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SALAMANCA Salamanca
07 de ago. 2006
Clasificación: Castillos
Información mantenida por: αяωєη
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La Casa de las Conchas

La Casa de las Conchas, que comienza a construirse en 1493 terminando su edificación en 1517, es debida a don Rodrigo Arias Maldonado, embajador de los Reyes Católicos. Aunque en 1722 es restaurada por Simón Gavilán. En el edificio se pueden contemplar elementos góticos, renacentistas y mudéjares. La fachada está recubierta por más de 350 conchas de peregrino, símbolo de la Orden de Santiago, a la que Maldonado pertenecía, así como por una serie de escudos de la familia de Maldonado y de su esposa, doña María de Pimentel. Su interior alberga un patio formado por columnas, en el centro del cual hay un pozo que antaño garantizaba un acceso al agua potable. La escalera. Para acceder al piso superior está dividida en tres partes: en el primer tramo nos encontramos con la figura de un perro que sostiene el escudo de la familia Pimentel, en el segundo con un león que sujeta el escudo de los Maldonado y finalmente, con la unión de los escudos de ambas familias. Hoy día, el edificio es la Biblioteca Pública del Estado.

Cómo llegar y horarios

Dirección de contacto: Calle Compañía, nº2 37002 Salamanca (Salamanca) Tel. +34 923269317 Tel. +34 923268571 / Fax +34 923269758 Horarios de visita: Del 1 de octubre al 31 de marzo: - De lunes a viernes, de 9.00 a 21.00 h. - Sábados, de 9.00 a 14.00 h. y de 16.00 a 19.00 h. - Domingos, de 10.00 a 14.00 h. y de 16.00 a 19.00 h. Del 1 de abril al 30 de septiembre: - De lunes a viernes, de 9.00 a 21.00 h. - Sábados, de 9.00 a 14.00 h. y de 17.00 a 20.00 h. - Domingos de 17.00 a 20.00 h. Tarifas: Entrada gratuita. Sólo se puede visitar el patio interior.


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  1. #1 Brandan 08 de sep. 2006

    Como no me has dicho nada, Ardwen, me considero autorizado a colocar una pequeña historia sobre uno de los "personajes" salmantinos que a mí más me gustan: Doña María "la brava": Una mujer de armas tomar Luchas de poder en la Salamanca del siglo XV Doña María la Brava, llamada en realidad María Rodríguez de Monroy, nació en el palacio de esta familia en la ciudad española de Plasencia (Cáceres), y vivió siempre en Salamanca. En su tiempo se acentúan las rencillas entre las grandes familias que se enfrentan por el control de la ciudad. Es probable que, hasta que se produjo el hecho que a continuación se narra, ya se hubiesen producido enfrentamientos entre diferentes grupos. En párrafos anteriores al que transcribo, de la obra que cito, se detalla el carácter recio e independiente de la clase guerrera salmantina, que tarda en someterse a la dirección del poder del Rey, y no lo hace sin que alguno de sus dirigentes pierda la vida como castigo a su contumacia. Desaparecida la amenaza musulmana, los grupos nobiliarios se enzarzan en una lucha por el control económico y militar de la floreciente urbe. Quedan en el callejero de Salamanca nombres que nos recuerdan aquellas trifulcas: La plaza de los Bandos, en clara alusión a las facciones enfrentadas, y la Casa de María la Brava, hogar de nuestra resuelta dama, que ha sufrido importantes transformaciones pero que conserva vestigios de la edificación original y luce las armas de la familia: “ En el solar donde estuvo la verdadera casa de doña María Rodríguez de Monroy, edificaron sus descendientes otra hacia 1485, de la que queda tan sólo la fachada, ligeramente alterada por un balcón que se abrió posteriormente. Tiene un amplio portalón de entrada con grandes dovelas de cuyos salmeres nace un alfiz que rodea los escudos, el balcón y la toza de piedra labrada que está sobre el balcón. Está decorado a todo lo largo por bolas, ornamentación muy usada en la época de Isabel la Católica. La toza de piedra está trabajada con adornos de cardinas naturalistas. El escudo principal está sobre el balcón y lleva muebles heráldicos de Enríquez de Sevilla. El de la izquierda lleva las armas de los Monroy, las mismas que pertenecieron a doña María y el de la derecha, las de los Maldonado.“ http://enciclopedia.us.es/index.php/Casa_de_do%F1a_Mar%EDa_la_Brava Lla Plaza del Corrillo, tierra de nadie, limitaba los dominios de los contendientes. José María Quadrado, en su obra España: sus monumentos y artes - Su naturaleza e historia- nos relata, en el capítulo I de “Memorias de Salamanca”, lo siguiente: Biblioteca virtual Miguel de Cervantes: http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/02581739777903606410046/not0004.htm#N_35_ "A la misma época se refiere por lo común una lúgubre tradición, harto característica y profundamente grabada en la memoria del pueblo para no creerla verídica en el fondo, aunque adornada después con incidentes más o menos felizmente inventados. Sobre un lance del juego de pelota trabaron contienda dos hermanos de la familia de Enríquez de Sevilla con otros dos de la de Manzano (34); aquellos sucumbieron en la atroz refriega y fueron llevados exánimes a la casa de su madre. Doña María Rodríguez de Monroy no lloró sobre los ensangrentados cadáveres de sus hijos, nada dispuso acerca de su sepultura; silenciosa, sombría, fingiendo temer por sí, salió acompañada de criados y escuderos para su lugar de Villalba, pero a la mitad del camino les anunció resueltamente que no era fuga sino venganza lo que meditaba, y asociándolos con terrible juramento a su plan, los condujo a Portugal donde se habían amparado los homicidas. Dónde y cómo les sorprendió, si fue en Viseo, de noche, derribando las puertas de su posada, no queda bien averiguado: lo cierto es que a los pocos días volvió a entrar en Salamanca, animosa y terrible al frente de su comitiva, enarbolando en la punta de las picas las cabezas de los dos Manzanos, y a guisa de ofrenda expiatoria, más digna del altar de las Euménides que de una tumba cristiana, las hizo rodar sobre las recientes losas que en la iglesia de San Francisco o en la de Santo Tomé cubrían los restos de sus hijos. Poco sobrevivió a esta feroz proeza que le valió el epíteto de doña María la brava, pero sí por más de un siglo los bandos que de ella nacieron entre los caballeros salmantinos ligados con una o con otra familia, a los cuales se dice servía de línea divisoria rara vez hollada el Corrillo de la Yerba, explicando este título allá como en Zamora por lo solitario y medroso del sitio (35). Sucedía esto de 1460 a 1478 en los días de san Juan de Sahagún, cuyas fervorosas predicaciones, calmando y no extinguiendo la furia de los ánimos, le acarrearon más de una vez odios y violencias y por último la muerte proPinada con veneno. Bajo los nombres de Santo Tomé y San Benito, parroquias que encabezaban los dos grandes distritos de la ciudad, perpetuáronse largo tiempo dichos bandos, recordando, aun sus distintos colores y opuestas cuadrillas en las justas reales de la dinastía austríaca, los antiguos enconos y reyertas. Pero en el siglo XV las disensiones políticas del reinado de Juan II los habían llevado a su mayor encarnizamiento: quienes por los infantes de Aragón, quienes por don Álvaro de Luna, dominaban alternativamente y llenaban de alboroto la ciudad. Las cortes de 1430 congregadas en su recinto se esforzaron en dirigir contra los moros de Granada el belicoso humor de los partidos, otorgando un copioso donativo para la guerra; corta fue la tregua, porque en 1440 llegó a tal grado su recrudecimiento, que ni el mismo rey al visitarla encontró respeto ni hospedaje. Resistía a su autoridad declarado contra la privanza del Condestable el alcázar contiguo a San Juan, y ocupaba la fuerte torre de la catedral el arcediano Juan Gómez, hijo del difunto obispo don Diego de Anaya, quien con los disparos de su gente impidió al soberano aposentarse en el inmediato palacio episcopal y le obligó a buscar albergue en las casas del doctor Acevedo junto a San Benito, de donde y de la ciudad le hicieron desalojar también las amenazas de los revoltosos para dar entrada luego al rey de Navarra y al almirante. Sin hacer caso de las penas contra él pregonadas en Cantalapiedra, siguió el insolente arcediano señoreando la población al frente de sus desmandados bandoleros, quedando consignada en el refrán andar con él, que de Juan Gómez es, la mezcla de execración y miedo con que les abrían paso los pacíficos moradores. Bajo más fiel custodia se hallaba en 1446 la torre de la iglesia mayor confiada a don Gonzalo de Vivero, que sucedió a don Sancho de Castilla en la silla episcopal y prestó en el real consejo largos e importantes servicios a Juan II y a Enrique IV. Cuando Pedro de Ontiveros enarboló en el alcázar la bandera de la rebelión contra este monarca pusilánime, derramando incendios y muertes por Salamanca, el buen prelado ayudó a Suero de Solis y al partido de los leales a recobrar por fuerza de armas la fortaleza y no paró hasta entregársela al mismo Enrique, que acudió presuroso y fijó allí en 1465 su residencia, reuniendo cortes y entretenido con vanas esperanzas de lograr una avenencia con los grandes descontentos, mientras que en Ávila procedían éstos a destronarle en efigie. Recompensó el rey a la ciudad el seguro asilo que le había dado en sus días de mayor abandono con la concesión de una feria franca todos los años desde el 8 al 21 de setiembre; y tuvo a grande obsequio el derribo del ominoso alcázar, que el pueblo acometió como guarida de traidores y tiranos más a propósito para oprimirle que para defenderle." Recoge don José María líneas abajo el hecho de las rivalidades de “los bandos” se perpetúan en tradición, ya pacífica, en tiempos de Felipe II. Estamos hablando ya de 1543: “(...) Lo mismo que su padre visitó don Felipe el plantel de los ingenios que tanto habían de ilustrar su reinado, mientras revivían para obsequiarle en inofensivo palenque los añejos bandos caballerescos justando y corriendo toros ciento cincuenta de cada parte, los de San Benito vestidos de carmesí, los de Santo Tomé de blanco y amarillo.” "34.Según Dávila, no fue muerto en la disputa del juego sino Enríquez el menor, Luis; el otro, Pedro, lo fue después en una asechanza para que no vengara la muerte de su hermano. A esta tradición es extraño no haga la menor alusión el diligente historiador de los Agustinos de Salamanca fray Tomás de Herrera en su minuciosa genealogía de los Monroyes. Sin embargo, después de Alonso de Maldonado, casi contemporáneo del sangriento hecho que fue el primero en referir, son bastantes las obras de escritores locales, inéditas o impresas, en prosa o en verso, crónicas o poemas, que de él se ocupan. Cítalos el notable folleto sobre los Bandos de Salamanca, publicado en 1883 por don Manuel Villar, como por vía de muestra de la concienzuda historia que prepara de su ciudad nativa, folleto rico de erudición genealógica y de curiosos datos, del cual se desprende: 1.º que dicho suceso puede fijarse en el año 1464 o principios del siguiente; 2.º que no fue origen de las encarnizadas luchas, tan continuas allí como en las más de las ciudades de España y aun de Europa durante la Edad media, sino un simple episodio de ellas que tuvo sus antecedentes y sus resultados. 35.Véase la parte de Zamora al final del capítulo II." Bibliografía sobre el tema: Fernández y González, Manuel 1821-1888 - Dª Maria la Brava : la vengadora de sus hijos : (Crónicas de Salamanca-Siglo XV) (entre 1870 y 1900) Madrid Urbano Manini, Editor [entre 1870 y 1900] Imprenta de Santos Larxé La historia también la recoge Eduardo Marquina en su obra "María la brava" en 1909. Image Hosted by ImageShack.us Fachada de la casa de Doña María - 7/8/2006

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