Autor: Atzavara
lunes, 12 de mayo de 2008
Sección: Artículos generales
Información publicada por: atzavara


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La verdadera Diosa

Consideraciones sobre la importancia de la abeja, su contexto mitológico y su impacto en la existencia humana

 

Cuando los hombres describieron el Paraíso o la edad dorada, la miel siempre estuvo presente,

ya fuera en abundantes ríos de leche y miel, o deslizándose desde los árboles. Se representaba

así, una luna de miel con el sabor primitivo y genuino de una humanidad infantil.

La miel fue un preciado alimento para los dioses, seres que tendrían toda la pinta de

imaginarios u opacos recuerdos de una era que no tuvo tiempo para describirse mejor. Parece

ser, que en el momento en el cual las sociedades iban conociendo la escritura, la Edad de Oro

se esfumaba y aparecía la mitología al tiempo que se escribían los relatos de los hombres que

consumían la miel como la leche de una madre a la que idealizaron en abundancia, hasta el

punto de convertirla en una Diosa.

Dicen los mitos que el propio Zeus fue amantado por una cabra de nombre Amaltea, por lo

que se colige que ese animal mitológico fue como una tierna madre. En otro mito paralelo, la

nodriza que alimentó a Zeus con leche de cabra y miel fue Melisa, hija de Meliseo, rey de

Creta, el primero en introducir la costumbre del sacrificio a los dioses y las procesiones

religiosas.

De los mitos más antiguos se extrae la conclusión de que en los primeros albores de la

civilización se tuvo como modelo de sociedad a la colmena, de tal forma, que la idea del

matriarcado parece surgir de la sincera relación que mantuvieron las primeras sociedades que

practicaron una incipiente apicultura. Rea, la madre de Zeus, hacía sonar un tambor para

impedir que las abejas enjambrasen en lugares que no le convenía. Como el uso de las

bramaderas en los Misterios. Esos instrumentos1 realizados en hueso, cuerno o madera, se

ataban a una cuerda y se hacían girar para producir un potente zumbido, imitando así el

zumbido del enjambre.

Los hombres de la llamada raza de oro eran súbditos de Cronos, vivían sin preocupaciones ni

trabajo, comían bellotas, frutos silvestres y miel que destilaban los árboles, bebían leche de

oveja y cabra, nunca envejecían, bailaban y reían mucho. Su estilo era similar al de los

llamados recolectores, dando fe de su relación con el entorno, ésta raza de oro asemejaría a

una especie de vegetarianos que al parecer no domesticaban sino que convivían con cierta

asociación con animales que consideraban nodrizas como la referida cabra Amaltea. Muchos

dioses y héroes fueron cuidados y alimentados por animales desde Zeus hasta el caso extremo

de Rómulo y Remo, pasando por Habis.

Pero la Edad de Oro ya era un recuerdo confuso cuando Hesíodo pasó a describir las cinco

edades del hombre. Luego vino la Edad de Plata, la de comedores de pan, y la introducción,

por tanto, de la Diosa de la Cebada. Apareció el cultivo del cereal. Se cambió el modelo de

sociedad que representa la colmena por el de un hormiguero, otro insecto social que en vez de

flores prefiere el cereal.

La miel era el alimento apropiado para las divinidades, el cereal en cambio, era el regalo de

una diosa que a su vez quiso destruir a la humanidad. Eso es lo que tiene la mitología, que te

presenta a Deméter entregando una espiga en una mano y en la otra un capullo de

adormidera. De ese modo, los dioses entraron en un sueño profundo y dejaron como semilla,

la estirpe que no cesa de imaginar el mundo como un Paraíso al que convertir en un infierno.

Aún así, según Euctronio, le corresponde a Deméter ser la maestra que enseñó a las abejas a

anidar en el hueco de los árboles.

Pero, es Virgilio quien presenta a Deméter en intrínseca relación con las abejas. Melisa, una de

sus devotas, murió despedazada por la confrontación que tuvo con unas mujeres exaltadas,

furiosas por su negativa a compartir los secretos del Misterio. El enfado de Deméter fue similar

al que ya tuvo cuando a Perséfone, enviando contra las asesinas y su vecindad una peste

asoladora. Del cuerpo de Melisa surgió un enjambre de abejas, y desde entonces que el

término Melisa se designó a todas las sacerdotisas del culto de Deméter

Robert Graves menciona que la apicultura llegó a Atenas a través de la civilización minoica,

donde los apicultores profesionales tenían como divisa comercial una abeja, cuyas

representaciones ornamentales nos muestran una extraordinaria belleza artística. La palabra

griega para el polen almacenado es “cerinthos”, y señala que es cretense. Otras palabras

relacionadas tendrían ese mismo origen, como “cerión”, panal de miel; “cerinos”, de cera. Y

enlaza con Cer, cuyo nombre llegó a significar, “suerte, hado” (multiplicado en Ceres,

“rencores, plagas o males invisibles”). De ese modo, según Robert Graves, Cer, Car o Q’re pudo

haber sido una diosa Abeja cretense, una diosa terrible de la Muerte en vida. Además, las

Kéres

eran genios de la muerte, divinidades funestas, Parcas o Furias. Pero ker: "corazón", era

un homónimo de la kér, "muerte"

Aristeo fue famoso por introducir la apicultura en Arcadia, no es de extrañar que su madre se

llamara Cirene. El episodio que más sorprende de Aristeo es la obtención de nuevos enjambres

a partir de reses muertas siguiendo un consejo de Proteo. De sus esqueletos se adivina una

extraña apicultura. Cuando se dice que en la edad de oro la miel caía de los árboles, podemos

entender que los panales estaban sujetos en las ramas o en troncos huecos. El que un nuevo

enjambre nazca de unas reses muertas en el caso de Aristeo, o en un león en el caso de las

abejas de Sansón, y se posen en el primer árbol, me da por sospechar de artificiosas colmenas

caracterizadas, adoptando signos que la identificarían con la realeza, al ser los animales

mencionados simbólicos reyezuelos. No deja de ser curioso que la imagen del dios Apis sea la

de un Toro, aunque desprovista en la religión egipcia de toda relación con la apicultura, por lo

que lo cito por su homonimia con Apis, abeja. Los apicultores podían demostrar su religiosidad

fabricando colmenas figuradas de diversos motivos. Cabe mencionar, como ejemplo más

moderno, un San Ambrosio patrono de los apicultores en forma de canasto colmenar.

La abeja (Apis mellifica) forma colonias muy organizadas con diversificación morfológica y

funcional que da origen a una comunidad especialmente unida entre sí. Así pues, las abejas no

se comportan como seres individuales sino que la colonia apícola forma una unidad biológica:

un organismo o sistema biológico uniforme.

La colonia habita en una colmena o panal, donde conviven una reina, cientos de zánganos y

miles de abejas obreras, ejecutando cada individuo un trabajo definido respondiendo así a una

necesidad biológicamente motivada para asegurar la existencia de ese peculiar organismo, que

bien se puede representar o idealizar con la figura de la Reina, la Madre.

La diosa Artemisa se representaba en Éfeso con los atributos de una gran madre con sus

numerosos pechos, llamando la atención la cantidad de abejas en su vestimenta. En Anatolia

se encuentra una posible Diosa-Abeja cuya descendiente fuera Diana, la reina de las amazonas.

Puede que Éfeso sea la antigua ciudad litoral del reino hitita de Arzawa. Dicha ciudad es

mencionada en las tablillas cuneiformes con el nombre de Aspasas, datada ya en el II milenio

a.C. En la palabra Aspasas se encuentra el vocablo «apis», que ya sabemos que significa abeja.

Se deduce que Éfeso recogería una tradición mucho más antigua, de cuando ese lugar era el

centro del culto a la diosa abeja. Las monedas de Éfeso del siglo VI se acuñaban con abejas

como símbolo tradicional de la ciudad.

Con estos datos, se desprende la subsistencia de una prehistórica diosa abeja, que, pasando el

tiempo, se identificaría con una divinidad femenina alada de la fertilidad, probable germen de

la Artemisa anatpiica.

Pero, hay que ser muy cautos, los expertos dicen carecer de pruebas suficientes para afirmar la

existencia de un culto a la diosa Artemisa-abeja, ni siquiera en Éfeso.

Aunque siempre queda el mito poético. Que los antiguos mencionaran que Artemisa o Diana

se apasionaba con el tiro al arco, no es de extrañar, aparte de su simbolismo lunar, la llamaron

virgen, y de sus pechos rezumaba miel y de sus flechas veneno.

El mismo Orión que fue blanco de las flechas de Diana, tuvo como padre, según un extraño

mito, a Hirieo, apicultor de oficio. De Viejo, fue visitado por Zeus y Hermes y le preguntaron

qué era lo que más deseaba. Hirieo, ya muy mayor e impotente contestó que lo que más

deseaba era un hijo. Y los dioses hicieron que sacrificase un toro, orinase en su piel y lo

enterrase en la tumba de su esposa. Después de nueve meses le nació un hijo al que llamó

Urión, “el que orina” como si derivase de ourein “orinar” en vez de ouros, la forma homérica

de oros “montaña”. Un encantamiento africano primitivo consistía en orinar en una piel de

toro para así invocar la lluvia, Y ahora, apuntaremos a la Piel de Toro para ver si encontramos

algún mito relacionado con la apicultura.

La península ibérica, para algunos rapsodas clásicos, era un lugar tenebroso donde residían

arcanos dioses, e incluso la puerta del Hades bajo llaves míticas, con la posibilidad, siempre

mitológica, de que fuera el escenario de la lucha con los Titanes.

Justino nos habla de un rey mítico llamado Gárgoris que gobernaba sobre un pueblo bastante

primitivo, pero con un divino nombre como es el de los curetes. Los curetes son seres místicos,

confundidos con los coribantes, o identificados con los cabiros, los dáctilos del Ida y los

telquines. En la tradición hay muchos nombres de curetes, pero los más reconocidos son,

Labrando, Meliseo y Pírrico. A Meliseo ya lo mencionamos, su significado es “hombre de miel”.

Gárgoris tuvo un hijo de una relación incestuosa al que abandonó a su suerte. Los animales

salvajes no le hicieron ningún daño, al contrario, algunos de ellos lo amantaron, teniendo

como nodriza a una cierva de tiernas urbes. Ese hijo se llamó Habis, y sugiere la abeja por su

homofonía con Apis. El zángano de su padre Gárgoris fue famoso por ser el primero que

inventó el uso de la miel (Justino XLIV,3 , 1,ss) o mejor, de la colmena doméstica.

Las poblaciones actuales de Europa occidental tienen su origen en poblaciones relictas de la

península ibérica que sobrevivieron a la última glaciación, y a la llegada en diversas épocas de

al menos tres oleadas de colonización desde el norte de África", precisa el biólogo Fernando

Cánovas que junto a un grupo de científicos de la Universidad de Murcia ha reconstruido, a

través de un mapa genético, la historia evolutiva de la abeja doméstica (Apis mellifera

iberiensis) en la Península Ibérica, que se remonta a un millón de años2.

La apicultura primitiva se advierte en la costumbre que tenían los curetes de empolvarse con

yeso. Los curetes protegieron al niño Zeus cuando se salvó de ser engullido por su padre

Cronos. Lo mantuvieron suspendido de un árbol, como un panal, para que Cronos no lo

encontrase ni en la tierra ni en el cielo ni el mar. Cuando lloraba, los curetes golpeaban las

armas en sus escudos para que nadie oyese el llanto del niño. Pero, resulta, que los curetes

son anteriores a la Edad de Bronce, y no conocieron ni escudos clásicos, ni espadas y ni

siquiera falcatas. A lo mucho, sus escudos eran protectores a la manera de profilácticos, o

escudos genitales como los que se observan en las pinturas rupestres de la península. Para

más indicación, visitar el conjunto de las pinturas del abrigo de Cogull, Lleida. O echar un

vistazo al guerrero del Barranco de la Valltorta.

El cuchillo de Gebel el-Arak (3400-2940) muestra en una de sus caras un antiguo combate

contra unos personajes que llevaban puestos fundas para el pene. Esa escena se interpreta

como un conflicto entre egipcios e invasores orientales. Dada la gran antigüedad del cuchillo,

la representación de hombres armados de profilácticos, explicaría una costumbre bastante

extendida desde Iberia hasta Nueva Guinea, donde aún se mantiene debido a su primitivismo.

En los mitos, los curetes eran los compañeros armados del rey sagrado, y el chocar de sus

armas tenía por finalidad ahuyentar a los demonios durante las ceremonias rituales. Los

antiguos griegos interpretaban sus nombre como “jóvenes que se han afeitado el cabello”,

probablemente significaba devotos de Car o Ker. Un arma que gustaba blandir era como un

“sonajero” o bramadera, extraña honda que hacían girar produciendo un ruido parecido al del

viento fuerte. Instrumentos parecidos utilizaban los San del sur de África para imitar el sonido

de los enjambres de abejas (ese ritual se usaba también para invocar la lluvia). Hay una

anécdota bastante demostrativa que relata el padre Barandiaran: “Había iniciado los trabajos

de prospección en un dolmen, en el País Vasco; Ante el ruido y trasiego de gente, las abejas del

lugar se intranquilizaron y comenzaron a atacar a los trabajadores que salieron corriendo.

Una mujer de un caserío cercano, al ver lo que ocurría les tranquilizó y, acto seguido, cogió dos

piedras, empezó a entrechocarlas y habló a las abejas en euskera. Para asombro de todos, las

abejas se calmaron”.

Los curetes como dijimos, se embadurnaban con yeso, quizás, el más antiguo uniforme

apicultor que hoy en día sigue siendo blanco con preferencia para cegar o tranquilizar a las

abejas, ya que ellas se excitan con colores vivos. Robert Graves dice que los Titanes, “señores”,

podían ser Titanoi, “hombres de yeso blanco”.

La pintura rupestre más conocida relacionada con la obtención manual de miel se encuentra

en la Cova de la Aranya de Bicorp. Tiene una antigüedad mínima de 7.000 años. Aquí se

encuentran también los testimonios más antiguos que prueban la antigüedad de la cestería. La

escena que aparece representa a dos hombres (o mujeres), que trepan por una simple cuerda

o soga hacia un agujero para recoger la miel. Uno de ellos porta en la mano derecha un cesto,

como se ve en el dibujo.

En la actualidad, los recolectores de miel silvestre como los hotentotes, destruyen los nidos

después de haber matado a las abejas, sabiendo que los nuevos enjambres mantienen la

preferencia por aquellos lugares donde anteriormente se construyeron panales. Las abejas

africanas buscan los árboles llamados miombos, y los hotentotes se ayudan de pájaros guías

(Indicator indicator) que les indican dónde se encuentran los panales.

La abeja africana es una raza muy agresiva que en la actualidad está causando problemas en

América. Después de algunas mutaciones, la característica de la agresividad se exacerbó. En el

estado de Sao Paulo, Brasil, nadie puede acercarse a 100 metros de un panal de estas abejas

emigradas, pues sale el enjambre todo junto y cae sobre el animal o persona que se atreve a

molestarlas en su trabajo. En un año murieron 80 personas a causa de su picadura y no se sabe

cuántos animales morirían también.

Pero, en la vieja Europa, la abeja se domesticó desde tiempos inmemorables, incluso se puede

argumentar que las primeras formas de ganadería tuvieran que ver con las abejas. Durante el

periodo comprendido entre los 8000 y los 4000 años antes de Cristo se fue gestando la

apicultura en las civilizaciones mediterráneas. Con su propagación, el recolector de miel

silvestre dejó de ser un depredador de panales a proporcionar a las abejas un habitáculo para

que pudieran anidar y construir los panales en su interior. Despertó la curiosidad y la

admiración, llegando a ser objeto de culto, ejemplo de una república ideal, incluso el modelo

que sirvió a Licurgo para fomentar la idea de que el destino de la comunidad es más

importante que el del individuo.

De manera similar, la Edad de Oro pereció por culpa de la subordinación tribal a la

representante de la diosa abeja, o a la idea religiosa que se hizo de ella. De ser una madre que

ofrecía su pecho de miel, pasó a convertirse en una viuda negra debido a una malsana

curiosidad, una vez, que se prescindió de su preciado alimento y se destinó el tiempo a imitar a

un insecto que acepta el sacrificio de su amante. Dando origen a la barbarie que supone

sacrificar a un hombre por cuestiones religiosas, en aquellos tiempos, rituales de fertilidad que

admitían la sangre del donante de una forma que se deduce en los mitos y en las más arcaicas

costumbres matriarcales. Incluso en la Creta tan civilizada se hallaron vestigios del sacrificio de

un varón, sorprendidos los sacrificadores por la intervención de un terremoto.

La abeja reina danza en círculos en su ritual de apareamiento esperando a que algún zángano

le inocule su herencia genética. En el traspaso, el pobre macho pierde sus genitales debido a

una debilidad ventral muriendo por tal efecto.

La constancia de los sacrificios humanos es abrumadora en el transcurso de la historia. La

víctima o fharmakós expiaba los pecados de la sociedad, y además, enviaba un mensaje a las

divinidades. Tales prácticas desaparecían a medida que el patriarcado se iba imponiendo

trasformando las religiones orgiásticas.

El dios que más empeño puso para acabar con estas prácticas fue Zeus. Él mismo se libró del

sacrificio del que su padre Cronos3 era aficionado. Zeus castró a su padre Cronos que a su vez

hizo lo mismo con su padre Urano. Aparte de todas las interpretaciones que pueda tener la

imagen de la castración de un Titán (como la obtención de muérdago que señala Robert

Graves) resulta curiosa que otra de las acepciones de “castrar” sea el hecho de retirar de las

colmenas panales con miel, procurando dejar los suficientes para que las abejas se mantengan

y elaboren nueva miel.

Culpar a la abeja de los sacrificios humanos cometidos por emular su apareamiento no fue

precisamente la actitud de los filósofos, al contrario, elogiaron sus virtudes.

La miel, dijimos, era el alimento de los dioses que pasó a ser el mejor alimento de la

humanidad.

Las propiedades curativas de la miel fueron descritas por Hipócrates quien estaba convencido

de que prolongaba la vida. Galeno describió detalladamente la aplicación del veneno de

abejas como analgésico y su utilidad como desinfectante de heridas. También estaba

convencido de que el consumo regular de miel alargaba la vida. No hubo casi ninguna

enfermedad en la que no se usaran productos apícolas, ya fuera en forma de tinturas o de

infusiones.

Pero, lo que me acucia es averiguar si un hombre podría alimentarse durante largas

temporadas exclusivamente de miel, como parece apuntar la actitud de los que vivieron en la

Edad de Oro.

El atomista Demócrito había acusado a Anaxágoras de haber plagiado a autores más antiguos,

no obstante su rivalidad contra Anaxágoras, quiso imitar paradigmáticamente el suicidio por

inanición que su acusado protagonizó.4 La versión de la muerte del atomista, según Ateneo de

Náucratis:

“Cuenta una historia que Demócrito de Abdera decidió, debido a su vejez, abandonar esta

vida, y prescindió del alimento cotidiano. Pero cuando se acercaban los días de las

Tesmoforias, las mujeres de su casa le suplicaron que no muriera durante la festividad, para

poder ellas celebrarla. Accedió, y mandó que le sirviesen un cuenco lleno de miel. El hombre

sobrevivió los días necesarios, consumiendo únicamente la ración de miel, y pasados esos días

se le suprimió la miel y murió. Pero a Demócrito siempre le gustó la miel, y a uno que le

preguntó cómo se podría llevar una vida saludable, le respondió que "Regando el interior con

miel y el exterior con aceite” 5

La misma respuesta dio el senador Paulus Romelius, en ocasión de celebrar el centenario de su

nacimiento. Julio César le preguntó de qué medios se había valido para conservar tan sano y

vigoroso aspecto, a pesar de su avanzada edad. La contestación fue: "Interius, mellis;

extrinsecus, oleum" (Interiormente, miel; exteriormente, aceite).

Mucho se ha hablado de la importancia de la miel, Plinio el Viejo la describía como “un sudor

del cielo o una suerte de saliva de las estrellas”. Y de saliva va el asunto, ya que la miel es el

beso entre un alado polinizador y una estrellita como es la flor que las representa, de manera

que la abeja se orienta gracias a una brújula que hay en su interior.

De otro de los productos de la abeja, su relación con la magia o la religión se observa en el

momento en que encendemos una vela hecha de cera virgen.

En la religión cristiana, hasta la reforma de la liturgia por los Papas Pío V y Sixto V, la abeja era

parte de la liturgia y su supuesta virginidad era un símbolo de la Virgen María. Hasta tiene su

sitio en el Corán, adornando un sura completo.

La abeja se consideró diosa en una época remota, sus seguidores fabricaron templos de

modelos diversos, domesticaron al insecto dándole el aspecto que más conviniera a través de

la historia de la apicultura. De esa olvidada época queda el recuerdo confuso, e incluso la

superstición, como bien describen los informes de Blankenhain respecto a las colmenas

figuradas y canastos colmenares hechizados en la Sajonia Baja.:

“El ojo abierto mantenía vigilancia sobre la colmena y ayudaba a repeler el "mal de ojo", al que

se le atribuía la inexplicable muerte de abejas. ... Rituales de defensa contra magia negra,

como el "mal de ojo" son conocidos por todo el mundo y datan de antaño. König describe

exhaustivamente el significado de ciertas representaciones de ojos y espejos como medio de

defensa contra el "mal de ojo". Los esfuerzos por proteger las colmenas contra el efecto de

poderes malignos mediante especiales dibujos en ellas son conocidos extensamente. La

exposición de antiguas viviendas de abejas procedentes de la isla de Creta durante el Congreso

Apimondis realizado en Atenas en 1979 fue completada con un cráneo de un macho cabrío. ...

De igual manera, el rostro de miedo en el frontón, la talla en madera en las antiguas casas, en

iglesias, como medida universal ante el "mal de ojo" o contra magia negra... En este contexto

de las máscaras de miedo como medio de protección caben también los canastos hechizados

de los apicultores paganos…La mayoría de los canastos hechizados lleva un rostro, una mueca.

El aspecto de las muecas se obtiene a través de rostros con ojos muy abiertos, con miradas

amenazadoras o aterradas, abstracción de las facciones y pintura, pero no a través de una

exagerada deformación de los rostros, como se conoce en la tradición del carnaval en la región

del Tirol y en el sur de Alemania..."

La devoción a la primigenia diosa estaba íntimamente ligada a la evolución de un tipo de

apicultura ecológica, ligada a su vez, al compromiso por mantener una vida y un entorno

saludable en perpetua simbiosis con la Madre Naturaleza, de la cual, la abeja es su más

perfecta sacerdotisa. De la involución de esa creencia dan fe los hechos transcurridos bajo el

mandato de la Edad de Hierro. Paulatinamente, se ha sustituido a la diosa por una Virgen que

sufre viendo sufrir a su hijo. Sumidos en un descuido, que incluso Virgilio apostó por un rey de

la colmena debido a un absurdo olvido. Dicen que La primera descripción de la abeja reina

como hembra y productora de huevos, fue publicada en España en 1586 por Luis Méndez de

Torres. Sin embargo, la abeja ya era adorada como Madre varios milenios antes de Cristo.

Como anécdota, Débora, en hebreo,

, abeja, era llamada “la madre de Israel” lo que

demuestra el carácter de matriarca que atribuían los antiguos hebreos a la abeja. Débora

también era conocida como LLeufo, en su significado “Devoradora de Hombres”, incluida su

paridad con el carácter de Judit, pronta a sacrificar a su amante, por lo cual, lo de devoradora

de hombres se engarza con la práctica del matriarcado más salvaje. Una época, como dijimos,

que siguió a la Edad de Oro, olvidada por su barbarie, inhibida en el inconsciente colectivo por

el debido respeto al dios que expulsó al hombre del Paraíso.

En definitiva, una sociedad que viese con buenos ojos la importancia de la abeja, antepondría

los pastos y los páramos por un largo porcentaje de jardines florales. La primera calzada

romana se denominó Vía Apia por el número de colmenas que había en sus veredas. Un

apicultor decente no permitiría que la diosa abeja muriese por inanición, ni dejaría de

fomentar un verdadero Paraíso promoviendo la flor para así adornar a su verdadera Diosa.

1

En la Roche de Birol, en la Dordoña se encontró una bramadera con adornos geométricos y untado

con ocre rojo.

2

Los investigadores se basaron en la caracterización de un marcador mitocondrial "de eficacia probada".

Este método ha sido eficaz para trazar en detalle las variaciones de ADN que ha vivido este himenóptero

desde el Pleistoceno.

3

Cronos, gobernó durante la edad dorada hasta que fue depuesto por Zeus. Algunos dicen que

etimológicamente Cronos se refiera a “astado” que no deja de ser una cornamenta, o una corona.

Como Titán que fue, su día asignado era el sábado, que era el séptimo día, y averiguaría que el alma de

Saturno, o su raíz principal mantiene el número siete.

Más tarde, hubo una confusión y lo confundieron con el Tiempo (Chronos), aunque no es de extrañar, ya

que fue el Señor del Séptimo Día, y por consiguiente estaba coronado al haberlo asociado al planeta

Saturno que, en aquellos tiempos, era el séptimo objeto del sistema solar visible a simple vista, y aún

mantiene su cabeza coronada con los anillos que caracterizan a este peculiar dios. Además, no deja de

ser el Señor de los Anillos.

4

La filosofia de Anaxágoras, p. 20. .4 "Anaxágoras dice que el sol es incandescente, esto es, una piedra

ígnea. Fue desterrado de Atenas a pesar de la ayuda de Pericles, y habiéndose marchado a Lampsaco, se

quitó la vida, dejándose morir de hambre. Salió por sí mismo de la existencia a los setenta años, porque

había sido encarcelado por los atenienses, al apartarse de la opinión corriente sobre Dios."

5

Banquete de los eruditos. Libros I-II. Trad. de Lucía Rodríguez-Noriega Guillén. Madrid: Biblioteca

Clásica Gredos, 1998; pp. 194-195.

 

Bibliografía:

-Apiterapia, dr. Paulina Potschinkova

-Los mitos griegos. Robert Graves.

Artículos encontrados en la red:

- El suicidio por inanición entre algunos filósofos griegos: una epojé kairótica Prof. Rubén Soto

Rivera. Colegio Universitario de Humacao. Universidad de Puerto Rico.

-Algunas anotaciones sobre la abeja y la miel en el mundo antiguo. P. Fernández Uriel.

-Arte popular apícola.

 

 


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Comentarios

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  1. #1 atzavara 13 de mayo de 2008

    Uma. He estado mirando tu artículo sobre el abellón. De repente, interviene Adoni, y zas! dice algo bastante interesante:

    "La palabra hebrea para designar la abeja [débora], coincide con otra, [déber]: peste, plaga y también espina, aguijón.

         De tal manera que en ocasiones, Oseas 13,4 ó Salmo 91,3, se puede leer "peste" y también "espina".

         Incluso, el hebreo "dbr" [déber] peste, puede traducirse en ocasiones por el arameo "mwt" [mota], muerte. "

    En mi artículo, se sonsaca una idea similar, basándose en el antiguo griego:

    "La palabra griega para el polen almacenado es “cerinthos”, y señala que es cretense. Otras palabras

    relacionadas tendrían ese mismo origen, como “cerión”, panal de miel; “cerinos”, de cera. Y enlaza con Cer, cuyo nombre llegó a significar, “suerte, hado” (multiplicado en Ceres,

    “rencores, plagas o males invisibles”). De ese modo, según Robert Graves, Cer, Car o Q’re pudo haber sido una diosa Abeja cretense, una diosa terrible de la Muerte en vida. Además, las Kéres eran genios de la muerte, divinidades funestas, Parcas o Furias. Pero
    ker: "corazón", era un homónimo de la kér, "muerte"

  2. #2 Uma 13 de mayo de 2008

     

      Hola Atzavara; ahora solo entro por lo del blog. sí pensé que ,o habías leído nates el artículo y el blog ,o era coincidencia en los temas ,que por lo que dices es lo que ocurre y de lo que me alegro muchísimo.

    Lo del blog en realidad lo hice para recopilar la información sobre el tema.

    Servan lo del cadáver del buey etc y que fuera algo ritual,a veces he pensado si no sería alguna especie de representación mítica, tipo “misterio”;a fin de cuentas,el toro en oriente próximo es un principio masculino,fecundador ,y la abeja es (por lo que parec )un principio femenino;

    podría ser,lo del buey y las abejas una repesentación del origen del mundo o ,de la especie humana ,o algo así.

    No lo he elaborado mucho.

      “de la miel a las cenizas” de leví –straus se dice   que en américa sí hay abejas que hacen miel y son carnívoras,además,puede que ese tipo de miel fuera medio alucinógeno.

    El artículo lo voy leyendo a ratos y me parece muy interesante.

     

  3. #3 Servan 18 de mayo de 2008

     Dice L-Strauss que en América hay unas 700 especies de abeja -debe ser habían, pues muchas se habrán extinguido, como la mapuche- y que considerando las que producen grandes cantidades de miel, son casi todas melipónidas, que no pican pero sí molestan algo

    -de estas abejas he probado una miel oscura y muy agradable- según L-S comen también sustancias de origen animal; Bates dice que consumen savia y cacuca de aves; según Schwartz néctar, polen, carroña, orina y excrementos, que su miel es oscura, que es afrodisíaca, pudiendo ser embriagantes e incluso tóxicas, como la de avispa sissuira,quizá por alimentarse de flores venenosas. Que hay panales fabricados yotros de troncos huecos y aún de hoyos en la tierra. Que la miel de las avispas produce una excitación de carácter alegre

  4. #4 atzavara 19 de mayo de 2008

    Gracias Uma por el fantástico video.

    El cazador de enjambres se vale del engaño. Tanto químicamente, por las feromonas, o por el color vistoso, se pueden atrapar enjambres. Y tocarlos, ya que cuando un enjambre busca donde anidar suelen llevar la casa a cuesta. Es decir, llevan parte de miel y de cera de su panal o colmena de origen, y no suelen picar pues eso significa su muerte y el aporte que llevan es necesario para montar la nueva colonia.

    Ahora, el ataque a la orquidia responde a una maniobra química, y ellas son muy sensibles a las feromonas, de hecho, la reina se comunica con el resto por esa maravilla química.

    Respecto a la antiguedda de la apicultura de colmena fija:

    "mientras arqueólogos italianos localizaron colmenas de barro en la isla de Creta con una edad aproximada de 3.400 años antes de Cristo." Los cretenses y su talasocracia son suficientes para inundar el mediterraneo de leyendas y misterios. Ellos son los padres espirituales de Grecia.

    Lo que significa que el término "incipiente apicultura" es mucho más esquivo a la hora de datarlo, es un paso entre el depredador de panales al interesado en que el enjambre anide a dónde más interese.

  5. #5 Uma 20 de mayo de 2008

     

    Que curioso lo del milagro de San Narcis.;a lo mejor fue una epidemia de tábanos ;

      En la isla de Cos existía la tradición de que en la tumba de Hipócrates se había instalado un enjambre de abejas,y que su miel era muy buena  desde el punto de vista medicinal,especialmente para el aftas ;las madres iban allí a llevarse miel para curar a sus hijos.

    También ,en la tumba de childerico I(año 481) encontraron 300 abejas hechas de oro;se supone que indicaban que un reino es como una colmena.

    http://www.lunedemiel.tm.fr/espagnol/06.htm

     

     No se puede poner la foto de san Narcis;debe de estar protegida.

     

     

    De nada  atzavara, me alegro de que te haya interesado el video. A mí además me parece  interesante porque denota una  capacidad de observación  que debió de ser la que permitió a los humanos sobrevivir y manejarse en la naturaleza;

    Sobre los orígenes de la apicultura ,,si ,es verdad debe de ser muy  incierto:el hecho de que no esté documentada hasta tarde en altas culturas (no sé si el término es el adecuado) no quiere decir que no se hubiesen desarrollado estrategias,en muchos sitios ,para tener los panales  controlados y más facilidades para acceder a la miel;en realidad ,es lo lógico:

    Per, me imagino que te refieres al “abellón”,le dediqué un artículo basándome en uno que sobre él,hizo F,Alonso Romero:

    http://www.celtiberia.net/articulo.asp?id=3072#comentarios

     

  6. #6 lapurdi 24 de jun. 2008

    La raiz “mel” enseguida la relacionamos con el productor conocidísimo como “miel”. No obstante son muchas las palabras que, conteniendo o coincidiendo con esta raíz, tienen significados muy diferentes: “melo”, sonido, músic, poesia, procedente del griego, “mela”, negro, oscuro, triste, también del griego, “mella”, mella, pérdida del filo de un cuchillo o herramienta de cortar, “melón”, fruta dulce, “melena”, cabello largo, etc.

    Hay otras palabras que si parecen tener que ver o estar relacionadas con la “miel”, y las podriamos incluir como derivadas: “meloso”, adjetivo claro de la persona que es dulce y empalagosa, “caramelo”, hecho con miel y luego azúcar, “mermelada”, igualmente fruta cocida junto a la miel, “melaza”, jarabe resultante de cocer el jugo de frutas dulces hasta obtener un líquido biscoso. Otras palabras como “melocotón” o el mismo “melón”, citado anteriormente, podrian tener que ver con la miel por su sabor dulce, pero es muy probable que esta característica de la miel, su dulzor, no sea la definitoria, sino que, como veremos en adelante, otras cualidades.

    Hay otras palabras castellanes que parecer no tener que ver con la raíz “mel”, y sin embargo si provienen de ella. Son las que se presentan con el fonema “j”, que no es, en estos casos, más que la evolución lògica de la “l” al castellano, que suele dar “j”, como: “almeja”, “mejillón”, “mejilla”, “mejor” (en catalán “millor”).

    De todas estas palabras no parece que sean, como he dicho, su dulzura la característica que derine la raíz “mel”. Hace falta, pues, antes de nada comparar la raíz “mel” con otras raíces pareces, muy similares, en las cuales solamente es la vocal la que varia: “mol”, como “moler”, “mil”, como “mil”, o “mal”, como “maleable”. En todas ellas se implica un concepto de ''desprendimiento'', ''caida'', ''producción'', que se lo da a todas ellas el fonema “m”. El fonema “l”le da el sentido de ''lado'', ''aspecto'', ''cara'', ''manera'', y todas juntas implican a ''un lado que se desprende''. Este es el verdadero y etimològico concepto de la raiz “m-l”, matizado en cada caso por una de las cuatro vocales bàsicas: a, e, i, o/u.

    En el caso de “mel”, la “e” le da un aspecto o matiz propio de su significado semántico que no es otro que el de ''límite'', ''frontera'', ja que la “e” se situa en medio, en la separación de los dos mundos básicos de la naturaleza: la “a” que representa todo lo exterior, y en consecuencia lo grande, lo alto, lo superior, y el mundo de la “i”, que es lo contrario, la interior, lo pequeño, lo inferior, lo bajo.

    En consecuencia, y basandome en muchas otras palabras que comparten y corroboran este significado, “mel” seria el ''lado del límite que se desprende''. Veamos si esta definición, un poco conseguida a priori, se adapta a todas la palabras citada anteriormente. En primer lugar la “miel”, substancia que se encuentra depositada en las celdas de los panales de las abejas. Desde estos panales se puede extraer la miel, de manera que representa como si parte del lado del panal, por calentamiento o por fuerza de la gravedad o de la fuerza centrifuga va saliendo y cayendo, desprendiendose la miel del lado del panal en donde se encuentra enganchada. Por lo tanto la miel, por su situación y por su manera de ser extraida coincide con la definición dada pàra “mel”.

    Otras frutas como el “melón” o el “melocotón”, su significado podria provenir de el crecimiento que tienen al extremo del pedúnculo con el que se conectan a la planta, cosa que es común a todas las frutas, pero de una manera más evidente en el caso del melón, muy grande para un pedúnculo tan pequeño y estrecho. En el caso del “melocotón”, como palabra claramente compuesta por “melo” y “cotón”, podria tener que ver con el “coton” o algodón, que es la pelusa de la piel del melocotón, siendo la primera parte de la palabra “melo” el significado dado para la ''piel'' o “pell”, con un nombre tan similar a “mel”, ya que la lectura que podemos hacer de “melocotón” seria la de ''algodón'' de la ''piel'' o lado del melocotón.

    Otra palabra antes citada es “mella” del verbo “mellar”, palabra latina con idéntico significado, y que se relaciona con el significado dado para la raíz “mel” por el hecho que la “mella” es una parte del filo o otro parte de un instrumento que salta y se pierda, quedando como resultado un lado con trozos del mismo desprendidos, tal y como he definido para la raíz “mel”.

    La palabra “melan”, en griego ''negro, triste'' hay que relacionarla con el vasco “beltz”, en este caso con “b”, también ''negro'', con una posterior evolución hacia la “m”. De hecho la “m” parece no haber existido en un estadio muy primitivo, y ser el resultado de la conjunción de dos fonemas, concretamente la “n” com la “b”, como aun podemos comprobar en el nombre “ombligo”, que en catalàn ha dado “melic”, segurament provinientes de una antiguo “ume” y “licus”, de ligamento, unión, pero en donde “ume”, en vasco ''cria'', es el resultante de dos raices “on”, lugar, más “be”, bajo, es decir, ''bajo el lugar'', ja que las crias se situan debajo de la madre. Teniendo en cuenta esta intima relación entre “nb” i “m”, es preciso ver en lo negro como una percepción de lo negro, de la oscuridad, que solo es producto del cubrimiento de la fuente de luz, en el caso de la tierra, basicamente la estrella solar. El sol, cuando se oscurece, era percibido como si el cielo se cubriera de una capa, como si fueran nubes que en forma de capa tapan la luz del sol. Esta capa lo lado que tapa el cielo en la noche, seria pues la “mel” o “bel” que da la idea de oscuridad, de tristeza y de negritud.

    La palabra “melena” queda bien claramente que es una variante de “pel” (pelo, piel, cabello, vello, etc.), con esta evolución de la “b” hacia la “m”. Su realidad coincide con la de la difinición de “mel”, la melena es el costado que se desprende de la cabeza, que se separa de la misma, al igual que los otros pelos corporales que han dado otras palabras.

    En quinto lugar vemos la palabra “melodia”, derivado de la palabra “melos”, sonido, música, poesia, ya que estas manifestaciones fonéticas son sonidos que claramente se desprenden de la persona, se difunden hacia el auditorio, alrededor del que las emite, captando el mensaje que suele llevar.

    Una palabra muy utilitzado en nuestra lengua castellana és el comparativo “mejor”, que lleva la terminación típica de las características latinas de las cualidades (seni-or, am-or, dol-or, etc.), que deja, una vez separado el morfema “-or” en la raíz “mel”, palatizado posteriormente a “mell” y en el castellano evolucionado fonéticamente a “mej”. Por lo tanto tenemos en “mejor” la característica propia de la raíz “mel”. Esta, como ya sabemos, refleja el ''lado que se desprende'', que seria, pues, la virtud o característica de todo aquello que se separa o desprende de su alrededor, la excelencia de una cosa, y, por lo tanto, su superioridad de todo lo que le rodea de su género. Es decir, es una cualidad que distingue a la persona respecto a otra, en alguna de las cualidades que pueda tener, estableciendo una superioridad, separación, de la que es mejor respecto de las otras cosas comparadas.

    Dentro de la evolución fonética que con carácter general afecta a muchas palabras escritas con “l” o con “ll”, y que han dado en castellano la “j”, con sonido haspirado, encontramos algunas que no tienen una etimologia clara, pero que si parecen provenir de esta raíz “mel”. Se tratan de palabras que la Real Academia Española da como provinientes del portugués, i que en esta lengua encontramos escritas con “x”, que seria el estado intermedio entre la “ll” i la “j”. De hecho la evoluación que vemos en muchas palabras es desde la primitiva “l” hacia la palatizada “ll”, del catalán, y también a la vez o poco tiempo después hacia la “x” del gallego-portugués, siendo la “j” una evolución más tardia que las otras y que partia, seguramente, de sonidos tipo “x” gallega. Muchas son las palabras que corroboran y desmuestran que es una evolución fonética habitual: treball > trabajo, tall > tajo, all > ajo, etc.

    Volviendo a las palabras de origen portugués encontramos en primer lugar “almeja”, que junto a “mejillón”, vienen de sendos animales bivalvos, con dos lados duros y calcáreos que se abren y cierran sobre el animal que está dentro. Está pues más que clara su relación con “mel” al ser dos lados que se separan para permitir al animal alimentarse y relacionarse con el exterior marino, cerrandose en aquellos casos de peligro. En este mismo sentido, casi idéntico por su forma, encontramos la palabra “mejilla”, en donde son las dos mejillas las que cierran la cavidad bucal, y en donde aparece claro el significado de lado que se separa , más que el que nos ofrece la RAE, que hace provenir la palabra “mejilla” del latín “maxilium”, maxilar, que aun teniendo una fonética muy parecida parece obedecer a otro significado semántico, aunque ambos comparten un morfema común “il”, con el sentido de ''lado interno''.

    Siguiendo en este aspecto de cosas que se separa, un lado de otro, encontramos otras palabras como “mellizo”, que la RAE cree provenir de “gemellus”, gemelo, que aunque tiene un significado idéntico en latín tiene el sentido de ''igualar'', cuando “mel” resalta el sentido de aquel lado que se desprende, quizás porque los mellizos son en su simetria dos lados de la misma persona que se separan, engendrando dos personas diferentes pero con idénticas formas.

    Otras son las palabras que pueden compartir raiz con “mel” pero creo que las hasta ahora citadas nos pueden hacer ver que los parecidos no son fruto de una casualidad, sino el mejor síntoma de que aquellas palabras provienen de un mismo origen, y, por lo tanto, de un mismo significado.

  7. #7 lapurdi 26 de jun. 2008

    Hola Atzavara:
    Sobre lo que me pides referente al nombre de la miel en vasco, ezti, creo que tengo una posible interpretación. Como en muchos de los vocablos hace falta distinguir las raices que se aglutinan en la palabra. Ez-ti creo que puede separarse así: ez, una raiz que para el que no conoce mucho vasco puede asociarlo a su adverbio de negación "ez", no. Pero no solo quiere decir negación, o mejor dicho quiere decir ausencia, partida, salida, como nosotros tenemos en nuestros verbos o palabras que empiezan por "es-", como es-pabilar, o es.polvorerar, o es-tornudar, etc. Todas estas palabras tienen el significado de algo que sale, y por lo tanto, al salir, se vacia. de aquí su sentido de negativo. Es como decir de algo que se ha ido. Es muy parecido a nuestro prefijo "ex-": ex-marido, ex-terno, ex-portar, etc. Es decir algo que estaba y ya no está, algo que ha marchado fuera.
    -Ti es un sufijo que en vasco tiene el sentido de plural, o también de cosa nominal, propia del nombre, como en Men-di: montaña, pero creo que bien poodria ser un plural de "men", poder, potencia. O "sagas-ti" manzanal, conjunto de manzanos, etc.
    Por lo tanto "ezti", miel, podriamos interpretarlo como aquellas sustancias que salen que se van, que dejan vacios los panales, o algo así parecido. Pensad por un momento en palabras con raiz en "ez" como "eztasun", falta carencia, o "ezetorri", desconvenir (de hecho des- y ez- son muy parecidos) o "·ezegin", omitir, o lo que es lo mismo hacer ausente, o como diriamos nosotros "estar ausente", etc.
    Bien, dejo a todos vosotros que penseis si es esta la real interpretación que hay que dar a "ezti", diferente de la de "mel" o "miel.
    A propósito de "mel" hay dos palabras más que corroboran el significado que doy para esta raiz. Són "mielina", sustancia que recubre los ejes de las neuronas, de caràcter adiposo, que le da un color blanco, que contrasta con el color gris de la neurona. Actua como si fuera una membrana aislante, quizás para que conduzca mejor la corriente nerviosa.
    Una segunda palabra seria "melamina", sustancia orgánica (C3H6N6) que tiene la propieda de una resina que se engancha fuertemente y que se utiliza para recubrir tableros de madera. Ambas palabras parecen, pues, corroborar el sentido de "mel" como lado que se desprende, o quizás mejor lado que recubre, tal como es la piel, ya que en ambos casos recubre otras sustancias, sea la neurona o sea la superficie de madera.
    Son esta palabras que parecen tener un origen científico, pero desconozco el motivo de por qué se utilizó esta raiz "mel-miel" para cada palabra. Si alguien sabe de su origen quizás ayude a descubirr un poco más la semántica de esta raiz.

  8. #8 atzavara 27 de jun. 2008

    En un trabajo sobre los numerales vascos, el germanista Zytsar, hijo de un vascólogo, da su opinión etimologica sobre erle y ezti. Me pareció muy interesante.

    “El vasco er-le, “abeja”, creo proviene de ez-le id., donde la raíz *ez sería la misma que ez-ti, “miel” con el sufijo que propongo identificar al –ti/di vasco recolectivo.”

    Según este autor, -le, de er-le puede ser identificado con el sufijo agente vasco –le, autor de la acción (ikas-le, alumno de ikasi, aprender, o egi-le “quien hace, cumple” de egin) de manera que er-le, “abeja” sería por su acepción de origen “hacedora de la miel”, si contiene en su raiz *ez todo el vocablo ezt “miel” o hacedor de *ez, “algo dulce”

    Saludos Lapurdi, gracias por tus comentarios innovadores.

    Salud Servan, se aumenta la mielina con el consumo de miel.

    Salud y Gloria Caro Crougin, las danzas valencianas son muy barrocas, pero la barraca es muy sencilla.

     

     

  9. #9 atzavara 01 de jul. 2008

    También el origen de  Deméter, Ceres, debe ser buscado en libia. Se la relaciona con la adormidera, de cuyas cabezas se extrae el soporífero jugo. Las semillas de adormidera se utilizaban como condimento para el pan. Esta extraña diosa ostenta un nombre, Ceres, que pontea el cereal y el regurgito de una abeja, la cera.

    Neith, Nut, Tanis,  Atenea, que nace de la cabeza de Zeus, ¿en cuál? ¿En la que tenía forma de carnero o en la de Toro? Que misterio zoomórfico!

    Saludos.

  10. #10 slytherin 01 de jul. 2008

    Creo recortar que Graves le apuntaba un origen libio a Atenea. 

  11. #11 atzavara 12 de jul. 2008

    Hola Lapurdi
    Ertz, frontera...antes señalé la posibilidad de que proviniese del ez de ezti

    "de manera que er-le, “abeja” sería por su acepción de origen “hacedora de la miel”, si contiene en su raiz *ez todo el vocablo ezt “miel” o hacedor de *ez, “algo dulce”"

    Sobre apis y apex, pico y picar no deja de sorprender lo afinado de tus apreciaciones, y de cómo se relacionan los significados. Como si se contuvieran en ciertas raices.

    De ese modo, no deja de ser extraño que cereal y cera se relacionen con la diosa Ceres. Que acaba con una cultura recolectora y respetuosa, dando paso a la depredación agrícola.

    Salut i força

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