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  1. #1 ategina 05 de abr. 2006

    Biblioteca: DEA SANCTA ATAECINA TURIBREGENSIS.

    Extraído de: Religiones indígenas en la Hispania Romana (addenda et corrigenda) José María BLÁZQUEZ <<…LA DIOSA ATAECINA M. P. García y Bellido es de la opinión que en emisiones monetales de Carmo puede haber efigies de Ma-Behlona. A. García y Bellido defendió la hipótesis que los soldados romanos que participaron en las guerras sertorianas recorrieron la Vía de la Plata y acamparon en Castra Caecihia, y éstos llamarían Ma-Behlona a una importante deidad local, conocida por sus atributos y rituales. Los testimonios de su culto han aparecido en Mérida y Trujillo. Señala la autora que las inscripciones de Behlona y de Ataecína se solapan, extendiéndose el culto de Ataecina hacia el territorio de Mérida. En El Trampal no han aparecido inscripciones de Ma-Bellona, de Cibeles o de Victoria, ni de Proserpina, lo que indicaría que en El Trampal se mantuvo el culto indígena y no se homologó ninguna deidad femenina del panteón romano a Ataecina en este santuario. Tampoco han aparecido imágenes ni elementos descriptivos. Las lápidas de Ataecina contienen en el focus huellas de haber sostenido patas de cabra, alusivas a los animales sacrificados. Para M. P. García y Bellido, la Turobriga, lugar de origen del culto a Ataecina, sería la Turobriga lusitana. Ataecina debió ser una Magna Mater posiblemente, según esta autora, la citada por Estrabón como lunar e innominada, cuya característica principal fue la de ser una divinidad tutelar. También piensa en una captación por Cibeles del culto a Ataecina. M. E García y Bellido estudia el área territorial del culto basándose en las monedas. Es muy posible que el grupo ibérico celtibérico de los dos o tres delfines responda a un culto común, cuya divinidad masculina fluvial se representaba en monedas de todo un territorio a ambas orillas del Ebro, zona fronteriza entre iberos, celtíberos y vascones. Un ejemplo más claro para detectar el territorio cultural de un santuario extraurbano, es el de la diosa galeada con armas, espigas, peces y astros, representada en muchas monedas de la Bética occidental y de Lusitania, de nombre Salus y Behlona en época imperial, cuyo culto se puede rastrear durante la dominación romana. La divinidad debió tener su santuario en El Trampal, Alcuéscar, en un cruce de caminos de los montes de San Pedro, Montánchez, Guadalupe y El Pedroso, cadena que deslindaba la cuenca del Guadiana y del Tajo, y posiblemente a vettones, lusitanos y célticos. Documento tardío de ese culto son las 17 inscripciones votivas, anicónicas, dedicadas a Ataecina, reutilizadas en la iglesia visigoda de El Trampal ~ Debió haber un primitivo témenos, donde se depositaron las aras votivas dedicadas a Ataecina. Piensa esta autora que este santuario debe ser el descrito por las fuentes literarias como perteneciente al territorio emeritense, denominado por los agrimensores tardíos como lucus Feroniae, exento de centuriación, de una extensión de 1000 yugadas, o sea 2.500 m2. Según M. E García y Bellido, la denominacián de Feronia seria una interpretatio romana de una deidad indígena, que sería Araecina. Femnia era una deidad protectora de las aguas dispensadoras de salud, protectora de la producción agropecuaria. Era una deidad infernal y del bosque, interpretada como Perséfone, y en Emerita como Ataecina/Proserpina . El culto a Ataecina se extendió por todo el territorio emeritense, identificándose con Proserpina en la capital de Lusitania en dos inscripciones: una, recogida en el pantano de la colonia, relacionando a esta diosa con las aguas por el lugar de hallazgo. El santuario de El Trampal se situaba en un lugar rico en manantiales. En las 32 lápidas consagradas a Ataecina en ningún caso se homologa a Proserpina. Las monedas, según M. E García y Bellido, mostrarían que el culto a Ataecina en el territorio emeritense es anterior a la fundación de la colonia, que romanizó a una deidad bien arraigada en el lugar, llamándola Proserpina en Emerita, Feronia en su lucus, y posiblemente Tanit en las ciudades púnicas de la Beturia túrdula. Defiende esta autora que las monedas de época de Augusto y de Tiberio acuñadas en Emerita prueban el proceso de aculturación de Ataecina. En los lugares donde se conmemora la fundación de la colonia, aparece como ninfa protectora de la ciudad. Una moneda, donde aparece diademada, podría aludir al epíteto que la atribuye Dionisio de Halicarnaso (Ant. III, 332.1), «amante de las diademas». Exvotos consagrados a Ataecina han aparecido en el Arroyo de Torrejoncillo, y en el río Guadiana. Una inscripción funeraria que menciona a At(aecina) fue descubierta en la plaza del ayuntamiento de Úbeda (Jaén) • El nombre de la diosa, que encabeza la inscripción, va acompañada de D(is) M(anibus). El difunto se llamaba C(aius) V(alerius) Proclulinus, y tenía 6 años en el momento de su muerte. Es importante esta inscripción, pues vincula Ataecina a los Dioses Manes, siendo éste el primer testimonio en tal sentido. Es, pues, importante para definir el perfil religioso de la diosa. Su carácter agrario e infernal es seguro; se basa en distintas etimologías propuestas…>>

  2. #2 ategina 24 de abr. 2006

    Biblioteca: Las Tradiciones Paganas en el Cristianismo.

    ¿Dannam de Inglaterra? Corrección:Dana de Irlanda

  3. Hay 2 comentarios.
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