Autor: Pedrarias de Almesto
lunes, 08 de octubre de 2007
Sección: Opinión
Información publicada por: jugimo
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VÍA DELAPIDATA I

Desde hace algunos años se ven por Extremadura peregrinos que van hacia Santiago siguiendo lo que queda de la Vía de la Plata, la vía romana desde Mérida hasta Astorga.

La Vía de la Plata: Camino de Santiago Mozárabe

Nuestro amigo Jugimo nos ha soliviantado una inquietud que creíamos dormida. En realidad el afán viene de antiguo. Ya en aquellos años de estudios adolescentes la atracción por la historia de Roma se aposentó en algún lugar de nuestro "armario" sentimental. Años después, fueron Robert Graves ("Yo, Claudio") e Indro Montanelli ("Historia de Roma") los que definitivamente convirtieron aquella afición en una devoción inexorable. Y ahora, hace poco tiempo, el susodicho amigo, compañero en el internado aquel de la calle Margallo, y colega en tareas pedagógicas, nos ha puesto definitivamente en la vanguardia de esta batalla en pro de aquel mundo, y aquella cultura, que nos resistimos a desterrar de nuestra memoria y nuestros sentimientos. Desde hace ya algunos años, al regreso de nuestros deambuleos por el cazadero, venimos obServando un hormigueo muy peculiar por la carretera del Casar: Son unos individuos de aspecto nórdico, y cada vez más de diversos orígenes, que, mochilas y utillajes en sus espaldas, caminan con su paciencia y pasos infinitos hacia el norte. "Son peregrinos" decíamos. "Peregrinos ¿de qué?". Del Camino de Santiago, nada menos. La ruta jacobea del oeste. La milenaria ruta peninsular que cruza Hispania de sur a norte. Con el entarimado que hay montado en la ruta norte del Jacobeo desde hace siglos, y resulta que nosotros teníamos aquí una y no lo sabíamos. "¿Y adónde van?". A Santiago. Se juntarán con los del norte en Astorga y continuarán el camino hasta el Campus Stellae. "¿Y por qué van por aquí?". Porque siguen la Vía de la Plata. "¿La Ruta de la Plata?". No, qué Ruta ni qué ocho cuartos, la Vía, la Vía romana "Iter ab Emerita Asturicam". Una carretera magnífica que construyeron aquellos fenomenales ingenieros de caminos que trabajaban para Roma. Pero esa carretera romana habrá desaparecido ya ¿no?, después de tantos siglos. Pues no. Resiste, aguanta, y a pesar de las infames agresiones que ha padecido, y padece, aún balbucea, se asoma, muestra vestigios y, a tramos, nos deja ver el camino que siguieron romanos, hispano-romanos, visigodos, árabes y toda suerte de caminantes que viajaron de sur a norte en pos del sepulcro del apóstol o a que un tal Pelayo les partiera la cara en Covadonga. Cualquiera sabe. "¿Y esos peregrinos tudescos van por la Vía de la Plata?" Ya quisieran ellos. Los caminos, carreteras y autovías la cruzan, la seccionan, la pisan y la cortan. Los particulares la han ignorado y la han labrado, han plantado árboles sobre ella, la han cruzado con alambradas, le han puesto angarillas y canadienses, la han crucificado en suma y sólo en aquellos tramos en los que la soledad del monte la ha alejado del tránsito, la pobre, aún muestra su lomo, sus piedras, su maravillosa línea recta y, si me apuran, el eco de los pasos de los legionarios de César, de Augusto o de la VII Gémina . Dirá el progre multicultural hodierno que a cuento de qué ahora una antigualla romana. Y yo me acordaré de sus antepasados sin titubeos ni contemplaciones. Porque esa vía romana es el tuétano meollo de nuestras raíces; porque ese camino lo hicieron aquellos romanos "que vinieron a fundarme la patria", como dice Borges , y a pesar de la maldita eternidad que ha transcurrido ya, aún siento el palpito de la identidad hispano-romana sobre la que se ha sustentado nuestra Historia. Hace unos días, en una madrugada de estas fresquitas que nos está regalando julio ( Julio César, por cierto), fuimos con nuestro amigo Jugimo a que nos enseñara algo de eso que tanto y tan bien él sabe. ¡Por los clavos de Cristo! Las grandes piedras de fondo de la Vía Delapidata balbucean en ese San Francisco, y hay quien diga que eso son restos de un camino medieval. Vamos hacia el sur: Una calle de la Urbanización Charca Musia se tercia sobre el oculto camino romano y por allí, par de la Casa Plata y del que fue CIR nº3, Juan nos enseña fragmentos del "encachado", una de las capas que formaban la estructura del firme de la vía. Un palpito, mezcla de emoción y tristeza, nos sacudió el ánimo. Item más depravación e ignominia: Un ígnaro indecente ha abandonado allí, sobre la mortecina Vía Delapidata, la carcasa de un electrodoméstico. Que Marte lo fulmine con un rayo. ¿Al cabo, cómo está la Vía desde Monesterio hasta Baños de Montemayor, en la cacareada Extremadura? ¡Madre Santa del Carmelo!, ¡Qué lástima, qué pena y qué oprobio! Bueno, ese es asunto que dejaremos, tal vez, para otra ocasión.

© Salvador Calvo Muñoz.

http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/noticia.asp?pkid=316567


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