi, tiene su arte): según mis cortas luces y como argumenté arriba, uno de las claves de la invasión musulmana fue la desintegración feudal en la que estaba inmerso el reino visigodo. No resistieron porque cada noble sólo miraba su propio interés, y lo único que deseaban era seguir ostentando el poder en sus propiedades, bien con alianzas matrimoniales bien previo pago de su importe. ¿Hubiera resistido el ejército de un reino godo con un poder central fuerte la embestida musulmana? Pues muy probablemente, pero su debilidad se demostró cuando apenas unos 15.000 soldados, como se dice en mi pueblo, les metieron las cabras en el corral. Y no hay más cera de la que arde.
Pues vamos a la Reconquista: así como de resumen, Covadonga fue una escaramuza intrascendente que en su tiempo no tuvo el menor eco, obra de montañeses asilvestrados frente a los herederos de la organización visigoda: los musulmanes; Covadonga no tiene que ver nada ni con la unidad ni la defensa del cristianismo; ni Pelayo ni Favila (ni su oso) ni Mauregato tuvieron en mientes idea alguna de recuperar las tierras tomadas por los musulmanes. La idea de la Reconquista surge en el siglo IX, cuando al norte llegan mozárabes muy cabreados con los omeyas y comienzan a gestar una historia que justifique su interés de regresar al sur. Fueron mozárabes exiliados, y no los astures, los que inventaron el concepto de Reconquista. La idea acabó calando, y en la toma de Córdoba, las crónicas recogen el gran valor de “reconquista” que le otorgó Fernando III.
Mejor que resumir o compendiar, copio directamente de un gran medievalista, José Luis Martín, en la colección de Historia de España de Austral (editada por El Mundo), Tomo 3, Alta Edad Media, págs. 513 ss. en el siguiente post:
“El dominio musulmán sobre la Península no fue total. Protegidos por las montañas y por su escasa vinculación al reino visigodo, astures, cántabros y vascones occidentales mantuvieron o acrecentaron su independencia o, en el peor de los casos, se limitaron a pagar tributos como símbolo de dependencia respecto a Córdoba sin que los emires tuvieran el control del territorio ni pudieran impedir los avances de catalanes, aliados a los muladíes rebeldes a Córdoba o apoyados por los carolingios, crearon, hacia el año 800, reinos y condados en los que la autoridad cordobesa apenas fue efectiva según veremos en estas páginas, que iniciamos con un análisis de las leyendas que envuelven los orígenes de los reinos y condados cristianos.
Hasta hace pocos años, la batalla de Covadonga (718 según unos autores, 722 según otros) indicaba el comienzo de la recuperación o si se prefiere de la “reconquista” de las tierras ocupadas por los musulmanes. A medida que se han ido conociendo y utilizando las fuentes islámicas, la tesis reconquistadora ha perdido fuerza y actualmente muy pocos creen que Covadonga tuviera la importancia que quisieron darle sus inventores, los mozárabes refugiados en Asturias, y cuantos han seguido al pie de la letra, sin discusión, las fuentes cristianas.
Para los cronistas del Islam, Covadonga ue una de tantas escaramuzas entre una expedición de castigo y los montañeses asturianos residentes en zonas de difícil acceso cuyo control directo no interesaba a los emires, que se conformaron con evitar las campañas de saqueo de aquellos “asnos salvajes”, y con el envío ocasional de expediciones militares encargadas de recordar la autoridad cordobesa y cobrar los tributos correspondientes. La versión cristiana es totalmente distinta y ha llegado a nosotros escrita a fines del siglo IX por los mozárabes expulsados o huidos de al-Andalus en la segunda mitad del siglo.
Cuando, en el año 754, se escribe la Crónica Mozárabe, para nada se habla de Pelayo, el héroe de Covadonga… A finales del siglo IX, agitado al-Andalus por las sublevaciones de muladíes y mozárabes, comienza a entreverse una posibilidad de expulsar a los musulmanes y justifican la posible operación las crónicas escritas por los mozárabes llegados a Asturias en los últimos años, que reflejan en los textos no los intereses de los astures, sino de los mozárabes-herederos culturales de los visigodos y obligados a abandonar sus ciudades después de la resulta de mediados de siglo, del martirio-ejecución de muchos de sus dirigentes y de la pérdida de la importancia de los cristianos al orientalizarse e islamizarse al-Andalus. Los astures se convertirán en los sucesores de los visigodos a través de Pelayo, al que presentan como espatario de los reyes Witiza y Rodrigo y cuya nobleza se realza al emparentar con el duque Pedro de Cantabria, ‘descendientedel linaje de los reyes Leovigildo y Recaredo’. Sólo ahora, establecido el lazo entre los reyes de Asturias y los visigodos, puede entrarse claramente en el proyecto reconquistador, expuesto en el diálogo entre el obispo witizano Oppas y su ‘primo’ Pelayo, y en la adaptación a los godos-astures de la profecía de Ezequiel sobre Gog y Magog: Gog es el pueblo de los godos sometido por decisión divina a Magog durante ciento setenta años, pasados los cuales se impondrá a su enemigo: ‘Cristo es nuestra esperanza de que cumplidos en tiempo próximo 170 años desde que entraron en España, los enemigos sean reducidos a la nada, y la paz de Cristo sea devuelta a la Santa Iglesia’. La profecía se ve reforzada con la petición de Pelayo en Covadonga: ‘Cristo es nuestra esperanza de que por este monte que tú ves se restaure la salvación de España y el ejército del pueblo godo’ y por las revelaciones y apariciones en las que se predice a Alfonso III que reinará en tiempo próximo en toda España. ‘Y así, bajo la protección de la divina clemencia, el territorio de los enemigos mengua cada día, y la Iglesia del Señor crece para más y mejor.’ A través de estos textos se afirma que Alfonso III y sus sucesores tienen el derecho y la obligación de expulsar a los musulmanes y de extender su autoridad sobre todos los territorios que antiguamente habían pertenecido a la monarquía visigoda. La idea de la unidad de España bajo la dirección de los reyes astures-leoneses-castellanos tiene en Covadonga su punto de arranque y en los cronistas mozárabes del siglo IX los primeros defensores, cuyos pasos seguirán casi todos los cronistas medievales y numerosos historiadores.
La realidad, sin embargo, es distinta y los orígenes del reino astur hay que retrasarlos hasta mediados del siglo VIII coincidiendo con la gran sublevación de los beréberes y el abandono de éstos de las guarniciones situadas frente a las tribus montañesas, siempre insumisas, contenidas en sus territorios desde la época romana, poco o nada controladas por los visigodos y rebeldes igualmente a los musulmanes. Covadonga poco tiene que ver con las ideas de unidad y defensa del cristianismo; es obra de tribus poco romanizadas que defienden su modo de vida, su organización económico-social, frente a los musulmanes, herederos y respetuosos con la organización visigoda, que se basa en la gran propiedad y en la desigualdad social, en la existencia de señores y siervos mientras que en la montaña predomina la pequeña propiedad y la libertad individual.
Sólo a mediados del siglo, cuando Alfonso I destruye las guarniciones abandonadas por los beréberes y lleva consigo al retirarse a los habitantes de las zonas devastadas, puede hablarse de los orígenes de un reino astur cristianizado y con un contingente importante de hispanogodos que acabarán controlando política e ideológicamente el nuevo reino, independiente mientras las guerras civiles impiden a los emires ocuparse de los rebeldes del norte; bastará que Abd al-Rahman se proclame emir (756) y pacifique al-Andalus para que el reino asturleonés vuelva a convertirse en vasallo de Córdoba durante los reinados de Aurelio, Silo, Mauregato y Vermudo (768-791) que siguieron una política de amistad y sumisión hacia los musulmanes, política que no impidió sino que quizá se halle en la base de la sublevación de los gallegos contra Silo y de los vascos durante todo el periodo.
La sumisión asturleonesa a Córdoba se expresa mediante la entrega de tributos con los que no todos están de acuerdo, y los descontentos se agrupan en torno a Alonso II, proclamado rey a la muerte de silo y obligado a refugiarse en Álava durante los años de Mauregato y del diácono Vermudo, quien, tras ser derrotado, volvió al estado clerical. Si Alfonso I fue el creador el reino, a Alfonso II se debe el afianzamiento y la independencia, que tienen su relejo en el plano económico en la supresión del tributo de las cien doncellas, en el plano eclesiástico en la independencia de la iglesia astur respeto a la toledana y en el político en la creación de una extensa tierra de nadie a orillas del Duero que separará durante dos siglos a cristianos y musulmanes…
Afianzado en el reino a pesar de los ataques musulmanes, Alonso inicia una política ofensiva: presta ayuda a los muladíes y mozárabes de Toledo y Mérida, ampara en sus tierras a los sublevados contra Córdoba, realiza ataques contra los dominios musulmanes llegando a ocupar, momentáneamente, Lisboa y apoderándose de abundante botín que quizá no sea ajeno a las obras realizadas en Oviedo, donde se construyen palacios, baños, iglesias y monasterios, de los que se conserva la Cámara Santa de la catedral ovetense y la iglesia de San Julián de los Prados o Santullano en las afueras de la ciudad”.
Yo no creo que entrasen tantos musulmanes como treinta mil, son números grandísimos para ejércitos del siglo VIII. No hablamos de Estados con administraciones depuradas como el Imperio Romano o el Persa, donde se hacían censos y se mantenían ejércitos profesionales; Estados con una gran capacidad logística y con una organización territorial que permitía el abastecimiento de grandes huestes en tiempo de guerra. El mismo autor del artículo comenta el poco control que ejercía el imperio árabe por aquellos tiempos sobre el Magreb, de donde partió el ejército de Tarik.
Alessandro Barbero, en su obra "Carlomagno", hace una estimación del coste del mantenimiento de los ejércitos carolingios en los mejores tiempos del imperio franco (s. VIII-IX). La obligación de dar de comer y beber todos los días a un hombre movilizado supondría para un ejército una impedimenta tan grande (a veces más) que la tropa en sí. De este modo, un ejército de cinco mil hombres movilizado durante dos meses arrastraba tras de sí una impedimenta de miles de bueyes y caballos de tiro que entorpecían enormemente el avance del ejército. Dada la escasa densidad de población de Europa en la Alta Edad Media, sobrevivir sobre el terreno era casi imposible. Esto nos obliga a estimar siempre a la baja los efectivos movilizados en campaña, aunque las crónicas anoten cifras a todas luces exageradas. Estas cifras no son el resultado de estudios estadísticos (única fuente que podría estimarse válida) pues la estadística no se aplica hasta el siglo XIX, son más bien cifras simbólicas, en muchos casos, cifras extraídas de ejércitos bíblicos.
Por otro lado, que los invasores fuesen pocos y los locales muchos no invalida que los musulmanes se hiciesen con el poder en la reino visigodo. Con una buena colaboración interna todo es mucho más fácil, aprovechando las querellas intestinas de los autóctonos. En la misma historia de España existen ejemplos perfectos de ejércitos pequeños que han dominado amplísimas regiones mediante el pacto y la colaboración (como los de Cortés o Pizarro). Las luchas por el poder era algo que quedaba en el ámbito de las altas esferas de la sociedad, de tal modo que de los siete millones (si es que los había) de hispanos, la mayoría quedaron ajenos por completo a las luchas por el trono, de las que seguramente ni siquiera tenían noticia en el mundo rural en el que habitaban.
Pero antes, en referencia al tributo de las cien (presuntas) doncellas, otra de mis fuentes favoritas, Manzano Moreno op. cit., trata de algo similar: tras la derrota del berébere Munuza por la actual Cerdaña, su mujer –hija del conde de Narbona, Eudes- fue enviada como regalo al califa; y una de las causas de la rebelión berébere del norte de África que propició la llegada del yund sirio a la Península fue precisamente que uno de los tributos que tenían que pagar los habitantes de allí era en forma de (presuntas) doncellas. Parece que los harenes orientales tenían una gran demanda: copio (sí, soy un copión, no puedo negarlo) de Manzano Moreno, op. cit., pág 92: “El principal atractivo del norte de África residía en su capacidad de proveer al Imperio árabe de hombres para los ejércitos del califa y de mujeres destinadas a los harenes”. Y al grano, copio de José Luis Martín, op. cit., págs. 518-ss, hay algo repetido con mi post de arriba, pero se comprende mejor:
“La sumisión asturleonesa a Córdoba se expresa mediante la entrega de tributos con los que no todos están de acuerdo, y los descontentos se agrupan en torno a Alonso II, proclamado rey a la muerte de silo y obligado a refugiarse en Álava durante los años de Mauregato y del diácono Vermudo, quien, tras ser derrotado, volvió al estado clerical. Si Alfonso I fue el creador el reino, a Alfonso II se debe el afianzamiento y la independencia, que tienen su relejo en el plano económico en la supresión del tributo de las cien doncellas, en el plano eclesiástico en la independencia de la iglesia astur respeto a la toledana y en el político en la creación de una extensa tierra de nadie a orillas del Duero que separará durante dos siglos a cristianos y musulmanes.
Según la tradición, entre los tributos debidos por los astures figuraba la entrega anual de cien doncellas, y si la leyenda no es cierta pudo al menos serlo, pues sabemos, por ejemplo, que el conde barcelonés Borrell II lleva a Córdoba como presente para el califa un numeroso grupo de esclavos; es recuente, incluso en épocas posteriores, la entrega de mujeres de la familia real como esposas o concubinas de los emires y califas, y los textos musulmanes hablan de un activo comercio de esclavos entre los reinos del norte y Córdoba, donde se habla de mercaderes de esclavos que disponen de mujeres que conocen bien la lengua romance, visten como cristianas y ‘cuando algún cliente… les pide una esclava recién importada del país cristiano’ le presentan y venden una de sus mujeres. Nada se opone, por tanto, a que el tributo de las cien doncellas refleje una realidad: el pago de tributos cuyo cese sólo es posible si el reino tiene fuerza militar suficiente para oponerse a los ejércitos que los emires envían de cuando en cuando para castigar a quienes se resisten.
Alfonso II (791-842) estaba en condiciones de negar los tributos gracias a las continuas sublevaciones de los muladíes de Mérida y Toledo, apoyados por beréberes y mozárabes, que impidieron a los cordobeses lanzar sus habituales campañas de intimidación contra el reino astur, protegido indirectamente por la revuelta de los muladíes del Ebro y por la intervención de los carolingios en apoyo de los montañeses de Pamplona, Aragón y Cataluña. Esta realidad ha sido explicada de forma providencial: el fin de los tributos habría sido posible gracias a la intervención milagrosa del apóstol Santiago –cuyo sepulcro se cree descubierto estos años- que combatió al lado del Alfonso y obtuvo una resonante victoria en Clavijo, batalla legendaria sobre cuya fecha los historiadores que en ella creen no se ponen de acuerdo pero cuyas consecuencias perviven en la actualidad; los estudios actuales prueban que el apóstol Santiago difícilmente pudo venir a la Península en vida, y las posibilidades de que su cuerpo fuera enterrado en Compostela son escasas, pero esto no impidió que los hombres medievales lo creyeran y actuaran en consecuencia convirtiendo Compostela en lugar de peregrinación, haciendo combatir a Santiago a favor de los cristianos para liberarlos del tributo de las cien doncellas y pagando, desde el siglo XII, el tributo de Santiago que perdura hasta el siglo XIX. Si Asturias-León tiene un protector celestial, también lo tendrá Castilla cuando se independice haciendo combatir junto a Santiago a San Millán, a cuyo monasterio pagan tributo los castellanos hasta épocas modernas.
Aunque mitificada, la independencia astur es una realidad que no se limita al campo político; se extiende al eclesiástico porque los hombres medievales son plenamente conscientes de que no hay independencia real mientras el clero esté sometido a otras fuerzas políticas, y ésta era la situación del reino astur cuyos clérigos siguen dependiendo del metropolitano de Toledo, en tierras musulmanas. La aceptación del adopcionismo por Elipando de Toledo ofrece a Alfonso la oportunidad de romper los lazos con la ‘iglesia musulmana’ y lo mismo hará Carlomagno en la diócesis de Urgell. La ruptura eclesiástica, propiciada por los escritos de Eterio, obispo de Osma, y de Beato de Liébana, fue acompaña de una fuerte visigotización del reino, a la que no sería ajeno un cronicón, hoy perdido, escrito hacia fines del siglo por algún monje mozárabe del séquito de Alfonso, en el que aparecería por primera vez la identificación de los reyes astures con los visigodos, cuya organización se copia y cuyo código, el Liber Iudiciorum, es adoptado como norma jurídica del reino. La organización político-jurídica refuerza la eclesiástica, que se manifiesta en el traslado de la metrópoli de Braga, abandonada, a Lugo, en la restauración de la sede de Iria-Compostela, en la creación de un obispado en la capital del reino, Oviedo, y en la erección de numerosas iglesias y monasterios.
Afianzado en el reino a pesar de los ataques musulmanes, Alfonso inicia una política ofensiva: presta ayuda a los muladíes y mozárabes de Toledo y Mérida, ampara en sus tierras a los sublevados contra Córdoba, realiza ataques contra los dominios musulmanes llegando a ocupar, momentáneamente, Lisboa y apoderándose de abundante botín que quizá no sea ajeno a las obras realizadas en Oviedo, donde se construyen palacios, baños, iglesias y monasterios, de los que se conserva la Cámara Santa de la catedral ovetense y la iglesia de San Julián de los Prados o Santullano en las afueras de la ciudad.
Durante los cien primeros años de su historia, el reino astur permanece a la defensiva, protegido de los ataques musulmanes por las montañas y por las revueltas de los muladíes fronterizos, e intenta unificar el conglomerado de pueblos que lo forman, gallegos, astures, cántabros y vascos, en numerosas ocasiones enfrentados entre sí o rebeldes al incipiente poder central, según recuerdan las crónicas de Alfonso III: ‘Fruela… a los vascones, que se habían rebelado los venció y sometió… Silo… a los pueblos de Galicia que se rebelaron contra él los venció en combate… Alfonso… expulsado del reino se quedó entre los parientes de su madre en Álava…” El carácter electivo de la monarquía, siempre dentro de una familia, favorece la aparición de bandos ‘nacionales’ en torno a los candidatos al trono y así, a la muerte de Alfonso (843), los gallegos apoyan a Ramiro I mientras astures y vascones están al lado del conde Nepociano o, posiblemente, junto a otros nobles sublevados que pagaron con la ceguera o con la vida su rebeldía. Pese a estas revueltas y a los ataques de los vikingos a las costas gallegas (844), Ramito pudo adelantar las fronteras y ocupar León aunque su conquista definitiva sea obra de Ordoño I (850-866).
Este avance, esta nueva consolidación del reino, se relaciona una vez más con las sublevaciones muladíes, complicadas ahora por la oposición de los mozárabes al poder musulmán; los rebeldes contarán con el apoyo de tropas astures que serán derrotadas en las cercanías de Toledo, pero cuya presencia tan lejos de sus territorios es prueba de la importancia adquirida por el reino. Aunque derrotados, los toledanos mantienen la revuelta y obligan a las tropas cordobesas a concentrar sus mejores hombres en la zona, con lo que el reino astur sólo estará amenazado en su frontera oriental por los muladíes del Ebro, cuyo dirigente Musa ibn Musa ue derrotado por Ordoño en Albeada (859), no lejos de Clavijo. Los hijos de Musa mantendrán en adelante una política de amistad y colaboración con los astures y servirán de freno a los cordobeses, que sólo en el año 865 podrán derrotar a Ordoño”.
Hasta aquí el texto de José Luis Martín. El muladí Musa ibn Musa era de la familia de los Banu Qasi, recordemos, descendientes del conde visigodo Casio que se convirtió al Islam y siguió gobernando tierras del Ebro tras pactar con los conquistadores.
Tras el texto de Martín, respondo al mismo mensaje en sí de Bergan (#129). Creo que la diacronía (la base de la historia) es fundamental aquí, y que no se pueden trasladar hechos o procesos posteriores al momento de la conquista musulmana. Ni en la Crónica de 754 ni en la casi contemporánea Crónica arábigo-bizantina se nombra a ningún rey Pelayo o de otro nombre que defienda la cristiandad en nombre de la legitimidad visigoda. Primero, la legitimidad goda la ostentaron, según crónicas y monedas, en el NE peninsular Agila II y Ardo, hasta el 720 aproximadamente. Segundo, no hubo conflicto religioso hasta un siglo después de la conquista: si los musulmanes se implantaron con rapidez especialmente en las ciudades con sede episcopal, es porque contaron con el apoyo de los obispos, única autoridad entonces; fue después, cuando los cristianos estaban de capa caída en al-Andalus, cuando Álvaro y sus compañeros de Córdoba reaccionan contra los musulmanes. Tercero: con las rebeliones de muladíes y de mozárabes, no sólo marchan al norte los clérigos, sino familias enteras; y es a partir de ahí, de la segunda mitad del siglo IX, cuando esos mozárabes exiliados identifican a los reyes astures con los visigodos y surge la idea de Reconquista. Idea que calará profundamente en el ideario de los cristianos del norte, que acabaron convencidos de la existencia de Pelayo como defensor de la cristiandad hispana frente al invasor musulmán.
En cuanto a este texto que copio literal: “hay que considerar mozárabes a la familia de los Banu-Gómez? Qué es un mozárabe, un cristiano de lengua árabe o un cristiano que vive bajo dominio árabe? No veo por qué tenían que ser todos fugitivos. Es mozárabe la arquitectura de los reinos cristianos que se tiene como tal o una evolución de la tradición preexistente en esos territorios?” En el contexto que hablamos (siglos VIII-IX), mozárabe es un indígena peninsular que tiene como religión la cristiana. Muladí sería un primo de ese mismo indígena, pero que le reza a Alá. En este momento, tanto importa la religión como el origo. Por ejemplo, Ibn Hafsun, muladí protagonista de una prolongada rebelión contra los omeyas en Bobastro: de familia noble visigoda, por medio de pactos mantuvieron ostentando el poder sobre sus propiedades, aunque se hubiesen convertido a la fe islámica. En los últimos tiempos de su vida, se convirtió al cristianismo, y con ese rito fue enterrado.
Los árabes de al-Andalus eran muy racistas, de ahí su afición a la genealogía para remontar sus raíces al Yemen. Aunque muladíes y mozárabes se diferenciasen por la religión, más que esa distinción se equiparaban por su condición de indígenas: Ibn Hafsun es un claro ejemplo. ¿Muladí o mozárabe? Indígena, sin duda. Su conversión demuestra que más que religioso, el conflicto de árabes de pura cepa, bereberes, muladíes y mozárabes es por el poder. La rebelión de los mozárabes-mártires cordobeses (muchos de ellos de familias aristocráticas) está en función de la pérdida de poder y de influencia que va teniendo el cristianismo dentro de al-Andalus. El cordobés Eulogio, narrando el martirio de sus compañeros, se lamentaba que entonces sólo uno de cada mil cristianos supiese entender la lengua latina. Son esos emigrantes mozárabes (o indígenas si se quiere mejor), laicos y religiosos, que han perdido el poder del que tradicionalmente disfrutaron en los primeros tiempos de al-Andalus, los que se inventan Covadonga como germen de la reconquista cristiana.
Y sobre la cita siguiente, dos comentarios: “La escasa romanización de los pueblos del Norte es otra simplificación recurrente. Ya la defendía Sánchez Albornoz para luego concluir en que, por lo menos en el caso de Galicia, acabar señalando el continuismo de la estructura social. Ya hacia siglos que, fuera de los vascos , todos eran latinos y cristianos.”
Uno, los sirios del yund, cuando se instalan definitivamente en la Península, tienen como función principal garantizar la fiscalidad, de cobrar los tributos y de imponer la paz (que permita producir para cobrar, por supuesto). En los quince años que transcurren desde que vienen hasta que el exiliado omeya Abd al-Rahmán llega a la Península, los sirios no hacen ni una sola incursión por tierras del norte. Con visión funcionalista, si lo que les movía era la rentabilidad, puede entenderse que en vez de mayor o menor romanización de esa zona, lo que tenían esas tierras era una menor productividad para un soldado sirio que, cíclicamente, iba a “ordeñar” a los paisanos; y que les interesaba más consolidarse en los ricos valles del Guadalquivir o del Ebro, por ejemplo, antes que en esas tierras de las que poco podrían esquilmar. Cuando toma el poder Abd al-Rhamán comienzan otra vez las incursiones al norte.
Segundo: ¡¡¡Por los clavos de Cristo!!!!!!!!! ¿todos latinos y cristianos fuera de los vascos? ¿Y las cruces de Veleia con San Juan y la Virgen? ¿Y Parmenio, ein? ¡Era criatianíiisimo y políglota! Escribía en su lengua vernácula, latín (aunque casposo), en egipcio, y hasta es posible que tuviese conocimientos de sánscrito y arameo antiguo (perdona, Bergan, sabes que es broma y que en absoluto esta tontería de arriba tiene nada que ver contigo, no quiero molestarte y te pido disculpas si ha pasado, pero es que no he podido resistirme).
Crónica del Obispo Don Pelayo
Pedro II, rey de Aragón, concede a la Orden de San Juan de Jerusalén el castillo de Cabañas, y agua de Meta y Cabañas los sábados y domingos para riego de La Almunia de Doña Godina a cambio de los judíos propiedad del hospital, radicantes entre el río Segre y Ariza, y unos moros de Huesca y Zaragoza, excepto los judíos que se mencionan.
Madrid, Archivo Histórico Nacional
Datum Turolii viii idus septembris per manum Ferrarii notarii nostri era m.cc.xl.viii.
Sig
Sig
Madrid, Archivo Histórico Nacional, Cartulario Magno de la Orden de San Juan de Jerusalén, tomo III, pág. 542. Documento partido por a. b. c.
Cum contentio esset inter comendatorem domus nostre de Almunia et concilium eiusdem ville super venditione vini et aliorum multorum tandem pro bono pacis et compositione amicabili utroque partis, nos frater F. Roderici domorum Hospitalis per Yspaniam humilis comendator et frater P. de Alcalano castellanus Emposte de voluntate et asensu multorum fratrum ibidem nobiscum existentium facimus vobiscum iuratis et concilio de la Almunia compositionem in hunc modum quam per nos volumus perpetuo observari. Statuimus quod comendator de Almunia posit vendere vinum suum
Sobre los portuguerses, pues qué decir:
1330:Manoscritti da D. Baldassare Boncompagni, ms. 307 [s. XIV] (olim, ms. de Petro Girometi, nr. 21), ff. 227rb-234: «Egidius de Theobaldis parmensis in prologo huius sue translationis latine». Após crítica à tradução de Theobaldi o autor identifica-se um pouco mais à frente: «…ea propterea ego Alfonsus Dyonisius de ulixbona yspanus medicus et clericus illustrissimi principis domini Alfonsi Portugaliae et Algarbii regis illustris»
«Dominus Alfunsus de Hyspania, baccalarius, incepit legere Fen quartam 1 Can<onis> Avicenne. MCCCXXIX, 2 die Martii [datação galicana, corresponde a 1330]», doc. parcialmente publicado em
Bernardus Arnaldi Guillelnni de Yspania Scolaris in iure civile (1327)
¿Alguien me podría explicar qué utilidad podría tener para un andalusí estudiar el derecho civil -romano- en Bolonia en 1327?
Llug.
Sobre esto escribió Américo Castro en su obra Sobre el nombre y el quién de los españoles, hace años que la leí y la tengo ahora mismo en mis manos pero no recuerdo mucho. Creo que lo más importante es que decía que la palabra español la inventaron los provenzales, osea, es un barbarismo, es una palabra tomada en préstamo de una lengua que no es el Castellano.
"El carácter electivo de la monarquía, siempre dentro de una familia, favorece la aparición de bandos ‘nacionales’ en torno a los candidatos al trono y así, a la muerte de Alfonso (843), los gallegos apoyan a Ramiro I mientras astures y vascones están al lado del conde Nepociano o, posiblemente, junto a otros nobles sublevados que pagaron con la ceguera o con la vida su rebeldía" Aunque no me convence lo de "caracter electivo...siempre dentro de una familia" por qué se le da en llamar "Asturorum Regnum"? No es más claro llamarle "Reino de Oviedo", como luego "Reino de León" o antes "Reino de Toledo"? Esta es para Llug-Incitatus, no sin afecto.
Pero unos años antes, en plena efervescencia de la polémica adopcionista, un monje lebaniego, de nombre Beato, se hacía eco, en sus Comentarios al Apocalipsis, de la tradición de la predicación hispánica de Santiago. Ocurría esto cuando el pequeño reino asturiano era regido por Mauregato (783-788) (686). Es probable, pero no seguro, que el mismo monje escribiera el himno O Dei verbum, dedicado al rey citado, y en el que Santiago Apóstol aparece ya como cabeza refulgente y áurea de España, y como patrono vernáculo, y protector (687). Es necesario echar un vistazo a la querella adopcionista para poder entender los orígenes del culto jacobeo.
Remonta ésta sus orígenes al concilio de Sevilla de 784, donde se combatieron las ideas de Migecio, a quien puede considerarse un antecesor del adopcionismo. Esta ideología es un intento de conciliar islamismo y cristianismo, o dicho de otro modo, se pretende casar el riguroso monoteísmo islámico con el trinitarismo católico. Debajo del adopcionismo hay un problema político: el de conciliar la existencia de una iglesia española con el dominio musulmán. Los actores del drama son el arzobispo de Toledo, Elipando, y su partidario, el obispo Félix de Urgel, por el lado heterodoxo; Beato de Liébana y Eterio, obispo de Osma, encabezan el bando contrario. Participa también, en este último bando, un clérigo ástur, llamado Basiliscus. El hecho de que el obispado de Félix se encuentre en tierras del Imperio Carolingio, va a ser causa de que el conflicto se internacionalice, de modo que, tomen parte en él, Alcuíno de York, Carlomagno, y el propio Papa León III. Contribuye a esta internacionalización la política carolingia de intervención en España, y las buenas relaciones de Alfonso II de Asturias con el emperador franco. El Tratado Apologético, de Eterio y Beato, y, más tarde, los Comentarios al Apocalipsis del monje de Liébana, son las dos obras claves de la polémica adopcionista. Pues bien, frente al colaboracionismo con el poder musulmán, que defienden Elipando y sus partidarios, Beato aboga por la creación de una iglesia "nacional", que legitime la existencia del naciente reino asturiano. Pieza maestra de la nueva iglesia norteña será el "descubrimiento" de los restos del Apóstol Santiago, en tiempos del segundo Alfonso, apóstol, cuya predicación hispánica había defendido el monje lebaniego, como vimos (688).
Interesa hacer algunos comentarios a todos estos sucesos. El primero se refiere a la calidad de los contendientes. Elipando, Félix, y Eterio son obispos, pero de tres sedes situadas fuera de los límites del reino asturiano. El único participante en la querella, que no es obispo, sino monje, es Beato, quien, además, de los cuatro actores, es el único ástur. Tenemos aquí otra prueba que corrobora lo que antes dijimos sobre la importancia del monacato en el norte, en detrimento de la iglesia secular. En Asturias no hay obispos que polemicen con los foráneos, pero hay monjes que ocupan su lugar (689). Esta falta de obispos no se debe a la existencia de un bajo nivel de cristianización. Simplemente se explica porque fueron monjes, en época visigoda, los que más contribuyeron a difundir el cristianismo entre los montañeses. Y, conviene dejar claro, que Beato es T..] un representante, no de círculos religiosos mozárabes, sino de unos medios monásticos autóctonos."(690).
No se puede seguir considerando los Comentarios al Apocalipsis "[...] como despreciable colección de recortes ajenos", que ni el propio Beato entendía (691). Pero, además, Beato no es el único clérigo culto, que vive en Asturias en el siglo VIII. A su lado está Basiliscus (¿monje también?), que, además de polemizar con Elipando, encabeza la embajada que Alfonso II envía a Carlomagno en 798 (692).
Se han buscado, y se han encontrado, las fuentes en que tuvo que beber Beato de Liébana para componer sus escritos. También se han localizado las que tuvo que conocer el autor del himno O Dei verbum para poder componerlo (693). Y, cuando se conocieron, surgió la pregunta: ¿cómo es posible que, en un valle perdido de las montañas cantábricas, apenas cristianizadas, y en una época tan remota como el siglo VIII, existiera la riqueza bibliográfica necesaria para la confección de estas obras? Una única explicación se dió a este interrogante. Los sucesos del 711, y las campañas de Alfonso I llevaron al norte una buena cantidad de emigrantes. Con ellos, fueron monjes, y con los monjes, sus bibliotecas (694). ¿No estarían previamente abonadas las tierras, que recibieron la semilla nueva de las bibliotecas importadas? y, ¿quiénes, si no los monjes visigodos, fueron los primeros sembradores?
Y siguiendo con lo de la "Reconquista" no es el unico mito de la Edad Media, otro mito es ese de que existió el "Reino de Asturias" y el "Reino de León", tano Oviedo como León son denominadas expresamente como ciudades de Gallaecia en algunos textos medievales.
Se habla mucho de la "Reconquista" de territorios por parte de los Reinos de "Asturias" y "León", pero yo quiero ver textos de la época donde se diga que los ejércitos asturianos y leoneses luchaban contra los islámicos.
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