Autor: Trono
miércoles, 26 de diciembre de 2007
Sección: De los pueblos de Celtiberia
Información publicada por: Trono
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Etimología de las palabras para dirigirse a los animales.

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Yo no tengo ni idea de lo que voy a proponer,ni siquiera de como proponerlo pero tengo la convicción de que es posible que salga algo interesante de esto:

En las aldeas de Galicia al menos,cuando nos dirigimos a un animal,una gallina,un caballo,un perro,etc,empleamos unas palabras que de por sí no tienen un significado concreto,y sospecho que pueden ser restos de ancestrales lenguas que pudieron haberse conservado en estado más o menos puro ya que nunca estuvieron sujetas a ningún tipo de manipulación o coacción porqué nunca fueron tenidos en cuenta por la oficialidad linguística.

Por ejemplo :

IXCA !  =  En mi aldea se les dice a las gallinas para que se vayan,que se aparten de un lugar.

¡ASA!  =  Se le dice a un caballo para que levante la pata.

XO !!  =  Se le dice a un buey,vaca,burro,para que se detenga. 

ARRE !! = Se le dice a un burro,una mula para que camine.

Sé que este comentario es muy genérico y muy abierto,pero...¿Sabeis más palabras relacionadas con esto ? ¿ Puede dar de sí esta bobada ?

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Comentarios

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  1. #1 Brandan 11 de ene. 2008

    No he podido evitar, leyendo sus comentarios, que viniesen a mi entendimiento unas reflexiones de las que tengo la intención de hacerles partícipes, si no tienen inconveniente.

    Parece que el ser humano -hablo del ser humano actual que cae bajo mi foco de observación, aunque presumo que es costumbre muy antigua- se dirige a los seres que considera privados de razón en un tono acorde con sus intenciones. Y no importa tanto, al parecer, qué se diga, sino cómo se dice; esto es, cómo se transmite al ser en cuestión un mensaje determinado. Llamo aquí la atención sobre la manera en que se habla habitualmente a los bebés, que a algunos les parece extremadamente ridícula, pero que no es cosa nueva ni probablemente tan absurda como se cree, porque no se trata de hacerse inteligible ante un ser que no es aún inteligente, podría decirse, sino de transmitirle sensaciones a través de sonidos que afectan a la emoción, al instinto, a la vez que se le instruye básicamente.

    En lo que se refiere a los animales, en general, no hay lenguajes universales, quiero decir que no hay una interjección -por simple que ésta sea- que entiendan todos o muchos de la especie a que vaya dirigida. Otra cosa es que por convención, imitación, o préstamo, se haya introducido en diferentes idiomas el mismo vocablo o expresión.

    Para los denominados salvajes -categoría inventada para designar a aquellos a los que no podemos dominar o con los que no podemos establecer acuerdos, o sea, los que no se dejan con-vencer, no inventa el hombre lenguaje alguno, salvo la imitación de sus propios sonidos, o los de especies asociadas, con fines de reclamo. Teniendo en cuenta que en principio todos los animales (hasta hace unos 15 o 20.000 años) entraban dentro de la categoría descrita, no sería quizá descabellado pensar que los primeros intentos de comunicación surgidos de esta técnica, pudieran servir también para transmitir señales una vez que el proceso de domesticación fuese avanzando; que éstos se hayan conservado es cuestión que estamos muy lejos de poder demostrar, sin embargo, sí nos atrevemos a pensar que las voces utilizadas para transmitir ciertas órdenes a animales que han supuesto una importante -a veces importantísima- contribución al desarrollo económico, sí han introducido en el lenguaje una impronta imborrable; hasta hoy. Y es que desde este hoy quizá se haga ya difícil pensar en lo que supuso para el hombre del Neolítico -o aún anterior- la posibilidad de contar con tracción animal, en el caso de algunas civilizaciones fue el burro el elegido, en otras el camello, en otras el reno, en otras el buey. La utilización del caballo para estos menesteres, carga y trabajo, los tengo por bastante posteriores, aunque no puedo afirmarlo tajantemente, la mula, lógicamente, es posterior al burro y su propia existencia indica ya un alto grado de domesticidad de éste.

    Centrémonos en el burro por ser éste el animal que ha terminado afectando de forma definitiva a nuestra propia cultura.

    Me apoyaré en el comentario de Lapurdi para exponer la cuestión… “También el famoso "ar" o "arre" es utilizado para dar la salida, para arrancar un vehículo o animal. Se basa en el sonido "r" que significa 'correr', 'extenderse', más la vocal "a" con el significado de 'exterior'”

    Muy correcto: entendiendo que se utiliza para dar la orden de salida a un animal, o a un vehículo, sí, pero de tracción animal; si se me permite la puntualización.

    ¡Arre!, efectivamente, es una interjección; esto es, una categoría de palabra que transmite una impresión, que quiere im-presionar. En este caso concreto -el del arre- la observación de Lapurdi es especialmente oportuna, porque no se trata sólo de que el animal arranque, sino de que continúe andando hasta que se le indique lo contrario: el ¡Sóoo!; con mucha suavidad en Sonname w:st="on" productid="la S">la SSonname>, que es sonido de alarma para casi cualquier animal, y transmutado frecuentemente en un simple ¡Hóoo!, que debemos presumir -se me corregirá si me equivoco- trata de transmitir un efecto de sosiego.

    Y arre es efectivamente voz para estimular, es decir, para aguijonear, punzar, incitar, excitar, lo que está, a mi juicio, describiendo el acto de pinchar con una vara al animal en cuestión.

    No se nos escapa que  el adiestramiento de un animal conllevaba -hasta el invento del susurro al que el pobre asno ya llegó tarde- una cierta dosis de violencia, al menos inicialmente. La clave parece estar en conseguir que la bestia actúe mediante un reflejo condicionado, y mediante este método se consiguen resultados tan complejos como el sofisticado adiestramiento de los perros pastores, como muy bien hacen notar Eina y Verracus, y el aún más complejo de algunos simios; aunque el principio, si no estoy equivocado, viene a ser básicamente el mismo.

    En primer lugar hay que despojar al animal de su salvajismo, esto es, de su instinto, de su ansia de libertad, y hacerle comprender que no tiene escapatoria posible, que está donde está contra su voluntad, en definitiva, que está sometido a una voluntad ajena.

    Cuando asume -instintivamente debemos suponer- que no es posible rebelarse contra esa voluntad, puesto que cada vez que lo hace sufre violencia, y notando que el sustento no le falta, al menos en lo imprescindible, se abandona en brazos de esa voluntad superior para que dirija su destino. Y aquí comienza la verdadera comunicación.

    Ya está preparado para recibir órdenes, y la primera orden que entiende es el pinchazo de la vara, bien que éste se irá atenuando hasta que cobre fuerza la voz que simultáneamente se ha introducido en su memoria, creando el reflejo condicionado a que me refería, y que hará menos necesaria la violencia.

    Este ya extenso comentario con el que seguramente he conseguido un general efecto narcótico entre los lectores -si los hubiere- viene a ofrecer la conclusión de que, en mi opinión, repito, esta voz en concreto, el arre, si proviene de una onomatopeya no podemos demostrarlo, y a mí más bien me parece que ese arrr del que nos habla Lapurdi, sí es raíz que debió designar una orden de movimiento frontal, una señal para la ejecución de una acción de desplazamiento hacia delante, y que está contenido en palabras que aún hoy están relacionadas con la caballería pero que han tomado ya sus propios caminos: como el propio arre, pero también arreo, arrear. Esto sin considerar la posibilidad de que en carro, carrera, carreta, carretera, etcétera, no esté contenida esta raíz, lo cual me parece altamente probable, y recordando que el propio ¡arrr! En su uso castrense, que no es otra cosa que una orden tajante de acción.

     

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