Autor: Bea Alonso Prieto
domingo, 20 de mayo de 2007
Sección: De los pueblos de Celtiberia
Información publicada por: Bea
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Bronce Final en la Península Ibérica. Introducción

Un paseo por capítulos, de lo fue fue el Bronce Final en la Peninsula Ibérica.

El Bronce Final en la Península Ibérica es un momento clave en el que cuajan los grupos que se conocerán en momentos históricos. Es un momento de apertura al exterior, como la llegada por vía terrestre los Campos de Urnas, desde la Europa central, o por mar, tanto el Bronce Atlántico como el Mediterráneo, como preludio de las colonizaciones de Fenicios y Griegos, más tarde. Los fenómenos anteriormente expuestos actuaron sobre el sustrato preexistente, variado a su vez. Algunos grupos desarrollaron sociedades complejas, mientras que otros apenas innovaron, lo cual provocó el mosaico cultural que caracteriza la poca uniformidad cultural que se dio. Tras el Bronce Final, casi todas las regiones de la Península reaccionaron ante los estímulos, por lo tanto en el primer milenio a. C. ya existirán las diferentes personalidades que llegarán a ser históricas. Influencia de Campos de Urnas: La llegada de influencias y probables grupos humanos a finales del segundo milenio a. C. fue un factor decisivo para los cambios socioeconómicos que se produjeron en la zonas de Aragón, Cataluña, y gran parte del valle del Ebro. Se crearon nuevos modelos de subsistencia, se produjo una mayor sedentarización, es decir, la población se fijó más al terreno, y sentasen las bases de lo que más tarde sería el mundo Ibérico. Este proceso comenzó durante el Bronce Final, hacia el 1300 A.C., su peso fue diferente en relación a las áreas geográficas en los que se implantó, dadas las diferencias topográficas y humanas de cada zona. Durante mucho tiempo se pensó que los Campos de urnas ya correspondían a la primera Edad del Hierro, pero hoy se sabe que la metalurgia no fue más que un factor tardío y de poca incidencia real. Por lo tanto es una cultura que corresponde mayoritariamente a la Edad del Bronce, y sólo en los momentos más tardíos empezamos a encontrar algunos objetos de hierro. Siempre en poca cantidad y relacionados con el prestigio de sus poseedores. Anteriormente se veían los cambios producidos por, las invasiones de gentes a través de los Pirineos. Actualmente no se cree que fuera tan simple, además, el sustrato del Bronce no desapareció del todo, teniendo su propio protagonismo, hasta el punto de que no se sabe si los cambios se produjeron por las influencias ultrapirenaicas, o por la propia evolución de las poblaciones indígenas. Pero antes, es necesario hacer una introducción sobre el inicio de la influencia de Campos de Urnas en el Bronce Final, de su cronología y las condiciones ambientales. Surgió en Centroeuropa y desde allí fue desplazándose hacia el Oeste, algunos rasgos que lo distinguen son el tipo de ritual funerario, de cremación, la introducción de las cenizas y el ajuar dentro de una urna cineraria bajo el suelo. Encontramos influencias en parte de Italia, Bélgica, Francia. En esta zona el paso natural por el Saôna-Ródano conduce a la Provenza y el Languedoc, llegando a los Pirineos, atravesándolos por la Cerdaña y el valle del Segre, llegarían hasta Cataluña y el Alto Aragón. Historiografía.- Algunos de los elementos característicos de Campos de Urnas -la incineración en urna, unos tipos de cerámicas, las bruñidas y las decoradas con acanaladuras, incluso las casas de planta rectangular y división tripartita “casa indoeuropea”, se utilizaron para dar por sentadas las “invasiones étnicas”, por grupos que fueron denominados según criterios lingüísticos (indoeuropeos, célticos), o culturales (hallstátticos). Pere Bosch Gimpera explicó la presencio de Campos de Urnas como el resultado de un número variable de invasiones de pueblos centroeuropeos, desde según él, el 900 a. C. Posteriormente Malaquer de Motes y Almagro Bash sólo matizaron la cronología y el número de invasiones. Malaquer sitúa la entrada en el 750 a. C., ya que esta es la fecha más antigua de los tres grupos localizados en Cataluña, mientras que Almagro de la un momento sobre el 800 a. C. y no hablaba de sucesivas invasiones, sino de un proceso fluido y continuo que permitió la celtización de gran parte de la Península Ibérica. En los años sesenta la investigación toma nuevos rumbos, proliferan los estudios regionales, ya que se llegó al convencimiento de que se necesitaban nuevos datos, más pormenorizados. Los estudios se orientaron a zonas geográficas y yacimientos concretos, sus precursores serían S. Vilaseca en Tarragona y Díez-Coronel y Pita en Lleida. Sus estudios tuvieron como resultado una corriente que de detalla las evoluciones particulares y las valora adecuadamente, admitiendo las influencias externas. Estos factores sumados a la potenciación del sustrato de Bronce inicial, han conseguido debilitar el invasionismo. Se aceptan influencias externas, incluso llegada de gentes, pero sin admitir obligadamente que tengan un carácter masivo o belicoso. Son de esta opinión Almagro Gorbea, quien fija la primera influencia en el primer momento de los Campos de Urnas, Ruiz Zapatero, quien ha hecho su tesis doctoral sobre este tema, siendo el más completo hasta hoy y Maya. El tener en consideración las influencias externas, como los procesos internos hizo que la cronología aumentase, hecho que se propició por un mejor conocimiento de las zonas más allá de los pirineos con la publicación de una síntesis de J. Guilaine y la existencia posterior de las dataciones radiocarbónicas. Por ejemplo, Vilaseca retrasó los Primeros Campos de Urnas al 1000 a. C., y Malaquer de Motes llegó a aceptarlo en 1971, poco después la fecha llegaría a 1100 a. C., fecha que se confirmaría con las cronologías absolutas (Carbono-14). La calibración a través de la Dendrocronología ha envejecido el proceso unos 200 años antes, una fecha real del 1300 A.C. Climatología.- serían necesarios análisis polínicos, de polen, faunísticos, de fauna, antracológicos, de carbones y sedimentológicos, de sedimentos, actualmente aún no son muy frecuentes. Además, la acción humana ha potenciado la proliferación de unas especies en detrimento de otras con la Agricultura. Se suelen hacer generalizaciones. En la Edad del Bronce se dio el periodo Subboreal, considerado como seco y frío sólo en su fase final, ya en momentos cercanos a la aparición del hierro se entró en la etapa Subatlántica, el clima se suaviza, aumentando la humedad y se atempera, aunque en estos momentos el bosque retrocederá, sobretodo de tipo caducifolio a favor de los pinos, y l acción humana hará que la situación se parezca cada vez más a la actual. El Bronce Final Atlántico y las conexiones mediterráneas. A mitad del II milenio, en el Atlántico surge un comercio esporádico entre los centros metalúrgicos y la Península Ibérica, donde por ejemplo, son raros los objetos pertenecientes a Treboul (Bretaña), pero en los inicios del bronce Final, en el último tercio del milenio, las cosas cambian. Los Centros metalúrgicos tienden a mantener contactos con centros agrícolas eficientes. Por estas fechas en la vertiente Atlántica de la Península se observan sociedades de economía mixta, con la tradicional cabaña ganadera y agricultura potenciada por el uso del arado de tracción animal. La innovación tecnológica dentro del campo de la navegación será un aspecto decisivo para el comercio del Bronce Final Atlántico, renovación que se da a partir de mediados del Segundo Milenio a.C. calibrado. Se conoce gracias a la aparición de varios pecios ingleses, en los que se observan nuevas técnicas de construcción, como los cascos tallados en los que las tablas de yuxtaponen y se ensamblan, mostrando superficie lisa al exterior, o los que se denominan “cascos en tingladillo”; en los que las tablas se solapan unas con otras y se cosen o se remachan, y el exterior se ve listado. Los mejores ejemplos se han descubierto en el estuario del río Huber, en la costa oriental de Ingletrra. Allí se hundieron seis, de los que se han estudiado la mitad. Hechos con tablas, calafetados con musgo, tienen cerca de 15 metros de longitud, posiblemente un mástil central y remos, siendo muy rápidos y una gran capacidad de carga. En la vertiente mediterránea se observan por estas fechas contactos maríticos, tal y como indican los abundantes hallazgos cerámicos micénicos en Italia, que alcanzan esporádicamente el sur de la Península Ibérica (Llanete d los Moros, Gatas y Purullena), también materiales de procedencia Chipriota, con lo cual se observa un ambiente propicio para contactos entre los dos mares. La crisis del s. XIII a.C., de la que unos de los rasgos más significativos son las invasiones de los “Pueblos del Mar” y la caída de Micenas provocó una ruptura del comercio mediterráneo. Cuando este renace con posterioridad, no lo hace unido a poderes ya centralizados, sino a empresas en las que la búsqueda de refugio, el comercio o la piratería podrían formar parte de los mismo. La presencia colonial y el paso al Hierro Antiguo. La aparición de cerámicas micénicas en poblados andaluces como Llanete de los Moros, Purullena o Gatas sugiere que entre los siglos XIV-XIII cal. A.C. el interés por el Occidente y sus rutas comerciales era patente, aunque en la Península sólo sean contactos esporádicos. La crisis del s. XIII cal A.C. debilita a muchas de las organizaciones estatales con mayor capacidad de comercio, se rompió este proceso, el cual ya sólo se reinicia con la recuperación de las rutas marítimas por otras comunidades, ya menos complejas, pero de gran capacidad mercantil. Chipre parece haber tenido un papel fundamental desde la segunda mitad de siglo XI a. C., cuando esta isla ha pasado ya su propia crisis y reorganizado sus zonas de influencia, conectando sus puertos con los filisteos y tirios. Tiro a la vez, incrementará su riqueza gracias al comercio a finales del s. XI a. C. influyendo sobre Chipre, que era la plataforma hacia Occidente. Dada la lejanía de la isla a la Península Ibérica, buena parte de la actividad comercial se desarrolló a través de puntos intermedios de situación privilegiada, como es Cerdeña, por ejemplo, donde los hallazgos de metalurgia atlántica y orientales son abundantes. Uno de los indicadores más antiguos de contactos entre ambos mares, sería el depósito áureo de Berzocana, de brazaletes y torques macizos y una pátera, la cual se defiende se egipcia, de un modelo conocido en Chipre y la costa del Levante sirio-palestina, Sauer ha dado una cronología en torno a las siglos XII-XII, que lo relacionaría con mundo micénico, pero actualmente se le atribuye una fecha en el cambio de milenio, interpretado como parte de los posibles presentes de embajadores o grupos de comerciantes a las minorías gobernantes extremeñas para aprovechar su riqueza ganadera. La contra partida a esto sería una asador articulado, propio de la metalurgia atlántica, relacionado con los rituales del banquete, abundantes en la Península Ibérica y costas francesas, hallado en Chipre, en una de las tumbas de Amathus. Una tumba rica en oro, pasta vítrea, marfil, hierro, una fíbula de codo (1000 cal A.C. aprox.). Estos asadores aparecen de manera excepcional en Cerdeña, en el depósito de Monte Sa Idda y en el santuario de Grotte Pirosu-Su Benatzu, indicando cual es la ruta de acceso a Oriente. Las fíbulas de codo, tipo Huelva, para unos de origen Oriental, para otros hispanas por su mayor cantidad en la Península, son testimonio en ambos casos de tempanas conexiones entre los siglos XI-X cal A.C. El siglo X, representado por los depósitos de la Ría de Huelva y el de Baiôes, marcan el auge comercial, relacionado por un lado con el Atlántico a través de Venat y por el otro el Mediterráneo, sobretodo con Cerdeña. Reúnen materiales de origen atlántico, como espadas con lengua de carpa y con ricassi o derivados, puntas de lanza romboidales, a veces con escotadura en la hoja, hachas tubulares, brazaletes de extremos enrollados o rematados en ojal, asadores articulados, puñales de lengüeta o tubulares o calderos con remaches. Todo ello asociado a materiales de origen centroeuropeo o mediterráneo. Uno de los problemas más debatidos es la atribución a la iniciativa comercial, ya sea desde el Atlántico o el Mediterráneo, partiendo del presupuesto en el parece clara una convergencia desde ambos lados hacia el estrecho de Gibraltar. La aparición de espadas, puntas de lanza y otras producciones occidentales en la costa levantina (en el taller metalúrgico de Peña Negra, Alicante), o incluso en el Mediterráneo central, plantea la hipótesis de q los talleres metalúrgicos encauzasen inicialmente sus producciones hacia Oriente, pero los últimos años diversos indicios llevan a la existencia de un comercio precolonial , anterior a griegos y fenicios, q continuase los primeros pasos micénicos. El planteamiento parte de la recuperación de las viejas rutas comerciales y el control fenicio en Cerdeña, facilitando comerciantes de origen oriental la búsqueda de minerales y otros productos en las costas meridionales hispanas. El punto de partida sería una fase de primeros sondeos, como define Burgess, inicialmente no tenía enclaves estables, se desarrollarían a partir de los mismos fondeadores de los barcos, y dejarían escasos restos arqueológicos. Los tesoros como Villena, productos como el hierro o hipotéticas tumbas de estos comerciantes extranjeros (¿sardos?), como el monumental caso en Roça do Casal do Meio, como puntos de apoyo en la política de tanteos y búsqueda de alianzas con occidente. Coincide con la metalurgia de Baiôes/Venat se dan procesos de sedentarización, como es la aparición de poblados fortificados en el noreste, que debe ir unido a concentraciones de poder, lo que facilita un comercio organizado, el cual además de estaño y otros metales, se usarían pieles, cueros, lana, y otros productos derivados de la ganadería, o quizás la sal y otras materias más difíciles de documentar. Las costas de la Península Ibérica por entonces, con rías, estuarios u golfos, hoy en procesos avanzados de colmatación, se remontaban a partir de las desembocaduras de los ríos ya que eran navegables en la antigüedad, eran la mejor forma de recorrer el interior, donde se encontraban las materias primas. Las murallas servirían como marcador de territorio, y refrejarían las señas de identidad de estas comunidades que posteriormente afrontarán a partir de 800 cal A.C. el comercio fenicio colonial, ya con experiencia previa. La aparición del hierro fue uno de los hechos más significativos de la protohistoria peninsular, al principio en forma de importaciones aisladas y después como producciones propias. Tradicionalmente se suele ligar a la colonización fenicia, los primeros testimonios se encuentran en el área meridional, entre las costas de Murcia y Málaga, hoy se tienen evidencias concretas que fijan las primeras y esporádicas localizaciones de hierro en momentos anteriores a las colonizaciones. El casi más llamativo y posiblemente de los más llamativos es el Tesoro de Villena (Alicante), donde un remate de hierro con decoraciones de oro embutido, y un brazalete del mismo material formaban parte de dicho tesoro. Es de un contexto muy antiguo, y estos objetos aún tienen un contexto suntuario, relacionado con joyería y sin valor utilitario, característica que comparte con la primeras producciones orientales. La cronología del hallazgo fue muy discutida, inicialmente se consideraba más baja, hoy se la sitúa en el segundo milenio, en consonancia con los pararelos dl Bronce tardío del Suroeste. Otros ejemplos, ya relacionados con el valor funcional del metal, lo tenemos en el depósito de Baiôes (Portugal), en el que hay un cincel de hierro con funda de bronce, también encontramos azuelas con apéndices laterales en Campotejar (Granada), o el conjunto de cuchillas de afeitar, escoplos, leznas en una casa de El Berrueco (Salamanca), del contexto de Cogotas I. También en el depósito de la Ría de Huelva se halló un trozo indeterminado de hierro, así como en el taller de fundición de Peña Negra (Alicante), cerrando estos casos el ciclo asociativo de los conjunto comerciales representados por Huelva/Baiôes, cronologías centradas entre los siglos X-IX cal. A. C. Ya en el siglo VIII, los establecimientos fenicios asentaran la siderurgia local, que da paso a la auténtica Edad del Hierro. La aparición de las primeras colonias arqueológicamente constatadas en entre Málaga y el río Algarrobo se fecha tradicionalmente a partir del siglo se fecha tradicionalmente a partir del si. VIII a.C. pero las dataciones radiocarbónicas de Morro de Mezquitilla podrían incluso retrotraer el primer asentamiento. Cronología y relaciones entre los diferentes grupos BRONCE FINAL ATLÁNTICO I (1250.110 cal. A.C.).- Periodo caracterizado por una metalurgia que tiene como rasgo más significativo el sincretismo entre las viejas tradiciones locales y productos de origen atlántico. Apenas se conocen hábitats, pero en el Bajo Duero se observa una similitud entre los asentamientos y los enterramientos con el mundo Cogotas I. En conjunto parece tratarse de enterramientos al aire libre, de escasa duración, ubicados tanto en zonas altas como en llano y con construcciones de materiales muy perecederos, por ejemplo, la madera. Mientras, en el litoral atlántico propiamente dicho, son raros los restos que no estén fabricados puramente en bronce, generalmente en aleaciones binarias, de dos elemtos, (cobre y estaño). En el mundo funerario, posible usos de cuevas y megalitos así como enterramientos individuales en fosa (Tapado da Caldeira). En el Suroeste continúan los enterramientos en cistas individuales del Bronce medio. BRONCE FINAL ATLÁNTICO II (1100-940 cal. A.C.).- Las espadas pistiliformes han sido el fósil director de ésta etapa, de empuñadura tripartita y con origen en los Campos de Urnas, aunque con mayor éxito en el Occidente Peninsular. Se da una popularización de las hachas de Talón y anillas, lanzas de enmangue en tubo, brazaletes macizos con decoración incisa, navajas de afeitar... Tenemos influencias Mediterráneas que se pueden rastrear en las hachas de apéndices laterales (ligeramente posteriores al 100 a.C.). En Cogotas se incorporan nuevos utillajes, y las aleaciones ternarias (cobre, estaño y plomo). Se observa una introducción de moldes metálicos en Castilla. Esta etapa marca la incorporación hispánica plena a los circuitos atlánticos, los objetos se comercializan en abundancia en áreas alejadas y se mantienen relaciones con el Mediterráneo. BRONCE FINAL ATLÁNTICO III (940-750 cal. A.C.).- Se identifica con el denominado “Complejo de espadas en lengua de carpa”. Proliferan los grandes depósitos (hachas de talón y anillas o tubulares, calderos con remaches...) todo en aleaciones ternarias, de tres elemntos (cobre, estaño y arsénico, por ejemplo). La mejor representación son los depósitos de la Ría de Huelva. Coincidirá con la crisis de Cogotas I y la aparición de Soto de Medinilla I. EL suroeste forma una provincia cultural conocida como Bronce tartésico que será una zona de atracción por su riqueza minera para la colonización fenicia. Además de la explotación metalúrgica en la sierras occidentales en la campiña se desarrolla la agricultura y la ganadería, y la economía se complementa con la caza y la pesca. En el mundo funerario parece generalizarse la costumbre de exponer los cadáveres al aire libre, lo que conlleva un claro vacío de manifestaciones funerarias. A partir del 750 cal A-C., con el inicio del contacto con los fenicios, aparecen evidencias de birritualismo entre los colonos y los indígenas. El Bronce Tardío se desarrolla del 1600-1300 cal. A.C. y se caracteriza por un poblamiento de carácter dual, agrupando por un lado a los descendientes del Sustrato Argárico y por otro a determinados grupos ganaderos procedentes de la Meseta y con una cultura Cogotas I. Sus poblados difieren en cuanto a cultura material e indican una escasa mezcla en cuanto a las poblaciones autóctonas, aunque tampoco denotan conflictos entre ambas. Un conjunto muy importante del momento es el denominado tesoro de Villena. El Bronce Final (1300-900 cal. A.C.) se caracteriza por grandes casas, separadas unas de otras, de planta oval, basamento en piedra y alzado en adobes, modelos que persisten incluso hasta la influencia Fenicia, a partir de la cual se van desarrollando las plantas rectangulares, que acabarán desembocando en la típica vivienda ibérica. En cuanto al mundo funerario, a finales del Bronce Tardío aparece como fenómeno innovador la incineración en principio se creía que por influencias de la Cultura de los Campos de Urnas, pero tal vez por datos encontrados, el nuevo ritual se deba a influjos marítimos, sin relación con las filtraciones transpirenaicas. La cultura material de estos momentos es rica y variada, pues mientras se apaga la influencia de Cogotas, se constatan cerámicas con decoración interna de líneas bruñidas, vinculadas con el mundo tartésico. En el aspecto metalúrgico están las ya mencionadas líneas comerciales, la influencia mediterránea y la atlántica. Bibliografía: Blasco, Mª C. (1993): El Bronce Final. Editorial Síntesis. Madrid. • Maya, J. (2002) El Bronce Final y los Inicios de la Edad del Hierro. En Barandiarán. I. (et alií): Prehistoria de la Península Ibérica. Editorial Ariel. Edición Actualizada. Barcelona.

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