Autor: IVLIANVS
lunes, 15 de septiembre de 2003
Sección: De los pueblos de Celtiberia
Información publicada por: IVLIANVS
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Santuario del Dios LVGVS en Villastar (Teruel).

En torno al santuario rupestre del Dios LVGVS en Villastar.

SANTUARIO DE PEÑALBA DE VILLASTAR. I. “La epigrafía rupestre celtibérica por ahora se reduce a sólo dos puntos, la cueva de San García BU con una inscripción en caracteres ibéricos de lectura todavía insegura, pero que por su situación muy occidental difícilmente puede ser otra cosa que celtibérica, y el importante conjunto de Peñalba de Villastar, cuya epigrafía es básicamente latina o celtibérica en alfabeto latino. El conjunto gráfico de Peñalba de Villastar está constituido por casi tres kms. de cantera de caliza clara, expuesta a Norte, Levante y Mediodía, en la parte superior del monte de Peñalba, al que da nombre, en la cuenca alta del Turia, y dominando el acceso al estrecho de Villel que controla la ruta desde el Mediterráneo al interior siguiendo el curso del mencionado río. Fue descubierto por Cabré y publicado en 1910, junto con lo que es todavía la mejor descripción del lugar. En la cantera se hallan cazoletas, grabados geométricos, figuras humanas o tal vez divinas y animales, a veces aisladas, a veces formando auténticas escenas, y un considerable número de inscripciones, no sólo celtibéricas en alfabeto latino sino también ibéricas de dudosa adscripción y varias latinas al parecer de distintas épocas, entre ellas una conocida cita virgiliana en el mismo tipo de letra que alguna de las celtibéricas. Falta todavía un estudio sistemático, detenido y con recursos suficientes del lugar pero no cabe duda de su carácter religioso; en parte tiene características comunes con los abrigos ibéricos, pero se distingue de ellos por su envergadura incomparablemente superior. Cabré lo consideró un santuario de frontera, en el que coincidían gentes de etnias distintas, y la idea es atractiva, pero tampoco hay que perder de vista su posición estratégica, arriba mencionada, que podría explicar al menos una parte de los grabados e inscripciones como paralelos en función a los ibéricos de la Cerdaña. En todo caso la magnitud del conjunto obliga a pensar no en un simple lugar de paso sino en un auténtico santuario, visitado ex profeso por gentes diversas con una cierta frecuencia; la hipótesis de Untermann, según la cual los textos que nos interesan se deberían a peregrinaciones realizadas hacia el cambio de era, y que no durarían más allá de una generación, resulta muy plausible en lo que se refiere a la epigrafía celtibérica pero no debe ser necesariamente extendida a la vida religiosa del lugar, que sin duda fue mucho más larga. Por su parte la epigrafía celtibérica del lugar se desglosa en veinte epígrafes, algunos de ellos en realidad divisibles en más de una inscripción, aunque a veces no sea fácil llegar a una conclusión definitiva, lo que, unido a algunas dudas sobre el carácter celtibérico o latino del texto, nos deja con un máximo provisional de 25 inscripciones, de las que tres están perdidas tras haber sido arrancadas de la roca, quince se encuentran en el museo de Barcelona integradas en once piezas, y el resto debieran hallarse en la cantera de Peñalba, donde por otra parte no sería de extrañar, dada la ausencia de una exploración lo suficientemente larga y con infraestructura adecuada, que se puedan detectar otras inéditas. Para varias de estas inscripciones no existe una lectura adecuada por razones diversas, en algunos casos porque el desgaste de la roca lo hace imposible. De las que pueden ser leídas con garantía, al menos en una parte significativa de su texto, y dejando de momento a un lado la inscripción mayor, destaca la presencia de NNP (nombres de persona), que incluso parecen agotar en algunos casos la totalidad del texto, con o sin mención del grupo familiar. En ocasiones encontramos términos que pueden pertenecer al léxico común, como el posible título de VERAMOS. Un caso especial es el de TVROS, atestiguado (con la variante TVRROS ) en seis ocasiones. Puesto que el NP Turos y sus derivados era frecuente en la Hispania antigua, e incluso en otras zonas de Europa, podría pensarse en una simple coincidencia entre diversos devotos, pero algunos datos plantean la dificultad, por lo que puede desecharse la propuesta de Untermann, que ve en turos un posible teónimo o término de culto como votum o donum. La inscripción mayor de Peñalba es sin duda uno de los textos más importantes del mundo hispánico prerromano. Sobre su lectura existen escasas dudas, y hay muchas cosas que resultan evidentes desde el primer momento, en especial la forma verbal SISTAT, correspondiente a una raíz bien conocida en las lenguas indoeuropeas y con buenos paralelos en usos sacarles, de los que se puede citar por tratarse de un caso muy vulgarizado el de la inscripción votiva de Satricum, pero sobre todo lo más significativo es la presencia de LUGUEI, sin duda dativo del teónimo céltico bien conocido. Pero a pesar de algunos progresos recientes, y a pesar de que la inscripción ha sido estudiada repetidas veces, sigue planteando graves problemas de interpretación, aunque nadie parece dudar de que se trata de una inscripción de carácter religioso, votiva o en la que se conmemora alguna acción sacral. “ Javier de Hoz. “LAS SOCIEDADES CELTIBÉRICA Y LUSITANA Y LA ESCRITURA”. Archivo Español de Arqueología, 68. 1995.

-------------------------------------------------------------------------------- SANTUARIO DE PEÑALBA DE VILLASTAR. II. "El dios céltico más difundido que se ha testimoniado en la región central y occidental de la Meseta norte es Lugus, teniendo en cuenta los epígrafes, que mencionan a esta divinidad en la Galia y también en la región lusitano-galaica. La más famosa inscripción alusiva a Lugus en el área que nos ocupa es la que descubrió Cabré grabada en la roca de una montaña cercana a Peñalba de Villastar, localidad que dista 8 km de Teruel. Su descubridor las consideró pertenecientes a tres épocas: ibéricas, ibero-romanas y latinas muy arcaicas. Esta montaña se halla junto al cauce del río Turia, elevándose a unos 100 del entorno (940 sobre 840 m de altitud en el cauce) y formando en su cima una gran planicie que descansa sobre el acantilado rocoso de 3 km de perímetro y alrededor de 20 m de altura que contiene las inscripciones y las representaciones iconográficas, a la que se puede acceder por un sendero que se prolonga a lo largo de dicho corte rocoso. Entre los grabados antropomorfos, hay una figura tallada en la roca cuya cabeza es demasiado grande con respecto al cuerpo, con los ojos, nariz y boca marcados con simples líneas y los brazos en cruz. Según Cabré, se trata de la divinidad del monte. Otras figuras están vestidas con sayas hasta las rodillas y también con los brazos abiertos, algunas de las cuales muestran grandes manos abiertas con los dedos muy largos. En otro lugar aparece una figura humana a la que acometen dos fieras, de las que se defiende con un arco. Más interesante es, si cabe, una figura humana con dos cabezas sobre cuellos alargados con un círculo junto al hombro derecho que pudiera ser según Cabré, una tercera cabeza mal colocada. Según Marco, esta figura es bicéfala, puesto que la supuesta cabeza tercera cabeza es un elemento superpuesto a la representación que podría ser un escudo. Otras figuras representadas son geométricas, como estrellas, cruces, aspas y otros motivos y zoomorfas, con numerosos ciervos, gallos, cuervos, verracos y algún caballo. La presencia de Lugus y las características del lugar indican que se trataría de un lugar sagrado y que, por tanto, algunas de las inscripciones, deberían ser votivas. En cuanto a la principal inscripción, escrita en alfabeto latino y que incluye el nombre de la divinidad Luguei (en dativo), fue leída por Tovar como sigue: Eniorosei/ ut a tigino tiatunei / trecaias to Luguei / araianom comeimu / eniorosei equeisuique / ogris olocas togias sistat Luguei tiaso / togias. Según Tovar, su traducción latina sería (Mense) Eniorosi ( uel Eniorosi magistratu uel sacerdote) ubi... ad Trecaias to Luguei / ad Trecaias ad deum Lugum Araeanorum conuenimus. (Mense) Eniorosi et Equaesio ( uel sub magist. Uel sacerd. E. Et E. )...Togiae dicat deo Luguei thiasus Togiae. El dios es, según Tovar, Luguei Araianom, siendo el segundo elemento un apelativo de carácter gentilicio en genitivo plural. Según Meid, la inscripción se compone de dos grupos de 4 y 3 líneas respectivamente. Cada grupo comienza con Eniorosei constituyendo una frase completa en las que comeimu y sistat serían serían los verbos y Luguei el nombre del dios en dativo. Com-eimu sería un compuesto de com-“con-” y la raíz verbal ei- “ir” con desinencia de primera persona del plural. Con estos elementos, Meid llega a la conclusión de que una comunidad ha peregrinado al lugar sagrado del dios, dejando constancia del hecho. El segundo verbo, también referente a Lugus, que se cita de nuevo en dativo, significa, para Meid, “poner, colocar” o “erigir”, resultando que alguien ha erigido algo al dios. Debería esperarse, por tanto, el sujeto en nominativo singular y la mención del objeto dedicado, en acusativo. Dado que el dios es Luguei Araianom “al Lugo de los araianos”, cabe suponer que esta comunidad es el sujeto de la frase. El epíteto eni-oros-ei se compone de preposición *eni- “en” y *ôros- “montaña” definiendo, en consecuencia, a la divinidad como “(residente) en la montaña”. Además, Meid interpretaba equeisui como dativo de *equeisos, otro epíteto que traduciría una epifanía del dios en forma de caballo. En cuanto a la segunda frase, el individuo que erige es ocris olocas “la cabeza de la comunidad” y el objeto levantado debe buscarse en togias, derivado de la raíz indoeuropea *teg- “cubrir” e indicaría “una estructura con techumbre, esto es, algún tipo de construcción, SALA, casa o templo (para el dios)”. La traducción final es según Meid, la siguiente: “Al montaraz y ..., al Lugo de los arianos, en procesión campestre vinimos. Para el montaraz y ecuestre, para Lugo, el caudillo de la comunidad levantó una techumbre, techumbre( así mismo) para el thiasus”. Esta inscripción, la más importante del conjunto, alude a una peregrinación hasta la montaña del dios y la erección de una estructura edilicia, confirmando el carácter del santuario, no de asentamiento de población, del lugar. Los individuos que aquí accedían podían proceder, por tanto, de distintos puntos de los alrededores. La dedicación a Lugus se realizó, como la mayoría, en alfabeto latino y , por otra parte, algunas inscripciones se efectuaron con caracteres ibéricos. La epigrafía en lengua celtibérica más cercana procede de 60 km hacia el norte (el Pedregal y Caminreal) y de 120 km hacia el oeste (Segóbriga) por lo que, según Untermann, Peñalba sería un enclave del dominio de la lengua celtibérica en cuyo entorno había una población que nunca participó de la “erudición gráfica” de la Celtiberia central. Además, estaba fuera del ámbito de difusión del alfabeto ibérico, habiendo recibido el alfabeto latino en los momentos previos a la pérdida de su propia lengua, en plena época romana. Juan Carlos Olivares Pedreño. “LOS DIOSES DE LA HISPANIA CÉLTICA”.Real Academia de la Historia. 2002.


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