Fecha: 10 de ene. 2006
Sección: Objetos celtibéricos
Información publicada por: crougintoudadigo
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Ceremonia entronizatoria irlandesa descrita por Gerardo de Gales en su Topographia Hibernica RIA

Esta miniatura del manuscrito de Gerardo de Gales -quien describe de modo grosero la ceremonia entronizatoria del rey del Ulster- tiene un profundo sentido teológico, igual que los cristianos sabemos el profundo valor del sacrificio de Cristo, y los católicos entendemos lo que significa beber su sangre y comer su carne pasándosela a los discipulos. Aqui la purísima y blanca "comaian", en lengua aúlica, como conviene, igmoral a una real entronización, crinosa yegua,sacrificada a Iccona, psbl. de Ekuona (CF. comparativamente en tableta de pizarra de la villa romana de Noville, seguido de numerales que indican el valor de los caballos "Ikeoton equam [...] Ikurion equam pos. del S. IV), representa a la Tierra, Patria, Nación -aunque estos conceptos suenen ahora, bingo, bango, bongo yo me voy pal Congo, a palabrotas- o pais, que el rey, elegido por la Diosa Madre en la "Categoría divina "Altar del Pueblo", expresada por los términos de su ónfalos o petreo altar: trebopala, croioteutático, o teutopala -sinceramente, Andrés Pena, piensa que la lingüística, si no está manipulada, actúa en sinergia-. La diosa Madre, pues la sobernanía celta escoge, elige al rey, se encarna en una purisima yegua,y tras un ritual que envuelve la idea de penetración, de mística unión y de consumación de su matrimonio con un soberano de sin par virtud por ella elegido, la yegua es sacrificada, y su carne es cocida y consumida en comunión, primero por el elegido, luego por sus compañeros de armas, los nobles de alto rango, despues por el pueblo, por las gentes de la treba. El rey se baña y consume, en su preciosa sangre, simbolo de la eterna alianza que ha establecido por su pais. Y porque el Cristianismo, lejos de responder al delirio del oportunista en las arenas del desierto, es una religión de altos principios morales, y simbólicos, un monumento a la dignidad humana y a los valores morales del hombre (y porque decet esse deos), incorporó esta idea celta en la Ultima Cena, un texto interpolado, aunque bien pudo pasar que Cristo,que no por casualidad era galileo, expresase ex more céltica en la Última Cena su sacrificio, para posibilitar luego, de esta manera tan original, de la mano de la nueva y triunfante religión, la redención. El misterio, como en todas las cosas de la religión, está por resolver. La alba crin peinada, trenzada, commaiam, tal vez de una hermosa yegua de “alba coma” ofrecida a la luminosa diosa de los caballos, Iccona/Epona/Rhiannon -y aún Diaño Bulreiro- se integraría así naturalmente en el repertorio de los sacrificadores del Noroeste, confirmando la célebre cita de Estrabón quien, aunque unificando todos los modos de sacrificios en una general opinión, nos refiere que “sacrifican a Ares machos cabríos, caballos y prisioneros de guerra, haciendo asimismo hecatombes ex more helénico, como dice Píndaro: sacrifican un ciento de toda especie". Y esta interpretatio Estraboniana, el sacrificio de un caballo, en un contexto celta e indoeuropeo (Açvamedha) y Purusamedha, estaría confirmada por los bronces votivos sacrificiales, eventualmente aludiendo a una visitada y conocidísima ceremonia religiosa (PENA Anuario Brigantino 1994 nº 17, pp 33-78, Betanzos 1995) y ritual entronizatorio . La célebre y parcial descripción de Gerardo de Gales , como ilustrando el segundo, b, de los dos bronces votivos del Museo Arqueológico Nacional, por nosotros publicados por primera vez en el año 1991, de una entronización irlandesa que representa al postulante, el rey del Ulster negativamente descrito tanto desde el punto de vista técnico como el descriptivo introducido en un baño, sin etiqueta ni decoro, comiendo con las manos directamente del caldero la carne previamente troceada de la yegua que, santa o bíblicamente, conoció primero a la vista de todos y -tras haberla matado y haberse bañado en su óptima sangre- a continuación despiezó y coció. Y así se figura en la miniatura del manuscrito de la Topographia Hibernica como el rey del Ulster sacando la cabeza del teñido baño, come la preciosa y santa carne cocida con las manos.

© Royal Irish Academy

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