Realizada por: Robur
Al Druida: A todos los Druidas
Formulada el viernes, 21 de julio de 2006
Número de respuestas: 7
Categoría: Otros Temas

Schulten y los historiógrafos españoles


¿Creéis que Adolf Schulten fue minusvalorado por los historiógrafos españoles de la época? En mi oPinión personal, afianzada una vez leído el extenso prólogo de "Numancia" (Urgoiti Editores), hubo mucho de envidias personales por no poder admitir que un extranjero fuera capaz de realizar un trabajo como la excavación y documentación de las ruinas numantinas y de los campamentos de asedio romanos, trabajo que hubieran debido realizar ellos. También creo que hubo un alejamiento premeditado por las ideas políticas del propio Schulten, que en aquellos tiempos no eran políticamente correctas.

Respuestas

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  1. #1 alevin domingo, 23 de julio de 2006 a las 20:57

    perdona Robur, pero si escribes Schulten en el apartado "Buscar" te saldran un monton de foros donde se le menciona, varios de ellos especificamente sobre Numancia. No obstante si no encuentras lo que buscas, y li deseas, mandame una pregunta concreta y trataré de ayudarte.¿Vale? Paz y bien


  2. #Gracias Robur AGRADECIMIENTO

  3. #2 Brigantinus lunes, 24 de julio de 2006 a las 12:17

    Pues no sé si influyeron los motivos políticos. Pero desde luego que fuera un alemán el que se dedicara a investigar y a hacer hallazgos sobre la Historia de España, incluso en terrenos sagrados para el nacionalismo patrio, como Numancia... sí debió de producir urticaria. Teniendo en cuenta que a veces parece que la envidia es el deporte nacional, alguien como Schulten, aunque hubiese sido español, habría tenido encontronazos con muchos. Imagínate siendo extranjero.


  4. #3 A.M.Canto lunes, 24 de julio de 2006 a las 12:40

    Brigantinus: Bueno, pues debería ser así, pero no, es al revés. La razón del exitazo de Schulten, aparte de que en general su nivel de conocimientos era muy superior a la media de lo que aquí había por entonces, y de que le daba sopas con hondas en dominio de las fuentes literarias sobre Hispania a cualquier español, fue justamente que era alemán. Aquí se lleva mucho peor el que sea un nacional el que tenga razón o diga novedades, sobre todo si al hacerlo deja en evidencia a otros nacionales. También influye el tener la condición de "pope"; eso da carta blanca, por lo menos mientras el pope viva o no se jubile, dejando de repartir canonjías y entrar en tribunales. Pero este fenómeno se sigue dando actualmente, parece atemporal: cualquier teoría, incluso sin mucha base, si la dice un extranjero hace correr ríos de baba. Hay numerosos ejemplos de ello. Schulten empieza a decaer cuando se pone pesado, porque, a base de tantos años de divinización tipo Metelo Pío (Córdoba, 74 a.C.), empezó a creérselo y no toleraba que se le dijera a algo que no, sobre todo a permisos y similares. Pero especialmente a partir de que no consiguió encontrar Tartessos, eso no se le perdonó.


  5. #4 Robur lunes, 24 de julio de 2006 a las 12:40

    Primero perdón por haber abierto por error dos cuestiones en el foro de los Druidas, por lo que coloco en esta la respuesta de "jeromor" y así podemos continuar con esta línea únicamente. Según jeromor: "La mayoría de los campamentos de asedio romanos de Numancia, según una reciente investigación, son estructuras modernas y no tienen nada de romano. Y así todo." Según tengo entendido, los campamentos identificados por Schulten fueron utilizados posteriormente como viviendas o incluso como cantera de la que extraer material, por lo que podría ser éste el origen de la confusión, al menos en parte. Dado que en su "Numancia" se describían detalladamente los planos de los campamentos, me encuentro con la duda de si realmente se ha demostrado que lo que decía era un fraude -i.e. era el resultado de ponerle un plus de imaginación al tema- o si continuamos hoy en día restándole importancia a lo que hizo Schulten. Por otro lado, acabo de comprar una edición de "Tartessos" (aunque no la he leído aún) y me gustaría que los expertos me dijérais que porcentaje de las afirmaciones que se incluyen se ha demostrado que son falsas, es decir, si es muy, algo, poco o nada fiable como libro de historia.


  6. #5 A.M.Canto lunes, 24 de julio de 2006 a las 13:22

    Es muy recomendable leer el artículo necrológico que publicó (en Archivo Español de Arqueología 33, 1960, pp. 222-228) sobre Schulten el viejo maestro don Antonio García y Bellido, que le conoció bastante y le trató mucho durante la segunda fase de su aventura española. Copio aquí algunos párrafos sustanciosos, en los que el maestro describe su formación y fallos y, traspasando ligeramente lo habitual, comenta algunas cosas sobre el peculiar carácter del alemán y la causa de algunos de sus problemas aquí: "...Schulten consagró su vida entera a España, cuya historia, geografía y etnología antiguas estudió con ahinco, ayudado con eficacia por su conocimiento del griego y el latín, que fue amplio, según era norma de las Universidades alemanas. No hay que olvidar que su vocación primera fue la historia social, económica y militar, a la que le llevó su maestro Mommsen, pero no le faltó tampoco una preparación lingüística general obtenida al lado de su maestro y guía Wilamowitz en sus años de Göttingen. Pero como la historia antigua tiene una de sus fuentes en la arqueología (fuente capital e ineludible), también hubo de tocar Schulten esta rama de la ciencia de la Antigüedad, si bien con mucha menos competencia. Es que Schulten no tuvo nunca un profesor de Arqueología y ello fue grave defecto. En sus interpretaciones y comentarios de textos se nota mejor que en parte alguna esta deficiencia que, por otra parte, él tampoco trató de ocultar, aunque sí de disimular 4. Schulten, aunque excavó en más de un lugar de España, no fue nunca excavador técnicamente hablando, como no fue tampoco arqueólogo, en el sentido que hoy damos a esta palabra, ni numísmata, ni epigrafista. Ello, aunque es disculpable en un especialista cualquiera –pues no es posible abarcar con la misma competencia sectores distintos–, no lo es tanto en un historiador que debe saber interpretar y concertar documentos y monumentos oriundos de todos aquellos campos. Pero Schulten tuvo siempre conciencia exacta de estas lagunas en su formación y no se arredró en casos importantes ante la necesidad de buscar el parecer de aquellos que pudieran oPinar con más autoridad que él. Schulten, pues, siguió siempre –al menos en los casos más difíciles– el único proceder posible en un investigador consciente de su responsabilidad: la consulta de colegas especializados. Por ello trajo consigo a Könen, a Lammerer, a Paulsen, a Jessen y otros más; por ello inquirió más de una vez las oPiniones de Lippold, de Hiller von Gärtringen, Kretschmer, Littmann, Wickert, etc. etc. Con todo, algunos rasgos de su modo de ser se revelan patentes hoy en nuestro recuerdo. Schulten se nos aparece, en la memoria, como hombre acogedor y de trato llano, pero un tanto reservado y nada locuaz. En su amistad se penetraba bien por el camino de la conversación científica, siempre que quedase previamente claro que el interlocutor era digno de hablar con él y que la conversación merecía la pena de tenerla. Y es que, en realidad, a Schulten no le importaba otra cosa que sus estudios. El hablar por hablar de cosas baladíes era para él –como lo es justificadamente para muchos– perder el tiempo. Por ello parecía arisco y solitario, y, sin ser orgulloso, lo parecía. Escuchaba con atención las oPiniones diversas a las suyas, pero seguía invariablemente estas últimas. Por ello leyó poco a los demás y se atuvo siempre a "sus clásicos", entre los cuales estaba en primer lugar su propia persona. Y esto nos lleva a un aspecto muy específico de su labor científica. Schulten llegó a España cuando los estudios arqueológicos, históricos y filológicos referentes a la Antigüedad se hallaban en una lamentable postración. España, que se incorporó con cierta dignidad al movimiento humanístico del Renacimiento, que aún produjo obras notables en el siglo XVIII, no pudo seguir ni de lejos la impresionante floración de la filología clásica que surgió durante la segunda mitad del siglo XIX en Alemania, principalmente. Muchas fueron las causas, pero el analizarlas cae muy fuera de esta ocasión. Salvando las excepciones de rigor, la arqueología, como la filología clásicas, vivían aquí en un casi total abandono a comienzos de este siglo. Ante este panorama no es de extrañar que nuestro biografiado tomara una actitud despectiva hacia la producción científica peninsular. Aquel joven se encontró, realmente, con un tema inmenso y virgen en el cual nada o muy poco habían penetrado los que debieran estar más interesados. Esta primera impresión fue tan fuerte, que se marcó de un modo indeleble en su espíritu llevándola hasta su muerte. Schulten nunca apreció la producción española, ni aun siquiera después que ésta, en rápido, impresionante y ejemplar resurrección, se puso a la altura –si no por la cantidad, sí por la calidad– del nivel europeo. Era ya tarde. El prejuicio (justo –reconozcámoslo de nuevo– a comienzos de este siglo) no dio paso al juicio. Éste no trató siquiera de modificarlo, entre otras razones porque no leía lo que aquí se publicaba. En sus libros, incluso los últimos, se ve la sistemática ausencia de bibliografía española precisamente en casos en que la única aprovechable era la nuestra. No la utilizaba, simplemente, porque la desconocía. Tal desconocimiento procedía de una falta de interés, del mismo modo que esta falta de interés surgía de la falta de aprecio inicial. En consecuencia, al no conocer la producción peninsular, las referencias bibliográficas revertían de un modo insistente y reiterativo sobre sus propios trabajos, dando lugar a ese "narcisismo" científico tan característico de su obra. Ello le ha hecho aparecer como orgulloso sin serlo –repetimos–, y como vanidoso y soberbio, siéndolo sólo en la medida perdonable y comprensible con que un hombre de verdadera vocación aprecia y valora su propia obra, sobre todo cuando se siente único en el campo de su investigación. Sin embargo, acaso hubiera de admitirse un poco de todo aquello. Así se explicaría que tampoco en su propia patria hubiese sabido Schulten vivir en un ambiente de abierta amistad. Es verdad que sus largas ausencias no eran propicias a la creación de un círculo de afectos. La amistad sincera es fruto que sólo madura en el sedentarismo, pues el ave de paso no hace nido. Schulten tendía más hacia las altas esferas en las que era posible hallar apoyo y comprensión a sus designios, por otra parte desinteresados y nobles. Y hay que reconocer que supo sacar el provecho apetecido estimulando incluso el apoyo del Emperador Guillermo II, pues las excavaciones en Numancia y sus campamentos, la ingente obra publicada, más los muchos viajes de Schulten, fueron empresas caras para las que se requirieron mecenazgos generosos. Con sus colegas de aquí tampoco supo crear Schulten una verdadera e íntima amistad. Antes bien, cometió al principio ciertas indiscreciones que lograron soliviantar el patriotismo de campanario de algunos, hasta el punto de originar una "literatura" combatiente "antischulteniana". Ello le acarreó antipatías y disgustos. Con todo, la hospitalidad española –que Schulten alabó con sinceridad (véase Das Land der Höflichkeit)– restañó estos arañazos (más que heridas) y el sabio alemán podía decir, con orgullo y justicia, que en España tenía una cohors amicorum tan fiel como devota. Pero esta cohors tenía sus campamentos en provincias, pero no en Madrid. No logró Schulten penetrar en nuestros círculos científicos. No hizo amistades íntimas. No buscó colaboración. En una palabra: no supo o no quiso entablar el diálogo. Vivía aislado y cuando entraba en sociedad (conferencias) se presentaba como un Júpiter, incluso haciéndose anunciar en la prensa días antes de su llegada. Todo ello es intrascendente y pueril, pero dibuja un carácter y con tal fin lo recuerdo. Si pudiésemos hacer ahora –¡tan cerca aún de su vida!– un juicio de lo que Schulten significa en nuestro conocimiento de la Hispania Antiqua, yo no dudaría en atribuirle un valor fundamental, singularmente en lo que respecta a la historia, a la geografía y a la etnología peninsulares. Pero dicho así, el juicio queda aún demasiado vago. Para precisarlo más vamos a comparar su obra con la de Hübner..." (Fuente: http://descargas.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01260852098920539660035/019305.pdf?incr=1)


  7. #6 A.M.Canto lunes, 24 de julio de 2006 a las 13:51

    Algunas referencias biográficas a Schulten ya en Celtiberia: http://www.celtiberia.net/articulo.asp?id=1107 http://www.celtiberia.net/verrespuesta.asp?idp=7819 Y fuera (hay mucho más, claro, pero Blech es un buen conocedor): http://www.ffil.uam.es/catalogo/blech.htm Y alguna foto: Hacia 1905, con unos 35 años. Otra poco conocida, portada del reciente libro de F Wulff reeditando la Numacia (Pamplona, 2005), ya mayor (pero sin su clásica boina vasca): El índice del citado libro: http://www.primeravistalibros.com/framePDF.jsp?codigo=1954&fichero=cod1954indice.pdf&id=-1438426306 (donde entiéndase "los" Fontes Hispaniae Antiquae, por error muy común escrito "las").


  8. #7 Robur lunes, 24 de julio de 2006 a las 14:41

    Muchas gracias por la información aportada, pero también me gustaría qué oPináis sobre las cuestiones de mi anterior entrada en este foro.


  9. Hay 7 comentarios.
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