Autor: Arquidioniso
jueves, 01 de noviembre de 2007
Sección: Artículos generales
Información publicada por: arquidioniso


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El secreto de la flor de todos los colores.

Donde se dice sobre la buena Conquista de México y se cuenta de unos agustinos curiosos y protegidos por Don Vasco de Quiroga natural de Madrigal de las Altas Torres.

Las bibliotecas rebosan de tratados sobre la Conquista española en México. Hablan de la crueldad y la villanía de algunos españoles y de esa forma cobijan con el mismo manto de lamentos a toda la Hispanidad peninsular y americana. La leyenda negra pesa como plomo en las espaldas de los sabios, que no se toman la molestia de revisar con atención los pormenores de esos tiempos y aunque los documentos existen para poder desentrañar misterios, todavía no hay quien de pie con bola en eso de reivindicar nombres y actos. Se van con la cumbancha de que España fue cruel y el mundo indigena un paraíso de bonanza utópica.

Creo que son parciales en su apreciación, ya que a pesar de los grandes avances astronómicos de los mayas, mexícas, otomíes, toltécas y mixtécas, o de la regia urbanización de Tenochtitlán o Teotihuacán hacían falta muchas cosas que en el intercambio del mestizaje se dieron con naturalidad, asombro y generosidad de ambas partes. Habrá relatos de batallas terribles y de piadosas ayudas, pero poco favor le hacen a lo que se queda en las alacenas de la microhistoria, de lo cotidiano, de lo casi invisible.

Llegó el trigo y les enviamos a su majestad el jitomate. Se quedó el caballo y les dimos chocolate. Y junto con otras cosas una farmacopea de grandes dimensiones consignada en el Codice Badiano, recien devuelto por el Vaticano. Descubrimos por España la rueda aplicada a la industria y el misterio del corte y talla de las enormes piedras de las pirámides no ha sido resuelto por ningun estudoso conocido. Cosas van y cosas vienen.

Y desde aca en el occidente mexicano, se lanzó la expedición transpacífica para ensanchar la gloria del Imperio. Zarpan de Barra de Navidad al mando de Ruy de Villalobos para llegar a Filipinas, pero pocos saben que la hazaña se planeó tierra adentro, en Tiripetio, en el convento de los agustinos, donde se gesta la esencia del intelecto américano en la fundación del Colegio de Estudios Mayores, antecedente directo de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Ahi bajo la protección del Lic. Don Vasco de Quiroga y Fray Alonso de la Veracruz y con Copernico en el alma desarrollan y firman el Pacto de Tiripetio, en el que diseñan la estrategia del descubrimiento del Oceano bajo una nueva mirada científica. Este es un momento grande y poco visto. Tan notable como una expedición interplanetaria.

Cortés, Alvarado y Nuño dan más nota que los agustinos retirados asomados al cielo en el observatorio de su Colegio. Impresiona más la espada que la pluma. Esas cartas de navegación son las primeras que se hacen bajo la visión copernicana y con los mapas bajo el brazo, parten a la empresa para demostrarlas, que sale de una guadalajara recien fundada, hasta la costa del Pacífico, en donde construyen el galeón San Pedro y se hacen a la mar.

Todo esto conocido en las glosas de historiadores de media y mucha monta, pero muy ignorado para la enseñanza de la verdadera historia de la conquista de la Nueva España. En el periodo que va del Concilio de Florencia hasta el Concilio de Trento se dibuja poco a poco el ideal américano. Y España toma el mando de la hazaña cuando Doña Isabel de Castilla otorga su munificencia a Colón.

Los hilos de la historia se entretejen y uno de los patronos es el padre de Don Vasco. Toscanelli informa al genovés de unos mapas rechazados por el levemente ilustrado rey de Portugal y le hace llegar la carta de Leonardo, en la que el florentino instruye al Almirante sobre la forma de la ciudad que habrá de fundar en las tierras que descubra.

Esta historia tiene nudo y desenlace y Don Vasco de Quiroga lo ata y lo desata con dos hechos gloriosos. Rescata de la extinción a la etnia purépecha, lo que constituye en si mismo un milagro colectivo, vivo todavía en la utopía de Moro en Michoacán y solicita la presencia de la Compañia de Jesús. Hoy su causa de beatificación se lleva en San Pedro.

 Florece entonces la flor de todos los colores en esta tierra de prodigios.

Misterio ninguno, ciegos muchos.

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