Autor: Alevin
viernes, 21 de diciembre de 2007
Sección: Edad Media
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Breve historia del Paraiso

Los Perdidos, los Soñados, los Deseados, los Prometidos

paraíso.

(Del lat. paradīsus, este del gr. παράδεισος, y este del avéstico pairidaēza, cercado circular, aplicado a los jardines reales).

1. m. En el Antiguo Testamento, jardín de delicias donde Dios colocó a Adán y Eva.

2. m. Cielo, lugar en que los bienaventurados gozan de la presencia de Dios.

3. m. Sitio o lugar muy ameno.

En este artículo trato de teorizar sobre la tendencia que la humanidad siempre ha tenido de encontrar un lugar idílico donde desarrollar sus posibilidades como sociedad, lejos de  inseguridades, tanto económicas como espirituales, o incluso de salud. Por supuesto que al enfrentarnos a la relación Paraíso-Historia-Humanidad el enlace más primitivo y fuerte aparece relacionado con la religión. En todas las religiones nos encontramos, en origen, dos puntos en común:

          

  1º.-La existencia de una creación (que tiene implícita una fecha de destrucción) .

2º.- La evolución de esa creación a lo largo de su finita existencia.

Sobre el segundo punto existe ya la ciencia llamada Historia que se encarga del estudio y desarrollo de la existencia de la humanidad. En cuanto al primer punto surge la figura de un Mito en forma de un lugar impreciso y que,  bajo el nombre de Paraíso o Edén, esta poblado de todo tipo de especies vegetales y animales,  que parecen no tener otro objeto que el de estar al servicio de una humanidad primigenia, creada por un Ser o Seres Superiores, que siempre, por diversos motivos, termina por perder sus derechos a habitar tan mágico lugar y es bruscamente arrojada  a la cruel realidad de la existencia,  con sus partos con epídural, sus colas del paro y su Seguridad Social.

Pero al mismo tiempo, y es una de las maravillosas virtudes de esta humanidad, surge un afán de superar el trauma de la expulsión con la creación de otro sentimiento, la esperanza en la recuperación de esos privilegios perdidos, que lleva a los hombres, a lo largo de los siglos, a fabular en la búsqueda de diferentes opciones (económicas, políticas o espirituales) que la acerquen en lo posible a esa vida paradisiaca de la que guardamos memoria en lo profundo de nuestra mente.

Aclaro que no es mi intención hacer una Historia de la Humanidad ni siquiera una Historia de las Religiones, simplemente me limitaré a exponer, de forma resumida, algunos de los medios de los que la humanidad  se ha ido valiendo a lo largo de la historia para tratar retornar al paraíso perdido o, al menos, sublimar el sentimiento de perdida.

LOS PARAÍSOS PERDIDOS

El primer paraíso de los dioses sumerios se llama Dilmun, tierra feraz donde no existen el dolor ni la muerte aunque tiene un pequeño inconveniente, la falta de agua. Para solucionarlo el dios Sol, Utu, la busca en el centro de la Tierra y, sacándola al exterior y aplicándola su calor, por evaporación, la convierte en nubes que  descargan sobre la tierra formando los ríos  Tígris y  Eúfrates. Solucionado el problema del regadío, y dado que los dioses sumerios eran un poco “cutres” y tenían que trabajar para comer, recurren a En-ki, dios del agua y de la sabiduría, para que cree unos seres a imagen de si mismos con el fin de que carguen con las labores más pesadas. Para ello En-ki forma un corazón con arcilla, Nanmu, diosa del mar, forma las extremidades y Ninma(diosa de la Tierra) les modela la forma. Así nació la humanidad sumeria a la que se ubicó en  un lugar llamado Hursag, otro tipo de paraíso donde los hombres vivían dichosos rodeados por los animales y herramientas necesarios para la realización de su trabajo al servicio de los dioses. Pero esto acaba el día aciago en que En-ki, que sería dios de la sabiduría pero que no la practicaba lo suficiente, se rebeló contra En-lil, dios del aire y rey de los dioses, siendo derrotado y arrastrando en su destierro del Dilmun a sus partidarios y protegidos, entre los que estaban los hombres, que debieron abandonar también su Hursag perdiendo con ello el derecho a la inmortalidad, la  inmunidad ante las enfermedades y el don de una lengua común, con lo que empezó a florecer el negocio de las academias de inglés.

En la mitología griega el hombre nace de un juego que Prometeo y Zeus se traían entre manos. El asunto consistía en que el primero modelaba figuras de barro a las que el segundo insuflaba vida. Un buen día Prometeo crea una figurilla, cuya imagen imitaba a la de los dioses, de la que se encariñó tanto que hizo varias réplicas, con lo que nació la humanidad. Esta primera humanidad vivía libre, sin necesidad de trabajar, sin leyes ni dinero, por lo que no necesitaban ni murallas o armas. El caso es que Prometeo protegía tanto a los humanos que no pudo evitar poner celoso a Zeus, celos que explotaron cuando Prometeo les hizo dueños del fuego, por lo que Zeus castigó a Prometeo a que un águila le devorase eternamente el hígado, limitándose a dejar a los hombres sin protector como todo castigo hacia estos, al menos hasta que la buena y curiosa de Pandora, que por cierto también fue creada en plan alfarero por Hefestos,  no pudo reprimir su malsana curiosidad y abrió el cofre que Zeus, con su mala idea habitual, le había entregado como regalo de boda, con lo que todos los males que allí había encerrados se desparramaron sobre la humanidad.

Sobre el Edén, paraíso judío, cristiano y musulmán,  la Biblia da una descripción coincidente con los paraísos anteriormente mencionados, con la diferencia de que aquí, entre los campos y los árboles feraces aparece uno en particular, el Árbol del Bien y del Mal, que no puede ser tocado por sus habitantes, Adán y Eva, la pareja primigenia, que por cierto, son creados  por un sistema ya conocido por nosotros. El hombre es creado y moldeado en barro por Dios que, de una de las costillas, crea a la mujer.

Y aquí se nota la influencia sumeria en el relato, pues nos recuerda  como el dios sumerio Enki come de ocho plantas prohibidas (alusión al Árbol del Bien y del Mal) enfermando ocho partes de su cuerpo, por lo que su madre, para curarlo, crea ocho diosas y, que casualidad, la que le cura las costillas se llama Nin-ti, que significa “la señora de la costilla” o “la que da vida”, justo el significado de Eva en hebreo.

El resto de la historia, incluida la faena que nos hizo Eva, ya la conocemos, así como el enfado que agarró Dios-Yaveh y su desconfianza ante la posibilidad de que el hombre accediera a la inmortalidad después de haber tenido contacto con el conocimiento, por lo que los expulso del paraíso condenándonos a todos a lo que tan bien conocemos.

LOS PARAÍSOS SOÑADOS

 

A lo largo de la historia de la humanidad ha habido muchos pensadores que han soñado con otro mundo habitado por una sociedad sin los defectos de la que les había tocado vivir, incluso dejando a un lado las  creencias religiosas. Por supuesto que el nuevo planteamiento social tiene que empezar por la reforma del Estado, con lo que conlleva pasar por encima de los políticos y de sus promesas vacías. Los principales precursores serían:

Platón (c.427-c.348 A.C.)

En su obra “La República” nos plantea un estado dividido en tres clases:

·        Los Filósofos, serían la clase gobernante. Incorporarían a los ciudadanos más inteligentes y virtuosos dentro de la clase aristocrática, que sacrificarían su vida privada, bienes  e incluso familia por el Estado, gozando de la recompensa de ser los creadores de las leyes que gobiernan dicho estado.

·        La Clase Media, compuesta por funcionarios y soldados, que no deben sacrificar ni sus bienes ni su vida privada, pudiendo tener esposa, y siendo sus hijos el semillero de donde saldrían los futuros filósofos.

·        La Clase Baja, formada por la plebe, cuyo deber sería acatar las Leyes del Estado sin protestar y ejercer los trabajos manuales proveyendo las necesidades de los dos grupos anteriores.

Posteriormente Platón va, supuestamente, democratizando  sus conclusiones y en su nueva obra,  “Las Leyes”, ya es una Asamblea legislativa popular la que dirige el Estado, aunque, eso sí, dirigida por una especie de Consejo secreto compuesto, que casualidad, por filósofos. No será la última vez que Platón se dejará influir por los acontecimientos que conllevaba su movida existencia y o no escarmienta o no acaba de encontrar acomodo en su mente su Estado ideal, pues nos propone inéditas novedades en un tercer libro, “El Político”, donde se muestra ferviente partidario de un gobierno monárquico  antes que uno democrático y,  por  supuesto, ni oír hablar de la oligarquía, aunque no olvidemos que él provenía de un origen aristocrático y terrateniente. En esta obra deja claras las diferencias entre Rey y Tirano basándose en el sentido electivo del pueblo, aunque ese sentimiento no sea esencial para la justificación del hecho, sino a la justicia o no de la acción, por lo que en un momento dado justifica la licitud de una Dictadura cuando “los hombres se vean forzados a obrar lo más noble, más justo y mejor contra las leyes escritas y las tradiciones”, un verdadero “coladero” para cierto tipo de gobernantes.

El verdadero motivo de los cambios de las doctrinas políticas en los escritos de Platón es probable que tuvieran origen en su relación con el rey Dionisio II de Siracusa, que gustaba de su compañía y hacía a nuestro filósofo vagas promesas de aplicar sus teorías de gobierno, sin lograrlo al fin. Por cierto que uno de los avances sociales que plantea Platón es la igualdad entre hombres y mujeres, teniendo ambos una misma educación y oportunidades para alcanzar las más altas magistraturas .

Tomás Moro(1478-1535)

Su gran obra es “Utopía”, cuyo título proviene del griego “OÚ”(no) y “TÓTTOÇ”(lugar), o sea, “Ningún lugar”, con lo que Moro ya nos da la clave de que todo lo expuesto en su obra es pura fantasía, aunque el fija el espacio en una isla americana donde todo se comparte, no existe la propiedad privada, no se necesita la moneda ya que no hay comercio y que cuando alguien necesita alguna cosa no tiene mas que pasarse por el almacén público a proveerse, incluida la casa, pues para evitar desigualdades y favoritismos cada diez años se deberá de cambiar de domicilio tras la celebración del sorteo correspondiente. Utopía está gobernada vitaliciamente por un príncipe que, eso sí, podrá ser depuesto en caso de atentado contra el bien común . El príncipe se verá ayudado por una Asamblea elegida democráticamente y que se renueva cada año. Todos lo habitantes son iguales y todos están obligados a ejercer la profesión para la que se encuentren más capacitados, excepto en el caso de la agricultura, que será un trabajo obligatorio para todos durante un mínimo de, al menos,  dos años. La religión va unida al sentido moral del individuo y, aunque no hay ninguna oficial, todos los habitantes están obligados a practicar alguna. Quien atenta contra la convivencia sufrirá un castigo a trabajos forzados, que podrá ser a perpetuidad si hay reincidencia. La mujer goza de los mismos derechos que el varón, incluso el del sacerdocio. Existe la eutanasia para los enfermos incurables, aunque antes se les da la opción de dejarse morir de hambre.

Por desgracia para Moro le tocó vivir en un país y una época un tanto convulsa, la Inglaterra de Enrique VIII, bastante alejada de su modelo “utópico”, y el no reconocer la supremacía del poder real sobre la Iglesia le costo la cabeza.

Tomasso Campanella (1568-1639)

Controvertido calabrés de la Orden de Predicadores que tuvo sus más y sus menos tanto con la Inquisición como con las autoridades, lo que llevó a ser encarcelado. Y es durante su encarcelamiento cuando escribe la que será su obra más conocida, “La Ciudad del Sol”.Se traslada en su obra a Ceilán, donde nos presenta una sociedad gobernada por un jefe supremo, Hoh (“el Metafísico”), asistido por tres ministros, Pon (Poder), Sin(Sabiduría) y Mor (Amor), que se ocuparían de todas las decisiones, desde la Guerra a la Educación, incluido la administración del sexo para conseguir una descendencia lo más sana posible. Para ello las mujeres más hermosas se unirían con los varones más fuertes e inteligentes, las más gordas con los más delgados y las más flacas con los más gordos. Por supuesto que todos los bienes son comunes y no existen las clases sociales. El trabajo es obligatorio según las aptitudes de cada uno, claro que solo durante cuatro horas diarias y hasta la jubilación a los 45 años de edad (seguro que alguno aún se preguntará por las vacaciones). En su obra se nota una cierta influencia tanto de “La República” platoniana como de la “Utopía” de Moro. Y para que se notase que D. Tomasso era fraile pues se inclina por la religión de los primitivos cristianos.

Lo principal de su obra es el presentar una sociedad armónica siempre que se resuelvan las diferencias económicas,. aunque tiene fallos en cuanto a solucionar la libertad individual, pero claro, en aquella época en que los gobernantes eran autoritarios y además todo se consideraba que provenía de Dios, ese aspecto no era tan importante.

Francis Bacon (1561-1626)

Aplico sus ideas de dominar la naturaleza y renovar la sociedad a través de la organización y la investigación científica en su obra “La Nueva Atlántida”, país mítico que situaría en Jerusalén, donde propone una monarquía en la que si existiría la propiedad privada, gobernada por una institución llamada “La Casa de Salomón”, compuesta por científicos, clase social que forma la elite del país,  cuyos adelanto son tales que pueden expresarse en los siguientes términos :”...imitamos el vuelo de los pájaros, puesto que hemos logrado volar, tenemos barcos y navíos que navegan bajo el agua, poseemos extraños relojes y conocemos algunos de los secretos del movimiento continuo, somos capaces de imitar los movimientos de los seres vivos gracias a reproducciones de hombres, fieras, pájaros, peces y serpientes...”. Su doctrina pasa de una utopía social a una científica, a menudo profética, tal y como hemos visto .

El catalogo de soñadores e bastante más amplio, pero sirvan los arriba expuestos como muestra, y su coincidencia casi unánime en que  la propiedad privada es fruto del egoísmo y que este es el mayor obstáculo para la felicidad humana.

LOS PARAÍSOS DESEADOS

 

Mientras el hombre no conoció el sentimiento de propiedad no hubo necesidad de dinero o armas, ya que al compartirse todo no existían los ladrones. El problema surge cuando, por ejemplo, un pastor se encariña con una flauta que le costó especialmente fabricar o un labrador se niega a trabajar otra tierra que no sea aquella que esta al lado de su casa y tan bien situada en un llano o, simplemente, un hombre se encariña especialmente de una mujer y se niega a compartirla. A partir de estos momentos es cuando la sociedad comienza a descomponerse y, para evitarlo, se crean normas que llevan a la división tanto de clases como de tareas. Cuando una sociedad , o iglesia, es pobre todo se comparte pero cuando comienzan a afluir las riquezas enseguida aparecen los ambiciosos, casta existente en todas las sociedades emergentes, y o no reparten las riquezas o lo hacen entre ellos.

Contra este estad de cosas siempre ha habido grupos que se revelaron tratando de volver a los tiempos de la verdadera comunidad de bienes. Primeros ejemplos de ello serían el monacato y las ordenes mendicantes que, prefiriendo la pobreza como forma de vida, esperaban a cambio el ganar el cielo. Pero también hubo otro tipo de sociedades en donde, aunque contasen con cierta riqueza, se buscaba el bienestar igualitario para todos. Las sociedades de esta clase más conocidas fueron:

Las Reducciones del Paraguay

A finales del s.XVI, tras un comienzo un tanto violento con los más que escamados indígenas, que huían del hombre blanco, los jesuitas logran crear diversos poblados que dependían directamente de la Corona, lo que les ponía a salvo de encomenderos y traficantes de esclavos. En estos poblados los indios dependían exclusivamente de sí mismos, basando su convivencia en la solidaridad. Las tierras se dividían en privadas y comunes, trabajándose las primeras durante cuatro días a la semana y las segundas durante dos. La producción se guardaba en un almacén público a nombre de cada propietario, el cual, de su parte, podía retirar la cantidad que estimara oportuna para su personal consumo. La producción de las tierras comunes se destinaba a los desfavorecidos (ancianos, viudas...etc) y a los artesanos, que no trabajaban la tierra. La excedencia y los productos artesanales se vendían en las poblaciones más próximas. Toda la organización estaba   administrada por los propios indios, debiendo los misioneros cubrir sus necesidades personales con las retribuciones que recibían, tarde y mal, de la Corona.

Lo cierto es que las reducciones se desarrollaron prósperas, a pesar de inevitables enfrentamientos con las autoridades o los encomenderos, pero fueron generalmente bien toleradas, ya que pagaban puntualmente los diezmos tanto a  las autoridades civiles como a las eclesiásticas, y todo a pesar de ser un refugio de esclavos indios fugados de las haciendas vecinas. Todo se vino abajo con el decreto de expulsión de los jesuitas, dado por el rey Carlos III en 1764, que en Paraguay comenzó a aplicarse cinco años después, en 1769. Aunque se intentó sustituir a los jesuitas por clero regular, los intereses ya no eran los mismos y los indios fueron abandonando los poblados paulatinamente y regresando a la selva, desapareciendo la última reducción en 1815, en Brasil, dando fin a unos paraísos que se habían mostrado viables y prósperos.

Los Falansterios

Eran una especie de comuna basadas en las ideas de un tendero arruinado, François Marie Charles Fourier (1762.1836), que saco en conclusión que los motivos de su ruina se debían a que la inestabilidad en el trabajo producida por la clase de contratos que hacían las industrias provocaban que el obrero no tuviese dinero y sin dinero no iban a comprar. Por lo que demoniza a los complejos industriales y comienza una campaña para provocar su desaparición. Para su sustitución ofrece que los trabajadores se integren en una “falange” que as su vez se agrupará en un conjunto de ellas llamado “Falansterio”. Cada “Falansterio”se establecería en fincas de unas 2000 Ha. Y contaría con unos 1.600 miembros, escogidos de modo que cada cual trabajase en los que más le gustase. Cada “Falansterio” debería ser independiente y autosuficiente en cubrir sus necesidades materiales, habitando sus integrantes edificios construidos alrededor de un gran patio central, centro de reuniones, donde también existirían teatro, capilla, talleres y almacenes. Fourier no llegó a ver realizado su sueño, aunque sus seguidores llevaron a cabo la construcción de algunos. El ocaso llegó con la afición de los “falensterianos”, con la disculpa de las confraternizaciones, a la buena vida y a los banquetes pantagruelicos, por lo que los problemas económicos terminaron ahogando a la organización. No obstante, en Estados Unidos, tuvieron una duración más prolongada gracias a que estaban fundados por puritanos.

La”New Harmony”

Un audaz galés, llamado Robert Owen (1771-1858), pasó, en solo diez años, de ser aprendiz en una fábrica de hilados a ser su director. De sus experiencias saco conclusiones sobre la explotación a la que eran sometidos los obreros y decidió dedicar se a mejorar la calidad de vida de sus empleados. Dado que en la fábrica que dirigía no le daban toda la autonomía que precisaba, a pesar de estar casado con la hija del dueño, compró, junto con algunos accionistas, una de las principales fábricas de tejidos del Reino Unido, de la cual no tardó en ser dueño único. Así pudo empezar a aplicar unas mejoras pioneras a nivel mundial como la creación de una guardería para hijos de los empleados, escuela gratuita, cooperativas de consumo, viviendas dignas y llegando, incluso, a la reducción de la jornada laboral. Cuando el resto de los fabricantes esperaban que se arruinara por lo que consideraban excesos absurdos se asombraron  al ver que , en cambio, Owen no hacía más que incrementar su producción y sus beneficios.

Pero no paró ahí su afán de reformas. Fijándose en la abundancia de parados pensó que podrían sobrevivir si se organizaban en colonias laborales, para ello propuso a un grupo el trasladarles a América,  donde compró la población de Harmony (Indiana) a una fracasada comunidad integrista cristiana . Sorprendentemente, en un hombre con tan buena vista para los negocios, la comunidad de Harmony, o New Harmony como se rebautizó, fue un fracaso del que solo se culpó así mismo, pues se dio cuenta de que se había lanzado a un proyecto como aquél sin conocer las características básicas que rodeaban a la colonia, como clima o posibilidades de desarrollo económico. Pero no cejó en su empeño y volvió a fundar la colonia en un terreno que ya conocía mejor, la propia Inglaterra, donde levanta Queenwood (Derby), colonia en la que aplicó todas sus teorías reformadoras, llegando incluso a sustituir el dinero por “Vales de Trabajo”. Si esta colonia también fracasó fue por la intervención del clero anglicano, en la capilla de la colonia se adoraba a un impreciso “Ser Supremo”, apoyado por una pacata burguesía conservadora. Owen fue condenado al destierro y, aunque este duró poco tiempo, ya le fue imposible reencaminar su colonia.

Icaria

Un desterrado político en Inglaterra, el francés Esteban Cabet (1788-1856), publicó, en 1834, su libro “Viaje a Icaria”, nombre basado en el mítico país a donde Icaro se dirigiría en su vuelo inicíatico. El libro esta basado tanto en la “Utopía” como en las colonias de Owen, personaje al que trató durante su destierro. Pregonaba en su libro que Icaria sería una sociedad en la que todo sería de todos y no habría diferencias ni siquiera en el vestido y en donde el trabajo sería tanto un derecho como un deber .

Su sencillez ideológica, o quizás por eso, tuvo gran difusión en Francia y también en España, donde Narciso Monturiol organizó el primer grupo de icarianos en 1847. El 3 de febrero de 1848 zarpaba del puerto de El Havre la fragata “Rome” con ochenta y ocho discípulos de Cabet (entre ellos varios catalanes), encabezados por su líder y con rumbo a Nueva Orleáns, para desde allí dirigirse a Texas, donde pensaban fundar la colonia de Nueva Icaria. Tras un penoso viaje y una epidemia de malaria que costo la vida a varios expedicionarios, deben emprender el regreso a Europa. Cabet , sin desanimarse, vuelve a América y compra a los mormones la localidad  de Nauvoo, que rebautiza como Nueva Icaria. Allí redacta una constitución democrática de la que surge un gobierno que administra la colonia. Durante cinco años la colonia prospera pero a Cabet se le ocurre modificar la constitución en el sentido de otorgarse el poder absoluto. Los icarianos no desconfiaron de las intenciones de su fundador, pero si de las de los posibles sucesores, por ello expulsan a Cabet  que, con ciento cincuenta  seguidores, se dirigen a Saint Louis (Missouri) con la intención de fundar un nuevo establecimiento, hecho  que ya Cabet no puede presenciar por fallecer durante el camino, pero que es llevado a cabo por sus seguidores, aunque la fundación solo dura ocho años más. Mientras tanto Nueva Icaria era semillero del que se segregaban nuevas comunidades y aunque, ya en 1866, se abandonó el sistema comunista por el capitalista, la última comunidad icaríana, Corning (Iowa), perduró hasta 1898.

Conde de Saint-Simón (Claudio Enrique de Rouvray, 1760-1825)

La verdad es que he tenido mis dudas sobre donde incluir a este personaje, si donde por fin lo he puesto o en el apartado anterior, a continuación el lector juzgara cual es su puesto.

Si algo caracteriza la vida de Saint-Simón es, desde luego, su afán por llevar la contraria. Ya a los siete años se negó a hacer la primera comunión, posteriormente, tras su regreso de la Guerra de Independencia Americana, renuncia a su empleo de coronel, durante la monarquía conspira por la República, incluso renunciando al título nobiliario y a su propio nombre adoptando el de Claude Bonhomme, pero cuando triunfa la Revolución también se enfrenta a ella, a pesar de haberse enriquecido con la compra de bienes expropiados a los nobles, y la acusa de haber cambiado la dictadura de la nobleza por la de la burguesía, mientras que el pueblo seguía igual de marginado. El pasar un año en la cárcel y el haberse arruinado no le curó de su manía de contrariar y así se opuso a Napoleón y asimismo a los Borbónes tras la Restauración.

Pero nuestro protagonista tenía también ideas propias basadas en que “los conocimientos adquiridos deben de utilizarse para la satisfacción de los deseos del hombre”. Para conseguir este fin habría que contar, por supuesto, con la religión. Pero no la católica u otras similares, de las cuales ya se muestra desilusionado, sino una religión fruto de sus elucubraciones a la que bautiza como “Fisicopolítica”, y que se basa en la vuelta a la Ciencia, creadora de la Industria y por ello motor de la creación humana. Esta posibilidad de creación igualaría a los hombres y el progreso, fruto del esfuerzo del hombre, daría la libertad a la humanidad .

La muerte impidió que Saint-Simón llevara a la practica sus teorías, pero dos de sus seguidores, llamados Bazard y Enfantin, crearon la “Asociación Universal de Trabajadores”, que venía a predicar una  concentración de los bienes comunitarios dentro de una sociedad donde se practicaba la religión “Fisicopolítica” según los preceptos del maestro. Al poco Bazard y Enfantin se enfrentaron por la administración de esos bienes comunes, abandonado el primero la asociación y quedand predicarse al amor libre o Enfantin como único jefe del movimiento. Pronto las costumbres se relajaron hasta el punto de predicarse al amor libre y menudear las fiestas escabrosas, por lo que el gobierno francés ordeno la disolución de la secta.

Curiosamente, tras la depresión de 1929, surgió en California un movimiento basado en las ideas de Saint-Simón, pidiendo que el poder lo detentaran los científicos que, con sus conocimientos, parecían los únicos capaces de solucionar los problemas de la época.

LOS PARAÍSOS PROMETIDOS

 

Sean cualesquiera que sean las convicciones religiosas de cada uno, ¿quién no se ha preguntado que es lo que hay tras la muerte?, ¿qué será de aquello que hemos sido?. Para agnósticos y ateos de nosotros solo quedaría, y no siempre, un recuerdo generalmente unido a la memoria del clan familiar durante un cierto tiempo y, en escasas ocasiones, una fama que puede alcanzar diversos niveles. En cambio para los creyentes en un “más allá” el panorama es más esperanzador, pues su religión les garantiza que su “yo” seguirá perviviendo en alguno de los diferentes refugios celestiales, o infernales, que cada creencia promete a sus prosélitos.

Uno de los descubrimientos de la “Sima de los Huesos”, en Atapuerca, ha sido la ofrenda de unas piezas de sílex en un enterramiento, lo que lleva a pensar que milenios atrás, en la mente humana, ya no cabía la opción de la extinción total, sino que anidaba la idea de que algo más debería acontecer cuando se emprendía “el gran viaje” y que había que proveer de algunos útiles necesarios al difunto para facilitarle el traslado.

 Quizá fueran los egipcios a los que más inquietaran las circunstancias de la muerte, a diferencia de los sumerios que se preocuparon más por el origen del hombre que por su final. Así nos encontramos una ritualización de los funerales obsesiva y compleja.

Básica y resumidamente, ya que las creencias y ritos sufrieron algunas modificaciones a lo largo de las diferentes dinastías, los egipcios creían que el hombre se componía de tres partes, el “Khet” o cuerpo mortal, el “Ka” o principio vital y el “Ba” o alma. Al morir el “Khet” los otros dos principio abandonan el cuerpo y juntos comienzan un viaje lleno de peligros que pueden soslayar con la ayuda del “Libro de los Muertos”. Superado este tránsito aún deberán de padecer un sumarísimo juicio del que, si salen incólumes,  pasan a vivir eternamente junto con los dioses, en caso contrario el “Ba” es aniquilado y el “Ka” es absorbido por la deidad de la que salió. El paraíso egipcio, el “Amendi”, donde la eternidad transcurre sin agobios gracias particularmente  las ofrendas que se depositan junto al cuerpo, dura lo que tarde el “Khet” en desaparecer, de ahí el pasar por un proceso de momificación lo más profesional posible y, por si el cuerpo sufriera una destrucción accidental, se recurría a un pequeño truco, consistente en  la colocación de, al menos, una estatuilla de piedra que sustituyese al “Khet” y pudiese ser utilizado como apoyo físico por el “Ka”. 

En el caso griego, con un panteón divino de tan complicadas relaciones familiares, si el difunto había sido persona de bien su alma ascendía a los “Campos Elíseos”, lugar siempre bañado por el Sol y con placeres sin fin. Además, si el alma se cansaba de tanto gozo siempre podía regresar a la Tierra, eso sí, tras pasar por el rito de beber de las aguas del Leteo para olvidar los recuerdos. Para los mediocres o los malvados los griegos contaban con tres infiernos especializados. Al “Asfódelo” iban aquellos apáticos que habían pasado por la vida de puntillas, sin dejar huella, y estaban castigados a pasear eternamente. En el “Tártaro”, uno podía codearse con inmortales que se habían enfrentado a los dioses,  como los Titanes, los Centauros,  las Harpías...etc. Por último el “Báratro”, destinado a los peores criminales.

Antes del exilio, para los judíos, el cielo, llamado “Shamajin”, era la morada de Dios exclusivamente, aunque en contacto constante con la Tierra. A él se contraponía el “Sheol” o infierno a donde iban a parar todas las almas, tanto de justos como de pecadores, pues se suponía que los virtuosos ya habían recibido su premio en vida  a base de riquezas y una larga existencia. Además las almas estaban abandonadas de Yaveh, que era Dios de vivos no de muertos. Ante tan patente fallo de la “justicia divina”, pues no siempre ser virtuoso era sinónimo de ser dichoso, las creencias fueron evolucionando y a partir del exilio nace la idea de una resurrección de cuerpo y alma en el Valle de Josafat  donde, después de un nuevo juicio divino, los justos pasarían al Edén donde gozarían, ahora sí, de la presencia eterna de Yaveh y los condenados pasarían al nuevo infierno llamado “Gehenna”.

Basadas en las anteriores creencias judaicas , el cristianismo, consolidó la idea del alma inmortal, de los dos juicios divinos (uno particular, al morir, y el universal) y del cielo:”El cielo es el lugar donde los buenos viven con Dios eternamente felices....la felicidad del cielo consiste en ver a Dios cara a cara gozando de su infinito bien” (inefables catecismos del padre Astete o Ripalda). La mayor diferencia con el sentido del paraíso judío esta en la incorporación de dos lugares originales, el “Limbo”para los recién nacidos no bautizados y el “Purgatorio” una especie de lavadora de pecados o sucursal del infierno a donde van temporalmente aquellos que no han sido tan malos como para ir al “Infierno” pero tan poco tan decentes como para entrar directamente en la “Gloria”.

Por su parte el Islám tampoco se retrotrae de la influencia judaica con la incorporación del elemento de la  inmortalidad y de los dos juicios, admitiendo la idea  de la resurrección, pero su gran discrepancia está  en el tipo de paraíso que ofrece a sus seguidores. Mientras las otras dos religiones “del libro” ofrecen un lugar sereno donde la visión del Dios-Yaveh justifica una vida dedicada a seguir las normas religiosas y mantenerse alejados del pecado, los musulmanes publicitan a sus creyentes un paraíso con oasis llenos de palmeras, donde manan ríos de leche y miel, con perpetua holganza y huríes siempre vírgenes a disposición...... Tampoco es manco el infierno islamista, ya que se halla físicamente en el centro de la Tierra, con torturas similares a las del cristiano.

Hasta aquí esta ¿breve? perorata sobre el sentido del “paraíso” a lo largo de las diferentes épocas históricas y del desarrollo de este “ser” que un día apareció sobre la faz de la Tierra, fruto del barro, y al que, con nuestro desparpajo habitual, no hemos dudado en calificar como “imagen de Dios”. Ahora solo queda que el lector, si le ha atraído el tema, pueda exponer sus propias opiniones , a menudo más interesantes que el propio artículo en sí.

Bibliografía:

Basado en varios artículos firmados por D. Domingo Domené .

Paz y Bien

 

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  1. #1 Sotero21 04 de ene. 2008

    Hay Paraísos en Sonname w:st="on" productid="la Tierra">la TierraSonname> y hay Paraísos en el Cielo. A unos se accede o se pretender acceder en vida, y para ir a los otros es imprescindible morir. A estos Paraísos de las almas no pueden ir todos, aunque todos muramos, porque según qué religión hay que cumplir ciertas reglas; no entra al Valhalla más que el héroe muerto en combate. En el cristianismo se distingue bien entre el Paraíso Terrenal, lugar físico ideal donde hay animales, árboles, agua y la enfermedad no existe, hecho para gozar de Sonname w:st="on" productid="la Creación">la CreaciónSonname> y del cual fuimos expulsados, y el Paraíso Celestial, o el gozo eterno de Dios. Este Paraíso es, por razones obvias, más impopular que el terrenal. En la búsqueda del Paraíso han invertido las generaciones su afanes. Nuestro deseo de belleza, de armonía, de perfección sublime, de crear y de nombrar las manifestaciones de la naturaleza es una eterna búsqueda. Pero, claro, hay Paraísos a la medida de todos. En este sentido me viene a la cabeza una anécdota que oí el otro día sobre un pastor serrano, algo bruto, al que le tocó un buen premio en la lotería. El hombre desapareció del pueblo durante mes y medio y cuando volvió decía que había esta en el paraíso. En efecto sus sueños se cumplieron, se casó con una rubia despampanante, se tiró el mes y medio de juerga continua en una playa caribeña, dilapidando el dinero y volvió al pueblo arruinado y divorciado pero feliz y pletórico. Y es que hay que vivir la vida según viene, decía.

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