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  1. #1 Norman Canon 19 de feb. 2008

    Biblioteca: Alfonso VII, rey de León y Emperador de Hispania

    Escribe aquí (borra esto).

  2. #2 Norman Canon 19 de feb. 2008

    Biblioteca: Alfonso VII, rey de León y Emperador de Hispania

    Paso a comentar párrafos del articulo inicial del hilo: 

    "la unión de las Coronas de León y Aragón fue efímera"

    Qué barbaridad ¡¡”Corona de Aragón”... en pleno siglo XII!! Lo que se puede llegar a aprender en los foros...

    A ver, ¡no liemos al personal, por favor!: la Corona de Aragón comenzó algunos siglos después; y sobre lo que se llama aquí “Corona de León”, ¿podemos saber en qué documentos medievales consta ese nombre tan rimbombante.. para que se use tan alegremente?

    "Haciendo un paréntesis. resulta curiosa la costumbre decimonónica de muchos historiadores de aprovechar la entronización de Alfonso VII para señalar el comienzo de la por ellos denominada “Dinastía Borgoñona”. En realidad no hubo tal cambio: la línea sucesoria en este caso estuvo marcada por la madre, y no por el padre. Lo mismo podría decirse del anterior “cambio de dinastía” en el Reino de León: cuando Fernando I, conde de Castilla de origen navarro, accedió al solio regio en 1037, en realidad lo hizo en virtud de su matrimonio con Sancha, quien era la auténtica heredera del reino, por lo que es incorrecto (y extremadamente machista) decir que en ese momento comienza la “Dinastía Navarra”. Por lo tanto, podría afirmarse que no hubo ningún cambio de dinastía en el Reino leonés, y sin duda así lo percibieron los contemporáneos."

    No, claro, si ahora va a resultar que en realidad el soberano de León y de Castilla no fue Fernando I (como nos dijeron siempre los péfidos castellanos) sino doña Sancha I “reina” de la “Corona Leonesa”... ¡¡la conspiración anti-leonesa fue la culpable!! ...y su primogénito Sancho II... sería, según eso, rey de la “Corona Leonesa” (no de Castilla) ¿no?... y Alfonso (VI), según la gradación jerárquica, el segundogénito habría sido Rey de Castilla (no de León, claro).

    En fin, la historia al revés, y solo por ganas de ensalzar el terruño de uno.

    Por cierto, nos enteramos, de paso, que los “leoneses” del siglo XI no eran “machistas”. En cambio, de los castellanos... mejor ni hablar, (lógico...)

    "la Corona de Castilla (que incluía los reinos de Castilla y de Toledo),"

    ¡¡Qué cosa más rara!! Ahora nos enteramos que hay una “Corona de Castilla”... dentro del “Imperio” (o de la Corona) leonés”!! Y se nos dice a estas alturas de la película...

    Y yo pregunto: si ya había “Corona de Castilla” ¿qué pintaba dicha Corona dentro de la "Corona de León", como se sobreentiende en el artículo? ¿y por qué en el artículo nunca se hace referencia a ella sino a los “castellanos”, (pues alguna importancia tendría Castilla, al menos desde Alfonso VI y su conquista de Toledo...)?

    ...Y si la "Corona de León" realmente englobaba a Castilla... ¿por qué ahora se llama "Corona" a Castilla y sus reinos? Que nos responda el articulista.

    Por cierto, la Corona de Castilla aparece en 1230, con la unión en Fernando III, de los Reinos de Castilla y de León, hasta entonces no hay ninguna “Corona”, ni en “León” ni en “Castilla”.

    "Es uno de los reyes leoneses de quien conocemos más datos gracias a la Chronica Adefonsi Imperatoris (Crónica del Emperador Alfonso), que fue escrita en su misma época por un autor desconocido, aunque sin duda era de origen eclesiástico y debía gozar de una posición muy cercana al
    monarca. En esta crónica, Alfonso Raimúndez recibe la denominación “Rey de León” en 42 ocasiones, siendo residuales las referencias a otros títulos como “Emperador de León y Toledo” (dos veces), o “Rey de los Hispanos” (una). Sin embargo, en ningún momento es llamado “Rey de Castilla” ni mucho menos “Rey de Castilla y León”.

    Bueno, el articulista ha elegido la “Chronica Adefonsi Imperatoris” porque se ajusta a su particular interés “leonesista”. Pero yo, para incordiar, y porque no soy ni “leonesista” ni “galleguista”, soy muy libre de citar crónicas y diplomas que mencionan nada menos que su carácter castellano e hispánico (el mismo que el articulista -o los gallegos- suelen esconder o pasar por alto).

    Me permito subrayar en negrita las citas de crónicas y diplomas a dicho carácter hispano y castellano que menciona sobre Alfonso VII un autor nada sospechoso, don José Antonio Maravall, en su obra clásica “El concepto de España en la Edad Media. :

    (...) Volvamos ahora a ocuparnos de Alfonso VII. En principio, los diplomas y textos que aluden a este rey son iguales, en su significación, a los que hasta aquí hemos hallado en sus más próximos antecesores. Los hay en los que la palabra “imperator” va seguida de la enumeración de una pluralidad de tierras, cuyos nombres se barajan sin orden fijo, de modo que el de León queda colocado en lugares diferentes y a veces hasta desaparece (150).

    Se suprime el nombre de León y la referencia a Castilla se reduce al mínimo en algún caso (151). En los documentos aragoneses es normal la mención de Zaragoza (152) y excepcionalmente, en escritura de venta de unas casas en esa ciudad, se data así: “Regnante Ildefonso imperatore in Galissia et in Cesar Augusta” (153). Aparte quedan los casos en que se le menciona sólo como “imperator” o “rex imperator”, sin decir de dónde (154).

    A veces, incluso en documentos aragoneses, aparece el título imperial reducido especialmente a Castilla (155).

     

    Junto a esto están los casos, incomparablemente más numerosos que en ninguno de los reyes que le preceden, en que se llama emperador de España. A veces, este nombre se une al de una tierra particular, como vimos en otros lugares de este libro. Pero son muchos, desde luego, muchos más los que hasta entonces se han podido ver, los que no contienen otra referencia que la de España, sobre cuyo conjunto, como rey a veces y con más frecuencia como emperador, se proyecta su poder: “Regnante rex Adefonsus in Spania” (156), dicen algunos diplomas de 1134, mientras en fecha anterior (1131 a 1133) se encuentra ya la fórmula: “Dei gratia Ispanie imperator” (157), y con posterioridad (1142, 1147, 1155), la de “imperante rex Adefonso... totius Yspanie” (158).

    En un documento aragonés importante, como el de la confirmación, en 1136, de la Cofradía de Belchite, se titula “Hyspanie imperator” (159).

     

    Y en los documentos que reflejan sus relaciones con el conde de Barcelona, hallamos estos datos: en la concordia de Carrión, en 1141, se le llama “imperator Ispanie”, en el Tratado de Tudellén, de 1151, se le llama “ilustrem Ildefonsus imperatorem Ispaniae”; y en nuevo acuerdo, en Lérida, 1156, se le titula “Ispaniarum imperatorem” (160). En medio de estas fechas queda en Castilla la del Fuero de Pancorbo, en donde la fórmula del encabezamiento, que podemos considrar como normal, “totius Hispaniae imperator”, se convierte, en la suscripción, en la de “per totam Hispania” (161), expresión que remite, pudiéramos decir que plásticamente, a la visión entera del reino de España.

     

    Por las relaciones de superioridad mantenidas con el príncipe de Aragón y conde de Barcelona, con el rey de Navarra, con otros señores hispánicos, entre ellos el conde de la lejana tierra de Urgel, el imperio de España de Alfonso VII que, para ser tal, según las ideas de la época, tenía que extenderse a toda la Península en su parte cristiana, y ser efectivo, sabemos que positivamente reunía ambas condiciones. En una escritura de donación de su hijo Sancho, en 1152, al monasterio de Arlanza, se dice: “rex Sancius fuit armatus in Valadolid, imperante Adefonso imperatore... comes Barchinonensis tunc temporis vasallus imperatoris et rex Sancius de Navarra”, mención repetida en diploma del mismo rey de 1154, en la que se titula “imperator Hispaniae” (162). No una imprecisa dominación sobre varias tierras o reyes, como sucedía en algunos casos anteriores, sino una concreta y cierta hegemonía, jurídicamente formulada mediante el concepto de vasallaje, una superioridad formal de poder sobre los restantes príncipes hispánicos, es la causa que da calidad y título imperial a Alfonso VII, según la historiografía posterior, que considera el suyo como imperio de España.

    La manera según la cual un texto tan próximo a los acontecimientos como es la “Chronica Adefonsi Imperatoris”, concibe los hechos, es una prueba decisiva de nuestro aserto (163). 

     

    Para esta Crónica tras el título imperial de Alfonso VII está el cuadro del “reino de España”, como correlato histórico e institucional de la autoridad del emperador. Esa correspondencia entre emperador y reino de España se da en diplomas de la época: recordemos aquél que, en 1137, dice: “Regnum Yspaniae Adefonso obtinente” (164). Reino en el que hay varios príncipes, según el sistema que ya nos es conocido, y entre los cuales uno asume, en esa fase concreta, la hegemonía.

    Así, entre los documentos de Ramón Berenguer IV se establece el tipo de datación simultánea de la siguiente forma: “Regnante illo comite Raimundo in Aragon et Barcilona. Adefonsus imperator in Castella. Garcia rex in Pampilona” (165).

     

    Lo cierto es que la conciencia de la época, en la cual, como la Crónica Silense y la Historia Compostelana prueban, quedaba el testimonio  de precedentes momentos imperiales (Alfonso III, Alfonso VI), debió ver el imperio de Alfonso VII como algo dotado de características muy especiales y vigorosas. Nos induce a pensarlo así el hecho de que por antonomasia, a Alfonso VII, inmediatamente después de muerto, se le llama “el emperador”, sin necesidad de otras determinaciones. Reyes anteriores se habían llamado hijos del emperador Alonso, del emperador Fernando, etc.; Sancho III se llama solamente “filius imperatoris”.

    En el grupo de diplomas referentes al priorato de Artajona, entre los que se encuentran los más de los pocos que se conservan correspondientes al reinado de Sancho III, figuran varios con la fórmula “rex Sancius filius imperatoris”, y hasta hay uno que dice en la datación “in anno quando obiit rex Sancius filius imperatoris” (166).

     

    Este mismo hecho se da en textos cronísticos. Sancho y Fernando son llamados, cada uno de por sí, “hijo del emperador”, en el Cronicón Burgense, los Anales Compostelanos, los cronicones Conimbricense y de Cardeña, los Anales Toledanos (167). Por otra parte, la condición imperial de Alfonso VII es cosa cuyo conocimiento se expande por toda la Península, en forma que no guarda comparación posible con ningún otro caso.

    El Cronicón Conimbrigense I lo llama “Imperator Spaniae” al dar cuenta de su muerte en 1157 (168); el Cronicón Rivipulliense, con el mismo motivo, le titula “imperator Yspaniarum” (169), el Cronicón Dertusense II, fechando la misma noticia por la era y por el año de la Encarnación, le nombra como “imperator Castellae et totius Ispaniae” (170).

     

    Al mismo tiempo, otras fuentes, olvidándose o negándose a reconocer lo que de preeminencia hispánica había en su título, le confieren un carácter imperial reducido, pero sin dejar de insistir en éste. Si para el “Fuero Viejo de Castilla” es “el emperador don Alfonso de Castilla”, para los Annales Compostellani es el “Imperator Legionensis” (171); para el Cronicón Villarense es, en dos ocasiones, el “emperador de Castilla” (172); para los Gesta Comitum, el “imperator Toletanus” o el “magnus imperator Castellae” (173), y de la misma manera aparece mencionado dentro y fuera de su tierra en los Anales Toledanos (174), en la Crónica de Desclot (175), o en la de Fray García de Euguí (176).

    De una u otra forma, el recuerdo del título imperial de Alfonso VII quedó grabado indeleblemente hasta nuestros días...

     

    (150)Recordemos algunos ejemplos concretos: “Ad imperatore imperante in Toleti, in Legione, in Saragoza, Naiara, Castella, Gallicia, en 1135 (“Cart. Monast. Vega”, núm. 38); o, en el mismo año, “in Tolleto, Saragoza, Legione, Nazara, Castella, Gallizia” (“Cart. de San Pedro de Arlanza”, núm. XCVII); en ocasiones, la mención se reduce a León: “regnante rex imperator in Legione Adefonsus”, en 1136 y 1141 (”Cart. de San Vicente de Oviedo”, núms 187, 193, 194), o a León y Toledo (Ibídem, núms 195 a 198, de 1141), o simplemente a Castilla (Lacarra, “Documentos”, 2.ª serie, núm. 248, de 1148).  (151) Diploma de 1142: “In Toleto et in Saragoça et in Galletia et in Nagera et in Burgis (“Col. dipl. de S. Salvador de Oña”, núm. 183).  (152) “Rex de Leon senior in Zaragoza”, o “rex Adefonsus imperator de Lione in Çaragoça, ambos de 1135 (Lacarra, “Documentos”, 2.ª serie, núm. 186 y 188); en documentos del propio rey: “regnante me Dei Gratia imperator in Lione et in Toleto et in Çaragoça, en 1135, o “in Lione et in Toleto et in Soria et in Calataiub et in Alaon, en 1136; lista a la que, en otro documento del mismo año se añade Zaragoza (Ibídem, núms. 190, 196, 197).  (153) Ibídem, núm. 201.  (154) Ibídem, núms. 189 y 192; Cart. S. Víc. Oviedo”, núms. 190 y 203.   (155) Lacarra, “Documentos...”, 3.ª serie, núms. 352, 353 y 354. Ibídem, núms. 379 y 351, respectivamente. En el último se dice: “in anno quando rex Garsias pacificavit se cum imperatore Castellie et comite Barchinonense”. Tengamos en cuenta que esta aparente relativización se daba ya en el caso de Alfonso VI, llamado igualmente “imperator Castelle”, en el memorial sobre la contienda entre los obispos de Jaca-Huesca, D. García de Aragón, y de Roda-Barbastro, documento posterior en algunas décadas a los hechos (publ. por Kehr. “Cómo y cuándo se hizo Aragón feudatario de la Santa Sede”, en “Estudios de Edad Media de la Corona de Aragón”, I, pág. 322). Pero observemos que esa misma particularidad castellana no impedía el reconocimiento de la superioridad, en su caso, como se deduce del siguiente texto de un diploma aragonés: “in illo anno quod rex Castelle dedit potestatem Comiti Barchinonensi de terras de Zaragoza” (publ. por Del Arco, “Referencias a acontecimientos históricos en las datas de documentos aragoneses”, en Estudios de Edad Media de la Corona de Aragón”, III, pág. 341). (156) “Cartulario de San Vicente de Oviedo”, núms 182 y 183, del año 1134, posteriores a la coronación imperial.  (157) En el mismo Cartulario, núms. 173, 175, 177 y 179; los primeros anteriores a la coronación. También es anterior el del “Cart. del Mon. de Vega”, núm. 51, año 1123; posterior es, en cambio, el núm. 37 del 1133.  (158) Ibídem, núms. 119, 212, 240. Otros casos análogos en Lacarra, “Documentos...”, 3.ª serie, núms. 330 y 363. (159) Publ. por Rassow, A. H. D. E., 1926, t. III, págs. 220-221.  (160) “Liber Feudorum Maior, núms. 28, 29 y 30. Otro ejemplo del uso del plural, en “Cart. del Mon. de Vega”, núm. 38, año 1135.  (161) Publ. por Dom Luciano Serrano, “Fueros y privilegios del Consejo de Pancorbo”, en A. H. D. E.  X, 1933; pág. 325.  (162) “Cart. de San Pedro de Arlanza”, núms. CVIII y CIX. (163) Ed. de Sánchez Belda, págs. 51 y ss.  (164) “Cart. de San Vicente de Oviedo”, núm. 189.  (165) Lacarra, 3.ª serie, núms. 352, 353 y 354, de 1144; 2.ª serie, núms. 248, de 1148, etc.  (166) “Cart. de S. Sernin de Toulouse",  núms. 626, 631, 639; otros dicen “Filius imperatoris Castellani”, 625-637, etc.  (167) Flórez, “Esp. Sag.”, XXIII, págs. 309, 322, 330, 378, 388-389, 392 y 394. (168) “Esp. Sag.”, XXIII, pág. 330.  (169) Villanueva, “Viaje”, V., pág. 248. (170) Villanueva, vol. cit., pág. 239. (171) “Esp. Sag.”, XXIII, pág. 321.  (172) Ed. de Serrano y Sanz, ya cit. págs. 209 y 210.  (173) Ed. cit. págs. 8 y 39; págs. 13 y 46. (174) “Esp. Sag.”, XXIII, pág. 410. (175) Vol. II, págs 5 y 6. (176) Folio 144, v.

                                               ****

    Continuamos:

    "Llamo la atención sobre este hecho (que se repite en la documentación) porque hoy en día es raro encontrarse con una enciclopedia, libro de texto o incluso monografía de tema histórico donde no se le llame en exclusiva con alguna de las dos últimas y anacrónicas titulaciones."

     

    Claro: el articulista nos habla ¡¡ex-cátedra!! de la “leonesidad” de Alfonso VII en base a ¡¡una sola!! crónica que nos aporta; callándose (o quizá ignorando) todos los demás textos y crónicas hispano-castellanos que cita, como vemos, J. A. Maravall... 

    Aquí lo único anacrónico y además de verdad, son las tergiversaciones y distorsiones “leonesistas” del articulista y del artículo en cuestión.

     

    "Esta aberración es producto de una historiografía dominada por el castellanismo que se arrastra más o menos desde la época de Alfonso X y sus tergiversadas y manipuladas Crónicas. "

     

    Bueno. Lo único “aberrante” aquí es la propaganda “leonesista” que se hace a costa de un rey medieval que nunca supo nada de movidas “leonesistas” del siglo XXI.

     

    "En esta misma línea se podrían incluir casi todos los antihistóricos cantares de gesta castellanos (sobre todo los del ciclo del Cid); a pesar de ser principalmente fantasiosas obras de literatura, y a pesar de contar con múltiples errores cronológicos, de identificación de personajes, anacronismos, etc. fueron utilizados por el Rey Sabio como materia prima de sus mencionadas Crónicas, vendiendo una Historia castellanocéntrica al servicio de su dinastía."

     

    Sí, se ve que los de León fueron algo tontos y no protestaron contra aquella burda manipulación.

    Se ve que el “Imperio” y la “Corona” no se les habían subido tanto a la cabeza como a los descendientes suyos de siete siglos más tarde.

     

    Pues sí: hay que reconocerlo la historia la escribe quien gana, es ley de vida.

    Por eso mismo no sorprenderían, una vez visto este artículo, las barbaridades que escribirían los “leonesistas” si llegaran a escribir “su” (particular) historia “oficial” de León”.

     

    "Por desgracia estas Crónicas, al estar redactadas en castellano, han sido utilizadas hasta la saciedad por los historiadores desde el siglo XIII hasta nuestros días, mientras que por el camino se han ido olvidando convenientemente del resto de las crónicas que no cuadraban con él, y que parten con el inconveniente de estar escritas en latín."

     

    Simplemente revelaban un estado de opinión. Ningún leonés -ni medieval ni moderno- las rectificó (que se sepa), y quien calla (tras siete siglos), otorga.

    (También es falsa, p.ej., toda la mitología del PNV sobre historia vasca, y nadie duda que esa sería -o ya es- la historia oficial del “Euzkadi” independiente.)

    Pero ahí tocaríamos ya otros problemas que serían propios de la Historiografía como tal.

     

     

  3. #3 Norman Canon 20 de feb. 2008

    Biblioteca: Alfonso VII, rey de León y Emperador de Hispania

    "Vayamos por partes, Sr. Norman Canon. Uso el término "corona" con su sentido historiográfico (conjunto de reinos), no como si fuera "coetáneo" a la época (entonces habría que hablar de "regnum" o "imperium"). Con esta simple explicación creo que quedan aclarados varios de sus exabruptos."

    O sea que Vd “usa” los términos... ¿según le conviene? Pues podría expresarse con más propiedad, porque curiosamente esos términos (más bien propagandísticos), en resumidas cuentas, son los más dados a tergiversaciones ante la gente incauta. 

    Sigo sin entender como un estudioso de archivos como Vd, no nos responde, (a pesar de mis “exabruptos”) ni siquiera con una cita magistral (p.ej de esa “Chronica Adefonsi imperatoris”) que haga referencia a la “Corona leonesa”, tan constantemente citada por Vd.

    En fin, para saber a qué atenernos  ¿podríamos saber el “conjunto de reinos” de que se componía la “Corona” leonesa, exactamente, en tiempos de Alfonso VII, porque uno lee el artículo y no queda nada claro.

    ¿Comprendía dicha “Corona Leonesa” a la “Corona” de Castilla?

    "Punto segundo: Siento informarle que Fernando I no se intitula rey de Castilla en ningún documento (0) antes de hacerse con la corona (en su sentido material de "especie de diadema etc.", no vaya a confundirse) de León, y sólo figuraba como conde de Castilla. Busque el artículo que escribí sobre el tema, y si quiere reabrimos el debate, pera ya le advierto que hasta los historiadores castellanos actuales lo reconocen abiertamente."

    Lo dicho: -Doña Sancha I, reina de la “Corona Leonesa”- (lo dicen los infalibles “archivos de León”)

    "Tercero: sobre la primogenitura de Sancho II habría bastante que discutir. Baste decir que en uno de los dos manuscritos que se conservan de la Crónica Najerense se dice que el primogénito era Alfonso."

    Le doy una idea: hagamos “leoneses” a Sancho y al Cid y se acaban los problemas.

    ***

    Respecto a todo lo demás de veracidades y “falsificaciones” documentales, no voy ni a entrar ni a salir porque no es mi especialidad. Pero como Vd. comprenderá, del hecho que Vd parezca dominar una materia concreta (la documental) no se sigue que los demás hayamos de comulgar con sus tesis, en base a una sóla Crónica que nos cita y descalificando todo lo demás que no encaja en sus tesis “leonesistas” preestablecidas.

    Nadie discute que la Corte estuviera en León, y que los cronistas y diplomáticos barrieran para casa. Pero precisamente eso es lo que, según como se mire, puede hacer todo más sospechoso.

    Porque mire, en cualquier caso, todas sus tesis sobre la “leonesidad” de Alfonso VII tiene un problema que no encaja con el sentido común de esas Crónicas y que es contrario a la Historia: nada menos que su sucesión: porque Alfonso VII a su hijo mayor, Sancho III, le dejó Castilla; y al segundo, Fernando (II) le dejó León y Galicia.

    ¿Podría interprétenos ese hecho conforme al “leonesismo” de Alfonso VII y al ninguneo documental-oficial leonés contra la insignificancia de la Castilla de entonces? Porque aquí hay una contradicción de caballo que, por más que apele a documentos o crónicas nunca podrá resolver a favor de León; y más aun ¡¡afirmaría la “veracidad” de las fuentes –leonesas o castellanas- precisamente en el sentido contrario al que Vd nos da!!

    (Y no nos salga, por favor, con extrañas teorías sobre que el mayor “realmente” era Fernando... o que Sancho fue “realmente” rey de León, etc...)  

     

  4. #4 Norman Canon 22 de feb. 2008

    Biblioteca: Alfonso VII, rey de León y Emperador de Hispania

    Así está el tema:

    El encabezamiento del artículo de R. hacía referencia a la “incorrección” de llamar “Rey de Castilla” a Alfonso VII dado que “su leonesidad queda patente en multitud de detalles”; también nos contraponía R. los documentos y las crónicas leonesas (contemporáneos a Alfonso VII y verídicos) frente a los castellanos (tardíos y sospechosos, según él).

    Pero hay algo que no cuadra porque, como la Historia afirma (y el propio R. escribe):

    “En 1155, sin que conozcamos bien los motivos, el Emperador divide oficialmente sus dominios entre sus dos hijos de una forma bastante equitativa: a Sancho, el mayor, le correspondería la Corona de Castilla(que incluía los reinos de Castilla y de Toledo), y a Fernando, la de León (Reinos de Galicia, Asturias, León y, en un alarde de optimismo, Portugal, además de los territorios de la Extremadura Leonesa).”

    Y visto eso, yo intento apelar al sentido común, preguntando entonces si iba a resultar que “el Alfonso VII real” (el que tenía “motivos”) sería algo más “Rey de Castilla” (no tan “incorrecto” el título” como afirma R.), y no tan leonés (o tan gallego) como los documentos y crónicas “leonesas” afirman. O sea, pregunto por qué no habría de ser realmente Alfonso VII tan “equitativo” en sus títulos personales como lo fue en el reparto de reinos que hizo a sus hijos.

    Porque cualquiera diría, tras leer el artículo de R. (y las crónicas y documentos en que él dice basarse) que la sucesión de Alfonso VII hubiera tenido que ser muy distinta. Por lo cual, parece evidente que la sucesión de Alfonso VII NO se soluciona, ni mucho menos, sólo con documentos. Y de ello se deduce que el valor de los documentos y crónicas es relativo en ciertos casos; y por tanto que el valor de lo que R. afirma es también relativo.

    ****

    Sr. Amaco:

    Primero: aclárese, porque no sabemos si Galicia es para Vd “reino” o “territorio”.

    Segundo: Llamaba yo la atención que, de pasar R. a estar manejando la expresión “Corona Leonesa” (que se supone incluiría “Castilla” y “Toledo”) pasa sorprendentemente a utilizar la expresión  “Corona de Castilla” como si la Corona de Castilla (Castilla y Toledo), fuera algo distinto de la “Corona de León”. Y de ahí mis dudas sobre lo que él entendía por Corona de León.

    Tercero: La mujer del Rey siempre ha tenido título de Reina ¿no? Lo importante es que fue Fernando el que reinó de hecho y el que fijó la sucesión y posterior reparto del reino.

    Escribe Vd:

    Prefieres la chanza y la burla dando a entender que careces de estos recursos.

    Perdona que te diga que, en derecho, la carga de la prueba corresponde al que afirma algo novedoso o inusual y lo quiere hacer valer. Enseñad esos documentos, contrastadlos, ante la comunidad científica, y cuando esté la historia re-escrita con vuestro descubrimiento, hablamos.

     ¿O qué pasa, que en base a algún documento fantasma, que supuestamente conoce R., vamos a cambiar un punto de vista que es el usual y el común de siglos acá, (para bien o para mal)?

    Si no tienes la capacidad de contradecir a R. sobre la falsedad o no de estos documentos, ¿a qué te metes?

    ¿Y tienes tú capacidad académica para estar seguro de la “verdad” de lo que R. dice (o le interesa decir) y de la “falsedad” de los documentos castellanos u ovetenses?

    Y por cierto, “me meto” donde me da la gana.

     En todo caso enfocas mal la discusión ya que no se está planteando la "leonesidad" de Alfonso VII ya que su galleguidad es mucho más evidente.

    ¡A ver si lees mejor!, que es nada menos que tu admirado R. quien escribe hacia el final de su artículo, ESTO:

    La “leonesidad” de Alfonso VII queda patente en multitud de detalles.

    Y por si fuera poco; he contado el número de veces que aparece el nombre de “León”, “leonés” o similar en el relato de R. y aparece así como ¡34 veces!; y el de “Galicia” ¡¡sólo 2!!, … y sin embargo nos habla Vd. de ¡¡¡“la galleguidad” de Alfonso VII, en el artículo”!!! No entiendo nada.

    sospechas sobre que no va a aportar nada interesante a este debate.

    Pues anda, ¡que lo que está aportando Vd….!!

    lo que plantea R. es la duda de que Sancho fuera realmente el primogénito

    Como parece que R. una especie de tótem en veracidad histórica para todo “leonesista”, le responderé con las propias palabras de R. ¿ o no sabe Vd. leer?

     En 1155, sin que conozcamos bien los motivos, el Emperador divide oficialmente sus dominios entre sus dos hijos de una forma bastante equitativa: a Sancho, el mayor, le correspondería la Corona de Castilla (que incluía los reinos de Castilla y de Toledo)”

    Por tanto: la duda ¿la plantea realmente Vd.? Si la plantea Vd. vaya a los libros de Historia, que ya estoy cansándome de escribir.

    R. también escribió:

    a Fernando, (le correspondería) la (Corona) de León (Reinos de Galicia, Asturias, León y, en un alarde de optimismo, Portugal, además de los territorios de la Extremadura Leonesa).

    Vd escribe, en cambio:

    segundo  porque, efectivamente, Sancho también fue Rey de León y de Galicia

    O sea que Sancho (el primogénito) ¿habría derrocado a Fernando, según Vd, para “reinar en Galicia y León” incumpliendo entonces el testamento de Alfonso VII?? ¿Hubo entonces una especie de golpe de estado? ¿En qué Crónica se da ese notición?

    Por cierto, le faltaría añadir el Reino de Portugal, según escribe R.

    En fin, voy a tener que dejar esto, porque empiezo a alucinar en colores.

     

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