Autor: Caradhras
miércoles, 19 de noviembre de 2003
Sección: Leyendas
Información publicada por: Caradhras
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Duendes

En lo más oscuro del umbrío helecho Una pequeña duende he descubierto. Flores e hilo de seda la vestían, Mientras dejaba que pasase el día En espera de la oscuridad. Echando sobre el musgo y a su lado Había un niño, en plumas abrigado, De tez muy blanca y pelo muy oscuro. Mientras ella miraba el crepúsculo, En espera de la oscuridad. Junto a la dama me senté, callado, Y sin saber o no si hablarle de algo, Puesto que nada venía a mi mente. Mas la dama me dijo: ¡qué amble eres De esperar también la oscuridad! “¿Te encuentras perdida?” Inquirí a la dama “¿o es que es este verde helecho tu casa?” “¿crees tú que esta noche vendrá alguien más?” Ella sonrió y empezó a cantar A su niño duende. Este dormía, y ella me contaba Del Mar y Tierra la profunda magia, Y me habló de encantos potentes y antiguos. “Úsalos bien y sé osado”, me dijo “cuando los pronuncies al atardecer.” “¿Puedo usarlos yo?” La dama sonrió mientras al niño del suelo cogió. “Claro”, me dijo, “porque éste es tu premio por quedarte aquí hasta que en el cielo la Luna ha salido.” Tomé asiento a su lado, pensativo, Vigilante, cuando al pronto oí un ruido De galope a través de los helechos “¿Me aguardasteis, señor de mis sueños?” la voz de otro duende susurró. Un noble duende de hiedra vestido, Armado de espada y con daga al cinto Paró su caballo entre los helechos ¡Oh! Mi corazón temblaba de miedo al ver sus negros ojos. Llegó la noche; las aves callaban, La Luna salía tras la montaña. De repente, me sentí abandonado. “No receles, que tú mismo has bordado el tejido de la amistad.” Dijome la dama, alzando su diestra. Lucía su frente hermosa diadema En que la Luna miraba su luz. “¿Querrás concederle algún premio tú?”, preguntó a su señor. “¿A este vigilante, amigo valiente?” “Es enemigo, y lo ha sido de siempre” repuso el duende, y ella dijo: “no”, “Porque entre los helechos nos guardó”. Me sonrió el caballero. “No sabía que alguien nos quería bien”, y su voz sonó como un cascabel, mientras sacaba de un dedo un anillo. “Este a la Tierra te mantendrá unido” dijo, “y a la Magia, también”. La gema era blanca como la Luna, Y el aire arrastraba una triste música. La dama y el caballero montaron Y por el bosque a galope marcharon. Yo me quedé solo. Que no existen duendes dice la gente. Yo he oído sus voces muy claramente, Y cuando me siento entre los helechos, Algunos encantos yo mismo he hecho Que la dama me enseñó. El anillo siempre llevo en mi mano Y con su piedra me siento amparado. Y a veces encuentro a mis dos amigos En el bosque de helechos escondidos, En secreto. De que existe magia estoy bien seguro Y cuando el Sol deja paso a lo Oscuro, A la Tierra en mi alma latir y siento, Y nunca echaré de mis pensamientos. A la dama duende y a su caballero.


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Comentarios

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  1. #1 Arual 18 de dic. 2004

    xq lo ponen en verso?????????????

  2. #2 Pantelís 02 de abr. 2005

    La historia ya es hermosa en sí, porqué no embellezerla aún mas, si con ello no pierde, sino gana en belleza y para nada esos versos su sentido oscurecen...

  3. #3 hechiceracelta 11 de jun. 2005

    Es muy bonito y en verso se siente la magia y el que encierran los duendes. Me agrado mucho

  4. Hay 3 comentarios.
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