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viernes, 16 de mayo de 2008
Sección: Artículos generales
Información publicada por: joseraulaboy


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Epona, más que una diosa-yegua

Para muchos será una gran desconocida, y sin embargo esta atractiva diosa parece haber estado presente en el universo mitológico de los cántabros. No podríamos afirmar si esta presencia fue muy evidente o esporádica, incluso es posible que fuera traída por viajeros que recorrieron nuestras tierras, aunque lo que sí parece claro es que de una u otra manera esta diosa pasó por nuestros valles y montañas.
Epona está asociada fundamentalmente con los caballos, con los jinetes y con los viajeros; es una diosa protectora y guía del camino, especialmente identificada con todo aquello que suene a équido. Por sus características parecería el momento adecuado para glosar las excelencias de los personajes asociados a los caballos en su contexto mítico. Sin embargo, esta tarea nos quedará encomendada para otro momento, al estimar que su labor y función es demasiado importante como para relegarla a un segundo plano bajo la sombra de una diosa que tiene mucho de apasionante y que es capaz de abrirnos por sí misma una puerta hacia otras deidades continentales e insulares de semejante identidad, pero que se ocultan bajo diversas denominaciones. Su nombre puede que no nos resulte reconocible a primera vista, pero con seguridad os va a interesar descubrirlo a todos los que ya os habéis convertido en amantes de este mundo, que semana tras semana estamos desvelando juntos.
Es ésta una diosa asociada a los caballos no sólo por las atribuciones que tiene, sino también por la raíz de su propio nombre que nos coloca con claridad junto a este impresionante animal, compañero de dioses y héroes. Entre otras comparaciones podemos traer a estas líneas algunas asociadas con el mundo de las lenguas célticas, paraíso sagrado al que pertenece esta diosa, así será fácilmente reconocible la relación que el lexema de esta palabra guarda con otras raíces como el galo epo, “caballo”; el galés ep o córnico ebol “potro”, además de otras muchas comparaciones que sería muy largo, e incluso tedioso, enumerar.
Como de nuevo podemos observar por la lingüística, así como por los propios lugares en los que esta diosa ha recibido culto, nos encontramos una vez más ante el mundo de las divinidades célticas, ya que la protectora de los caballos y jinetes, y guía del guerrero al Más Allá, se encuentra presente en zonas de clara influencia céltica como son Irlanda, Gales, Cornualles, Helvetia, Panonia o Iliria, así como especialmente en la Galia, donde tiene gran relevancia. No en vano es considerada una divinidad galorromana debido a que también los poderosos habitantes de la península itálica veneraron a los propios caballos, creando divinidades o asumiendo las de otros pueblos como parece ser el caso. También en Hispania encontramos rastros de esta divinidad, aunque no en tan alto grado como en los territorios citados.
Y sin embargo todavía no hemos mencionado en qué nos basamos para afirmar que en Cantabria Epona estuvo presente y recibió cierto culto. De nuevo la arqueología nos ofrece una inscripción que nos ayuda enormemente para el conocimiento del mundo antiguo. En el sur de Cantabria, actualmente Palencia, pero perteneciente a las tribus cántabras en otra época histórica, se hallan una serie de prominentes y maravillosos castros que poco a poco van arrojando parte de su enorme secreto, guardado celosamente, pero que gota a gota podemos ir descubriendo. De una de esas atalayas, verdaderas ciudades al estilo indígena, concretamente del territorio dominado por el castro situado en el Monte Bernorio, nos llegó una inscripción en la que se nos muestra esta diosa bajo las forma EPA/ NE o ESPA/N(a)E, dependiendo de los autores a los que sigamos en la interpretación. Lo que sí estimo claro es que nos situamos ante la mencionada divinidad, y que no es sorprendente que nos topemos con ella en nuestra región si atendemos a la arraigada influencia céltica de la mitología y religión de nuestros antepasados, así como a la tremenda importancia que en su sociedad alcanzó el caballo, tanto en el plano simbólico como en el puramente práctico.
Como hemos observado, Epona es una divinidad de extendido culto europeo, y aunque especialmente procedente de las regiones de influencia céltica, no se limita a estas naciones, sin ir más lejos los romanos, amantes en extremo de los caballos, aceptaron esta divinidad sin paliativos, dedicándole incluso un día de fiesta, concretamente el 18 de diciembre. Aunque fue claramente en la Galia donde su culto se extendió más, existen no pocas imágenes conservadas de la propia diosa en forma de estatua o talladas sobre piedra, creando bellos relieves que se conServan en la vecina nación. Muchas son las imágenes que podríamos ofrecer de la diosa, las más atractivas en calidad y forma son algunas de las que a continuación os referimos: una obra que se conserva en el museo francés de Alésia, Alise-Sainte-Reine, en el cual se ve a la diosa posando sobre una yegua; en parecida actitud aparece en un relieve conservado en el Musée des Antiquités Nationales de Saint-Germain-en-Laye, al igual que el relieve de Rheinisches Landesmuseum de Bonn, la antigua capital alemana.
Otras dos importantes divinidades que se asocian o identifican con Epona son la irlandesa Macha y la galesa Rhiannon. La galesa es una clara divinidad-yegua tanto en su aspecto como en su comportamiento, y es uno de los más importantes personajes que encontramos en la saga galesa y más concretamente en los Mabinogion, relatos del medievo cargados de magia, leyenda, pasión e historia. Estos relatos se pueden leer en una buena traducción al castellano editada por Siruela en 1988 a cargo de Victoria Cirlot, verdadera apasionada de este mundo. En cuanto a Macha, es un personaje desdoblado en otros tres del mismo nombre, pero todos y cada uno de ellos relacionados en mayor o menor medida con el mundo de los caballos. Sin embargo aunque hemos visto que Epona es una divinidad femenina, al estilo de las diosas madres, relacionada habitualmente con el caballo, de ahí no podemos desprender que cualquier otra divinidad que tenga que ver en alguna ocasión con los équidos esté relacionada con ella.
Además del maravilloso libro en el que se encuentran narrados en forma de relato gran parte de las sagas galesas, mencionado líneas atrás, os recomiendo también una obra como la de Ramón Sainero en la deambularéis por los más diversos mundos del universo céltico peninsular, continental e insular:Diccionario Akal de Mitología celta, Madrid, 1999. Pese a denominarse diccionario no es una obra al uso, sino más bien un compendio de relatos y textos en los cuales sumergirse y descubrir algunas pinceladas de las más memorables epopeyas y narraciones célticas.

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