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Al Druida: A todos los Druidas
Formulada el sábado, 02 de febrero de 2008
Número de respuestas: 14
Categoría: Temas Humanos

sobre el suicidio


Escribe aquí tu pregunta. Por que las personas deciden suicidarse, y que las orilla a hacerlo

Respuestas

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  1. #1 terradejosep martes, 05 de febrero de 2008 a las 12:37

    esta pregunta no viene al caso, pero creo que es porqué estas personas ven cosas que los demas somos incapazes de ver, como ahora que la vida de cada individuo no tiene ningun significado ni sentido. si te paras a pensar, esta conclucion és cierta.


  2. #2 Servan martes, 05 de febrero de 2008 a las 17:55

     Desde el punto de vista médico las depresiones mono o bipolares se asocian a altas tasas de suicidio, especialmente en primavera. Hay aquí una alteración tratable de los neurotrasmisores. Es un cuadro con componente genético, a veces asociado con intelectos superiores.


  3. #3 arquidioniso martes, 05 de febrero de 2008 a las 18:09

    Seneca escribió una carta a Lucilio en la expone sus ideas sobre el suicidio.

    Vale la pena leerla con atención y respeto.


  4. #4 Servan martes, 05 de febrero de 2008 a las 18:41

     Hay dos pueblos en que es frecuente el suicidio, semejándose además por otros motivos. Los aztecas y los japoneses.

    El séppuko de Mishima me parece más un asesinato que un suicidio.


  5. #5 arquidioniso martes, 05 de febrero de 2008 a las 19:23

    Servan...saludos y te pregunto:

    ¿Cuál sería el opuesto conceptual del suicidio?


  6. #6 Servan martes, 05 de febrero de 2008 a las 20:26

     Me pones en un aprieto, arquidioniso. Te voy a contestar en lo que conozco un poco. Los maníaco depresivos pasan por etapas de manía a otras de depresión. En este sentido, la manía sería el opuesto -médico- de la depresión. Por ej. Rilke, que no escribía por larguísimas temporadas, para entrar en una fase de producción portentosa. El suicida no lo hace en la etapa de depresión, ya que en esta fase no quiere ni es capaz de hacer nada, incluso suicidarse. Lo hace al entrar en la etapa maniacal, que coincide con el aumento de la luz solar, por lo tanto en primavera.

    El caso de Mishima lo considero diferente. De partida hay una tradición cultural del acto guerrero del suicidio ritual, apreciada por Mishima, un hombre del limes, que por vía paterna era un plebeyo y por la materna noble. Ya hay ahí un poco de la máscara teatral, del acto teatral que sin duda fué su séppuku. El lo interpretaba en el sentido de la búsqueda trágica de la belleza, belleza que tenía su propio sexo. En cierto sentido creo  su máscara-alma demoníaca lo asesinó a él mismo, en otro que él realizó un ritual erótico necesariamente sanguinario y ,para él, supremamente bello.

    Me parece interesante la valoración renacentista tanto de la erótica, como del temperamento melancólico de los que nacen bajo el signo de Saturno, por ej. esa fascinación de Miguel Angel por la muerte, que llegaba a lo grotesco. Por alguna razón que desconozco, las personas de esta sexualidad tienen fuertes pulsiones tanáticas. Lo dice el mismo Mishima, enamorado del San Sebastián de Reni. Creo que Mishima se asesinó teatralmente a sí mismo, representó a San Sebastián. El cuadro tomó vida dando muerte, como el de Dorian Gray.


  7. #7 Servan martes, 05 de febrero de 2008 a las 20:55

     Muchos suicidios son actos teatrales que exigen cierta belleza y espectadores. Una tracendencia histérica. Un amigo en sus etapas post-báquicas me ha pedido consejo médico al respecto. Le he dicho que es muy fácil, que bastan una gotas de veneno para ratas. Pero generalmente en estos casos nadie desea morir como una rata. Quieren morir glamorosamente. Yo creo que hay que morir a lo mero macho.

    A alguien le preguntaron cómo le gustaría morir y contestó. -A los 90 años, asesinado por una mujer celosa.


  8. #8 Sotero21 martes, 05 de febrero de 2008 a las 23:44

    http://www.telefonodelaesperanza.org/sede.php

    EL SUICIDIO EN LA ANTIGUA GRECIA (I). Resúmen de  "Historia de la Cultura Griega" de Jacob Burckhardt.

    En la isla de Ceos los ancianos se suicidaban por grupos una vez llegados a los sesenta años. La decisión era voluntaria y la resolución se tomaba por considerar los ancianos que no eran útiles a la patria o porque no deseaban que llegara la enfermedad. Los candidatos, coronados de guirnaldas, tomaban la cicuta y la adormidera en medio de una especie de fiesta. Valerio Máximo relata el suicidio de una anciana de Ceos con 90 años a la que todo le fue bien en la vida y que no deseaba que por apego a la vida le sobreviniera una desgracia. Tratan de disuadirla con amables palabras, pero ella acaba tomando la cicuta. Todos lloran ante la escena.

    El propio Valerio Máximo nos trasmite que en la ciudad de Mesalia el candidato a suicida tenía que explicar sus motivos ante el Consejo de los Seiscientos, podían valer tanto la desdicha como la vida satisfecha, para evitar cambios. La misma ciudad les ofrecía la cicuta.

    La gente en Grecia era bastante pesimista y bastaba un humor deprimido o una fantasía excitante para que toMaran la decisión de acabar con su vida. Se moría por previsión ante tiempos funestos, como aquellos atenienses empobrecidos que relata Eliano que se dieron mutuamente la cicuta. También la muerte de ser querido  precipitaba el suicidio como comenta Platón, en su Fedón.  La lectura equivocada del Fedón también propició que algún que otro insensato se toMara al pie de la letra que para el alma lo mejor era separarse del cuerpo y así lo  hizo un tal Cleómbroto arrojándose de la muralla. Dión Casio comenta que Catón leía el Fedón antes de matarse.

    A veces ocurrían epidemias suicidas, como la que aconteció a las muchachas de Mileto que de pronto sintieron deseos de morir y se ahorcaban en secreto. La epidemia paró cuando a alguien se le ocurrió proponer que las ahorcadas fueran arrastradas desnudas por el ágora, con lo que cesó el furor.

    Los enamorados desgraciados se arrojaban al mar desde la roca leucádica. Los que no se ahogaban quedaban curados de amor. Aunque alguno como un tal Maces Butrotos lo intentó hasta cuatro veces, aunque no sabemos que éxito tuvo en el último intento.

    La enfermedades incurables se reconocían como serio motivo de suicidio, aun entre los romanos. Se reprobaba públicamente el alargamiento de una vida por las artes médicas. Platón consideraba, siguiendo a Asclepio que los enfermos incurables eran una carga para el mismo enfermo y para el estado “… aunque fuera más rico que Midas”.  Del mismo parecer era Eurípides.


  9. #9 Brandan domingo, 10 de febrero de 2008 a las 09:07

    Séneca (Epístolas 104,21) decía:

    Si con los griegos te agrada conversar, trata con Sócrates y con Zenón; el uno te enseñará a morir cuando sea necesario; el otro, antes de que lo sea.

    en esta ingeniosa frase expone Séneca claramente, en mi opinión, los dos puntos de vista que más pudieron influir en épocas posteriores sobre el asunto que nos ocupa: el de los estoicos y el de Platón. Ambos, afrontar el hecho de una condena a muerte con serenidad -en un caso- o la decisión de acabar para siempre con una vida intolerable -en el otro- exigen una alta dosis de filosofía.

    Con todos mis respetos, tengo que decir que las observaciones de Burckhardt me parecen bastante desacertadas, aplicadas a los griegos en general, como él hace.


  10. #10 Llug domingo, 10 de febrero de 2008 a las 10:09

    ¿Qué pasa, que nadie va a hablar aquí de Numancia o de las infusiones de tejo de cántabros y ástures?  (Lo haría yo si pudiera hablar con propiedad, pero es que me da mucho apuro tener que estar todo el tiempo tengo entendido que :-P)

    Salud


  11. #11 Servan domingo, 10 de febrero de 2008 a las 11:48

     Lo que pasa es que a los griegos nunca les han gustado los excesos.


  12. #12 Brandan domingo, 10 de febrero de 2008 a las 14:09

    Los Griegos, si entendemos por tales a las gentes de la época de Homero y anteriores, eran gentes eminentemente excesivas. Burckhardt se apoya en Valerio Máximo (s I a C. - s. I dC.), y en hechos muy concretos que éste relata de una sociedad ya en decadencia, en parte probablemente "gracias" a la Filosofía; y por eso decía que incurre, en mi opinión, en un error.

    El sentido de pertenencia al grupo, excelentemente articulado, y un sentido religioso que ponía sus destinos en manos de los Dioses, hacía poco probables veleidades suicidas. No pongo en duda que Eurípides pensase personalmente en la bondad del suicidio -aunque se echa de menos la cita- pero no lo traslada a sus obras; con el recurso al suicidio la Tragedia no hubiese existido.

    "Se reprobaba públicamente el alargamiento de una vida por las artes médicas" Esto me ha dejado perplejo.


  13. #13 Sotero21 domingo, 10 de febrero de 2008 a las 19:25

    Burckhardt dedica bastantes páginas a hablar sobre el suicidio entre los griegos. Solo he reseñado algunos de los motivos que revela. Opina de los griegos que son un pueblo bien dotado pero que tiene una pésima opinión de la vida. Los considera absolutamente pesimistas, pero no por ello dejaban de estimar la vida y esperar un mundo mejor. Según Naegelbasch no hay testimonio de que el suicidio sea considerado por la conciencia popular como un pecado contra los dioses.  Sin embargo la actitud de la polis  en contra del suidicio era la de condenar a los suicidas a la atimia (exclusión), les niega sepultura, les corta la mano derecha, etc. Aun así hay polis que dan una vía legal al suicidio. De todas maneras los griegos tenían conciencia de la grandeza de resistir ante situaciones terribles. Aunque si se ven abocados a la esclavitud muchos prefieren morir llevándose por delante a toda su familia. El deshonor de la derrota era importante y era una discusión común el dilucidar el momento oportuno del suicidio, pues lo mismo puede ser cobardía el suicidarse como el quedar con vida. Sófocles (Fragmenta incerta, 36) :” El que sigue apegado a la vida en la desgracia, o es un cobarde, o un estúpido”. Este apego a la vida se consideraba propio de la clase servil y de los esclavos. Pero Diógenes le espeta a uno que le aconsejaba el suicidio “ Para aquellos que saben cómo hay que obrar en la vida y qué es lo que hay que decir, es decoroso mantenerse en vida; en cambio, no lo es para los demás; tú, por ejemplo, podrías morirte perfectamente” (Diog.Laer. VI,I, 10, 18 y s.) Diógenes se suicidó finalmente con 90 años dejando simplemente de respirar, genio y figura.

     

    Eurípides (Frenix, frag. 9)  “Estos que ya de nada sirven en el mundo deben abandonarlo y dejar el camino libre a los jóvenes”

     

    La cita de Platón sobre los cuidados médicos en “De re Publ., III, 407d”)


  14. #14 Brandan martes, 12 de febrero de 2008 a las 19:03

    Excelente lo de Diógenes, desde luego tenía una gran consideración de sí mismo.

     

    La cita de Eurípides no la conocía, es más, no conozco ni la obra que cita. Precisamente Eurípides está ya inmerso en un cambio profundo en la mentalidad griega -ateniense, debiéramos decir más propiamente- que protagoniza su generación. Ignoro en qué época hizo el comentario en cuestión; supongo que no sería muy mayor, o, en caso contrario, creería que estaba eximido de seguir su propio consejo gracias a sus especiales cualidades, como Diógenes.

     

    En cuanto a Platón:

    El texto completo (República II 407 d), por si alguien tuviese interés, puede encontrarse en: www.kehuelga.org/biblioteca/republica.pdf

     

    Platón consideraba, siguiendo a Asclepio que los enfermos incurables eran una carga para el mismo enfermo y para el estado “… aunque fuera más rico que Midas

    Hasta ahí podríamos estar de acuerdo, sin embargo,

    Se reprobaba públicamente el alargamiento de una vida por las artes médicas.

    Pues ni con mi mejor voluntad puedo adivinar el hilo de razonamiento que ha llevado a nuestro autor a extraer semejante conclusión, porque Platón está aquí proponiendo prácticas para un estado ideal, algo que está por definición precisamente alejado de la realidad  habitual y por tanto difícilmente “reprobable públicamente”.

    Por otra parte, quizá en mi ignorancia, deduzco que se está hablando de algo parecido a la eutanasia: la posibilidad de dejar de atender médicamente a un incurable, lo que tampoco es exactamente un suicidio, y tampoco añadiría nada peculiar al carácter de los “Griegos”.

    Tengo que creer que la realidad era muy otra: quien podía permitírselo se procuraba los mejores cuidados, y los médicos, fuese cual fuese el diagnóstico, alargarían lo que pudiesen la vida del paciente; a la vez que alargaban sus honorarios.

     

    Dije, y dije mal, “un sentido religioso que ponía sus destinos en manos de los Dioses”; no, es más correcto decir que ponían hasta a sus dioses en manos del destino. No pretendía afirmar que el suicidio fuese “considerado por la conciencia popular como un pecado contra los dioses”, puesto que no creo que -efectivamente- existiese una conciencia de pecado, tal y como lo entendemos ahora, en la sociedad griega de ninguna época. Si acaso impiedad, con respecto a los propios dioses.

    Y para no aburrir con mis propias opiniones, descargo aquí, con su permiso, la de Spengler, bastante más autorizada:

    “El hombre antiguo era débil, frente a las «potencias». Según Aristóteles, el efecto que la tragedia ática se proponía producir era la catharsis de terror y compasión, el aliento del alma apolínea en el momento de la peripecia. Cuando el griego tenía ante los ojos el espectáculo de un personaje, a quien él conocía—pues todos conocían el mito y sus héroes, y todos vivían en él--, pisoteado absurdamente por el destino, sin que fuera imaginable una resistencia a las potencias, y sin embargo pereciendo heroico, retador, en magnifica actitud, verificábase en su alma apolínea una Maravillosa elevación. Si la vida carecía de valor, en cambio el grandioso ademán con que el héroe la pierde encerraba un valor supremo. El griego no quería, no osaba hacer; pero sentía una fascinadora belleza en el padecer. La figura del paciente Ulises y, en mucho más alto grado aún, el modelo del hombre griego, Aquiles, dan testimonio de ello. La moral de los cínicos, de los estoicos, de Epicuro; el ideal helénico de la sofrosyne y ataraxia; Diógenes en su tinaja rindiendo homenaje a la contemplación, todo esto es pereza disfrazada, aversión a lo difícil, a las responsabilidades. ¡Cuan distinto el orgullo del alma egipcia! El hombre apolíneo, en realidad, vuelve la espalda a la vida hasta llegar al suicidio, que sólo en esta cultura—si por otra parte prescindimos del ideal indio, próximo pariente del antiguo—adquiere el valor de una acción altamente moral que se verificaba con la solemnidad de un símbolo sagrado. La embriaguez dionisiaca no deja de ser bastante sospechosa, acaso fuera destinada a ahogar con sus gritos la voz de algo que en el alma egipcia no resonó jamás.”

     


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