Autor: Gausón
martes, 11 de noviembre de 2003
Sección: De los pueblos de Celtiberia
Información publicada por: Gausón
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El paso del fuego

Festividad realizada actualmente en el pueblo Soriano de San Pedro de Manrique en la cual es innegable la pervivencia de ritos prerromanos y aparentemente aún conserva cierta vigencia.

Se trata de la fiesta del pueblo Soriano de San Pedro Manrique. Este pueblo se localiza en la comarca de las Tierras Altas de Soria cerca del puerto de Oncala. Esta es una comarca tremendamente aislada en la que no creo que vivan más de unos cientos de personas dedicadas fundamentalmente a la ganadería lanar. Es una zona muy bonita, semejante en todo, aunque en versión ibérica, de las Highlands escocesas. Rocas y hierba rala por doquier en el valle, rodeado este por cañones donde abundan los robles, los pinos, así como los ciervos y los jabalíes. El caso Es que el dia de la víspera de la noche de San Juan a los Manricanos se les desata la vena celtíbera y se dedican a resucitar el espíritu de esa viejecita abigarrada que es Iberia. La fiesta se divide en varias partes que duran todo el día y parte del siguiente. Un grupo de gente de ojillos azules y alegres (como el 70 % de los sorianos) parte hacia los cañones y los bosques de alrededor del valle, armados con hachas para cortar sus reglamentarias tres toneladas de madera de roble (nótese el tres y el hecho de que necesariamente tenga que ser la madera de roble). Otro grupo, permanece en las cercanías del pueblo para hacer " la Caballada ". Esto es, los mozos ataviados, participan en carreras de caballos a galope tendido. Impresiona bastante. Por otro lado, las mondidas, pasean por el pueblo recogiendo regalos que al día siguiente serán presentados a un Arbol de Mayo previamente " pingado " por un grupo de hombres (nótese la ofrenda a un árbol). Lo más curioso de las mondidas resulta el cesto que llevan sobre la cabeza y sobre todo los colgantes del cuello, Pareciera que los acaban de mangar de Numancia. Lo gordo llega al caer el sol. Comienza aquí una procesión de lo más curioso ya que en vez de llevar a la Virgen hacia donde se van a realizar los actos festivos lo que hacen es lo contrario. Es decir, el Paso del Fuego se realiza en la ermita de Nuestra Señora de la Peña (una ermita situada a media colina debajo de las ruinas del Castillo), donde existe una especie de pequeño anfiteatro de piedra. Sin embargo a la Virgen se la llevan de allí hacia otra ermita, mas abajo cerca del pío creo, " para que no vea a la gente bailar alrededor del fuego " (palabras textuales). Por otra parte hombres encargados de ello se dedican a "apalear el fuego" y a crear un montón de brasas que se encuentran a la friolera de casi 1000 grados. Ya caída la noche toda la comarca sube hacia la ermita donde tendrá un año más, ocasión el atávico suceso. Los hombres que van a pasar se les distingue porque van vestidos con camisas verdes y pantalones remangados. Una vez allí empieza el rito. Músicos con tambores, con dulzainas, con flautas y antiguamente y a tenor de la investigación llevada a cabo por musicólogos de esos que les da por prestar atención a la cultura popular, con gaitas de saco (las llamadas gaitas de boto). Ojalá a algún bendito le de por recuperar ese bello instrumento que tan extendido estuvo en la mitad norte peninsular y que hoy duerme el sueño de los justos, a no ser en Asturias y en otros honrosos ejemplos más. En cualquier caso con o sin gaita, el espectáculo resulta admirable. De noche, sin apenas luz en el valle, el resplandor de las brasas en la ermita a media montaña debajo de las ruinas del castillo... los músicos se ponen a tocar a toda pastilla y los mozos se ponen a bailar dados de la mano alrededor del fuego dando fuertes pisotones al son de la música y de los tambores. Impresionante. Termina la música y se sientan todos menos uno. Este, carga con una mondida a sus espaldas, y de pronto después de unos segundos de oración de lanza hacia las brasas. Un paso, dos, tres, cuatro, cinco,... y aquello es una explosión: la moza que se le tira al cuello medio llorando, los amigos que saltan y le abrazan, al tío que se le saltan las lagrimas y no puede ni beber de la bota que le dan,... así uno tras otro pasan todos. Tambien el decano del pueblo, un anciano que esta hecho un chaval a tenor de cómo pasa por las brasas. " se me ponen los pelos de punta cada vez que lo veo " me dijo mi colega manricano. Cuando el ultimo termina de pasar, no se si será por la tensión acumulada después de los religiosos minutos de silencio o por las ganas de jeringonza, aquello es el no va más del paganismo. Los músicos empiezan a tocar a toda pastilla y los mozos se levantan de un brinco y empiezan a bailar una especie de jota. Después terminado el rito, toca empinar el codo y vacilar de quien ha tenido más huevos y a pasao más despacio, y de tirarles los trastos a las mondidas de ese año que están muy ricas. Todo esto queda reservado para los Manricanos, nadie que no sea de la Comarca puede pasar. Y con buen criterio, pues lo que pretenden es evitar la frivolización inevitable de los urbanitas (lease barceloneses, donostiarras y madrileños - que son los que más abundan por esos lares) deseosos de hacer el gilipollas. Por cierto todos los años se llevan a alguno al Hospital de Soria con quemaduras de tercer grado. Transcripción textual de las palabras del "druida" Piedra, de Celtiberia.net, quien me envio esta información por emilio.


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