Autor: Bernardo Macías
martes, 02 de octubre de 2007
Sección: Leyendas
Información publicada por: Gausón
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El Final del Cuento

"Que ningún humano más sepa mi historia."

"Que ningún humano más sepa mi historia." Fue lo que que me djo Aria al volver de su viaje a Inglaterra. Sus poderes siguen ahí, sus sueños siguen ahí, sigue creyendo en ellos y viviendo de acuerdo a sus mensajes, pero no quiere que los humanos conozcan su historia, por miedo a que no la comprendan.

Así como hace meses me dió permiso de colgar este artículo, y ahora me lo retira, ahora me ha dado permiso de contar su historia solamente a los brujos y tempestiarios indios que conozco y con los que he trabajado desde hace años, y probablemente, después me retirará también este permiso. El cuento, a fin de cuentas, no es mío, sino suyo.

 


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Comentarios

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  1. #1 Gausón 19 de ago. 2007

    En México también hay grupos étnicos indígenas a los que se atribuye de manera general esa capacidad. Los huaves, que habitan en las lagunas SALAdas del Itsmo de Tehuantepec, en el Estado mexicano de Oaxaca, son considerados por los otros pueblos indígenas de la zona como "rayos", es decir, como personas que han recibido el poder del dios del rayo para subir a las nubes y controlar las tormentas. En facil escuchar decir a los zapotecos o los zoques: "los mareños (huaves) son los rayos." No se refieren a la existencia de tempestiarios entre ese pueblo, sino más bien al hecho de que consideran que todos los individuos de esa etnia son "rayos".

    Esta creencia, al parecer, parte del hecho de que antiguamente todos los varones de la tribu eran puestos al nacer bajo la protección de Teat Monteok, el Padre Rayo, y las mujeres bajo la de Müm Nchérrek, Madre Viento del Sur, de manera que en un momento dado todos los hombres eran llamados "monteoks" y todas las mujeres "ncherrek", aunque para efectos prácticos solo algunos ancianos de la comunidad, varones o mujeres, lograban adquirir y dominar las habilidades del tempestiario, recibiendo entonces el nombre de "montang ombas", "persona de cuerpo de nube"; estos se vestían de negro, para representar nubes cargadas de lluvia, y al parecer eran los responsables de controlar las precipitaciones en toda la región itsmeña, muchas veces en perjuicio de los zapotecas, sus enemigos tradicionales.

    Lo que se me ocurre es que, al igual que entre los huaves, entre los gallegos de la antigüedad haya habido destacados y relativamente numerosos "tempestiarios", y esto hizo que, en un sentido más o menos irónico, todos los gallegos fuesen considerados como tales por sus vecinos... vamos, como ironía derivada de una circustancia existente en la antigüedad se entiende, pero a decir verdad no creo que haya muchos tempestiarios por allí, y pienso que muy probablemente ni los gallegos ni los huaves hallan tenido nunca verdaderos tempestiarios, personas que creían tener esas facultades y a las que su comunidad se las atribuía si, pero personas que realmente pudiesen influir en el curso de las precipitaciones... no estaría tan seguro.

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