Autor: Andrés Pena G. & Alfredo Erias M.
domingo, 28 de octubre de 2007
Sección: Artículos básicos para iniciarse
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Arqueólogos Gallegos Descubren el Origen de Breogán

Este traballo nace co achado de André Pena de que a fíbula de Braganza pertence ó contexto galaico-lusitano ó representar un Hércules Oghmios en forma de guerreiro celta. E continuou cando Alfredo Erias atopa un texto de Aristóteles que di que as Columnas de Hércules se chamaron antes "Columnas de Briareo".

Arqueólogos Gallegos Descubren el Origen de Breogán (y una pequeña tomadura de pelo con la exposición del broche de Braganza del Museo Británico en el MUSEO ARQUEOLÓGICO NACIONAL).

 Esto al menos es lo que se podría desprender de la lectura de esta completa investigación cuyo encabezado reproducimos:

 O ancestral Camiño de peregrinación ó Fin do Mundo: na procura do deus do Alén, Briareo / Berobreo / Breogán / Hércules / Santiago...

ANDRÉS  PENA  GRAÑA & ALFREDO  ERIAS  MARTÍNEZ

 E a rexión de onde vén o céfiro e a da posta do sol habítana os celtas. (Éforo de Cime, Fr. 30 b 5, ca. 350 a.C).

Sumario:

 Este traballo nace co achado de Andrés Pena de que a fíbula de Braganza do Museo Británico pertence ó contexto lusogalaico ó representar un Hércules Oghmios en forma de guerreiro celta. E continuou cando Alfredo Erias atopa un texto de Aristóteles que di que as Columnas de Hércules se chamaron antes "Columnas de Briareo", e identifica este antigo deus indíxena (logo adoptado polos gregos como un Hecatónquiro, xigante de cen brazos e cincoenta cabezas) co Berobreo do Facho de Donón, fronte ás illas Cíes. É a verdadeira historia de Berobreo/Breogán. Amosábase así claramente a existencia dun antiquísimo camiño de peregrinación que levaba ós finisterres atlánticos e, particularmente, ós de Galicia. Porque Galicia era para os antigos o Fin do Mundo, mesmo o Outro Mundo, que quedaba despois do río Limia, que identificaban co Lethes ou río do esquecemento (ó que se negaban a pasar as tropas de Décimo Xunio Bruto). Galicia era a meta do Sol, o lugar da súa morte, o último avatar dos deuses solares antes de afundirse no océano para resucitar despois e volver a iniciar o ciclo.

I.- INTRODUCIÓN

 A gran atracción de Galicia para os pobos antigos do continente europeo e do Mediterráneo non se debía unicamente á sona dos seus metais (ouro, estaño...), con ser isto moi importante, senón a unha crenza arraigada no máis fondo dos sentimentos da vella Europa. A Nosa Gallaecia (a forma Gallaike  presente xa no s. V a. C., unha vez, na obra de Herodoto e nun poeta médico do s. IV a. C -López Férez-, é moito máis antiga que a forma Kallaike) era o fin do mundo, o Finis Terrae, lugar onde morría o Sol e onde a antiga Xeografía Sagrada situaba a porta do Paraíso. E as Augas Santas das praias dos nosos finisterres atlánticos, chamadas aínda na Idade Media "arenas Paradisi", acubillaban os portos benditos onde embarcaban as ánimas dos europeos no psicopompo Navío cara a illa marabillosa dos Ben Aventurados.

 Galicia, a atalaia pola que descendía ó mar o Sol a tomar a súa barca, e a onde conducía o camiño das estrelas (a Vía Láctea), foi na antigüidade considerada a antesala do Alén e un importante lugar de acceso ó Outro Mundo. A mitoloxía grega concibía o Alén, os Campos Elíseos, como o Paraíso das virtuosas almas que, logo de beber no río Lethes, esqueceran o seu paso polo Inferno. O río Lethes era unha das portas ó Paraíso, pero, onde estaba? Para os autores antigos grecolatinos non había dúbidas: ese río do esquecemento estaba en Occidente, no fin do mundo coñecido, en Galicia, e era seguramente o que hoxe coñecemos como Limia, perto de Xinzo de Limia (Ourense), onde se situaría a entrada, por conseguinte, ó mundo dos mortos.

 Era algo universalmente aceptado na Europa Antiga, insular e continental. Lugar cargado de referencias a contextos psicopompos e a ameazas, este río Limia/Lethes, a fronteira que separaba o mundo dos vivos do lugar onde residían as ánimas (Silio Itálico, I, 235-6; XVI, 476-77), obrigou ó xeneral romano invasor Décimo Xunio Bruto (no 137 a. C.) a espirse, a atravesa-lo, el só, a nado, e logo a chamar ós soldados, un a un polo seu nome. Este episodio, lonxe de ser unha mera anécdota, tivo moita transcendencia: as portas da Gallaecia non soamente daban entrada a unha terra paradisíaca, senón tamén ó mundo celta dos mortos.

 O inspirado pola Galiza foi un medo sagro; unha inquedanza do alén, un terror relixioso. Deiquí a singolaridade do trunfo de Décimo Junio Bruto: un trunfo envolveito en todalas formas e ritos acostumados, mais, en esencia, a festa dun vencemento da morte (Otero Pedrayo, 1962).

 

El artículo completo en:

Más informacióen en: http://www.andrepena.org/historiador/


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  1. #1 Diocles 18 de oct. 2007

    Según R. A. S. MacAlister, hay cinco versiones del ciclo de leyendas del Leabhar Gabhala. La versión traducida al castellano por R. Sainero (Madrid: Akal, 1988) procede del Libro de Leinster (de principios del siglo XII) pero éste se basa, al parecer, en otra obra perdida más antigua, titulada Saltair of Cashel. Otro libro que ya no se conserva fue "Cin Droma Snechta" pero un historiador irlandés del siglo XVII, llamado Keating, citó algunas partes de él. También se mencionan las legendarias invasiones de Irlanda en el Libro de Armagh (recopilado entre los siglos VIII y X), el Libro de Ballymote, los "Annals of the Four Masters" y el Gran Libro de Lecan (del siglo XV). En los Anales de Cloncmanois y en el Libro de la Vaca Parda se habla además de los míticos fomore, que también aparecen en el Leabhar Gabhala. Respecto a la Historia Brittonum del galés Nennius (del siglo IX), en esta obra se hace alguna referencia a las tribus de Partholomus (Partholon) y Nimech (Nemed) como los más antiguos pobladores de Irlanda, pero todo apunta a que Nennius se basó en las tradiciones irlandesas que ya se habían empezado a compilar por escrito cuando él vivía. Vuelvo a comprobar en los párrafos del último artículo de Pereira que este autor no hace las necesarias distinciones y mete en el mismo saco cualquier obra medieval procedente de las Islas Británicas, considerándolas todas igual de fantasiosas y rechazables. No me parece riguroso utilizar la referencia a la tribu de Partholon en la Historia Regum Britanniae para valorar el interés histórico del Leabhar Gabhala, que es una obra diferente. Todos estamos de acuerdo en que la obra de Monmouth no puede ser tomada en serio en muchas de sus partes, y que el origen troyano de los britanos es una invención que debió de elaborarse durante la dominación romana de la isla, con un claro interés político. Siguiendo la metodología del profesor Pereira, también tendríamos que rechazar la historicidad de Tara o Emain Macha, lugares evocados en la literatura medieval irlandesa, cuando éstos han sido bien identificados por los arqueólogos. Por otra parte, Pereira considera la obra de Isidoro de Sevilla (de los siglos VI-VII) como una de las inspiradoras del Leabhar Gabhala, por la errónea equivalencia que establece entre Iberia e Hibernia, pero lo curioso es que el texto gaélico no habla nunca de Iberia, pues utiliza en cambio el término Espain (Hispania), y creo que tampoco incluye el nombre latino de Irlanda (Hibernia). Respecto a la relación entre los escitas y los griegos, no sé si Pereira habrá interpretado mal algún capítulo de estas leyendas, o quizás lo hubiera hecho alguno de los autores medievales que escribieron sobre ellas. En el Leabhar Gabhala se dice que los Hijos de Nemed procedían de Escitia, o de "la Escitia Griega", lo que yo interpreto como la zona del Bajo Danubio (incluyendo las antiguas Tracia y Dacia, que también se mencionan en el libro). Esta región de Europa oriental está a medio camino entre Grecia y Escitia (la actual Ucrania), y eso explica que se la llame Escitia Griega (como la zona de Escitia más próxima a Grecia). Los demás invasores míticos de Irlanda (Fir Bolg, Tuatha De Danann y Gaedhel) también tenían sus antepasados en la misma zona, según estos relatos, por estar emparentados étnicamente con los Hijos de Nemed. Como se dice en un pasaje del libro que los Tuatha De Danann vivían "al norte de Grecia", refiriéndose seguramente a la región de Tracia, alguno habrá pensado que ellos mismos eran griegos, cosa que no es exacta. Por otra parte, la tribu irlandesa de los escotos (antepasados de los escoceses) está documentada en las fuentes latinas desde el siglo IV d. C., y he podido comprobar que en otras zonas europeas se utilizaron en época romana los antropónimos Scotus, Scotnus y otros similares (véase www.arbre-celtique.com/encyclopedie/perSonnages-sur-inscriptions-1351.htm). Curiosamente, dos de esos nombres se documentan en Bregenz, la Brigantia austríaca, y otros tres en la Península Ibérica, habiéndose encontrado unos cuantos más en inscripciones de Francia y Alemania. La etimología de "escotos" puede ser la del término inglés "scot" que, entre otras cosas, significa corte o escote. En castellano tenemos, además, que la escoda es una herramienta utilizada tradicionalmente en cantería para romper y cortar la piedra. De acuerdo con esto, los nombres de los escotos y los escitas podrían significar "hacheros" o "cortadores" (en el sentido de guerreros), lo cual se relaciona bastante bien con "el pueblo del hacha de combate", el mismo que M. Gimbutas señaló como antepasados de los escitas y otros pueblos indoeuropeos. Si vemos el Leabhar Gabhala como un gran epopeya indoeuropea y pancéltica, que es lo que parece ser, nos encontramos a cada paso con sorprendentes paralelismos entre esas antiguas leyendas y la realidad histórica. Así por ejemplo, el relato sobre la presencia de los gaedhel o Hijos de Miled en Egipto, se puede relacionar con los mercenarios célticos que sirvieron a la dinastía de los Ptolomeos entre los siglos III y II a. C. Antes que ellos (en el siglo VII a. C.), los propios griegos de Mileto, o milesios, habían servido como mercenarios en Egipto, y los milesios habían fundado, además, colonias griegas en las costas de Tracia y Escitia, lo que explica el sobrenombre de los gaélicos como Hijos de Miled o "milesios" (con el significado de guerreros). Además, se da la circunstancia de que unos celtas procedentes de la Galia (los tectosages) establecieron un reino en Tracia entre 275 y 200 a. C., el llamado reino de Tylis, y que 10.000 mercenarios celtas y tracios reclutados en ese reino sirvieron al faraón Ptolomeo IV para luchar contra Antíoco de Siria. Se han encontrado incluso las tumbas de algunos mercenarios celtas en Hidra, cerca de Alejandría. Una vez que los macedonios les arrebataron el control de Tracia, algunos de ellos regresaron a la Galia, llevando probablemente hasta los países celtas occidentales los relatos de sus andanzas en Europa oriental y en Egipto, relatos que podrían haber llegado también a los oídos de los bardos irlandeses posteriormente, cuando algunos grupos de galos huyeron de la dominación romana. La fabulosa historia de Golam Miled, quien visitó la tierra de sus antepasados (Tracia o Escitia) y de ahí pasó a Egipto para volver después a Occidente, podría basarse entonces en la historia real de los galos "milesios" (mercenarios celtas que tuvieron un contacto directo con el mundo helenístico). Es muy posible, por tanto, que narraciones similares a las recogidas en el Leabhar Gabhala se hubiesen difundido oralmente por los demás países celtas, pero sin llegar a conservarse por escrito. Francisco Marco Simón ya relacionó, en su libro "Los celtas" (capítulo IV), las tradiciones literarias "escíticas" con el establecimiento de pueblos celtas en Europa oriental entre los siglos IV y III a. C.

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