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martes, 15 de enero de 2008
Sección: Artículos generales
Información publicada por: lapurdi


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La vela i el vigia

Hay ciertas palabras que a veces confundimos por su homonimia: revelar, rebelar, velar, vela, velo,... Aparentemente algunos son casos casuales de homonimia, pero, ¿no podria ser que no fuera casualidad, sino la pervivencia de una raiz "bel" más antigua que el latín?

La raiz "bel"

Las primeras pistas que me llevaron a creer en la existencia de la raiz “bel”, o al menos de la que supongo raiz “bel”, fueron una serie de palabras diferentes pero con un cierto parecido formal y de contenido. Estas son: “pelo”, “cabello”, “vello”, “vela” (de barco), “vela” (de cera), “belar”, en vasco ‘hierba’, “biela”, etc. En todas ellas podemos observar, además de un parecido fonético evidente, un parecido semàntico, ya que en todas esas cosa, descritas por las palabras correspondientes, son parte de un cuerpo o una cosa que sobresale del cuerpo o de la cosa, y que de alguna manera se apartan de ellos, tal y como podemos entender que hacen los pelos, la hierba o la vela de un barco.

 

Respecto a su composición fonética creo que “b-el” está compuesto de dos subraices: “b-“ más “-el”. La segunda, “el”, se refiere al lado (“l”) que está situado al límite (“e”). Y la primera es muy probable que provenga de la raiz “ab”, tan frecuentes en muchas palabras (ave, avanzar, abdicar, abstraer,etc.), y con el significado de lo que se separa (“b”) del exterior (“a”). Por efecto de la contracción y de la tendencia de las lenguas indoeuropeas a iniciar las palabras por consonante, es de suponer que la  “a-“ inicial se fue perdiendo hasta elidirse del todo, quedando simplemente “bel” de una raiz inicial “abel”, con un significado inferido de ‘el lado del límite que se separa hacia afuera’.

 

Extendiendo un poco el concepto de las primeras palabras adoptadas como pistas, pude llegar a palabras un poco más diferentes como: “piel”, “peladura”, “velo”, “belarri”, ‘oreja’ en vasco, “belaun”, ‘rodilla’ o ‘descendiente’, también en vasco, “beldor”, ‘piel fina’, en el mismo idioma, etc. Todas ellas comparten la raiz fonética, pero cada vez se hace más difícil ver su entronque con el significado básico de “bel”. De hecho las telas o velas de los veleros son ropas que se añaden o superponen al barco, como los velos, y que se encuentran a su lado,  cubriendo en parte la superficie del barco. Lo mismo ocurre con las partes del cuerpo que se separan de su superficie como la oreja, la rodilla, en cuanto forma parte de la pierna, etc.

 

Siguiendo en la serie de palabras con base “bel” y yendo a significados menos físicos y más psicológios o figurados, encontramos la palabra “beltz”, ‘negro’ en vasco, que se rleaciona con toda una serie de palabras vascas como: “bele”, ‘cuervo’, “belarrurdin”, ‘violeta’, “beldur”, ‘miedo’, o “belutu”, ‘hacerse tarde’. Todas ellas parecen obtener su significado de la oscuridad, de la ausencia de luz. Pero yo creo que es la posición del sol la que se describre, su trayectoria que se separa del punto de salida, al oriente, y traza una linia hasta llegar al punto de puesta o ocaso, momento en que los tonos y las luces se hacen más oscuros, además de hacerse tarde. Bien, tan solo es una hipotesis o posibilidad a tener en cuenta.

 

Otras palabras con sentido figurado o psicológico son las derivadas del latino “bellum”, ‘guerra’, con toda una bateria de derivados en “rebela”, “bélico”, “repelir”, etc. En estas palabras el significado etimológico proviene del hecho que quien se rebela se levanta, se pone en pie, erecto, como forma de plantarse , de enfrentarse a aquello o aquel que lo somete, que lo mantiene agachado.

 

Incluso palabras que aparentemente no llevan la raiz “bel” como es “vigilar”, no deben alejarnos de esta raiz, ya que la evolución fonética que a veces padece la “l” puede llegar a dar “g/j”, siguiendo esta evolución: l > ll > g/j, llegando a dar palabras con raiz “beg” o “vij” en lugar de “bell”. Además, por efecto de la debilitación de la “e” puede llegar a canviar a “i”. De aquí que “vigilar” tenga un significado idéntico al de “velar”, y que la supuesta evolución de latin “vigilar” a “velar” sea más entendible a la inversa, es decir de que de “velar” surja “vigilar”. También las palabras “vegetal” o “vigil” siguen evoluciones fonéticas idènticas a “vigilar”, y todas ellas conservan el concepto semántico de ‘aquello que se separa de la base’, y que por ello se mantiene en pie, levantandose desde la base, y en contraposición a la situación tumbada o de caida.

 

Vigilia o vela

Veamos como estas palabras que parten del latín, y que por efecto de 2.000 años de evolución fonética adoptan formas un tanto diferentes, o que parten del vasco, que a pesar de posibles evoluciones fonéticas, no conocidas en la profundidad del latín,  seguramente son menores que las del latín a las lenguas romances, ya que el vasco es una lengua eminentemente conservadora en su léxico básico.

 

Cuando se trata de buscar la etimologia de palabras como “piel”, “cabello”, “vello”, “pelo”, etc., podemos ver que son variaciones en la vocal que ya en el mismo latín se presentava. Al lado de nombres como “pilus”, ‘cabello’, ‘pelo’, “villus”, ‘pelo’, ‘vello’, tenemos otras con “e” como “pellis”, ‘piel’, ‘cuero’, o “vellus”, ‘lana’, ‘vello’. En ellos podemos ver una oscilación entre la “i”  y la “e”, lo que nos hace ver que el origen etimológico tanto pudiera ser con “i” como con “e”, aunque, yo, por todas las otras palabras con raiz en “bel”, optaré sin dudar por “e”.

 

También cuando se trata de buscar antecedentes de la palabra “vela”, referida al cirio, ya que referida a la del barco parece ser opinión general que proviene del latín “velum”, lona, tela, o de “velamen”, cobertor, de lo cual yo tengo mis dudas, o al verbo “velar”, referido a la acción de permanece despierto, de pie, ya se ajunto a personas o cosas, a las cuales se acompaña, sin desplazamientos, siempre los diccionarios etimológicos nos remiten al verbo latino “vigilare”, que por evolución fonética ha dado, dicen ellos, “velar”, en castellano, “veiller”, en francés, “vetllar”, en catalán, o “vegliare”, en italiano. Yo creo que ni por su fonética, ni por su semàntica, podemos confirmar tal evolución. Lo más lógico seria partir de la rail “bel”, como en “velar”, y ver que por efecto de debilitamiento de la vocal podria variar de “e” a “i”. La evolución lógica y posible seria: bel > biel > biell > biegl > bigl > vij. Luego, con el morfema adjetivo “-il”, daria la palabra “vigil”, con el significado de ‘despiero’, aunque creo que seria más propio decir ‘en pie’, ya que su significado no podemos asociarlo con el hecho de estar despierto unicamente, pues la “vigia” puede abarcar momentos diurnos, donde no es necesario mantenerse despierto, pero si alerta, en pie, en posición atenta y activa a lo que acontece a nuestro alrededor. Igualmente pasa con la palabra “vela” (cirio), asociada a la “vela” o “vigilia” nocturna. De hecho, tal y como he dicho con “vigilia” no se puede asociar a la noche, y a su actividad de dar luz durante la noche, sino que se puede iluminar igualmente cualquier habitación, que este oscura, aunque sea de dia. Sin embargo, de la “vela” si que podemos observar su posición erecta, levantada, sobre el candelabro.

 


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Comentarios

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  1. #1 lapurdi 18 de ene. 2008

    Querria hace un segundo apunte sobre la presencia de esta raiz "bel" en la toponimia de nuestro celtibérico suelo. Sobre este tema un recuerdo especial al escrito y filologo Xaquin Caridad Arias, que en su libro sobre los nombres de Cataluña también hace una aportación sobre la significación de la raiz "bel", pero la relaciona con el mundo celta y le da el significado de un dios, ya sea de la guerra o cosas por el estilo. No voy por los mismos derroteros, pero si que reconozco su labor de rescate de raices prelatinas, sobretodo galas o celtas.

    La raiz "bel" es abundante y, a la vez, curiosa su presencia en el nombre de muchos pueblos, seguramente por el hecho de que una de las funciones más importantes de los primeros asentamientos humanos fue la de lugares de vigia, de control, de aviso, y que se encontraban en ciertas zona estratégicas, lugares de paso, cruces de caminos, para poder proteger y guardar sus pueblos de la acción de otros pueblos foráneos.

    Una de las primeras premisas para no confundir los pueblos que llevan la raiz "bel" o "vel" es la de separarlos bien de aquellos que tienen la raiz "bil" o "vil" que dan nombres latinos tipo "vila..." o "villa...", o otros de diferente procedencia iniciados con "bil" o "vil". En el caso de pueblos de raiz "bel", especialmente los situados en zonas de habla catalana, hemos de tener en cuenta su i´déntico parecido con la palabra "vell", viejo, procedente del latino "vetulus", y que por el hecho de estar escritos con "v" se asocian a esta etimologia latina: "viejo". Tenemos especialmente en la zona occitana pueblos como "Vielle" o "viella" que coinciden perfectamente con el adjetivo "vielle", viejo. Precisamente la capital del Valle de Aran es Vielha, escrito con grafia occitana, y es interpretada por muchos lingüistas como "vieja", pero como veremos enseguida seria más correcto asociarla a la raiz "bel", con su significado genérico de "vigia, guardia, control, etc". También en el Pirineo catalan encontramos el pais de Andorra, con su capital en el pueblo de Andorra la Vella. Ya algun autor que ha estudiado los topónimos de ese valle dió su voz de aviso para que no se confundiera esta palabra, "vella", con el adjetivo catalán "vella", vieja. Respecto a esto hay que tener en cuenta que en castellano, donde no se da esta homonimia, hay poquísimos pueblos con el nombre de "viejo" o "vieja", sobretodo cuando actua como nombre y no como adjetivo como es el caso de Torrevieja.

    En Cataluña también son muchos los nombres que se inician con "bell-", y muy especialmente en la comarca del Urgel. Siempre se ha recurrido, al estar escritos con "b" i no con "v" al nombre latino "bellus", bello, para explicar el origen de estos topónimos: Bell-lloc, bello lugar, Bellpuig, bella colina, etc. Creo que habria que releer estos topónimos y no emparentarlos directamente con el latín, quizás porque en la edad media, los escribanos que dominaban esta lengua como lengua de escritura, hacian una latinización de muchos topónimos para ellos inintelegibles. "Bellver" habia de ser "bellus", bello, "videre", ver, "Bellvis" exactamente lo mismo, cuando son pueblos que tienen vistas iguales que las de otros pueblos. Fuera de las zonas de habla catalana ya no es normal encontrarse la "l" de "bel" palatizada, es decir, convertida en "ll". Por ello encontramos pueblos como Velez, Belmonte, Velaz, Belagua, etc., aunque alguno si he encontrado como "Bello", etc. Entre todos ellos encontramos un pueblo cuyo nombre se repite en al menos 20 pueblos, todos ellos en zonas de habla castellana, o al menos ni catalana ni gallega. Se trata de Velilla. Un nombre que casi siempre se acompaña del "de ...". Tenemos Velilla, La Velillas, Velillas, Velilla de....

     

    Todos estos "velilla" parecen estar relacionados con lugares donde existe un control visual sobre caminos, puentes, o lugares de paso cruciales, por donde pudieran venir peligros, enemigos o cualquier otro elemento que se quiera controlar. Este interés por vigilar, controlar o velar, debió ser el origen de un primer puesto de guardia, que luego pudo evolucionar hacia todo un pueblo de casas. El hecho de que las diferentes Velillas lleven un "de..." significa que eran un servicio que prestaban a la comunidad del pueblo de origen. Así Velilla de Medinaceli debia de servir y pertenecer al pueblo de Medinaceli. Otras muchas eran lugares de control sobre el paso de un rio, como Velilla de Jiloca sobre ese rio, o del Rio Carrión, como su nombre indica, o de Ebro, de Cinca, sobre esos rios.

    Ya para acabar un pequeño apunte sobre el sufijo "-illa" de Velilla. Este siempre se ha dado en remitirlo al diminutivo latino "ellus", del cual derivan tanto el catalan "ella" o "ell", como el castellano "illo" o "illa", que son fruto de la diptongación de la "e" de "ellus" en "ie", para finalmente quedar en "i". Muchos casos de palabras acabadas en "-illo" no tienen sentido de atribuirlas a un diminutivo. Tenemos el caso de la palabra "castillo", que a diferencia de "pit-illo", diminutivo de "pito", no tiene ningún sentido derivarla de una palabra como "casto", ya que no existe, al menos como edificio. Si tomamos otros origenes, como por ejemplo el vasco, tenemos la palabra "erai", construcción, que muy facilmente podria dar sufijos en "ella", "ell", "iel", "iella", "illo" o "illa", y má que esa "r" en la antigüedad podria ser "l", es decir, "elai". En todos los casos vemos como la "l" de "elai" se palatiza a pesar que no sea esto habitual en zona no catalanas. Curiosamente la antigua ciudad vasca, hoy yacimiento arqueológico, de veleia podria ser un caso más de Velilla, pero con un sufijo "eia" aue responde a un lugar de habla vasca que no diptonga la "e" de "ella" y donde la "ll" no es descrita como "ll" sino como "i".

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