Autor: llynllwch
jueves, 26 de abril de 2007
Sección: Leyendas
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El Rey Arturo. El nacimiento de una leyenda.

Una pequeña revisión a la más famosa leyenda celta.

El Rey Arturo. El nacimiento de una leyenda.

Cuentan los druidas que en la Edad Oscura de Britania, aquella que siguió a la marcha de las legiones romanas, existió un gran rey, Constancio Ambrosio. Este monarca era querido por su pueblo y defendió valerosamente su pequeño reino, Cantia, de las incursiones que de continuo realizaban sus codiciosos vecinos britanos y de la constante rapiña que los piratas sajones, venidos del continente, llevaban a cabo en sus costas. Pero la desgracia siempre espera su oportunidad agazapada entre las sombras y esta vez se presentó en forma de gobernador codicioso que anhelaba el trono de Constancio y no pensaba ahorrar en escrúpulo para conseguirlo. Vortigern, que asi se llamaba el gobernador, tenía a su cargo la ciudad de Dubris, uno de los más importantes puertos del reino de Cantia. Ávido de poder, Vortigern estableció una secreta alianza con dos poderosos reyes sajones, Hengist y Horsa, de la tribu de los jutos, y juntos se hicieron con el poder, asesinando a Constancio ante los ojos infantiles de sus dos hijos, Aurelius y Uther. Los dos pequeños, a duras penas lograron salvar sus vidas y huir por mar a Galia, lejos de las afiladas garras de Vortigern. Allí se ocultaron durante años, torturados por el recuerdo y con la llama de la venganza inflamando sus jóvenes corazones. Vortigern concedió a los reyes jutos las tierras orientales del reino y declaró la guerra a los reyes vecinos. Su sed de poder no conocía límite y estaba dispuesto a todo con tal de hacer realidad su máxima ambición: ser el Alto Rey de toda Britania. Cierto día, Vortigern decidió construir una gran fortaleza, un bastión digno de un Alto Rey que hiciera caer de rodillas a cualquiera que la viera. Mas a los pocos meses de comenzar a erigirse, la fortaleza comenzó a ser víctima cada noche de violentas sacudidas que echaban a perder la pesada labor de los constructores. Tres veces fué levantado el castillo y tres veces cedieron sus cimientos, derribándola hasta que solo quedaban escombros. Vortigernus, angustiado, consultó a sus druidas. La fortaleza, aseguraron estos, se encontraba en terreno maldito y los demonios que la echaban abajo solo serían aplacados con el sacrificio de un hombre nacido de padre no humano. En seguida partieron cientos de jinetes en busca de tan extraño individuo y llegaron hasta los más alejados confines de Britania para cumplir las órdenes de Vortigern. Vivía en los lejanos bosques de Gleva un solitario druida llamado Merlín. Repudiado por su Orden hacía años, habitaba la espesura en estado semi-salvaje, volviendo la espalda al mundo y olvidado por este a su vez. Inspirados por las leyendas que sobre él habían escuchado narrar a los ancianos del lugar, los hombres de Vortigern llegaron hasta él. Merlín era una criatura sobrenatural, fruto de la unión de una inocente virgen con un dios de la foresta. No puso oposición alguna a los enviados del rey de Cantia y, docilmente, los acompañó hasta su reino para presentarse ante Vortigern. Los druidas de Vortigern ya tenían todo listo para el sacrificio pero Merlín no pensaba dejarse vencer tan facilmente. Con habilidad y agudeza logró desacreditar la sabiduría de los druidas de Vortigern y convencer a este de que tenía la explicación a los derrumbamientos. La fortaleza, según dijo, estaba siendo construida sobre terreno inestable. Para dar fe a sus palabras, Merlín golpeó con su bastón la pared del acantilado sobre el que estaba erigida y de ella comenzó a brotar agua, primero en pequeñas cantidades y más tarde en auténticos torrentes. Así se ganó Merlín la simpatía y el agradecimiento de Vortigern. Pero estos pocos duraron pues, acto seguido, el druida formuló una profecía. Comparó las fuerzas de Vortigernus con un enorme dragón blanco, una poderosa criatura que todo lo arrasaba a su paso. Pero no pasaría mucho tiempo antes de que se topara con un ser igualmente poderoso, un gran dragón rojo procedente del sur que le destruiria sin vacilación. Se celebraba cada año en Britania, con motivo de las celebraciones de Beltaine, una reunión entre los monarcas de los reinos del sur donde se forjaban alianzas y discutían intereses comunes. A ella se presentaron los dos hijos de Constancio, Aurelius y Uther, procedentes de Galia y ya convertidos en hombres. Eran valerosos guerreros y la nobleza que la que antaño hiciera gala Constancio se reflejaba de manera sorprendente en sus dos vástagos.Aurelius y Uther solicitaron al consejo ayuda, en forma de ejércitos, para recuperar su reino y vengar la memoria de su padre pero sus peticiones fueron desoidas por los reyes, más interesados en sus propios problemas que en los de los demás. Nadie sabe cuales fueron las motivaciones que empujaron a Merlín a abandonar su bosque y presentarse ante el consejo. Tal vez, se veía incapaz de dar la espalda a su propia profecía y actuó impulsado por fuerzas más poderosas que él. El caso es que estuvo allí y apoyó a los dos jóvenes en su demanda. Fue una tarea larga y tediosa pero finalmente logró convencer a los reyes britanos de que los jutos asentados en Cantia representaban una fuerte amenaza y de que no pasaría demasiado tiempo antes de que lograran extender sus dominios. De hecho, llevaban años soportando sus ataques, aliados con los ejércitos de Vortigern. Así, por primera vez desde hacía décadas, los ejercitos de los reinos del sur marcharon contra una causa común. La batalla fue terrible y aún se encuentra registrada en las antiguas crónicas. En nuestros tiempos, se conoce como la batalla de Wallop y, durante su transcurso, los jutos fueron derrotados y Vortigern atrapado en uno de sus castillos. Fue entonces cuando Uther se ganó el sobrenombre por el que se lo conoció a partir de entonces: el Terrible, pues ordenó a sus hombres rodear todo el perimetro de la fortaleza con paja y madera seca para prenderla fuego con sus propias manos. Asi fue como Vortigern el Usurpador murió con sus propias manos y Aurelius recuperó el trono de Cantia, una vez expulsados los jutos. Pasados varios años, Merlín decidió cobrarse el favor que en el pasado le hiciera a los hermanos y embarcó a Uther en una larga aventura. Juntos y escoltados por buena parte de sus tropas, viajaron a Hibernia y, tras varios enfrentamientos y avatares, llegaron hasta su más preciado templo: el Anillo de los Gigantes, hoy conocido como Stonehenge. Por medio de artes mágicas, Merlín transportó las piedras hasta el sur de Britania, donde aún hoy se encuentran. Al regreso de su viaje, Uther descubrió consternado que su hermano había enfermado y fallecido durante su ausencia. Aurelius no había dejado herederos, por lo que Uther subió al trono. Pero no demostró ser un buén gobernante, pues no pasó mucho tiempo antes de que se enamorase perdidamente de Ygerna, la reina de Cerniw y declarara la guerra a su marido, Gorlois, para conseguirla. Gorlois fue alertado a tiempo y envió a su esposa a su fortaleza más protegida, el castillo de Tintagel, para marchar él a la cabeza de sus ejércitos al encuentro de Uther. Gorlois fue derrotado y se refugió con los pocos hombres que le quedaban en el castillo de Terrabil. Siguió un largo asedio, durante el cual, Uther era incapaz de traspasar las fuertes defensas de la fortaleza. Pasaban las semanas y Uther desesperaba por momentos. Ansiaba traspasar las murallas y tomar en sus brazos a Ygerna, la cual, creía, se encontraba en la fortaleza con su marido. Cierto día, Ulfius, su oficial más incondicional, le sugirió a Uther que pidiera consejo a merlín. Y asi fue Merlín convocado por segunda vez por el rey de Cantia. Aunque esta vez se trataba de uther y no de vortigern. Merlín accedió a ayudarle a yacer con Ygerna, pero tenía una condición. De dicha unión nacería un niño, un hijo bastardo que Uthyr no estaría dispuesto a reconocer. Merlín lo quería para sí. El día de su nacimiento, Merlín acudiría hasta el lecho y tomaría al niño para llevárselo consigo. Uthyr aceptó las condiciones de Merlín y fue entonces cuando el druida le reveló que Ygerna no estaba tras ࡬as murallas de Terrabil con su marido, sino en la fortaleza de Tintagel, también fuertemente defendida. Uthyr retiró entonces sus ejércitos y se dirigió a Tintagel. Desde las murallas, Gorlois descubrió las intenciones de su enemigo y no dudó un instante en abandonar el castllo con su escasa guarnición y cargar en un ataque desesperado contra Uther. Gorlois murió en la batalla y Uthyr llegó con sus ejércitos a las proximidades de Tintagel. Mantuvo a sus tropas lo bastante lejos como para que no fueran descubiertas y se dirigió a la fortaleza en compañía de Ulfius y Brastias (otro de sus oficiales). Merlín obró artes mágicas sobre la pequeña comitiva y les hizo tomar la apariencia de Gorlois y dos de sus hombres de confianza. Así, Uthyr entró en Tintagel y yació durante toda la noche con Ygerna, saciando al fin su sed de lujuria, para desaparecer a la mañana siguiente. Uthyr murió a los pocos años en la batalla y los jutos volvieron a apoderarse de Cantia, esta vez para siempre. La noche que nació el hijo de Uthyr, Merlín se apareció en las habitaciones de Ygerna, en Tintagel, envuelto en un manto que ocultaba por completo su rostro. Sin decir palabra, tomó al pequeño y desapareció con él entre las sombras de las que había surgido. Con el tiempo, ese pequeño se convertiría en Alto Rey de todos los britanos y moriría para renacer en el etéreo reino de las leyendas. Su nombre, Arturo Pendragon, aún se escucha de los labios de aquellos que nos negamos a dejar de soñar.

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Más informacióen en: http://www.britania.tk


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