Autor: José Mª Bello Diéguez
miércoles, 14 de mayo de 2008
Sección: Artículos generales
Información publicada por: elpater


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Arqueología, pseudociencia y ciencia patológica (3)

Continuación de Arqueología, pseudociencia y ciencia patológica (2)

Pseudoarqueología

En el caso de la pseudoarqueología, muchos son los temas que se abordan desde esta perspectiva pseudocientífica. Todos ellos tienen en común, además de la predilección por lo raro, lo enigmático, lo que se aparta de lo establecido (en lo que puede verse tal vez un cierto componente inconformista en los crédulos de estos asuntos), ciertos rasgos como son, por ejemplo y sin ánimo de exhaustividad, el rechazo a los métodos y a los resultados de la arqueología canónica, prescindiendo siempre del contexto estratigráfico y cultural: el objeto, el fenómeno que se presenta como inusitado se contempla aislado, como un portento prodigioso desenraizado de cualquier entorno cultural. Frente este rechazo a la evidencia más sólida, se admiten sin crítica otros tipos de evidencia: las creencias populares, la etimología en sus versiones más cutres, la búsqueda de similitudes descontextualizadas en otras culturas, la interpretación literal de mitos y leyendas como si se tratase de fuentes históricas directas, etcétera.

Así, los diálogos de Timeo y Critias demostrarán la existencia de la Atlántida, y a partir de ahí, cualquier rasgo llamativo o cualquier presunta anomalía del registro arqueológico serán relacionados con el mítico continente hundido. Las aparentes similitudes entre las pirámides de América y África serán una buena prueba de la existencia de estos atlantes, cuando no de civilizaciones de remotísima antigüedad o de, cómo no, extraterrestres; unos extraterrestres que han construido en Marte una extraña cara que, transformada mediante los arcanos del retoque fotográfico, será vista como una representación del dios Horus, el Halcón. Y así, ad infinitum.

La carencia del menor sentido crítico en estas construcciones que malamente podemos llamar teóricas se hace patente en la capacidad de tragar no sólo con las interpretaciones más inverosímiles, sino con todo tipo de contradicciones entre ellas. Así, los extraños seres creadores de los prodigios del pasado pueden ser al mismo tiempo extraterrestres o habitantes plenamente terráqueos de civilizaciones que alcanzaron durante el Paleolítico extraordinarios conocimientos; pueden venir del espacio exterior, de la vulgar biosfera o del interior de una Tierra hueca; y todo ello al mismo tiempo y sin que provoque ningún tipo de reacción contradictoria. Todo lo que suene sorprendente vale, lo mismo la interpretación de un relieve funerario maya como un astronauta montado en un cohete que la concepción de las pirámides de Giza como reactores termonucleares, o la situación del Edén en Burgos, corroborada, evidentemente, por el descubrimiento del Homo antecessor en Atapuerca. Siempre, la huida de la complejidad de los fenómenos, la negativa a cualquier tipo de razonamiento formal, la aceptación sistemática y acrítica de explicaciones simples de naturaleza extrahumana.

Este fenómeno, generalizado en Occidente, de auge de las pseudociencias, ha generado toda una industria que le sirve de vehículo y refuerza, con publicaciones en todo tipo de soporte, este antiintelectualismo populista, vinculado por lo general a la new age. En todas ellas tienen cabida, como uno de los platos principales de la alucinante carta de tan esotérico restaurante, los temas más manidos de la pseudoarqueología. En España, los principales vehículos de transmisión, sobre todo entre las generaciones de jóvenes, son las revistas especializadas, como Enigmas, Más Allá, Año Cero, Karma.7 y Nuevos Horizontes, sin que falten programas de radio, como Mundo Misterioso (felizmente desaparecido), Espacio en Blanco o La Rosa de los Vientos. La televisión, en la que ha habido diversos intentos, permanece de momento como un terreno de difícil conquista. [Nota del autor: ocho años después de la redacción del artículo, el panorama ha cambiado. Los programas pseudocientíficos han invadido la radio y la televisión, si bien es verdad que abandonando los temas y los planteamientos más rabiosos y adaptándose a una nueva forma fringe].

En estos medios encuentra su caldo de cultivo todo un abigarrado plantel de especialistas en todo, que lo mismo persiguen ovnis que desacreditan el método del carbono 14 o nos asombran con psicofonías. Descendientes de Immanuel Velikovski, Louis Pauwells, Jacques Bergier o Erich von Däniken, la pseudociencia castiza va de la mano de los ya viejas glorias Juan José Benítez, Fernando Jiménez del Oso [N. del A.: Jiménez del Oso falleció después de haberse publicado el original] y Enrique de Vicente, y de las nuevas generaciones, apadrinadas por los anteriores e integradas por los Miguel Blanco, Javier Sierra, Manuel Carballal, Bruno Cardeñosa, Iker Jiménez, etcétera.

Frente a esta situación de avance de lo irracional (una irracionalidad de pésima calidad, todo hay que decirlo), desde la ciencia ha surgido un movimiento de rechazo de la pseudociencia y de defensa y potenciación del pensamiento crítico y racional, del escepticismo científico contemporáneo. Fue el Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones Paranormales (CSICOP), presidido por Paul Kurtz, la institución pionera. Esta entidad, que goza de un enorme prestigio, fue la que dio el primer paso del escepticismo crítico organizado, iniciando así un movimiento que hoy se ha extendido por todo el mundo.

En España, el movimiento escéptico se articula principalmente en la asociación ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, a la que me honra pertenecer. ARP-SAPC edita una revista, antes La Alternativa Racional, ahora El Escéptico, en la que se abordan críticamente asuntos relacionados con las pseudociencias, y también, por supuesto, con la pseudoarqueología. [N. del A.: hoy se debe añadir una nueva organización, el Círculo Escéptico, así como la publicación periódica argentina Pensar].

A pesar de estos movimientos, en el mundo científico sigue mirándose con cierta displicencia la dedicación al debunking de las pseudociencias. Sin embargo, cada vez son más los científicos de renombre que ponen esta tarea divulgativa y de defensa de la razón entre sus objetivos principales. En palabras de Luis Alfonso Gámez (1998), "la caza de charlatanes es una actividad ecológica, que pone en guardia a la sociedad frente a los vendedores de misterios prefabricados". "Para practicarla, sólo hace falta usar el sentido común -el menos común de los sentidos, a tenor de lo visto- y ser curioso. Entre los asiduos a este deporte intelectual, están figuras tan conocidas como el paleontólogo Stephen Jay Gould, el divulgador científico Martin Gardner, el físico Murray Gell-Mann, el filósofo Mario Bunge o los fallecidos Isaac Asimov y Carl Sagan. Y el club está abierto a cualquier buscador de la verdad". A los nombres que nos aporta Gámez habría que añadir muchos otros, como los de los premios Nobel Richard Feynman y Leon M. Lederman, Richard Dawkins, Paul Kurtz, Henri Broch, y en España Francisco Ayala, Fernando Savater, Gustavo Bueno, Manuel Toharia, Moncho Núñez, Javier Armentia, Félix Ares, Miguel Angel Sabadell, Ernesto Páramo, Eustoquio Molina o, específicamente en el campo de la arqueología, Antonio de la Peña, Ángel Armendáriz, Alfonso López, Julio Arrieta o José Luis Calvo, a los que hay que sumar tantos y tantos más que están sirviendo de fermento para el desarrollo del movimiento a favor del pensamiento crítico.

En otros países, como Francia o Estados Unidos, son frecuentes las universidades, e incluso los Colleges, que dedican su atención, tanto en temas dentro de asignaturas regladas como en seminarios y cursos específicos, al estudio pormenorizado y crítico de la pseudoarqueología. Entre ellos, podemos citar la existencia de cursos en los que se aborda la pseudoarqueología en el Santa Monica College (California), la East Carolina University, la University of Louisville, la Western Michigan University, la Iowa University, la University of South Dakota, la Central Connecticut State University, la University of Wisconsin, la East Carolina University, la Ohio State University, y tantos otros centros de educación superior, generalmente dentro de los programas de antropología y prehistoria.

En uno de los trabajos presentados por los alumnos del seminario Lost Tribes, Sunken Continents and Ancient Astronauts: "Cult" Archaeology & Creationism, de la Universidad de Iowa, dirigido e impartido por el Dr. Larry Zimmermann, Arnaud F. Lambert (1998), hablando del debunking de la idea de las diosas madres en el paleolítico y neolítico europeos, plantea que echa de menos la crítica a los planteamientos pseudocientíficos que a menudo existen no ya en las publicaciones abiertamente pseudocientíficas o pseudoarqueológicas, sino en los trabajos elaborados desde dentro de la disciplina canónica. Este pequeño apunte nos da pie para entrar de inmediato en otro asunto, cual es el de la ciencia patológica.

Continúa en Arqueología, pseudociencia y ciencia patológica (4)


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