Autor: Durius
martes, 14 de noviembre de 2006
Sección: Artículos generales
Información publicada por: Durius


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¿Existieron legiones en la ciudad de Roma?

Por extraño que pueda parecernos, dentro de la ciudad de Roma no existió una guarnición militar hasta que Augusto creó la Guardia Pretoriana. En este artículo se analiza el por qué de la ausencia de una fuerza militar permanente dentro de la ciudad.

¿Por qué los romanos no tenían una guarnición permanente dentro de la Urbe?

Debido al debate surgido acerca de la existencia de legiones estacionadas en la ciudad de Roma, trataré de aportar mi granito de arena. Como la cuestión se refería al momento puntual de la derrota de Cannae, centraré mi exposición en la época republicana, aunque con las inevitables alusiones al período imperial. En primer lugar, es importante saber que el recinto de la ciudad de Roma, el pomerium, era un lugar sagrado dentro del que no podían utilizarse armas, de manera que incluso los comicios centuriales, que votaban a los cónsules, debían llevarse a cabo en el Campo de Marte, fuera de las murallas de la ciudad: “…su designación [de los cónsules] era votada por los comicios centuriales… Convocados fuera del recinto sagrado de la ciudad –pomerium-, inaccesible a cualquiera que llevase armas…”(1). Es evidente que estaba prohibida toda actividad de carácter marcial en el interior de la ciudad: “Como tendían a hacer de la guerra una actividad que a la vez fuera externa a la ciudad y estuviera integrada en ella, los romanos procuraron, poniendo en ello más interés que los griegos, asignarle, en un doble plano espacial y temporal, un marco específico. Para ello prohibieron toda manifestación de carácter militar en el interior del pomerium, que era el recinto místico de la comunidad civil (lo que les obligaba, por ejemplo, a convocar las asambleas centuriales en el Campo de Marte);”(2). Así pues, parece claro que se diferenciaba muy bien entre los deberes civiles y los militares del ciudadano. Pero tanto era el grado de separación entre ambos aspectos, que incluso el alistamiento de las legiones tenía lugar fuera del recinto de la Ciudad, en el Campo de Marte, y que las únicas ocasiones en las que un ejército entraba en Roma era cuando se celebraban desfiles triunfales: “Desde un punto de vista tanto legal como ideológico, existía una marcada distinción entre el status y el comportamiento adecuado de un romano en su casa (domi) y en la guerra (militiae). Para denotar ese cambio, el alistamiento de las legiones tenía lugar en el Campus Martius o ”Campo de Marte”, es decir, fuera de la frontera oficial de la ciudad. Las legiones mismas sólo podían entrar en Roma el día del triunfo de un general, cuando él y sus tropas desfilaban por las calles para celebrar el triunfo sobre el enemigo.”(3) Por lo tanto, el pueblo de Roma en armas no tenía acceso al interior de la Ciudad. Pero es que la cuestión va más allá, ni siquiera los magistrados con poder militar podían hacerlo sin perder este poder. Para comprender bien este punto, debemos recordar que los romanos diferenciaban entre el mero poder administrativo, o potestas, y el mando sobre las personas, el imperium, que sólo poseían dos clases de magistrados, los cónsules y pretores: “De entre todos los magistrados, [cónsules, pretores, tribunos militares con poder consular y dictadores] eran los únicos que podían asumir semejante función [el mando del ejército], pues, además del poder administrativo (potestas) que compartían con los demás, eran los únicos que estaban investidos con autoridad sobre las personas (imperium), que en Roma les confería ciertas prerrogativas judiciales y políticas y, fuera de la ciudad, en las provincias que les competían, la dirección de las fuerzas armadas.(4). Aquellos magistrados dotados de imperium sólo podían dirigir al ejército fuera de la ciudad de Roma y dentro de las provincias que les habían sido asignadas. Pero las magistraturas sólo duraban un año, lo que pronto produjo problemas a Roma: numerosas campañas duraban más de un año, y por tanto, debía relevarse al magistrado que estuviera al mando del ejército cuando su cargo expirase. Sin embargo, la solución fue fácil: se crearon las promagistraturas, los conocidos procónsules y propretores, cargos que significaban una prórroga de la magistratura correspondiente durante un tiempo, con el fin de que el magistrado de turno pudiese finalizar su campaña de manera adecuada; eso sí, el promagistrado carecía de poder dentro de Roma: “ La dirección de los ejércitos estaba sujeta a posibles renovaciones anuales de sus jefes: la prórroga de los cónsules y pretores en su único poder militar permitió remediar este inconveniente sin renunciar al carácter anual de las magistraturas, carácter estrechamente unido a la naturaleza de las instituciones. El promagistrado carecía de posibilidad de intervención en Roma como tal, dado que el poder militar –imperium-, al cual estaba sometido, terminaba en los límites de la ciudad.”(5). Por lo tanto, podemos concluir que Roma no poseía ningún tipo de guarnición, ya que ha quedado claro que estaba prohibido que entrase el ejército dentro de la ciudad a menos que se celebrase un desfile triunfal. Aún podríamos suponer la existencia de algún tipo de asentamiento militar, campamento permanente o fortaleza cercano a Roma, pero las fuentes no los mencionan. De hecho, parece ser que existía cierto temor a que un general se acercase a Roma al mando de sus tropas si no era para celebrar un triunfo: “Sin embargo, un miedo parecido pudo aparecer cuando este mismo Pompeyo, encargado de gobernar Hispania después de su consulado de 55, permaneció cerca de la ciudad, burlando las disposiciones legales, y conservando así bajo sus órdenes a todas las tropas que el Senado le había dado para su provincia.”(6). Y “…obligando al Senado a suprimir, en el año 52 a. C., por primera vez en la historia romana la colegialidad del consulado en beneficio de Pompeyo, aceptando que este último entrase en Roma sin abandonar el derecho de mandar las tropas.”(7) Para más datos, no hay más que recordar la alarma que causó al Senado el que Cayo Julio César cruzase el Rubicón con sus tropas en dirección a Roma, o la situación que se produjo tras el asesinato de César: “Después del asesinato de César, Cicerón teme la presencia, aunque sea a las puertas de Roma, de los soldados que seguían siendo fieles a la memoria del dictador…”(8) No podemos olvidar las cohortes urbanas, ni la famosa Guardia Pretoriana... Pero tampoco existían en época republicana, puesto que fueron creadas durante el principado de Augusto. De hecho, no había ninguna legión establecida permanentemente en Italia: “No fue hasta el siglo II d. C. cuando una legión se estableció permanentemente en la península Itálica. Augusto y sus sucesores no deseaban que su confianza en el apoyo militar fuese demasiado obvia. Pero el emperador requería ciertas tropas en Roma e Italia: así se crearon las cohortes pretorianas y urbanas.”(9) Por tanto, estas tropas corresponden al deseo de los emperadores de controlar a la población y tener algo más de seguridad personal. Augusto fue el que se fijó en las guardias personales que los magistrados llevaban en campaña: “En primer lugar, los Pretorianos, herederos de las guardias personales, bárbaras o amigas, de las que se rodeaban los generales de finales de la República. En el año 27, Augusto los organizó en 9 cohortes de 500 hombres cada una (la cifra 10 recordaba mucho a la composición de una legión); seguidamente, el número de cohortes, tras haber sido aumentada a 12 por Calígula y a 16 por Vitelio, fue reducido a 10 por Domiciano. Estacionadas por lo general a las puertas de Roma, en los castra praetoria construidos por Sejano en 23 d. C….”(10). Es decir, que ni siquiera la Guardia Pretoriana tenía sus cuarteles dentro de las murallas de Roma. Y además, su número fue variando con el tiempo: “Al principio sólo tres cohortes servían a la vez en Roma, pero con Tiberio, las nueve fueron concentradas en los barracones de nueva construcción (los castra praetoria) situados en los márgenes de la ciudad.”(11). Incluso existía una fuerza de caballería asociada a la Guardia: “Unida a la guardia pretoriana existía una fuerza de caballería que creció rápidamente de tamaño: junto con la guardia a caballo del emperador (equites singulares Augusti) alcanzaron un máximo de 2000 hombres al acabar el siglo II d. C.”(12) Sobre las cohortes urbanas y las de vigiles, decir que se crearon como cuerpos de policía, bomberos, e incluso para vigilar la integridad de alguna ceca imperial: “Las tres cohortes urbanas (cinco más adelante) actuaban como fuerza policial, proporcionando además una unidad que guardaba la ceca imperial de Lugdunum (Lyon), en la Galia. Por añadidura, había siete cohortes de vigiles, que actuaban como brigada antiincendios y policía nocturna en la propia Roma.”(13). Pero vayamos a los días siguientes al desastre de Cannae. Según Livio, Roma fue presa de gran agitación. El Senado se reunió para deliberar lo que había que hacer a instancia de los pretores Publio Furio Philo y Marco Pomponio, quienes propusieron el envío de mensajeros para saber exactamente lo que había sucedido, el número de supervivientes y su paradero, así como los movimientos de los cartagineses. Por fin llegó un mensaje del cónsul superviviente, Tarencio Varro, informando de que se encontraba en Canusium, tratando de recoger los restos del ejército romano, que él había cifrado en unos diez mil hombres, dispersos y desorganizados. También recibieron un mensaje desde Sicilia: el propretor, Otacilio, se veía obligado a ayudar a Hierón de Siracusa, aliado de Roma, y a hacer frente a una flota cartaginesa que se disponía a atacar Lylibaeum. Por tanto, el Senado decidió enviar al comandante de la flota de Ostia, Marco Claudio, a Canusium para que recogiera a los diez mil supervivientes de Cannae y los llevase a Roma. Éste, que ya había enviado a la legión naval a Teanum Sidicinum, envió a Roma “como guarnición” a 1500 hombres de los que se encontraban en Ostia. Acto seguido, partió para Canusium. Fue entonces cuando se nombró dictador a Marco Junio Pera y a Tiberio Sempronio Maestro del Caballo. Se reclutó a los jóvenes de edades a partir de los 17 años (e incluso menores), con los que se formaron cuatro legiones y 1000 soldados de caballería y a quienes se armó con las armas que se habían capturado en guerras anteriores y que ahora se encontraban en los templos, y se pidió una nueva leva entre los aliados itálicos. También se armó a costa del tesoro público a 8000 esclavos a los que se tomó juramento. Existe un detalle en este relato que confirma que no existía ninguna legión en Roma: Livio dice que Marco Claudio Marcelo envió desde Ostia a 1500 hombres “como guarnición” a Roma. Por lo tanto, no había allí ningún tipo de ejército, ya que de este modo, Livio habría escrito que esos hombres estaban destinados a reforzar la guarnición de Roma, y no como guarnición. Por otra parte, no podemos olvidar un detalle importante: el respeto de los romanos por la tradición y los dioses. Siguiendo a Livio, tras publicarse la lista de muertos en Cannae, se suspendió el festival de Ceres, puesto que se prohibía la asistencia a él de aquellos que estaban de luto, pero al mismo tiempo, se acortó el tiempo de luto oficial, para que no hubiese que suspender más actos religiosos. Además, se declaró culpables a dos vestales de romper sus votos de castidad y se castigó a una de ellas según la costumbre (la otra se suicidó). Al hombre que había sido encontrado culpable también se le castigó. Es importante tener en cuenta estos detalles, ya que incluso en aquella situación extremadamente grave para Roma, se siguieron aplicando las leyes sagradas para no ofender a los dioses. Además, Livio señala que se consultaron los Libros Sagrados, que se envió a Quinto Fabio Pictor a consultar el oráculo de Delfos para que los dioses dictaminasen lo que había que hacer, que incluso se hicieron sacrificios humanos: se enterró vivos en el Foro Boario a un galo, una gala, un griego y una griega. Es decir, si los romanos eran tan respetuosos con las leyes y la costumbre de sus mayores (mos maiorum), ¿iban a violar el recinto sagrado de la ciudad permitiendo la entrada de tropas armadas, sabiendo que Aníbal aún no se había movido de Cannae? (1) Robert Combes, La República en Roma, págs. 22 y 23. (2) Yvon Garlan, La guerra en la Antigüedad, pág. 29. (3) Adrian Goldsworthy, El ejército romano, pág 33. (4) Yvon Garlan, La guerra en la Antigüedad, pág. 156. (5) Robert Combes, La República en Roma, pág. 179. (6) Robert Combes, La República en Roma, pág. 232. (7) Robert Combes, La República en Roma, págs. 232 y 233. (8) Robert Combes, La República en Roma, págs. 232 y 233. (9) Adrian Goldsworthy, El ejército romano, pág 58. (10) Yvon Garlan, La guerra en la Antigüedad, pág. 95. (11) Adrian Goldsworthy, El ejército romano, pág 58. (12) Adrian Goldsworthy, El ejército romano, pág 58. (13) Adrian Goldsworthy, El ejército romano, pág 58. BIBLIOGRAFÍA: · Robert Combes, La República en Roma. Presses Universitaires de France, Colección EDAF Universitaria, 1977. · Yvon Garlan, La guerra en la Antigüedad. Alderabán, 2003. · Adrian Goldsworthy, El ejército romano. Akal, 2005. · Tito Livio, Historia de Roma III. XXII. El desastre de Cannae.

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Comentarios

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  1. #1 lucusaugusti 14 de nov. 2006

    Durius: Muy oportuno y muy bien enfocado. Permíteme un complemento. Quirites era el nombre que se les daba a los ciudadanos romanos en su calidad de no soldados en tiempos de paz. Al nombre quirites, pues, se le contrapone el nombre milites (ejército, soldados). Marte y Quirino. Jano Quirino es un dios paralelo a Marte y contrapuesto a él. Jano Quirino, relacionado con los quirites, es el dios tranquilo opuesto al dios de la guerra, en algunos textos se le considera como un dios simétrico a Marte, incluso se le menciona como "Marte pacífico", por eso está su templo dentro de la ciudad, a diferencia del templo de Marte que se encuentra extramuros. Dice Vitruvio: " A Marte dándole su templo fuera de la ciudad no habrá guerras y discordias civiles en ella".

  2. #2 Robert 14 de nov. 2006

    Me surge una duda: Si Roma contaba con murallas, ¿eran éstas de adorno? ¿O se utilizaban con fines militares (es decir: como elemento defensivo para la guarnición - existente o no - de la ciudad)? Si optamos por la primera solución, nada que objetar. Pero si lo hacemos por la segunda, algo a lo que el texto del artículo no parece oponerse, ya que se refiere explícitamente a “las murallas de Roma”, deberemos concluir que la opción aquí y ahora defendida no es la correcta. Es decir: que sí podían existir militares armados en Roma, si bien, en principio, fuera del recinto sagrado del pomerium. No habría problema en ello, ya que éste recinto NO abarcaba toda la ciudad. Roma contaba en esta época con una muralla construida alrededor del s. IV (a.C.) que sustituía a la anterior, construida doscientos años antes por el rey Servio Tulio. Thomas Ashby (A Topographical Dictionary of Ancient Rome) señala que el pomerium ni siquiera coincidía con el muro Serviano (lo que nos ofrece la respuesta a la duda planteada al inicio de mi intervención), de manera que la colina Palatina, por ejemplo, quedaba situada en su interior, pero no así la Capitolina o la Aventina.

  3. #3 Robert 14 de nov. 2006

    TITI LIVI AB VRBE CONDITA LIBER XXIII [14] Ceterum haec, ut in secundis rebus, segniter otioseque gesta; Romanos praeter insitam industriam animis fortuna etiam cunctari prohibebat. Nam nec consul ulli rei quae per eum agenda esset deerat, et dictator M. Iunius Pera, rebus diuinis perfectis latoque, ut solet, ad populum ut equum escendere liceret, praeter duas urbanas legiones quae principio anni a consulibus conscriptae fuerant et seruorum dilectum cohortesque ex agro Piceno et Gallico collectas, ad ultimum prope desperatae rei publicae auxilium—cum honesta utilibus cedunt—descendit edixitque qui capitalem fraudem ausi quique pecuniae iudicati in uinculis essent, qui eorum apud se milites fierent, eos noxa pecuniaque sese exsolui iussurum. Ea sex milia hominum Gallicis spoliis, quae triumpho C. Flamini tralata erant, armauit, itaque cum uiginti quinque milibus armatorum ab urbe proficiscitur. Ab urbe proficiscitur: O sea, que el dictador sale DE la ciudad (Roma) con 25.000 hombres. Y ello tras haber obtenido diversos permisos religiosos. Ergo...

  4. #4 Durius 14 de nov. 2006

    El que el dictador saliera DE la ciudad con los hombres que fueran no tiene por qué significar que ese ejército estuviera dentro de la ciudad. Podía estar perfectamente (de hecho, así era) acampado en el Campo de Marte. Por otro lado, parece ser (mire usted que casualidad) que la gran mayoría de los expertos parecen estar de acuerdo en que no existía una guarnición en Roma (salvo para algunas mentes calenturientas). Ergo...

  5. #5 Robert 14 de nov. 2006

    Recapitulemos: ¿Quedaban las murallas dentro del pomerium o no? Parece ser que no. Que el pomerium (y, por lo tanto, la prohibición a él atribuida) NO abarcaba todo el territorio de la ciudad. Es más: Roma contaba con murallas que, suponemos, deberían ser guarnecidas. Para lo que se necesita una guarnición. Que la guarnición de Roma no pudiera encontrarse dentro del territorio del pomerium no sólo no obsta para que pudiera hallarse dentro de la ciudad (pero no el pomerium) o en su más inmediata cercanía (a fin de no perder mucho tiempo al acudir a las murallas), sino que convierte TODA la primera parte de tu artículo (hasta “Existe un detalle en este relato…”) en, lo siento, totalmente irrelevante para el tema que aquí nos ocupa. A saber: si existían o no legiones en Roma. Tú has empezado diciendo que no, que NO ERA POSIBLE, porque eso hubiera supuesto quebrar un imperativo legal. Y yo te he demostrado que ese imperativo legal no existía en los términos en que tú lo interpretas. Por lo tanto, la posibilidad existía. Recalco: la posibilidad. Y si ahora decides hacer hincapié en que estaban “en el Campo de Marte”, sinceramente, no sé a santo de qué viene todo lo del pomerio. A no ser que la base de tu argumentación sea el debatir si “la guarnición de Roma se encontraba dentro de Roma o únicamente al lado de Roma.” PS: Tampoco es que esté muy de acuerdo con al traducción que haces de Magister Equitum como “Maestro del Caballo”, que siempre se ha traducido en español como “Jefe (o Comandante Supremo) de la Caballería”.

  6. #6 Durius 14 de nov. 2006

    Te agradecería que citases un sólo autor que mencione la guarnición de Roma. Por otra parte, yo no he dicho que hubiese una guarnición al lado de Roma, sino todo lo contrario. Porque lo que está claro es que los hombres con los que partió de Roma Marco Junio Pera eran los jóvenes y esclavos libertos que acababan de reclutarse tras Cannae. A ver si leemos mejor, porque si ahora dices que la primera parte del artículo es irrelevante, es que no sabes leer, ya que en ella queda claro (y no lo digo yo, lo dicen unos señores que han estudiado el asunto) que no podían entrar ejércitos en Roma a excepción de los desfiles triunfales. A partir de ahí, lo que es irrelevante es lo que dices tú. Me voy a jugar a pala. Un saludo.

  7. #7 Durius 14 de nov. 2006

    Y sobre lo del Maestro del Caballo, te recomiendo que te informes un poco más.

  8. #8 Robert 14 de nov. 2006

    Bien, me queda bastante claro tu talante y predisposición al diálogo. Por mí, puedes irte a donde más lo necesites. Es evidente que si una ciudad cuenta con murallas, y creo que no estarás en posición de discutir que Roma CONTABA con murallas, deberá contar con una guarnición. O con la posibilidad de recibirla. Y me reitero en lo que decía antes sobre la irrelevancia de TODA la primera parte de tu artículo (sí, desde “En primer lugar …” hasta “…8000 esclavos a los que se tomó juramento.” También me reitero en lo del Maestro del Caballo [sic]. Y te agradezco tu recomendación de reiniciar mi aventura lectora, pero te rogaría te aplicases el cuento, ya que precisamente de la lectura de esos autores podemos colegir la diferencia que existe entre la entrada en Roma de tropas para la celebración de un triunfo (prohibida) y la entrada en Roma de tropas para guarnecer sus murallas (no prohibida). Para finalizar: desde un punto de vista militar resulta absolutamente irrelevante que tras la derrota en Cannas; a) existieran tropas en Roma; o b) que Roma pudiera ser guarnecida de inmediato. El carácter de mayor o menor profesionalidad de esas tropas lo traes a cuento ahora, pero cuando he leído tu artículo no he visto que se tratara de una de las premisas a discutir. Lo que sí he notado como una de tales premisas es, desde luego, la conclusión del artículo: “Es decir, si los romanos eran tan respetuosos con las leyes y la costumbre de sus mayores (mos maiorum), ¿iban a violar el recinto sagrado de la ciudad permitiendo la entrada de tropas armadas, sabiendo que Aníbal aún no se había movido de Cannae?” Respuesta: Porque el hecho de guarnecer las murallas de la ciudad no se consideraba dentro de esa prohibición. Por mí, puedes ahorrarte el saludo. Sí publicas un artículo y no estás dispuesto a su debate en términos civilizados, sinceramente no sé para qué te molestas.

  9. #9 Durius 14 de nov. 2006

    Te vuelvo a repetir a Goldsworthy: "Las legiones mismas sólo podían entrar en Roma el día del triunfo de un general, cuando él y sus tropas desfilaban por las calles para celebrar el triunfo sobre el enemigo.” Aquí no dice nada de murallas ni de pomerium, sino de Roma. O a Garlan: “De entre todos los magistrados, [cónsules, pretores, tribunos militares con poder consular y dictadores] eran los únicos que podían asumir semejante función [el mando del ejército], pues, además del poder administrativo (potestas) que compartían con los demás, eran los únicos que estaban investidos con autoridad sobre las personas (imperium), que en Roma les confería ciertas prerrogativas judiciales y políticas y, fuera de la ciudad, en las provincias que les competían, la dirección de las fuerzas armadas.” Este señor también habla de la ciudad, no de las murallas. O a Combes: "El promagistrado carecía de posibilidad de intervención en Roma como tal, dado que el poder militar –imperium-, al cual estaba sometido, terminaba en los límites de la ciudad.” Otro que también habla de la ciudad, qué cosas... Pero es que Combes también nos habla de Pompeyo y de que contravino las leyes: “Sin embargo, un miedo parecido pudo aparecer cuando este mismo Pompeyo, encargado de gobernar Hispania después de su consulado de 55, permaneció cerca de la ciudad, burlando las disposiciones legales, y conservando así bajo sus órdenes a todas las tropas que el Senado le había dado para su provincia.” Vamos, que creo yo que no se podía entrar en la ciudad, a menos que las Murallas Servianas se encontrasen a cierta distancia de Roma... Por otra parte, le rogaría me explicase este párrafo, que no entiendo bien: "Y te agradezco tu recomendación de reiniciar mi aventura lectora, pero te rogaría te aplicases el cuento, ya que precisamente de la lectura de esos autores podemos colegir la diferencia que existe entre la entrada en Roma de tropas para la celebración de un triunfo (prohibida) y la entrada en Roma de tropas para guarnecer sus murallas (no prohibida). Es que debo estar un poco espeso esta tarde... Pero lo mejor de todo es: "Para finalizar: desde un punto de vista militar resulta absolutamente irrelevante que tras la derrota en Cannas; a) existieran tropas en Roma; o b) que Roma pudiera ser guarnecida de inmediato. Claro, es completamente irrelevante, total, sería lo mismo tener tropas allí que no, o que Roma pudiera ser guarnecida de inmediato. No sé lo que pensaría un militar de eso. Me encanta esa querencia que tiene usted a decir "irrelevante". Parafraseando a cierto personaje literario: Me parece que eso no significa lo que usted cree que significa.

  10. #10 Durius 14 de nov. 2006

    Por cierto, don Roberto: si le molesta lo que expongo en mi artículo, no lo lea, o no haga caso de lo que pone en él, pero por favor, no entre como un elefante en una cacharrería, gritando "¡Irrelevante!¡Irrelevante!" Que esto no es un juicio... Por cierto, aquí los administradores suelen tratar muy mal a los elefantes que se cuelan en las cacharrerías, aunque me imagino que, como siempre, no tratan a los elefantes por igual...

  11. #11 Robert 14 de nov. 2006

    Entonces, si todos esos autores que citas no están simplificando y realizando, de manera automática, una identificación entre “ciudad de Roma” y “pomerium de Roma”, explícame para qué demonios querían los romanos unas murallas que no podían guarnecer. El caso que citas de Pompeyo no lo creo aplicable a esta situación, ya que se refiere de manera específica a un general que recibe el mando de tropas para acudir a la provincia que le ha sido asignada y decide, sin embargo, que tanto él como sus tropas permanecen junto a la capital. Te agradezco la referencia a “qué pensaría un militar de eso”, porque creo que puedo hablar precisamente desde esa condición, que es la mía. Y me explico: Inmovilizar tropas en un punto concreto, como premisa, carece de sentido a no ser que ese punto se halle efectiva o potencialmente bajo amenaza enemiga. Tú mismo señalas en tu artículo (y así fue, desde luego) que Aníbal tarda un cierto tiempo “en moverse de Cannas”. Pues bien: para el mando romano, lo que contaba no era que, inmediatamente tras Cannas, existiera una guarnición en Roma, sino que la ciudad pudiera guarnecerse antes de que llegasen los cartagineses. Fíjate que tú mismo aceptas que en determinado momento se envíen tropas a Roma “para su guarnición”. Por eso no entro, en primer lugar porque no lo sé, y en segundo porque dudo que así fuera, en si existía o no en Roma una guarnición permanente. Como señalas, eso no sucederá hasta bastante más tarde. Pero, de nuevo, sí que existían murallas. Y a esas sí que se las cita a menudo. Lo que sí entro a debatir es todo tu planteamiento inicial. Y, si lo he comprendido bien, pretende demostrar no sólo que en Roma no existía una guarnición en el preciso instante de la derrota de Cannas, sino que no podía existir por motivos legales. Y eso es lo que no me parece correcto. (Y lo que tampoco entiendo desde el punto de vista de tu argumentación: ¿Qué punto pretendes defender? ¿Que no existía guarnición en Roma al tiempo de la derrota de Cannas o que Roma “no podía tener guarnición”? Porque ambos extremos no tienen por qué estar relacionados entre sí. PS: Confieso, y lo siento, que creo haberme perdido una discusión anterior al respecto en esta página. Tal vez en ella existan algunas claves que me permitan entender ciertos extremos del artículo, pero hasta el momento carezco de esos antecedentes.

  12. #12 Robert 14 de nov. 2006

    No pretendía ofenderte con lo de “irrelevante” (que tampoco me parece un término tan “ofensivo”). Pero no entiendo, sinceramente, a qué viene toda la primera parte del artículo.

  13. #13 Hannon 14 de nov. 2006

    Robert, vas muy, pero que muy bien encaminado. Hubo una discusión sobre si Roma estaba en condiciones o no defenderse de un ataque de Aníbal tras Cannae. Por lo pronto, te dejo un artículo mío, sobre el asunto: http://www.celtiberia.net/articulo.asp?id=1763&cadena=Hannon Esta noche contestaré más ampliamente. Por lo menos he logrado que Durius se haya percatado de los 1.500 hombres que había en el puerto de Roma. Algo es algo. Luego continuamos.

  14. #14 Robert 14 de nov. 2006

    Adrian Goldsworthy, Las Guerras Púnicas, Ariel, Barcelona, 2002, p. 253: "Sin embargo, son muchos [los comentaristas modernos] los que ahora adoptan el punto de vista contrario y opinan que un avance hasta Roma era a un tiempo impracticable e imposible que culminara con éxito. En primer lugar, Cannas se encuentra a unos cuatrocientos kilómetros de Roma y es discutible si incluso un pequeño cuerpo de caballería podría haber cubierto esa distancia en cinco días [en atención al tiempo que Mahárbal estimaba suficiente para que Aníbal entrara en Roma tras Cannas]. También se afirmó que Roma no se encontraba completamente indefensa, y se ha registrado un conjunto aparentemente poderosos de fuerzas en la misma ciudad o muy próximas que, si bien completamente insuficientes como para librar una batalla en campo abierto, sí lo suficientemente fuertes como para defender las fortificaciones. Se ha sostenido que la existencia de esas fuerzas implicaba que a Aníbal le fuera extremadamente difícil tomar la ciudad mediante un asalto directo, y no se podía permitir un largo asedio, ya que sería difícil alimentar a su ejército y tendría que luchar contra los intentos de liberación por parte de los numerosos ejércitos de Roma. (...) Probablemente sea cierto que Aníbal nunca habría podido tomar Roma si sus defensores oponían alguna clase de resistencia." De manera que no se ponga a Goldsworthy como defensor de ideas que nunca ha amparado.

  15. #15 Hannon 15 de nov. 2006

    Vaya, vaya, Durius/Sucaro nos la quiere dar con queso. Primero quiere que pensemos que Goldsworthy dice lo que en realidad no dice, y no lo dice entre otras cosas, porque en su libro Roman Army at War no trata la Segunda Guerra Púnica, y el problema que nos ocupa afecta única y exclusivamente al momento posterior a la batalla de Cannae. Como ya hemos visto, gracias a Robert, Goldsworthy, afortunadamente si está bien informado del problema de las Legiones urbanae de Livio. Además, ahora Durius/Sucaro quiere hacernos ver que estar fuera del Pomerium de Roma no significa estar en la propia Roma, puesto que el motivo de discusión original era si Roma estaba o no en posición de defenderse tras la derrota de Cannae. Ignora Durius/Sucaro que, a efectos militares, los romanos dividían a su población entre iuniores y seniores formando estos últimos, no sólo en Roma, sino en cualquier ciudad romana parte de la guarnición en caso de necesidad. Dice Durius/Sucaro que: Aún podríamos suponer la existencia de algún tipo de asentamiento militar, campamento permanente o fortaleza cercano a Roma, pero las fuentes no los mencionan”. Parece que el puerto de Ostia no está lo suficientemente cercano para que Durius/Sucaro lo considere parte de la propia Roma. Es decir, que ni los 1.500 hombres ni la legión naval hubieran llegado a tiempo de defender la Urbs, pese a estar a muy pocos kilómetros de ella. Pero volvamos a Goldsworthy, al que alegremente cita Durius/Sucaro. Ya sabemos, gracias a Robert, lo que el propio Goldsworthy dice en su obra Las Guerras Púnicas que Durius/Sucaro no parece haber leído (A veces no basta con los libros de dibujitos y fotos que se editan sobre el Ejército Romano). Lo que no ha incluido Robert es la nota al pie de página que el propio Goldsworthy incluye en la página 253 de éste su libro. Gustoso hablo yo de esta nota, en la que Goldsworthy cita a Lazenby y Delbrück a quienes tampoco parece haber leído Durius/Sucaro. Porque, de haberlo hecho, sabría que el debate sigue abierto, pese a arrancar en tiempos del propio Delbruck, que decía, hace ya un siglo: “Estas legiones formadas con los jóvenes son las urbanae (legiones de ciudad), que permanecían su primer año en la ciudad, siendo entrenadas a la vez que actuaban de guarnición de la capital” La traducción es mía, basada, a su vez, de la traducción al inglés desde el alemán original. (Hans Delbrück, History of the Art of War, I, 1975, p. 345). ¿Y qué dice Lazenby (a quien tampoco parece haber leído Durius/Sucaro)? Pues habla de las dos legiones urbanas que había alistadas a comienzos del año, sin determinar con seguridad a qué responde este apelativo, pero sin zanjar el debate de forma definitiva (pese a que Durius/Sucaro así no lo crea) (Lazenby, “Was Maharbal Right”, en T. Cornell, B. Rankov, y P. Sabin (eds), The Second Punic War a Reappraisal, Londres 1996, pp. 39-48. Y a H. Delbrück, (1975), pp. 336-344). Ahí queda este fragmento de Livio, XXIII, 14, 2, sobre el que Durius/Sucaro pretende pasar de puntillas: “praeter duas urbanas legiones quae principio anni a consulibus conscriptae fuerant et seruorum dilectum cohortesque ex agro Piceno et Gallico collectas” También dejo este apelativo para Durius/Sucaro que seguro sabrá a qué responde: Legio V VRBANA MacedonicaAugusta Pia Fidelis Constans Dacica Moesiaca ¿invicta? Lo hago todo ello con sumo gusto sin dejar de recordar que el debate no se ciñe exclusivamente a las dos legiones urbanas, sino a si Roma tenía tropas para defenderse o no. Respecto a esto último, cree Durius/Sucaro que jóvenes de 17 años no estaban en disposición de defender a la Urbs, pero se olvida Durius/Sucaro de que, con 17 años, ya estaba el Africano cabalgando junto a su padre. Y olvida también Durius/Sucaro, que poco después Roma tenía en pie nada menos que 22 legiones. La pregunta de rigor sería, ¿De dónde las sacaron? Salud.

  16. #16 Durius 15 de nov. 2006

    Sólo escribo este mensaje como respuesta a Hannón: Usted miente cuando dice que Goldsworthy no dice lo que yo he citado en mi artículo. Trata usted de desacreditar a los autores de la bibliografía que acompaña mi artículo (maniobra que no es la primera vez que utiliza). Eso le desacredita a usted completamente para el resto de su exposición. Después de indicar que miento en los textos citados y de afirmar que "A veces no basta con los libros de dibujitos y fotos que se editan sobre el Ejército Romano", el resto de su argumentación carece completamente de valor. Un saludo.

  17. #17 Hannon 15 de nov. 2006

    No nos gusta nuestra propia medicina, ¿verdad? Pero hombre de Dios, cómo voy yo a desacreditar a Goldsworthy si soy uno de sus más fervientes seguidores. Pero claro, para hablar de Goldsworthy, hay primero que leer a Goldsworthy, cosa que usted ha demostrado no haber hecho, salvo en el caso de su obra recientemente traducida por Akal, que habla del Ejército Romano a lo largo de su extensa historia, no de particularidades. Si se hubiera leído usted el trabajo de Goldsworthy sobre las Guerras Púnicas, como el propio Robert le ha recomendado o, si me apuro, su obra Cannae, vería que Goldsworthy sí se ocupa de las tropas que pudo o no pudo haber en Roma después de Cannae, algo que conscientemente omite usted. Pero no en un acto de maldad, sino, sencillamente, porque no ha leído a Goldsworthy, salvo su obra sobre el Ejército Romano, claro está. Lo que le ha pasado a usted, es lo que suele ocurrir cuando uno se mete en sesudos debates sin conocer mínimamente la bibliografía al uso. Porque, perdóneme que se lo diga, por muy bueno que me pueda parecer el libro de Goldsworthy que cita usted, o muy bueno que me pueda parecer el de Garlan (que no me lo parece), o si me apura usted, muy, pero que muy bueno me pueda parecer la obra de Le Bohec, ninguno de los tres se ocupa en esas obras de las tropas que podía o no podía haber en Roma después de Cannae. Como podrá ver, he utilizado ese "tonillo" agresivo que tanto le gusta a usted, para que nos entendamos más que nada. Por lo demás, no hace falta que añada nada más. Ya hemos visto que otras personas sí han leído a Goldsworthy y conocen bien lo que opina el autor británico sobre las tropas de Roma después de la batalla de Cannae. Y es que usted quiere partir desde las generalidades y llegar a las particularidades. Cuando lea usted algún libro más de Goldsworthy, verá que no le engaño. Un saludo.

  18. #18 Hannon 15 de nov. 2006

    Por cierto, relea, querido amigo, que yo no dicho que mienta usted, aunque en su última intervención sí lo ha hecho. Repetiré, por si algún incauto piensa que ha dicho Hannón lo que no ha dicho (cómo le gusta a usted la manipulación): "Primero quiere que pensemos que Goldsworthy dice lo que en realidad no dice" (Hannón, 15/11/06 a las 00:08" Vamos que afirma que Goldsworthy niega algo sencillamente porque no trata de ello en un libro determinado... Lástima que Goldsworthy no nos lea.

  19. #19 Hannon 16 de jun. 2007

    ... y, sin embargo, había legiones en Roma.

  20. Hay 19 comentarios.
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