Autor: Vitalic
lunes, 12 de mayo de 2008
Sección: Artículos generales
Información publicada por: Vitalic


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El vino en la antigua Grecia: Arqueología y numismática

Muchas son la Polis que acuñan monedas con motivos vinícolas: he aquí un estudio¡¡¡

El ciclo del vino:

 

 Como todos sabemos, de las vides se extraen los racimos de uva, que acaban conformando el vino. Muchos son los condicionantes que hacen que un vino sea bueno, que una tierra tenga una gran producción o que ese vino llegue al resto de Grecia a través del comercio. También debemos tener en cuenta esta producción de vino para la explicación de cultos dionisiacos en zonas muy concretas, para la emisión monetaria con iconografía vinícola, o para conocer las costumbres vinícolas de hoy en día cuyo camino transcurrió hace siglos por la hélade.

 

ANTECEDENTES: Los griegos creían que fue el propio dios Dioniso el que regaló a los hombres las primeras vides, y estos comenzaron a rendirle culto, tanto a él como a sus asociaciones: Simposio, cortejo dionisiaco, pan, etc. Pero la realidad es que el vino ya está presente en la cultura egipcia siglos antes de que fuera conocido por los griegos. Seguramente el conocimiento del vino por parte de los griegos debe ser antiquísimo, pero sólo a partir de finales de la época arcaica se inicia una fase de expansión en el cultivo y el comercio vitivinícola como nunca antes se había visto.

 

 

ORIGEN: La agricultura a lo largo de la historia de Grecia antigua es tremendamente cambiante en algunos aspectos. Desde el inicio del arcaísmo, época en la que el autoabastecimiento debe ser la meta de todo campesino, hasta el esplendor comercial ateniense en ss. V- IV a. C. ó Ptolemaico en ss. III- I a. C. donde todo se vende y se compra, hay un proceso mental, un avance en todos los sentidos que no se debe pasar por alto.

 

Es por eso que quiero subrayar el papel que determinadas polis, especializadas en la producción de vino, tuvieron en este proceso, ya que sin ser conscientes, se convirtieron en puente entre estos dos extremos. A través del siguiente ciclo: en una primera etapa el cultivo de la vid sería para autoabastecimiento, tanto familiar como del culto, según el modelo de Hesiodo[1]. La clave está en la segunda etapa, en la que determinadas polis, gracias a condiciones climáticas[2], a fuerzas de mercado[3] o incluso a condicionantes históricos[4], decidieron especializarse en el cultivo de vid y consecuente comercio de vino. Es este el ejemplo perfecto del paso de una economía autárquica a una “globalización” económico-comercial del mundo griego. Este proceso, en su base económico, tiene derivaciones hacía otros campos conocidos, como son el culto dionisiaco o la iconografía vinícola en las monedas, convertidas en verdaderos “carteles publicitarios” del vino de determinadas polis[5].

 

CONDICIONANTES: Volviendo al tema agrario, hubo en la antigüedad, zonas más o menos propicias para la producción de vino. Teniendo en cuenta que la vid se cultivó en todos los lados, fue en la zona de Tracia donde se daban las mejores condiciones para el cultivo a gran escala. Por su clima templado y a la vez húmedo, y por la fertilidad de sus tierras, la zona Tracia es la gran exportadora de vino, igual que el Ponto o Egipto lo son de cereales. Gracias a la numismática conocemos la insistencia de estas polis en el cultivo y comercio del vino. Hubo más zonas que destacaron en este cultivo, como son Sicilia y el campo ateniense, pero no llegaron a la especialización Tracia. Teofrasto[6] en su  “Historia de las plantas”, trata explícitamente de la fisiología de la vid, y recomienda que se cultiven en tierras bajas y que determinadas variedades se planten en aquellos suelos en los que puedan aclimatarse mejor. Por regla general, los viñedos solían plantarse sobre llanuras en hileras regulares, igual que hoy en día.

 

EN EL CAMPO: Las tareas agrícolas formaban parte de la vida cotidiana del mundo rural. Toda la familia aportaba trabajo en las explotaciones pequeñas. Las clientelas de los mayores propietarios trabajaban en la viña. También había temporeros y esclavos que participaban. De su trabajo dependía la recolección de la uva, a lo largo del verano, la plantación de nuevas vides en terrenos hasta entonces salvajes, el mantenimiento de dichas vides[7], y por supuesto la fabricación del vino en lugares habilitados en los propios campos o en las casas.

 

                La introducción de la vid en Grecia cambió radicalmente la significación económica y social del vino en este país. Antes el vino solía estar reservado a las clases dirigentes, pero el desarrollo de la viticultura en Grecia lo puso al alcance de todas las capas sociales. Si bien la aparición de la viticultura guardaba una estrecha relación con la introducción de rituales y símbolos dionisiacos, en la Grecia continental, su posterior difusión se debió en buena parte al afán de lucro de viticultores y comerciantes griegos. A pesar de que el vino y la vid tenían una evidente significación simbólica, no se sabe a ciencia cierta si las clases dirigentes se valieron de este simbolismo para mantener su posición de dominio.

 

Dos pruebas confirman en parte el argumento según el cual las clases dirigentes se valían del vino para conservar el poder. En primer lugar, las autoridades urbanas y estatales gravaban el vino con impuestos y estos ingresos se empleaban para reformar su posición de autoridad. En el caso de Tasos en el siglo V a. C. Se ha demostrado que esta ciudad llegó a dominar las zonas rurales mediante su control sobre el comercio vinícola. Las leyes del vino fueron promulgadas desde la ciudad, los impuestos y las multas se destinaron a los santuarios religiosos de la acrópolis y los sellos de las ánforas se fabricaron y distribuyeron desde la ciudad. Algunos autores argumentan que cuando decidieron cultivar la vid los agricultores de Tasos , pasaron a depender de la ciudad, que podía elegir comprar o no el vino procedente de las zonas rurales[8].                                

 

ALMACENAMIENTO: El almacenamiento es una parte fundamental de este ciclo. Estaba diseñado para proveer un nivel de flujo constante de vino a lo largo del año. Esta afirmación vale tanto para las pequeñas explotaciones, como para las más extensas y comerciales, incluso a veces se piensa en guardar excedentes para tiempos en los que el precio sea mejor[9]. Las formas son variadas, desde ánforas (que trataremos más tarde) pasando por jarras herméticas e incluso odres de piel de oveja. Pero sea cual sea la forma de almacenamiento, debe poder conservar el producto en las mejores condiciones posibles. Así que lo normal era que tanto ánforas como jarras o odres se sellaran para evitar contaminaciones.

 

 

No entraré aquí en las distintas variantes de producción de vinos y de su tratamiento, así como de su calidad, ya que hay bibliografía específica y excede de mucho este articulo.[10]

 

Usos y costumbres:

 

Según parece, la bebida que acompañaba las comidas con más frecuencia era el agua, pero los textos no dejan ninguna duda sobre la importante presencia del vino, al que los griegos atribuían un poder nutritivo que han confirmado los análisis químicos actuales. El vino encanta, hace olvidar a los hombres las tristezas cotidianas y es la mejor medicina para los males del ánimo; da agilidad mental y muestra la verdadera naturaleza de las personas, lo que Alceo resumió con un sencillo oînos kaì alétheia, «vino y verdad», más conocido a través su versión latina, in vino veritas. El vino, sin duda, tiene un papel que va más allá de una mera función como bebida que sirve para apagar la sed. De hecho, también tiene un amplio uso en la medicina, pero es particularmente importante desde el punto de vista social, puesto que se considera propio para tomar en compañía y de forma ordenada, en el marco del banquete.

Desde el punto de vista actual llama la atención el modo en que se consumía, mezclado con agua, en proporciones que variaban dependiendo, entre otros factores, de la calidad de los vinos (y de su edad). Los autores antiguos insisten en la necesidad de un largo tiempo, pero el tipo de recipientes empleados y los sistemas de vinificación en no pocos casos podían dar lugar a defectos, convirtiéndolo en un líquido no demasiado placentero. A pesar de la fuerza que le atribuyen los antiguos, sobre todo al vino añejo, se calcula que no debía sobrepasar una graduación de 15º-16º o quizá, como mucho, 20º en casos excepcionales. El agua ayudaba a devolverle parte de la fluidez perdida y otros aditivos, como la miel y algunas especias, servían para ocultar sabores y olores poco agradables.

Sólo en algunas circunstancias muy concretas, como en las sopas del desayuno, en libaciones a los dioses o con usos médicos, no se tomaba mezclado con agua. Si no era así, se consideraba peligroso para la salud, y además digno sólo de un bárbaro[11].

 

El comercio vinícola griego:

 

Se caracterizaba por dos elementos básicos: un flujo de vino entre el campo y la ciudad destinado a abastecer el mercado urbano y un comercio a larga distancia, a menudo a base de vinos de mejor calidad, que proporcionaban cantidades y calidades no disponibles en la región. En dos inscripciones del s. V a. C. Halladas en Tasos, aparece información sobre algunas de las leyes relacionadas con este comercio vinícola. Estas leyes tienen la finalidad de proteger al consumidor frente a los abusos de comerciantes sin escrúpulos. Así, la compra de vino en vasijas de barro de cuello ancho sólo era legal si dichas vasijas estaban selladas, no se podían vender pequeñas cantidades extraídas de contenedores más grandes y estaba prohibido aguar el vino antes de venderlo. También estaba prohibido comerciar en un mercado a plazo, y podía ser multado aquel que comprara vino procedente de una cosecha que aún estuviera en las cepas antes del primer día del mes Plinterión, autores como Osborne[12] consideran que estas leyes, junto a la prohibición que impedía a los barcos tracios transportar vino extranjero, constituyen un intento por parte de las autoridades de asegurar el auténtico origen de los vinos que se vendían como tasios.

 

El establecimiento de colonias al oeste de Mediterráneo durante el S. VIII a.C. proporcionó un nuevo mercado para el vino griego, mientras que el descubrimiento de ánforas jónicas en Francia indica que en el siglo VI a.C. es muy probable que este vino ya hubiera llegado al interior de la Galia. También se exportaba vino a Egipto y a las ciudades asentadas en las costas del Mar Negro. En el siglo V a.C. el vino griego y el aceite se habían extendido por toda la región del bajo Danubio. Una vez establecidas las colonias de Italia meridional y de Sicilia también cultivaron sus propios viñedos y comenzaron a comerciar con sus vinos, aunque los vinos egeos conservaron su prestigio[13].

 

La imagen tradicional que se tenía sobre el comercio en la antigüedad, es la de las vías terrestres, los caminos, los grandes puentes, etc, sin la valoración que debiera tener el comercio marítimo. Nada más lejos de la realidad, como podemos comprobar en el testaccio romano, una montaña artificial en el puerto fluvial de  Roma formada a partir de miles de ánforas. Sabemos que un carro tirado por dos animales podría transportar unos 500 Kg. de peso, un barco en cambio hasta 8000 ánforas, por lo que harían falta más de 800 carros y el doble de animales de tiro. Esto es imposible, sólo un ejercito podía movilizar semejante cantidad de carros. Es cierto que se usaba el carro, pero también es lógico pensar que se hacía para llegar a pequeñas distancias o para llegar a zonas de difícil acceso[14].

 

 

Claro está que había capacidad económica para fletar caravanas, pero la gran mayoría de la gente consumía de las ánforas que llegaban por mar, a precios razonables. Las ánforas tienen esa forma tan característica para que quepan más en el barco, sin embargo en tierra, esa ánfora es difícil de manejar, por lo que se tira y se rompe. Colocando capas de ánforas en un barco se consigue una trama tremendamente tupida y estable. Por lo que el cargamento es casi un elemento unitario en caso de problemas en alta mar. El inconveniente es que no se podría ir de puerto en puerto haciendo descargas parciales, por que con la estiva, la carga se acabaría moviendo y hay riesgo de naufragio. Otra ventaja es la duración del viaje, mucho más corta por mar.

 

 

 

El viaje por mar repercute en el precio de los productos, por ejemplo, es más barato en época de Diocleciano transportar algo de punta a punta del Mediterráneo por mar que cien kilómetros por tierra. A veces estos viajes por mar parecen inseguros, pero no lo eran, o al menos en la misma medida que lo eran los viajes por tierra.

 

El tráfico marítimo tiene un condicionante importante, necesita de una red de infraestructuras en tierra, pero no nos engañemos pensando que eran puertos enormes, alguno había (Pireo), pero en general eran pequeños, simplemente una serie de troncos clavados que se rellenarían con piedras y tierra. No es necesaria una gran infraestructura terrestre, bastaría con que un barco pudiera aproximarse y descargar.

 

Es sorprendente lo organizado y regulado que está el comercio, con representantes inclusive. Es una estructura estable. Hay puertos principales, cabezas de grupos de puertos secundarios bajo su influencia. Los principales, con mejores cualidades técnicas (almacenes, capital económico y humano, etc), tendrían a su vez rutas directas con otros puertos principales.

 

El vino, en la economía griega, es lo que hoy llamaríamos un producto estrella. Muchas de las polis se especializaron casi en exclusiva en la producción vinícola, por las razones que antes se han expuesto. Al buen griego le gustaba el vino, y por supuesto la variedad de vinos en una misma mesa es un lujo para los comensales. Estos vinos seguían la misma ruta comercial descrita antes. Del lugar de producción eran llevados a un almacén de redistribución en un puerto secundario y de allí a uno más grande en un puerto principal que a su vez volvería  a redistribuir la mercancía, a los puntos de demanda. En un articulo de Mª José Garcia Soler, queda demostrado que en la cultura griega el buen vino estaba muy valorado, auténticos “someliers” dejan constancia de las virtudes y los vicios de los vinos de la hélade. Es por tanto un doble producto, consumido según su calidad, pero eso si, consumido por todos, desde el más rico al más pobre. Un producto que da cuantiosos beneficios a sus dueños, cuya demanda esta lejos de decaer. Se entiende así que haya lugares casi especializados en determinados vinos, que como no, hacen publicidad en sus monedas de las alabanzas de sus caldos, monedas en las que incluso en alguna ocasión hemos podido determinar la variedad de uva por su iconografía.

 

Vayamos ya a casos concretos, como la costa Tracia, lugar en donde más monedas con iconografía relacionada con el vino se han encontrado. Hemos visto ya que Tracia en la antigüedad era un vergel para el cultivo de vid. Son muchas las polis que ya desde temprano se olieron el negocio y decidieron lanzarse: Mende, Terone, Tasos, Abdera, Maroneia, Ainos, etc... vinos que durante siglos siguieron determinadas rutas comerciales tanto marítimas como terrestres hacía Atenas u otras Metrópolis para ser redistribuidos. Tanta plata en las ciudades productoras de vino, y sobre todo en las importantes como Tasos o Mende, no podía desembocar en otra acción que no fuera la acuñación de monedas propias con la simbología que les ha hecho ricas, el culto a Dionisio , la recolección de la uva, como símbolo de fertilidad y de  riqueza.[15]

 

 

Arqueología y numismática con motivos dionisiacos:

 

Aun teniendo en cuenta que la numismática es una ciencia por sí misma, con procedimientos y técnicas propias, también es cierto que es relativamente dependiente de la arqueología y viceversa. Son dos ciencias que se complementan mutuamente, es más, en ocasiones se necesitan. En sentido técnico, Delogu define la moneda como un objeto, generalmente metálico, fundido o acuñado, de naturaleza y pesos determinados, que es dotado de un valor legal normalizado como medida de cambio mediante la garantía de una autoridad impresa en él. Al margen de los materiales descontextualizados, las monedas son objetos arqueológicos que nos aportan gran cantidad de datos (iconografía, metrología, cronología, situación económica y política...), su valor como fuente es proporcional al valor del contexto en el que se encuentra, si tenemos la suerte de hallarla en una estratigrafía concreta. La moneda posee un valor cronológico intrínseco, ya que muchas veces nos aporta la ceca y la fecha de acuñación. A efectos de datación arqueológica la fecha de la moneda implica siempre un terminus post quem , ya que se trata de una data de acuñación y puede existir un importante desfase temporal en la relación con el contexto arqueológico en el que se encuentre dependiendo del margen de su circulación[16].

 

Muchos son los datos arqueológicos que nos aportan este singular tipo de monedas:

 

- Conocimiento de las ciudades con capacidad de acuñación, aunque alguna no se haya encontrado aun. Esto implica que tenían la capacidad técnica, la población y el desarrollo urbano y económico suficiente para tal fin.

 

- Datos sobre los pesos y medidas legales de las ciudades que las acuñaban, metrología.

 

- Culto mayoritario u oficial de dichas ciudades, por lo que es posible encontrar en ellas indicios arqueológicos que nos remitan al culto dionisiaco en concreto.

 

- Material arqueológico presente en la iconografía monetaria, con la que podemos establecer paralelos entre lo que se acuña y la cultura material de las polis: desde atuendos, pendientes, joyas, muebles, y sobre todo cerámicas.

 

- Rutas comerciales vinícolas y comercio en general: A través de los hallazgos monetarios sabemos grosso modo el camino de dichas monedas. El lugar donde aparecen es de suma importancia para los arqueólogos. Si una moneda de Tasos por ejemplo, con motivos dionisiacos aparece en el mundo ibérico, es lógico pensar, aunque con reservas, que es posible que existieran relaciones económicas entre estos dos lugares, y también es posible que los tasios comerciaran con vino, su especialidad.

 

Cerámicas en las monedas:

 

Dentro de los temas iconográficos de las monedas que antes hemos tratado, hay uno que llama la atención por su extrapolación arqueológica. Es el de las representaciones cerámicas. Si seguimos el artículo de A. Vico Belmonte[17], nos encontramos que estas son utilizadas en muchos casos como denominación de origen de las monedas, pero al mismo tiempo pueden hacer referencia a fechas señaladas: celebraciones de victorias militares o escenas de la celebración de un banquete como esta pieza de Corcira.

 

Otra posible clasificación de las monedas con elementos cerámicos sería la siguiente:

 

- cerámicas relacionadas con el trasporte y almacenaje. Básicamente ánforas de tipo griego, que se encajaban ocupando el mínimo espacio tanto en almacenes como en barcos. Este motivo podría estar hablándonos de que esas polis basaban su economía en el comercio del vino.

 

- Cerámicas relacionadas con el culto dionisiaco. Es fundamental que la moneda tenga también temas dionisiacos distintivos. La crátera es la más popular. Se usa en general para contener el vino. El Kántharo, ya que es allí donde se hace la mezcla de vino y agua antes de servirse. El oinochoe también es asociado con el culto si aparecen más elementos. Por último el Kylix del que bebe Pan.

 

                - Cerámicas relacionadas con una victoria: En las que igualmente salen Kantharos y Crateras, pero esta vez sin elementos dionisiacos en la moneda.

 

-Otras: hay monedas con elementos cerámicos de difícil adjudicación, por ejemplo una de Terone en la que aparece un oinochoe, que hace referencia simplemente al vino de la región (¿cerámica de carácter publicitario al igual que la de Trapezunte?)u otra en la que aparecen los tres elementos cerámicos característicos del symposion, perteneciente a Corcira , y que podría significar una victoria, el culto dionisiaco o simplemente un banquete.

 

Llegados a este punto, no queda sino realizar la comparación entre los elementos cerámicos representados en las monedas y la realidad arqueológica a la que aluden.

 

Crátera[18]: En origen, toda gran vasija destinada a mezclar agua al vino, según el uso clásico de no beberlo solo. Tres de las formas más extendidas son, la llamada crátera de columnas, de forma bastante globular y con las asas dispuestas a modo de tallos cilíndricos verticales o fustes, rematados por un saliente horizontal. Abundó en el S. VI a.C. ; la crátera de volutas, que también recibe el nombre por la forma de sus asas que sobresalen bastante por encima de la boca. Sucedió al tipo anterior, durando hasta el siglo IV a.C. y la crátera llamada de campana, en forma de campana invertida, solía tener las asa implantadas no en la boca, sino en la panza y dirigidas hacía arriba. Es un tipo más bien tardío, difundido en la época final de la pintura sobre vasos.

 

Kylix[19]: Vasija griega, equivalente a nuestras copas, aunque de mayor tamaño, que tuvo numerosas variantes, la más común es aquella en que el receptáculo se sustenta sobre un pie vertical de poca altura, que a su vez, reposa sobre una ancha base. Fue muy empleado para ser pintado, puesto que su amplia superficie vertical se prestaba a ello, así como su fondo.

 

Oinochoe[20]: Vaso griego de tamaño menos, que servia para sacar el vino de la crátera o del estamno a fin de servirlo cómodamente. Se parece mucho a las actuales jarras y sobre todo a los tipos usados para servir líquidos en los que flotan sólidos, con el pico levantado en reborde para impedir el paso de estos últimos. Fue muy común y tuvo numerosas variantes. El asa solía remontarse por encima de la boca. Es más correcta la forma enócoe.

 

Kántharo[21]: vasija griega, cántaro, en forma de gran copa, con amplias asas y colocada sobre un largo pie vertical, mucho más estrecho que la base del receptáculo. Se usaba, sobre todo, para beber.

 

 

Ánfora[22]: Recipiente cerámico de gran tamaño, con dos asas necesariamente, cuya misión era conservar alimentos sólidos y líquidos. Los primeros tipos griegos presentaban hombros y cuerpo en una curva continua. Los ejemplares más modernos y los romanos presentan claramente diferenciada la parte alta (cuello y boca) del resto de cuerpo. Cerámica básica para el almacenamiento y el transporte. En la isla de Tasos, al Norte del Egeo, se han identificado alrededor de una docena de hornos en los que se fabricaban ánforas asociadas con el vino . Cosa que ya se intuía por la numismática.

 

Estamnos[23]: De figura peculiar, esta vasija con tendencias globulares se distingue por sus típicas asitas horizontales, implantadas en la panza y por su boca, que se estrecha en comparación con el tamaño total. Su uso primordial era el de la conservación del vino, y estaba por ello, relacionada con el culto dionisiaco.

 

 

 

 

 

 



[1] Teogonía, los trabajos y los dias. Hesiodo. S. VIII a. C.

[2] Colonias Tracias o el campo del Ática por ejemplo.

[3] El caso de Sicilia y Magna Grecia y su desarrollo comercial marítimo

[4] Preferencia de los grandes propietarios helenos por el cultivo de vides, teniendo que recurrir a la importación de cereales de otros lugares.

[5]  El vino en la moneda griega. Ana Vico Belmonte, pág 218.

[6] Historia de las plantas. Teofrasto. Ed. Gredos, Madrid 1988.

[7]  Aunque se sabe que era normal entre los griegos dejar crecer a las vides, sin alterarlas a no ser para la recolección.

[8] Classical landscape with figures: The ancient Greck city and its countrysite . Osborne, R. Londres (1987)  .

[9] El mundo rural en la Grecia antigua. Julián Gallego (Ed.). Akal 2003.  Pág 85

[10] Comer y beber en la antigua Grecia: Las bebidas. Maria José García Soler.

[11] Idem. Pág. 291. 

[12] Classical landscape with figures: The ancient Greck city and its countrysite . Osborne, R. Londres (1987)  .

 

[13] El vino y la viña. Geografía histórica de la viticultura y el comercio del vino. Tim Unwin. Ed. Tusquets, Barcelona 2001. pág. 146.

[14] Arqueología náutica y subacuática, asignatura impartida por Xavier Nieto, Director del CASC, en la Universidad de Barcelona.

[15] El vino en la moneda griega. Ana Vico Belmonte. Pág. 219.

[16] Arqueología (I). C. Guiral Pelegrín y M. Zarzalejos Prieto. UNED, Madrid 2003.

[17] El vino en la moneda griega. Ana Vico Belmonte. Pág. 223.

[18] Diccionario de términos de arte y elementos de arqueología, heráldica y numismática. G. Fatás y Gonzalo M. Borrás. Alianza editorial, Madrid 2005.Página 90.

[19] Diccionario de términos de arte y elementos de arqueología, heráldica y numismática. G. Fatás y Gonzalo M. Borrás. Alianza editorial, Madrid 2005. Pág. 192

[20] Diccionario de términos de arte y elementos de arqueología, heráldica y numismática. G. Fatás y Gonzalo M. Borrás. Alianza editorial, Madrid 2005. Pág. 236

[21] Idem,  Pág. 67.

[22] Diccionario de términos de arte y elementos de arqueología, heráldica y numismática. G. Fatás y Gonzalo M. Borrás. Alianza editorial, Madrid 2005. Pág. 23

[23]Diccionario de términos de arte y elementos de arqueología, heráldica y numismática. G. Fatás y Gonzalo M. Borrás. Alianza editorial, Madrid 2005 Pág. 136.


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Comentarios

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  1. #1 Vitalic 12 de mayo de 2008

    buff.. menos mal, al principio me ha salido todo subrayado y con hipervínculos. Espero os guste la cultura del vino ;-)

  2. #2 atzavara 13 de mayo de 2008

    Interesante artículo.
    Vitalic, creo que la primera constancia de producción vinícola en la peninsula, estuvo en los altos de benimaquia, Denia. ¿es cierto?

  3. #3 Vitalic 13 de mayo de 2008

    Muchas gracias.  La verdad es que no tengo ni idea, el artículo trata exclusivamente de la Hélade. 

  4. #4 Cogorzota 15 de mayo de 2008

    Escribe aquí (borra esto).

  5. #5 Cogorzota 15 de mayo de 2008

    Escribe aquí (borra esto).

  6. #6 Cogorzota 16 de mayo de 2008

    Había escrito una buena parrafada con algunas cosas que tenía recopiladas y se han ido al limbo.

    Otro día quizás me explaye cuando se me vaya la mala hostia.

    Atzavara, parece ser que la "primera constanciade producción vinícola en la peninsula" la tenemos en el Alto de la Cruz" en Cortes de Navarra. Es un poblado de la edad de hierro (865-760 a.C.) Anterior pues a los griegos.

    http://www.vallenajerilla.com/berceo/rioja-abierta/luezaspascual/arqueologiavidvino.htm

     

     

  7. #7 atzavara 16 de mayo de 2008

    Cogorzota.

    Gracias por el dato, muy interesante. Parece ser que los restos encontrados son de vitis vinifera.  
    Aunque no hay por qué  relacionar el alt de Benimaquia con los griegos mientras exista influencia fenicia " La vitis vinifera, por tanto, tal y como apuntábamos, debió introducirse a raíz de la colonización fenicia, la más antigua llega a nuestras costas y materializada por gentes con gran tradición en su cultivo y en comercialización. Se entiende, pues, la importancia de conocer el proceso de la vinicultura en el Próximo Oriente como mecanismo de conocimiento previo al posterior estudio del mismo en la Península Ibérica."

    http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0718-23762007000100004&script=sci_arttext

    Respecto a la producción vinícola me refería a esto:

    "pensar en la existencia de una buena base socio-económica apropiada para el desarrollo de la producción vitivinícola. Paralelamente, la extensión física del área de los lagares apunta un nivel de producción de vino que superaría los niveles de autoconsumo, lo que obliga a pensar en una distribución hacia otras áreas peninsulares.

    A caballo entre el horizonte tartésico y el propiamente ibérico el poblado de L''Alt de Benimaquia materializa, hoy por hoy, la introducción-conocimiento de las técnicas de elaboración del vino por parte de las sociedades indígenas peninsulares, un salto cualitativo con respecto a periodos anteriores en los que su consumo dependía, en gran medida, del comercio mediterráneo; fundamentalmente fenicio. Sobre este substrato cultural, como veremos, el posterior mundo ibérico supuso un nuevo escalón en la implantación y desarrollo de lo que hoy denominamos cultura del vino."

    Saludos cordiales.

  8. #8 Cogorzota 16 de mayo de 2008

    Muy bueno también tu enlace, gracias. No había pensado yo en que las pepitas pueden ser de uva pasa, ni tantas otras cosas que dicen. Cuanta cosa! 

    Aseguran muy alegremente, creo, que la vitis vinifera domesticada es importada, no conozco ningún trabajo que diga lo contrario, pero no me parece bien cerrar la posibilidad de una domesticación autóctona.

    Tampoco estoy de acuerdo con lo de las élites como únicas y primitivas consumidoras, aunque si comercializadoras, siempre he pensado que de no ser esclavo, el productor-cuidador de la viña se llevaría su parte, o bien tendría algunas cepillas en algún majuelillo que no despertara la codicia del amo. Es una intuición, claro.

    Un abrazo agrícola.

  9. #9 atzavara 16 de mayo de 2008

    Fácil que el consumo de pasas superara la producción de vino, caracteristica de la zona de la Marina, por la alta proporción de azucar de sus frutas en general.

  10. #10 atzavara 16 de mayo de 2008

    En Grecia, el vino es oinos, pero junto a ese término aparecen otros. El mas antiguo, cantado ya por Homero y líricos arcaicos, es "methy". Vieja palabra de origen indoeuropeo que en principio designaba cualquier bebida capaz de provocar embriaguez y que probablemente comenzó refiriéndose al hidromiel.

  11. #11 Vitalic 16 de mayo de 2008

    Efectivamente, el término general para el vino es “

    oînos

    ”; pero también aparecen otros como “

    méthy

    ”; “

    gleûkos

    ” y “

    trýx

    ” con los que se alude al mosto sin fermentar, pero también al vino nuevo, recientemente fermentado y dulce. Tomando como punto de referencia el color, se distingue el vino negro “

    mélas

    ” y el blanco “

    leukós

    ”. El primero se caracteriza por su fuerza y por mantener sus efectos sobre los que lo beben durante un tiempo más prolongado. También hay una separación entre el vino dulce y el vino seco, más nutritivo. Existe además el vino rojo “

    erythrós

    ”. El blanco es considerado el más ligero de todos, diurético y digestivo, aunque con tendencia a subirse a la cabeza. En alguna ocasión se indican matices indicando diferencias de color entre algunos blancos. 

  12. #12 Vitalic 16 de mayo de 2008

    Trapezunte

  13. #13 Vitalic 16 de mayo de 2008

    CORCIRA (300-229 a.C.). Dracma

    MENDE. S. IV a.C. Tetradracma de plata

    NAXOS (Sicilia): (460 a.C.). Tetradracma

    QUÍOS (Jonia). Tetradracma (375-350 a.C.)

    Algunos ejemplos de numismática con motivos vinícolas o cerámicos

  14. #14 Cogorzota 19 de mayo de 2008

    Ya tuvimos una interesante charla sobre el origen del vino hace ya casi dos años.

    Os pongo aquí la aportación de #77 crougintoudadigo

    Pero, como el vino no revela el secreto de sus orígenes, otros, como el sanscritólogo de la Sorbona Eulogio Losada Badía, nuestro caro amigo, piensa que el vino, viniendo a significar “agua de vida”, tiene en un radical ‘ui’ su poso indoeuropeo, idea que ‘si non e vera e bene trovata’, siendo el vino, de tomarse con moderación –como sabe nuestro caro Cogorzota- fuente de salud, y los indoeuropeos reputados observadores.
    Venga de donde venga, pensar en la antigüedad del vino es pensar en Grecia, donde el arqueólogo detecta su consumo en los ambientes relacionados con cultos funerarios muy antiguos (como acontecía en el Atlántico con la hidromiel y con la cerveza asociada al vaso campaniforme) y con lugares premicénicos como Orcomenos, Tirinto y Mecenas, del Heládico Medio o del Bronce Tardío. Estos lugares nos brindaron las semillas de las más antiguas uvas de Europa, junto a los tapones de cerámica estampados con hojas de parra para su comercialización ya en época tan temprana. La prensa del vino más antigua del mundo proviene de Arhans, en la Isla de Creta. (cf. PENA GRAÑA. “ATENEA”, Nº 2005, 32 ss.).
    Homero nos ilustra en la Ilíada y en la Odisea (cf. CARRERA ARÓS & PENA GRAÑA, 2004 –Artículo en Celtiberia.net) algo después, el uso y el abuso del vino en los banquetes y en los funerales, e simposíaco ambiente, chispeante de vida, de los griegos micénicos y de la Edad Oscura que la arqueología no pudo detectar hasta que la colonización griega recogió y extendió esta tradición y el arte de beber desde el sur de Italia y Sicilia, hasta Etruria y la Europa Céltica.

     

    Y unas bonitas poesías traidas por #88 ANAFKH

     unos versos de Anacreonte

    Venga ya, tráenos, muchacho,
    la copa, que de un trago
    la apuro. Échale diez cazos
    de agua, y cinco de vino,
    para que sin excesos otra vez
    celebre la fiesta de Dioniso.


    otros de Arquíloco de Paros

    En la lanza tengo mi pan negro, en la lanza
    mi vino de Ismaro, y bebo apoyado en mi lanza.

    y más de Arquíloco

    Anda, con la copa recorre el banco de remeros
    de la rauda nave, y destapa las jarras panzudas.
    y escancia el vino rojo hasta el fondo de las heces.
    Pues no podremos soportar sobrios esta guardia.

  15. #15 Servan 19 de mayo de 2008

    El origen de la palabra vino no creo sea i.e. sino cretense o semita. El enceguecedor de Orión, relato cretense, era Oenopios. Que se haya ocultado en un recipiente me hace pensar que, quizá, está relacionado con la guarda del vino, causante de la violación, puede que incestuosa, de Mérope.

  16. #16 Tienda Vikinga 07 de abr. 2016

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