Autor: soliman
miércoles, 11 de febrero de 2004
Sección: Opinión
Información publicada por: soliman
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LOS HOMBRE DE LUZ - PARTE 1ª

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CON TODO MI CARIÑO A MIS COMPAÑEROS DE FORO, A GRANLON Y ALAIZA Y A OTROS QUE NO NOS QUIEREN COMPRENDER. Cuando los reyes castellanos conquistaban Al-Andalus no incorporaban solamente a sus territorios un extenso y rico país, codiciado y deseado, incluso antes de Tartessos por infinidad de pueblos, sino que conseguían el mayor tesoro cultural existente en el mundo. Y aunque las ignorancias y los primitivismos de sus conquistadores, intentaron (consiguiéndolo en muchos casos), destruir sus costumbres, lengua y cultura, no lograron destruir los sentimientos ni borrar las influencias sociales y culturales; influencias que siguieron pesando sobre los descendientes de ese pueblo, expoliados y oprimidos, que mantuvieron viva la llama que los hacía distintos al resto de los moradores de su tierra. Fueron andaluces, los que para gloria del Imperio, brillaron en el mundo artístico y literario, en un siglo que, por su riqueza en todos los campos del arte fue llamado Siglo de Oro. Genios como Mateo Alemán, Góngora, etc., revolucionaron el mundo de las letras, Pintores como Murillo, Velásquez, crearon una nueva escuela. Y en la música sacra, Morales y Guerrero fueron astros luminosos que brillaron con luz propia en la música polifónica, dentro y fuera de la península. La desaparición de AL-Andalus no puede catalogarse meramente como un hecho perteneciente al dominio de la geopolítica sino que es, con mucha mayor profundidad, algo que afecta irreversiblemente, al mundo de la cultura, Al-Andalus murió y eso es lo mismo que decir que murieron las escuelas, el pensamiento, la ordenación del territorio, las técnicas... La vida. Lo que nacería a partir de ahí tendrá indudablemente, una herencia, una descendencia, pero será algo nuevo, algo que tiene que pasar por la infancia, hacerse mozo y sufrir mil experiencias... algo que tiene que vivir su vida, en definitiva. Pero los andaluces, supieron sacar alegría de la tristeza, de la muerte vida, y empezaron a descorrer velos de siglos a dar a conocer aunque modestamente, que siempre ha estado vivo el recuerdo de Al-Andalus a pesar que el invasor, nos negó todo, nos quiso borrar la historia, se inventó invasiones, expulsiones y repoblaciones; cometieron el primer gran genocidio de Europa con el pueblo andaluz; a pesar de todo, el ingenio Andaluz supo vivir en ese tiempo de tinieblas para la cultura, y fue capaz de dar hombres de Luz, en todos los campos de la vida, desde los días de las barbaries de la invasión hasta nuestros días. Siempre hubo andaluces que mantuvieron vivo el recuerdo, porque las causas de los pueblos jamás prescriben. Y los andaluces influenciaron el mundo de la cultura de los invasores, y así nos encontramos que El Lazarillo es el pórtico de la novela picaresca escrita en castellano. Y señalamos esto porque, aunque inexplicablemente, haya sido pasado por alto por la mayoría de los escritores literatos, el relato picaresco existía desde el Siglo XI en todos los países de Dar al-Islam y especialmente en Al-Andalus, desde que Al-Harîrî escribió su Magâmât, en ella hay dos protagonistas: Al-Hârith (¿Lazarillo?) y Abû Zayd, que engañan con toda clase de trucos para poder sacar dinero. Diego Hurtado de Mendoza debía conocer, sin duda, la obra de Al-Harîrî y también otra, como el Kitâb al-Mâhâsîn, de Al-Bayhâqi, donde se encuentra un episodio que casi se repite en la obra pórtico de la picaresca. Luis de Góngora y Argote. Poeta andaluz del Siglo de Oro nace en Córdoba el 11 de Julio de 1561 y muere en la misma ciudad el 23 de Mayo de 1627, de origen andalusí ¿cómo podría interpretarse sino, la exigencia por la que debía presentar pruebas de limpieza de sangre, para heredar legalmente los beneficios que se derivaban del argo de racionero de la catedral de Córdoba?. E incluso se puede advertir, a estos efectos, que la misma profesión que observaba su padre D. Francisco de Argote, como corregidor en Jaén y Madrid, y luego Juez de bienes confiscados por la Inquisición en Córdoba, respondía de forma natural a la de converso o hijo de conversos. Un tercer elemento más inmediato, era el papel fundamental que jugaban estos conversos llamados de linaje en la administración del nuevo aparato del Estado y los Inquisidores. Y más aún, todos los biógrafos coinciden en que la casa paterna era el lugar de reuniones de amigos cultos, y que su biblioteca era amplísima e invitaba a lecturas interminables; cosa también común y frecuente entre los conversos adinerados que gozaron, en algunos casos, de una proverbial situación. Sánchez Dragó incluye igualmente a nuestro lírico cordobés en su lista de conversos e hijos de conversos. <<”El soborno era moneda corriente en aquella sociedad paupérrima donde a veces el almoracén de palacio carecía de maravedies necesarios para mercarle una chuleta a su monarca”>>. De ahí la facilidad de comprar a buen precio la prueba de pureza de sangre. Sarcásticamente Munibe (Conde de Peña Florida) llamaba cristiano viejo a Aristóteles ¿Dónde mejor esconderse que en la misma mazmorra del inquisidor con el correspondiente certificado de pureza de sangre? Nadie busca al ladrón en la hacienda, ni al culpable en la comisaría, ni al delincuente entre los magistrados. No había otra máscara más eficaz y más barata. Todo se vende este día Todo el dinero lo iguala: La corte vende su gala. La guerra su valentía, hasta la sabiduría, vende la Universidad, ¡verdad! Luis de Góngora, dignísimo heredero de la mejor tradición literaria andalusí. Con el Siglo XVI se relanza en Andalucía un mundo artístico de indudable trascendencia. De modo análogo al italiano, el Renacimiento andaluz va a ser continuador de las huellas del río fabuloso y no eclipsado de la mejor lírica y literatura de Al-Andalus. Para los castellanos fue con Garcilaso; para los andaluces con Herrera El Divino y el gran movimiento artístico andaluz del que supo rodearse. Aquí se glorifica una renovada corriente que tiene como principal objetivo revitalizar el lenguaje poético andalusí, aunque formalmente apareciera cono la instauración de un nuevo lenguaje lírico. Vivir para ver. El primer gran impulsor de este movimiento va a ser el andaluz Fernando de Herrera, quien como señala Alfonso Berlanga, en la tertulia de Juan de Mal Lara y con una serie de poetas que participan de su misma ideología estética, abre nuevo rumbo para la poesía (¿española?) andaluza. Se inicia así el camino, que continuando años más tarde por la escuela antequerano-granadina llegará a Góngora y que será enormemente fructífera para la poética futura. Es así como Fernando de Herrera junto con otros sevillanos inician a través de la famosa escuela de Gramática este importantísimo movimiento lírico andaluz. Participan de este acontecimiento personajes tan selectos como Francisco de Medina, Francisco Pacheco y Barahona de Soto; más tarde serán los Jáuregui, Medrano, Rodrigo Cano o Fernández de Andrada a los que preside Rioja y se reúnen en la tertulia del Pintor Pacheco. Dos renacimientos radicalmente distintos y enfrentados: el andaluz y el castellano. En la obra de Fernando de Herrera encontramos una serie de rasgos que, en líneas generales, van a caracterizar a los poetas andaluces: la riqueza y fluidez expresivas, el colorido y el dominio de las sensaciones, la depuración estética del paisaje y el carácter bivalente de su obra (propio de todos los poetas del sur). En Góngora, todo ello va a llegar a una gran plenitud: el dominio de las transparencias, la condensación de las imágenes, los epítetos sugerentes para matizar las sensaciones, junto a esta bivalencia tan andaluza que encontramos genialmente en Góngora por ejemplo en su Politemo y Galatea junto a las letrillas y canciones. Góngora va a suponer la más alta rima de esta importantísima fase de la lírica andaluza heredera directísima de la literatura arábigo-andaluza. El genial e intuitivo arabista, Emilio García Gómez, conforma nuestra tesis cuando refiriéndose a Ibn Kuzmân manifiesta que "es uno de los poetas más musicales en cualquier lengua del mundo, su métrica es música. Y su música (La música exquisita de su lenguaje) es la métrica". Lo mismo podría decirse de Góngora. Ahora bien, dicha métrica musical no es una sucesión de sonidos armoniosos pero huecos. Estos sonidos transmiten una melodía intelectual y un mensaje intangible, compuestos de gracias, de sal, de donaire, de picardía, de ternura, de civismo, en dosis que no vetaron nunca los farmacólogos poéticos de ninguna cultura; compuestos también de convencionalismos, de tópicos, de caídas, de bajas pasiones, hasta de ocasionales blasfemias; pero todo interesante, apasionante, a veces en el alto aire terreno del conocimiento de una civilización abolida y de un determinado e histórico ambiente cultural. Toso ello unido a la embriaguez que produce la luz y el color de Andalucía. Góngora enseña, a partir de su propia experiencia personal, el truco de soltar amarras desde un lenguaje y conducta tan cultos y elitistas que confundan cual Babel morisca, aderezando tan magnifica gimnasia con un fin de paganismo desde cuyo otero arremete contra todo: Andeme yo caliente y ríase la gente. Traten otros del gobierno del mundo y sus monarquías, mientras gobiernan mis días mantequilla y pan tierno, naranjada y aguardiente, y ríase la gente Como en dorada vajilla el Príncipe mil cuidados como píldoras doradas; que yo en mi pobre mesilla quiero más una morcilla que en el asador reviente, y ríase la gente. Entre los primeros que elogian a nuestro cisne de Andalucía se encuentra Cervantes que en el canto de Calíope de la Galatea, le dedica estos reconocidos versos: En don Luis de Góngora os ofrezco un vivo raro ingenio sin segundo; con sus obras me alegro y me enriquezco, no sólo yo, más todo el ancho mundo. Pero Cervantes al igual que otros hijos de conversos, como fueron Francisco Rojas, Fray Luis de León, Mateo Alemán, Juan de la Encina, Emilio Antonio de Nebrija, Diego Sánchez de Badajoz, Juan de la Cruz, Teresa de Jesús. Tuvieron problemas con la inquisición y pasaron toda su vida demostrando su limpieza de sangre y luchando por no ser marginados por esa sociedad cristiana y única que había establecido la conquista Castellana de Al-Andalus, a pesar que el común de la población de las Andalucías son conversos e hijos de conversos. De hay la famosa frase de Felipe II “No pienso ser señor de herejes”, haciendo honor a la frase atribuida a su antepasado el rey Fernando el Católico “Estos no serán nunca cristianos, pero sus hijos o nietos si que lo serán”. Si existe un momento en que la Andalucía yugulada culturalmente por la conquista castellana, despierta, ese es en aquel en el Fernando de Herrera escribe sus anotaciones cuyo título real es obra de Garcilaso de la Vega con anotaciones de Fernando de Herrera <

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Más informacióen en: http://www.islamyal-andalus.org


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