Autor: Circe
jueves, 16 de enero de 2003
Sección: Roma y Grecia en Celtiberia
Información publicada por: Circe
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Marcial, un poeta de Bílbilis

Como refleja Marcial en sus epigramas su Bílbilis natal

I, 49
Varón digno de no ser silenciado por los pueblos de la Celtiberia y gloria de nuestra Hispania, verás, Liciniano, la alta Bílbilis, famosa por sus caballos y sus armas, y el viejo Cayo con sus nieves y el sagrado Vadaverón con sus escarpadas cimas y el agradable bosque del delicioso Boterdo que la fecunda Pomona ama. Cruzarás a nado la corriente suave del tibio Congedo y los lagos tranquilos de las Ninfas; refrescarás tu cuerpo relajado por éstos en el poco profundo Salón , que templa el hierro. Allí la misma Voberca te proporcionará para la comida fieras que tú podrás atravesar de cerca. Protegido por las oscuras sombras de los árboles mitigarás los veranos sin nubes en el aurífero Tajo; la helada fuente de Dercena y el Nuta, cuyas aguas son más frías que la nieve, mitigarán tu ansiosa sed. Pero cuando el blanco diciembre y el invierno destemplado rujan con el soplo del ronco Aquilón, volverás de nuevo a las soleadas costas de Tarragona y a tu Laletania; allí matarás gamos enredados en flexibles redes y jabalíes nacidos en aquel lugar y con la ayuda de un fuerte caballo agotarás a la astuta liebre y dejarás los ciervos para el granjero. El bosque vecino descenderá hasta tu mismo hogar al que rodean los niños desaliñados de los esclavos. Se llamará al cazador e invitado acudirá a sentarse junto a ti en la mesa, en ningún sitio habrá calzado adornado con medias lunas y en ningún sitio toga y vestidos que huelen a múrice; lejos el terrible liburno y el cliente quejumbroso y lejos las exigencias de las viudas. No interrumpirá tu profundo sueño un pálido acusado, sino que dormirás toda la mañana. Merezca otro el sonoro y frenético “bravo”: compadécete tú de los afortunados y disfruta del verdadero gozo sin envanecerte, mientras tu querido Sura es alabado. Cuando ya la fama ha conseguido lo suficiente, la vida reclama, con toda razón, los días que quedan.

IV, 55
Lucio, gloria de tu época, que no permites que el viejo Cayo y nuestro Tajo cedan ante la elocuente Arpi: que el que ha nacido en medio de las ciudades argivas cante en sus versos a Tebas o Micenas o a la insigne Rodas, o los gimnasios lacedemonios de la voluptuosa Leda: nosotros, nacidos de Celtas y de Íberos, no nos avergoncemos de introducir en nuestros versos los nombres algo duros de nuestra tierra: Bílbilis, la mejor por su metal cruel, que supera a los Cálibes y a los Nóricos, y Platea, resonante por su hierro, a la que rodea con su caudal escaso, pero siempre en movimiento el Salón que templa las armas, Tutela y los coros de danza de Rixama y los festivos banquetes de Carduas y Peteris que toma el color rojo de sus guirnaldas de rosas y Rigas, antiguo teatro de nuestros antepasados , y a los Silaos, certeros con su ligera jabalina, y los lagos de Turgonto y Perusia y los vados cristalinos de la pequeña Tuetonisa y el sagrado encinar de Buradón por el que pasea incluso el viajero indolente y los campos de la ondulada Vativesca, que Manilo cultiva con fuertes novillos. ¿Te ríes de tan rústicos nombres, lector delicado? Prefiero éstos tan rústicos al de Butunto .


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