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viernes, 03 de agosto de 2007
Sección: De los pueblos de Celtiberia
Información publicada por: Uma
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. Si bien estas observaciones requieren matizaciones, atendiendo a las fases establecidas para la ciudadela excavada de El Malagón(5). Puede ser conveniente a la hora de valorar su relación con El Vinco obviar matices temporales demasiados precisos y valorar las similitudes de un entorno ecológico susceptible de ser transformado, y el caso más evidente es El Malagón, no solo con sus canteras de extracción de mineral de cobre, sino con el impacto que debió suponer la creación de su complejo sistema defensivo.

El habitat de El Malagón se mantiene hasta los inicios del Cobre Reciente, como lo atestigua la presencia de algunos fragmentos de cerámica campaniforme, aunque en última instancia parece que se abandona rápidamente. En las inmediaciones tanto de El Vinco como de El Malagón nos encontramos con poblados del Bronce Pleno con un patrón de asentamiento similar (Grupo 3B), si bien se podría pensar en un desplazamiento de la población respectivamente hacia Las Tenadas y Pozo Viejo I. Estos dos últimos poblados son de escasa entidad y, en todo caso, es indudable que ningún poblado del área alcanzaría las casi 4 Ha. de El Malagón. Más al oeste tampoco el Cerro de la Zanja presentará la suficiente entidad siendo el Cerro del Almirez el que se beneficia de su excepcional emplazamiento lo que puede sugerir un cambio en las rutas, especialmente si alguno de los filones más orientales había perdido importancia. En el proceso no hay que olvidar los conflictos que parecen afectar a las comunidades del Cobre Final en las diversas áreas y en los que la capacidad de movilización de recursos para obtener otros bienes determinados jugó un papel esencial. La ruptura de las bases centralistas pudo hundir a El Malagón, bien porque decayera la demanda de sus productos o bien por otras causas, favoreciendo aquellas zonas más alejadas de su área de influencia y en una vía de comunicación alternativa.

Sobre la cultura material de El Malagón no vamos a insistir, pues cuenta con todos los elementos característicos del Cobre Pleno (Arribas, et al., 1978 y Torre, et al., 1984). También este asentamiento muestra una serie de rasgos diferenciadores como es el papel y la complejidad de sus fortificaciones, que en su diseño general recuerdan las de Los Millares (Arribas, et al., 1979, 1981, 1983 y 1987), y la explotación de filones metalíferos de malaquita situados en la misma área del poblado. Estos dos hechos son muy determinantes a la hora de evaluar el papel de El Malagón en el Pasillo. Sobre las causas de su crisis tendríamos que referirnos a los posibles cambios en la ordenación territorial del Pasillo de Cúllar-Chirivel durante el Cobre Reciente.

- En la zona centro-sur el poblado más defendible es el Cerro de La Zanja que se sitúa justo en el punto en que se abre el valle de la Rambla Bermeja. Sin embargo, presenta materiales arqueológicos un poco más tardíos (cuencos con ligera tendencia parabólica, vasos de carena media, etc.) junto con otros típicos de la Edad del Cobre. Por otro lado, la extensión de todos los asentamientos de la zona es pequeña (el Cerro de la Zanja en concreto no supera las 0.5 Ha.). La posición de todos estos asentamientos les permite controlar una fértil vega, aunque no hay que excluir otros condicionantes, y así en el caso del Cerro de La Zanja se conocen afloramientos cercanos de cobre al suroeste y en su misma falda una fuente de agua, mientras la posición de Cortijos de la Bermeja, con materiales que también sugieren un momento avanzado, pudo contribuir a un control de las rutas que remontando la Rambla de la Bermeja empalmarían con la vía principal este-oeste desde el pasillo a la Rambla de Oria, que ya ha sido comentado refiriéndonos a la posición y al papel de El Vinco. La posición de Cortijos de la Bermeja en cuanto a patrón de asentamiento muestra una alta defendibilidad propiciada sobre todo por su alta pendiente real (Grupo 2D), aunque ésta está originada por la misma excavación natural, derivada de la acción del curso alto de la rambla. En el caso de Matián nos encontramos con un yacimiento en posición mucho menos escarpada.

El repertorio de cultura material del Cerro de La Zanja es muy abundante y nos muestra una gama de artefactos que se pueden incluir en una banda cronológica que iría desde una fase avanzada del Cobre Pleno hasta un Bronce Antiguo. Así, en cerámica, nos encontramos vasijas de paredes rectas, cuencos y galbos hechos con molde, ollas de cuello marcado, fuentes de forma simple y carenadas, cuencos semiesféricos, cuencos de tendencia parabólica, vasos de carena media, orzas para el almacenamiento de perfil ovoide y cuello marcado. En arcilla nos encontramos fragmentos de cuernecillos. En material lítico destaca dentro del conjunto tallado los elementos denticulados, con un repertorio tecnológico que abarca tanto la Edad del Cobre como del Bronce. En Matián se han determinado dos áreas de recogida de material, en una de ellas (I) aparecen elementos típicos de un Cobre Pleno (fuentes con improntas de cestería de forma simple o con el borde biselado, vasijas de paredes rectas y cuernecillos de arcilla), mientras que en la II, con asitas, mamelones y hojas prismáticas, parece existir un momento anterior al Cobre Pleno. Por último, en Cortijos de la Bermeja se constata la presencia de fuentes de forma simple, la utilización de molde de cestería y las vasijas de gran tamaño para el almacenamiento que nos indican un Cobre Reciente y Bronce Antiguo.

Por lo que respecta a posibles desplazamientos de la población, en el mismo Matián contamos con uno posible, desde la zona de recogida que hemos llamado Matián II a Matián I, pudiéndose pensar en un traslado de población de este centro al Cerro de La Zanja en un momento avanzado del Cobre Pleno, sin poderse descartar una coincidencia cronológica parcial. A un momento del Cobre Reciente pueden adscribirse los comienzos de Cortijos de la Bermeja con lo que el interés hipotético en el control del paso no vendría dado desde El Malagón, como lugar central en el Cobre Pleno, que controlaría el paso principal al norte, sino por una nueva área centralizadora situada más al oeste y que buscaba nuevas vías de acceso a las tierras del sureste. La hipótesis se verá reforzada si consideramos la presencia de materiales que pudieran sugerir Bronce Antiguo en el asentamiento de Cortijos de la Bermeja.

- En el área más al sur del Pasillo de Cúllar-Chirivel solo conocemos un asentamiento adscribible a la Edad del Cobre. Se trata de El Sauco, que por su patrón de asentamiento se nos presenta como uno de los yacimientos con defensas naturales más escasas (Grupo 2A), pero en una zona de gran importancia económica tanto en relación a las vías de comunicación (en un valle bastante abierto de dirección sureste-noroeste, como es la Rambla de Fajardo) como por la existencia de filones metalíferos en la zona noreste, entre este yacimiento y el Cerro de La Zanja. Estos recursos y las contradicciones propias de la sociedad de la Edad del Cobre, y en concreto de la comunidad centralizada por El Malagón, pudieron provocar que en la antigua periferia surgieran en la Edad del Bronce otros centros tan importantes como el organizado en este área en torno al impresionante poblado del Cerro del Almirez y que pudo integrar en un solo núcleo el poblamiento anterior no solo de este área sino también de otras anejas como la que hemos denominado centro-sur. En cuanto a la cultura material de este yacimiento destacan las fuentes de perfil simple y las grandes vasijas con mamelones en cerámica y las placas de arcilla que nos pueden indicar un momento del Cobre Pleno.

- Una zona con un importante poblamiento es la sureste. Entre los poblados situados en esta zona sólo El Vinco presenta una estrategia de búsqueda de defendibilidad a la hora de situar su emplazamiento, siendo además el más similar al ya conocido asentamiento de El Malagón (Grupo 2C), hecho que, solo en parte, está motivado por su proximidad geográfica. De excepcional emplazamiento, las consideraciones que podamos hacer sobre su papel en el área están mediatizadas por la provisionalidad de los datos con que contamos(6). Sin embargo, su posición en una zona de división de aguas entre la Rambla Bermeja y la Rambla de Río Blanco que va a parar a la Boca de Oria le ofrece una posición estratégica fundamental; a ello hay que unir el hecho de que el cerrete en el que se sitúa puede ser un producto humano en su totalidad con la posibilidad de estar conformado por defensas artificiales.

Si a estos hechos unimos el carácter del resto de los asentamientos de la Edad del Cobre de la zona que se sitúan en espolones sobre las ramblas de baja defendibilidad (La Pililla II), en las inmediaciones de la misma llanura aluvial (Pozo Viejo II) o en último extremo en puestos a media altura en las inmediaciones del piedemonte (Hojares, con una pendiente real algo elevada y control visual hacia la Hoya de Hojares y el paso que ésta dibuja hacia el sur para empalmar con la Rambla de las Minas) se puede pensar en un cierto control por parte de El Vinco de la zona en cuestión, máxime si consideramos la importancia de los recursos mineros de la zona y la inexistencia de control visual directo de ésta por parte de El Malagón (aunque el mismo problema se le presenta con respecto al control de la zona de Las Vertientes).

El registro arqueológico de estos yacimientos cronológicamente los sitúan en un Cobre Pleno. La Pililla presenta fuentes con las huellas del molde de cestería y vasos de paredes rectas junto con cuernecillos de arcilla. En Hojares también están presentes los vasos con molde de cestería y los cuernecillos. Igual ocurre en El Vinco donde además hay que sumar la presencia de posibles fragmentos de cerámica de pasta gris y naranja. Son escasos los datos recuperados en el yacimiento de Pozo Viejo II.

La ocupación posterior está escasamente documentada como se verá y aunque carecemos de datos exactos sobre las dimensiones de Pozo Viejo I en la Edad del Bronce se puede volver a señalar aquí la decadencia de esta zona y la vía de comunicación a ella asociada en esta época, mientras se enfatizará el control de las mejores tierras al oeste.

- Por último, nos queda por analizar el poblamiento del área del río de Cúllar. Todos los yacimientos del área se caracterizan por el escaso énfasis puesto en la defendibilidad a la hora de escoger el lugar del emplazamiento, prefiriéndose en casi todos los casos la margen izquierda del río de Cúllar, en la cercanía de las tierras más llanas frente a la margen derecha del río que presenta una mayor pendiente.

Los yacimientos además tienen poca entidad, aunque, al igual que en etapas anteriores, destaca su densidad y los desplazamientos en zonas cercanas. Así en la prospección de la zona denominada Carril del Fraile se han podido distinguir tres zonas cronológicamente diferentes en función del material recogido. El material más abundante se ha recuperado en Carril del Fraile I en donde aparecen gran cantidad de fuentes de perfil sencillo, carenadas, con el borde biselado y fundamentalmente cerámicas de pasta gris y naranja junto con cuernecillos de arcilla, situándolo en un momento contemporáneo a Las Vertientes, El Malagón y El Vinco. El material localizado en las zonas Carril del Fraile II y Fuente de la Quicuta es adscribible a un Cobre Reciente y quizás incluso Bronce (orzas, galbos carenados, etc.). También en Cortijo de María Luisa contamos con fuentes de borde biselado, al igual que en La Era, el problemático hallazgo del entorno urbano de Cúllar, situado ya en la margen derecha del río. Será, sin embargo, en la Edad del Bronce cuando la zona inicie un despegue que marca un control de territorio más selectivo y jerarquizado con expansión hacia el este (Pulpite II), aunque sin abandonar los emplazamientos en los mejores terrenos (Fuente del Oro a donde pudo trasladarse la población del Carril del Fraile).

* Las relaciones a escala regional. El Pasillo de Cúllar-Chirivel y el Sureste en el Calcolítico

- Estrategias territoriales y cambios temporales

El problema inicial con que nos encontramos a la hora de valorar las relaciones existentes a escala regional entre nuestra zona de estudio y el Sureste es la organización territorial que rige el Pasillo Cúllar-Chirivel y sus causas. Ya hemos referido que los yacimientos de El Vinco y El Malagón parecen ser los que articulan todo el poblamiento del Calcolítico en el sureste del pasillo, aunque en cada zona se puede documentar la existencia de un poblado más extenso acompañado de otros más pequeños, así como la evidencia de desplazamientos temporales entre unos asentamientos y otros, o incluso dentro de una misma zona de asentamiento.

A la excepcional posición de El Malagón en un punto casi central del poblamiento del área, con control visual de una amplia zona (favorecido también por la visibilidad que ofrece la parte superior del cerro), se opone la ubicación de El Vinco en una divisoria de aguas entre dos cuencas que comunican el pasillo de Cúllar-Chirivel con el Sureste. Ambos asentamientos se sitúan cerca de los filones cupríferos de la Sierra de las Estancias, aunque las valoraciones sobre la distancia a estos filones quedarían tergiversadas porque en la cartografía actual no se sitúan los pequeños afloramientos, que desde una perspectiva industrial no interesan por su baja rentabilidad. Por ello hemos prescindido de mediciones entre los afloramientos y los asentamientos, como los realizados en la provincia de Almería (Suárez, et al., 1986), y hemos preferido una valoración cualitativa de la dispersión de los asentamientos en una ruta que corre paralela a los principales filones y que se encuentra salpicada también de pequeños afloramientos como muestra el caso de El Malagón (Torre, et al., 1983) y más al norte el yacimiento cuprífero cercano a Tarifa. En ambos yacimientos contamos además con artefactos ligados a la producción metalúrgica. En el caso de Tarifa se trata de un martillo de minero, pero es en El Malagón donde documentamos prácticamente todas las fases del proceso metalúrgico. Lo más espectacular pueden ser las minas situadas al borde del poblado, pero además en el registro arqueológico de este yacimiento excavado contamos con crisoles, escorias, gotas de cobre, martillos de minero, piezas manufacturadas, etc.

Schüle (1986) dentro de sus presupuestos colonialistas barajó de nuevo la hipótesis de la llegada de prospectores metalúrgicos desde el Sureste (y en última instancia desde el Mediterráneo Oriental) para explicar el origen del poblamiento de los altiplanos granadinos en función de los resultados obtenidos con la excavación del Cerro de la Virgen en Orce, hechos que parecían venir apoyados por los estudios de Kalb (1969 y 1975) sobre los elementos de arquitectura doméstica presuntamente campaniforme. Prescindiendo de estos presupuestos difusionistas hay que destacar la importancia del metal en estos poblados (Molina, 1988; Moreno, en preparación). Hay que tener en cuenta que el metal producido por estas comunidades pudo jugar un doble papel en el desarrollo social, por un lado, directamente potenciando la diferenciación dentro de la comunidad, y también favoreciendo a escala regional la aparición de los centros regionales a los que nos venimos refiriendo, y por otro lado integrándose en los circuitos de intercambio más amplios que ya venían funcionando y en los que se incluirían también, como se documentan en el registro arqueológico de El Malagón, las cerámicas cuidadas, los ídolos, los elementos campaniformes, etc.; todo lo cual pudo funcionar como justificación de la jerarquización.

No quiere ello decir que aquellas comunidades que se situaron cerca de los filones se vieran favorecidas por ese recurso y consiguieran a través de un crecimiento económico, presuntamente natural, una posición prominente sobre el resto de los poblados del área (el mismo caso del pequeño asentamiento de Tarifa puede desmontar esta hipótesis). Tampoco creemos, aunque en algunos casos sea posible, que sea la presencia previa en las rutas de intercambio, reforzadas por el papel del metal como elemento de prestigio, el que favorece a determinados asentamientos ya que la misma inexistencia de fases neolíticas en el yacimiento excavado de El Malagón, nos induce a buscar otros caminos.

El hecho de que el poblamiento antiguo del pasillo se sitúe al oeste, en las zonas agrícolas más ricas y la ausencia de asentamientos en la ruta de Oria, al oeste del Cerro de Los López (Martínez y Blanco, 1987), podría sugerir que las poblaciones se hubieran desplazado hacia zonas ricas en minerales de cobre en el momento en que se comienza a demandar este mineral (en principio utilizado para elementos domésticos). Ello no quiere decir que sea el mineral de cobre el elemento que determine el lugar de emplazamiento exacto de cada uno de los yacimientos calcolíticos de la zona suroriental del pasillo Cúllar-Chirivel y como se ha puesto de manifiesto en la aproximación a los recursos del entorno de cada uno de estos asentamientos el agua es una variable fundamental y lógica, así como en la mayoría de los casos la presencia de tierras arables (Gilman y Thornes, 1985, 1985b)

Sí es cierto que es ahora durante el Cobre Pleno cuando se da el mayor auge del poblamiento en el pasillo. Similar proceso se da en las áreas vecinas. En este momento del Cobre Pleno, precampaniforme, nos encontramos un denso poblamiento en los distintos ríos que surcan la Sierra de Baza y que acaban desembocando en la Depresión. Las prospecciones llevadas a cabo (Sánchez y Fernández 1990; Sánchez, 1991) atestiguan el importante poblamiento que durante la Edad del Cobre tiene lugar en esta zona. La única explicación reside en los afloramientos metálicos (algunos yacimientos han ofrecido crisoles y restos de mineral). Por tanto, durante este momento del poblamiento las ramblas y ríos de la Sierra de Baza son utilizados fundamentalmente por sus ricos recursos mineros, mientras que la Sierra de Oria se constituye en una importante vía de comunicación e intercambio entre la Cuenca del Almanzora y el Pasillo Cúllar-Chirivel.

Este aumento poblacional también se detecta en la parte oriental del Pasillo Cúllar-Chirivel (Moreno, et al., 1987). Aquí se han localizado yacimientos con distancias medias de 2 ó 3 km. que denotan una intersección de las áreas de captación (¿dependencia o movimiento poblacional?). Esta población se distribuye por el eje del pasillo, en las proximidades de la Rambla de Chirivel. Existe una mayor concentración de yacimientos en las tierras del sur del pasillo (sierra de Oria). Se ha encontrado una cueva artificial (Pozo Franco, en la sierra de María) en el norte del pasillo pero no conectada con ningún poblado. Los asentamientos se sitúan en pequeñas elevaciones dominantes, en torno a los 1000-1100 m. de altitud. Aparecen próximos a los cursos de agua. Se generaliza la ubicación en áreas de cultivo tradicional y se observa una concentración hacia el sur (al igual que sucede con la zona prospectada por nosotros).

Otra área vecina que parece mostrar algunos indicios de este incremento del poblamiento es la Depresión de Guadix, donde destacan los yacimientos de El Puntal en Aldeire (fortificaciones, cerámica campaniforme), Rapales (Guadix) con crecientes, placas de arcilla, puntas de flecha de base cóncava y La Meseta (Esfiliana) (fuentes de borde engrosado, molde y mamelones) (Raya, 1987; Raya, et al., 1989).

Este aumento demográfico interactuaría con otros aspectos de la estructura social, si bien se puede pensar en una expansión poblacional hacia las tierras altas, o movimientos poblacionales dentro de éstas en función de la demanda de metal o por la movilización de la fuente de trabajo implícita en los procesos de jerarquización, no hay que pensar en una presión poblacional vinculada al hambre de tierras o alimentos (Ramos, 1981). El énfasis en estos momentos se pone en el metal, que no solo no sirve directamente de alimento, sino que sirve de base al dominio ideológico de ciertos clanes, lo que debió repercutir en la situación inestable del resto de la población. Las sociedades humanas no están compuestas de estómagos (buscar) sino de grupos sociales enfrentados en torno a los mecanismos de producción y reproducción de la vida inmediata (Engels, 1986). En ningún caso, se puede considerar así a las élites como gestores beneficiosos para la comunidad que garantizan la supervivencia de ésta ante circunstancias de presión a través de la redistribución de los recursos (Chapman, 1982 y 1991) sino como gentes que se apropian del trabajo de la comunidad en su propio beneficio (Gilman, 1976, 1987a, 1987b y 1991).

La importancia excepcional que cubre la metalurgia del cobre en época calcolítica viene también mostrada por las recientes excavaciones de Los Millares, donde se han documentado filones cercanos hasta ahora desconocidos(7) y, sobre todo, estructuras especializadas (talleres) en la producción metalúrgica (Arribas, et al., 1987; Molina, 1988); aunque no es éste el único elemento producido en el yacimiento que puede adquirir el carácter de bien de prestigio como demuestra la producción masiva de vasos con decoración campaniforme con un estilo propio en los últimos momentos de vida del poblado (Arribas y Molina 1987).

Para comprender el proceso de desarrollo que condujo a la organización del poblamiento en esta zona del Pasillo de Cúllar-Chirivel hay que valorar, por tanto, el resto de los elementos de la cultura material y los patrones de explotación del medio y en qué medida estos desarrollos afectarían a la producción y reproducción social de las comunidades del área. Esta discusión quedará, sin embargo, para otros trabajos, si bien aquí se puede destacar la trascendencia de las fortificaciones de El Malagón y la complejidad de la organización del territorio en su entorno frente a lo que sucede, por ejemplo, en el área de Cúllar.

Volviendo al papel que jugó la defendibilidad en el patrón de asentamiento de estos grupos calcolíticos, el emplazamiento en zonas defendibles, reforzado a veces con defensas artificiales, no supone un mero intento de disuasión hacia el exterior y de conseguir un mejor control del territorio y sus recursos. Los resultados eficaces de este mecanismo de identificación dependen de lo que la misma comunidad, que vive o desarrolla parte de su actividad tras las defensas, ven en éstas. Podemos pensar que las fortificaciones se conciben como una doble barrera: por un lado, hacia el exterior como una garantía de seguridad de la que no es conveniente alejarse y , por otro lado, unido parcialmente a esta misma sensación, una idea de cohesión y unidad simbolizada espacialmente por las murallas. Las limitaciones de la excavación en El Malagón a la zona de la ciudadela y la inexistencia o desconocimiento de necrópolis no nos permiten aproximarnos al modo en que se traduciría esa unidad entre los diferentes segmentos de la población del yacimiento, aunque algunos indicios obtenidos, por ejemplo para sociedades contemporáneas, de la necrópolis de Los Millares (Chapman, 1981), sugieren que la desigualdad era enmascarada y al mismo tiempo exhibida por esos símbolos de unidad, representados en el caso que nos ocupa por el complejo sistema (foso, muralla y cabañas) de fortificación en la ciudadela de El Malagón (Arribas, et al., 1978; Torre, et al., 1983; Torre y Sáez, 1986)(8).

En cuanto a los otros poblados, si bien, ante la ausencia de excavaciones, es evidente que no podemos afirmar con seguridad la inexistencia de fortificaciones, sí queda claro que en muchos casos en su patrón de asentamiento no priman las variables que implican defendibilidad. Por lo que si a ello unimos la ya referida posición excepcional de El Malagón en cuanto a visibilidad, queda claro que este es el yacimiento aglutinante, en el sentido que unifica y controla, exhibe y manifiesta su imposición y sus elementos arquitectónicos. Queda por ver si El Vinco, al que se le asigna un papel similar en un punto estratégico excepcional contaba también con estas importantes defensas y cómo se articulaba con el poblamiento que se hallaba en su entorno, tanto a su oeste (donde El Malagón muestra grandes similaridades con él en cuanto a patrón de asentamiento y cultura material) como hacia el este, donde también contamos con importantes poblados como el Cerro de las Canteras (Motos, 1918), donde parecen evidentes los indicios de fortificación.

A la hora de valorar el fenómeno de las fortificaciones hay que tener en cuenta también el matiz temporal, especialmente evidente en la zona del noreste del Pasillo de Cúllar-Chirivel, donde la expansión fundamental del poblamiento parece tener lugar en un momento avanzado de la Edad del Cobre (aunque en Cortijo de Orgalla hay materiales que sugieren Cobre Pleno) permaneciendo la estructuración territorial básicamente durante la Edad del Bronce. Parecen articularse poblado (Cortijo de Orgalla, La Zenaca I) y fortín (Cortijo de Berrocal y La Zenaca II), aunque Cortijo de El Berrocal muestra materiales adscribibles básicamente a la Edad del Bronce, controlando los pasos hacia el interior de la sierra. Sin embargo, no es ésta la única zona a la que nos podemos referir a la hora de hablar de ese proceso de encastillamiento, sino que al sur de El Malagón contamos con dos yacimientos de alta pendiente como son el Cerro de la Zanja y Cortijos de la Bermeja, ambos con materiales que pueden sugerir una adscripción a la Edad del Bronce.

En el momento de interpretar estos fenómenos no podemos quedarnos en la simple sugerencia de un clima de inestabilidad y conflictos, sino que debemos intentar explicar las causas y el sentido de éstas. Si acordamos que la mayoría de los poblados de la zona suroriental del pasillo se desocupan y entre ellos los grandes como El Malagón y observamos el cambio que tiene lugar en zonas hasta entonces periféricas, como el entorno de Cúllar y Almirez, podemos pensar que la ruta vinculada a los afloramientos de cobre ha decaído y a ello puede que no sean ajenos los propios procesos desarrollados en el Sureste.

El Malagón y otros poblados jerárquicos no podrían mantener un sistema de dependencia basado en su propio poder, derivado de la producción de metal y en la redistribución de parte de los beneficios de su intercambio a poblados dependientes, al haberse roto las redes hacia el Sureste de la Península Ibérica. La población en el interior del pasillo se redistribuyó en función de los recursos subsistenciales y, por tanto, los centros políticos-económicos pasaron ahora a las zonas agrícolas más ricas como el entorno de Cúllar y la región que rodea el Cerro del Almirez, áreas que ya habían estado ocupadas anteriormente. Esto mismo ocurre fuera del pasillo en torno al Cerro de la Virgen de Orce. Almirez se pudo beneficiar también de la explotación de los afloramientos cupríferos que aún le quedan cerca y de una vía de comunicación hacia el sur alternativa (y cuyo uso también pudo estar en el origen de la caída de la organización política del área suroriental). También se pudieron ocupar ahora más intensa o permanentemente zonas de piedemonte donde al aprovechamiento ganadero trashumante se podría unir la explotación secundaria de otros productos (sílex en la sierra norte y cobre al sur).

De todas formas, los circuitos de intercambio debieron reestructurarse rápidamente y en ellos debió estar de nuevo presente el metal, aunque procedente ahora de nuevas zonas y demandado ahora por una mayor variedad de comunidades al convertirse sobre todo en un bien de prestigio social aristocrático (armas, adornos, etc.). La evidencia de nuevos centros de producción masiva de metal para intercambio con otras áreas más o menos cercanas es bien conocido en el Alto Guadalquivir donde el yacimiento de Peñalosa (Baños de la Encina, Jaén), situado en las estribaciones de Sierra Morena atestigua todas las fases de la manufactura de los objetos de cobre a través de unos minerales extraídos en los cercanos filones del entorno del río Rumblar (Contreras, et al., 1989 y 1991).

Ya nos hemos referido a la importancia de los afloramientos silíceos en la zona norte, donde por ejemplo en los últimos años se está investigando una mina de sílex en La Venta (Orce) (Ramos, 1991b; Ramos, et al., 1991a y 1991b) cuya explotación se atribuye a expediciones periódicas desde El Malagón (Ramos, et al., 1991). Sin embargo, la presencia ignorada de los yacimientos del Cobre Pleno entre ambos (Las Vertientes y Cortijo de Orgalla) hace que la relación establecida por los excavadores de La Venta no sea tan clara. Por otra parte tampoco se explican las razones de la existencia de sílex local que llega al Malagón como producto de intercambio ¿desde qué poblado? (Ramos, 1991a). En nuestra opinión la única posibilidad de adscribir un control de La Venta por parte de El Malagón es suponer, como ya se ha referido, una posición jerárquica de este poblado en el área. En este caso, las referencias e intercambios locales deberían sustituirse, por la misma razón, por mecanismos redistributivos, o de tributo si se prefiere, aún cuando la contrapartida conllevara otro tipo de elementos (metal, elementos cerámicos de lujo, etc.). Quizás el problema sea enfocar el estudio del área en función del poblado (Ramos 1987a y 1987b) aparte de los planteamientos de teoría económica sustantivista que lo reducen todo al intercambio.

En ninguno de los yacimientos prospectados hemos recogidos elementos campaniformes que nos indiquen que estos poblados han tenido una pervivencia a lo largo del Cobre Final y principios del Bronce. Tan solo el registro arqueológico de El Malagón ofrece algunos fragmentos en los últimos momentos del poblado. Es en estos momentos cuando el territorio sufre una fuerte crisis que ya se venía anunciando a lo largo del Cobre Reciente (Torre, et al., 1987). Esta crisis del cambio de milenio aparece perfectamente reflejada en Los Millares donde se abandonan grandes áreas de poblamiento y se reduce el habitat a la ciudadela (Arribas, et al., 1987). Similares hechos pudieron ocurrir en El Malagón y en toda el área como se ha venido sugiriendo, y durante esta última fase del Cobre nos encontramos con pocos poblados, pero importantes, con un fuerte contingente de población y muy amurallados. El mejor exponente de este hecho es el Cerro de la Virgen de Orce, al otro lado de la Sierra de Orce, en el que abundan los elementos campaniformes (Schüle y Pellicer, 1966) y donde además se constata una muralla compleja con estructuras de madera (Schüle, 1980) y una acequia calcolítica sellada por una tumba argárica (Schüle, 1986). La importancia de esta última viene sobre todo del hecho que ha sido utilizada para probar la necesidad del regadío en las zonas del sureste de la Península Ibérica durante el Calcolítico, tanto por aquellos autores que consideraban esto un logro comunal expropiado por una élite presuntamente defensora (Gilman, 1976, 1987a, 1987b, 1991), como por aquéllos que veían en el surgimiento de presuntas élites gestoras una condición para organizar el trabajo de cara a conseguir ventajas adaptativas (Chapman, 1978, 1982, 1991). Si bien los planteamientos originales de Gilman pueden mantenerse en cuanto a la importancia del policultivo (Walker, 1984a y 1984b; Molina, 1988; Rodríguez, 1992) y también con las precisiones necesarias, en cuanto a elemento ideológico justificador del control de circuitos de prestigio, es el caso de la metalurgia (Molina, 1988)(9); hay que matizar (Shennan, 1989) el hecho de las causas del surgimiento de esas élites, que parecen provenir de un deseo innato de poder en el hombre. Habría que buscar dentro de las sociedades comunitarias los orígenes de la desigualdad, los mecanismos que pueden aprovecharse para ejercer el dominio (Meillassoux, 1987). Para colocar en su justo lugar la irrigación que se podría practicar en el sureste de la Península Ibérica y teniendo en cuenta que Gilman (1976 y 1987b) nunca se refirió a grandes obras públicas se puede consultar el interesante avance de Martínez (1987-88).

- La adscripción cultural. Rasgos definitorios

Para establecer la adscripción cultural del Pasillo de Cúllar-Chirivel con otras áreas geográficas hay que analizar la cultura material en su conjunto y compararla con otros complejos bien estudiados de las zonas próximas, si bien aún no disponemos de un estudio completo de la cultura material calcolítica de la zona de estudio, podemos apreciar una serie de rasgos cualitativos que tradicionalmente han servido para la definición del Horizonte Millares. Al utilizar este término no nos estamos refiriendo a una identidad social única, es decir, no englobamos todos los poblados adscritos al Horizonte Millares dentro de la misma formación social. Siguiendo a Bate (1977 y 1982) pensamos que las diferencias culturales, entendiendo la cultura como producto, expresión y voluntad de la sociedad humana, se dan en una escala variada, que puede abarcar desde las diferencias entre la cultura generada e identificativa de un grupo social hasta aquélla identificativa de las sociedades que comparten un mismo modo de producción o incluso un mismo horizonte temporal, debido a los indudables contactos. El desconocimiento de estos problemas nos puede conducir a críticas y ataques desafortunados y contradictorios (Micó, 1991) contra la tradición investigadora de la Prehistoria Reciente del Sureste. Así Micó (1991) recoge de la bibliografía todas aquellas contradicciones que prueban su discurso sin analizar las características de la excavación a que se refieren, basando su negación de todo el sistema en alguna mala adscripción.

Refiriéndonos en concreto a las características de la cultura material del Pasillo de Cúllar-Chirivel y su relación con otras áreas deberíamos referirnos en primer lugar a los rasgos de la industria lítica predominantemente lascar frente a lo que sucede en el Calcolítico del oeste de Andalucía (Martínez 1985 y 1991).

En los elementos cerámicos destaca la presencia dentro de la vajilla fina de cerámicas de pasta gris y naranja tanto en El Malagón como en Las Vertientes, Carril del Fraile, como en las zonas más próximas: el Cerro de la Virgen de Orce (Schüle y Pellicer, 1966) y el Cerro de las Canteras (Motos, 1918). Este mismo tipo de cerámica (idénticas pastas y formas) está omnipresente en el yacimiento de Los Millares. La incidencia del campaniforme, por el contrario, es diferente entre los poblados del pasillo de Cúllar-Chirivel y en la zona de Orce, aunque el hecho puede deberse en gran parte a la pervivencia de éste. En cuanto a las fuentes, y teniendo en cuenta que según el registro espacial de El Malagón éstas se emplean en diferentes funciones, hay que señalar que una de sus características más acusadas es la presencia abundante y notoria de las huellas del molde de cestería empleado en su fabricación (Torre, et al., 1983). esto mismo ocurre en otros muchos yacimientos del Sureste, mientras que si avanzamos hacia la comarca de Los Montes Occidentales granadinos, el caso de Montefrío nos muestra que en la mayoría de los ejemplares las pastas recibieron después un alisado y/o bruñido tanto al interior como al exterior (Arribas y Molina, 1978 y 1979). En las campiñas del Guadalquivir, las fuentes suelen recibir un bruñido esmerado y en el entorno de Porcuna se ha hablado de un bruñido polícromo (Nocete, 1989). También en los tipos se pueden observar diferencias entre el predominio de las fuentes de borde almendrado en el Valle del Guadalquivir y las fuentes de forma simple que predominan en El Malagón.

Otro de los rasgos culturales que se ha utilizado para ofrecer una adscripción de determinados poblados al Horizonte Millares han sido la presencia de fortificaciones con bastiones. Si bien es evidente que responden a una necesidad social anteriormente referida, es preciso también recordar que este elemento no puede circunscribirse únicamente a algunos grupos calcolíticos y así su presencia se ha atestiguado en otras áreas: en el Estuario del Tajo destacan los poblados de Zambujal (Schubart, 1969 y 1971; Sangmeister y Schubart, 1982; Schubart y Sangmeister, 1984) y Vila Nova de Sao Pedro (Savory, 1968), en el sur de Francia (Lebous), en Extremadura donde destaca el poblado recientemente publicado de Palacio Quemado (Hurtado y Enríquez, 1991), en el suroeste el Cabezo de los Vientos (Piñón, 1987), en el Alto Guadalquivir, con los poblados de Alcores y Albalate (Arteaga, 1987; Arteaga, et al., 1987; Nocete, 1989).

Volviendo al Sureste las fortificaciones se hallan presentes prácticamente en todos los poblados excavados, aunque nunca llegan a alcanzar la entidad de los sistemas defensivos de Los Millares (Arribas, et al., 1981, 1983 y 1987; Arribas y Molina, 1984b; Molina, 1988 y 1991). Las encontramos así en Campos (Martín y Camalich, 1986; Camalich et al., 1987a y 1987b); Zájara (Camalich et al., 1990), Almizaraque (Delibes et al., 1986)(10) y más recientemente en los trabajos realizados en Las Pilas (Mojácar, Almería) (Alcaraz, 1992).

También encontramos que todos los poblados excavados del entorno cercano de El Malagón presentan fortificaciones de entidad, incluyendo el mismo poblado objeto central de este trabajo de investigación (Arribas et al., 1978; Torre et al., 1983; Torre y Sáez, 1986). Así nos encontramos también fortificaciones en el Cerro de la Virgen (Orce, Granada) (Schüle, 1986), el Cerro de las Canteras (Vélez Blanco, Almería) (Motos, 1918; Chapman, 1987), Las Angosturas (Gor, Granada) (Molina, 1983; Fernández-Fígares, 1981) y Los Castellones de Laborcillas (Mendoza et al., 1975; Aguayo, 1987). También hay evidencias de fortificación en poblados sin excavar como es el caso de El Puntal (Aldeire, Granada) (Raya, 1987; Raya et al., 1989), donde parece intuirse en superficie una doble alineación que pudiera corresponderse con unas líneas de murallas.

De todo lo anteriormente expuesto se desprende que la presencia/ausencia de fortificaciones se puede considerar como un buen indicador de la existencia o no de patrones jerárquicos interregionales o de posiciones puntuales entre sociedades en una misma región, pero nunca hay que tomarlo como un rasgo exclusivo de un Horizonte Cultural en el sentido que se le da aquí al término y mucho menos de una de las culturas/formaciones sociales que integran éste, y además se tiene que tener en cuenta que a medida que aumentan las excavaciones aparecen más poblados fortificados, aunque no todas las defensas tienen la misma entidad y fundamentales, por ejemplo, pueden ser las líneas de fortines exteriores como la espectacular línea documentada en Los Millares (Arribas et al., 1983 y 1987; Molina et al., 1986; Molina, 1991), por lo que a la hora de realizar estudios sobre la importancia de un determinado asentamiento hay que utilizar rasgos complementarios (por ejemplo, los problemas que se le crean a Hernando (1987) para valorar algunos poblados del Sureste, especialmente de las zonas bajas). Se han sugerido aquí posibles fortines (La Zenaca II, La Peña, etc.) y excavaciones recientes en la Sierra de los Filabres parecen confirmar la existencia de este tipo de yacimientos en varias zonas durante el Calcolítico (Martínez et al., 1991). En Los Millares, la importancia del yacimiento viene asegurada por la impresionante necrópolis (Almagro y Arribas, 1963), que aparte de exhibir las diferencias sociales dentro de la comunidad entre las clases (Chapman, 1981) pudo jugar un importante papel justificador de la posición de Los Millares a través de los rituales realizados en ella (Molina, 1988), incluyendo incluso la centralización de parte de los enterramientos de las comunidades dependientes (Maldonado et al., 1991).

Argumentos similares hay que emplear al referirnos a las estructuras funerarias, si bien aquí contamos con la dificultad adicional de no tener evidencias concretas de enterramientos calcolíticos en el Pasillo de Cúllar-Chirivel si exceptuamos las sepulturas circulares ya referidas para los momentos antiguos en el entorno de la ciudad de Cúllar y que parecen configurar ya verdaderas necrópolis relacionadas con sus asentamientos respectivos. Conocemos otras sepulturas de este tipo en el entorno del Cerro de las Canteras (Motos, 1918) y tradicionalmente han sido adscritas al horizonte neolítico de la Cultura de Almería (Leisner y Leisner, 1943), aunque la larga utilización de las sepulturas colectivas puede explicar la presencia en ella de materiales de la edad del Cobre, lo que ha menudo ha confundido a algunos autores (Acosta y Cruz Auñón, 1981), como ya se ha referido.

Hay que tener, por tanto, en cuenta que estas sepulturas circulares se sitúan en un área periférica a los desarrollos más espectaculares de la Edad del Cobre del Pasillo de Cúllar-Chirivel. Sin embargo, en su zona centro-oriental aparecen una serie de sepulturas, que en publicaciones recientes (Ramos et al., 1991) han sido catalogadas como enterramientos colectivos en el entorno de Tarifa y Las Vertientes, y que nosotros, como ya hemos apuntado anteriormente consideramos que pueden pertenecer a la Edad del Bronce. Además estos enterramientos se han querido vincular al Malagón, presuponiendo la inexistencia de habitat en este área hasta el Cobre Final, hecho que como hemos visto era necesario para mantener la propiedad de la mina de La Venta (Orce) por parte de los pobladores de El Malagón sin entrar en las, a menudo peligrosas, valoraciones de las relaciones entre asentamientos.

Si avanzamos más hacia occidente habría que señalar que si se quieren utilizar los enterramientos calcolíticos como marcadores de un horizonte cultural, y siempre teniendo en cuenta que no habría que valorarlos aisladamente sino en relación al resto de la cultura material, habría que tener en cuenta una doble oposición:

a) Por un lado, tholoi frente a megalitos. En este nivel el rechazo al Horizonte Millares por parte de Micó (1991) al constatar en el entorno de Las Angosturas (Gor) sepulturas megalíticas, deja sospechosamente de lado la misma evidencia que él también recoge de que en la zona más inmediata al poblado existirían una serie de tholoi agrupados. Por otro lado, la evidencia de Los Millares muestra que el dominio de las sepulturas de falsa cúpula o, en general de mampostería, no hay que tomarlo en sentido exclusivista. Incluso la oposición entre "horizonte megalítico" al oeste de la provincia de Granada y "horizonte Millares" al este (Arribas y Molina, 1978, 1979 y 1984a; Molina, 1983) no se puede reducir a la caracterización de las sepulturas sino que hay que tener en cuenta el conjunto de la cultura material, para evitar caer en las paradojas de Micó (1991) que nos incapacitarían para el conocimiento de la historia sociopolítica, y ser capaces de comprender las distribuciones de sepulturas ortostáticas en el pasillo de Tabernas (Alcaraz et al., 1987; Maldonado et al., 1991) o en las sierras de Alhama y Gádor (Arribas et al., 1981; Cara y Rodríguez, 1989).

b) Es por ello que, en nuestra opinión, esa evidencia habría que completarla con la documentación de una oposición entre necrópolis concentradas y necrópolis dispersas a lo largo de un amplia área (como los del río de Gor) y observar la relación que tiene con las características diferenciales del tipo de poblados a que se adscriben cada uno de estos tipos.

En cualquier caso nunca se debe dejar de lado el estudio tanto de la cultura material que contienen las sepulturas como su posición en el paisaje, ya que las diferencias en éste también puede ser un claro indicador cultural.

- La génesis de un modelo de explotación del territorio

A lo largo de los párrafos que anteceden se ha podido vislumbrar que en el Pasillo de Cúllar-Chirivel la adecuación del territorio durante el Calcolítico cuenta con rasgos específicos que la diferencian de otros períodos. Como causas hay que desechar hipótesis simplistas derivadas de la presión demográfica (Ramos, 1981) o la adaptación a condiciones medioambientales hostiles (Chapman, 1991; Mathers, 1984a y b). Para comprender bien los cambios de poblamiento de un área y en definitiva la dinámica social que está tras ellos, hay que tener en cuenta las cambiantes necesidades de una sociedad desde el punto de vista tanto de las características internas en cuanto a condicionantes para el acceso igualitario o no a los productos que genera como de los condicionantes exteriores que obligan a responder a este tipo de situaciones. Surgen así una serie de interrogantes: ¿en qué medida el cambio en la explotación del territorio estuvo motivado por la serie de cambios que se van a dar en el Sureste y de qué forma afectaron ambos factores a la evolución social interna?, ¿cómo se distrajeron las tensiones provenientes de los cambios y cuales fueron las causas que provocaron la ruptura del sistema?.

Podemos pensar que el funcionamiento de los mecanismos de explotación se hallaba tan vinculado a las relaciones exteriores que una alteración en éstas pudo conducir al caos, a la revuelta de los dominados si las contrapartidas eran escasas, a la emigración en masa si las posibilidades eran ahora mejores en otras zonas (Nocete, 1989 y 1989b; Gilman, 1987a; Shennan, 1982). Estas y otras vías se han ido delineando en las páginas que anteceden pero solo con un análisis cuidadoso de todos los restos recuperados del registro arqueológico se podrán obtener un cuadro coherente.

c) El poblamiento del Pasillo de Cúllar-Chirivel en la Edad del Bronce (primera mitad del II milenio) (Fig. 7)

* Relaciones entre asentamientos

También en la transición a la Edad del Bronce podemos hablar de continuidad en el poblamiento en torno a las buenas tierras agrícolas. Si bien ahora comienzan a primar los sitios estratégicos, asistiendo paulatinamente durante esta fase del poblamiento a un cambio del patrón de asentamiento prefiriéndose para su localización los emplazamientos con mejor defendibilidad y visibilidad, controlando los pasos en las rutas más importantes que conectan el pasillo con el Sureste. Así en la zona del río de Cúllar los poblados de Fuente del Oro y Pulpite van a controlar las fértiles tierras de este río. En la franja central que recorre el Pasillo de norte a sur van a destacar los poblados de Tarifa y Cerro de la Yesera, mientras que en el área sur, donde antes El Malagón era el centro, nos vamos a encontrar con poblados como el Cerro del Almirez, Las Tenadas o el Cerro de Don Pedro. En la parte norte, cerca de los afloramientos silíceos, nos encontramos con los poblados de Cortijo del Berrocal y La Peña. Destaca en el noroeste la presencia del poblado de El Margen, poblado de nueva planta del Bronce Pleno, que nos entronca con todo el poblamiento del río Galera (Fresneda et al., 1991) y de la Depresión de Huéscar. En toda el área se puede observar una evolución del poblamiento desde el Bronce Antiguo, con una clara conexión con las raíces calcolíticas, hasta la expansión argárica en torno al 1600-1500 a.c.

En la zona sur ya se ha referido la excepcional posición del Cerro del Almirez (Grupo 3C) en torno al cual debe valorarse todo el poblamiento del Pasillo de Cúllar-Chirivel en el momento de plenitud de la Edad del Bronce. Junto con La Peña al noreste, El Margen al noroeste, el Cerro de la Yesera en la zona centro-este y la Fuente del Oro en la zona centro-oeste configura el grupo de asentamientos en el cual podemos encontrar con claridad una serie de rasgos que los vinculan al Horizonte Cultural Argárico (considerado éste en el mismo sentido en el que antes nos referimos al Horizonte Millares). Las precisiones que podemos hacer, sin embargo, sobre los rasgos sociales específicos del pasillo de Cúllar-Chirivel durante la Edad del Bronce cuentan con una limitación adicional con respecto a aquéllos con que debimos enfrentarnos al tratar el poblamiento de la Edad del Cobre. Nos estamos refiriendo a la ausencia de poblados excavados en el Pasillo de Cúllar-Chirivel correspondientes a esta etapa.

Sin embargo contamos con buena información procedente de las áreas vecinas, donde se han realizado diversas excavaciones arqueológicas y donde el registro arqueológico ha sido muy variado. Al sur del pasillo tenemos que destacar los trabajos que se realizaron en El Picacho, un asentamiento estratégico de control de un paso que ya se ha referido en otro lugar de este trabajo como fundamental, la Boca de Oria. Aquí se llevaron a cabo trabajos arqueológicos a comienzos de los años 70 (Hernández y Dug, 1975). Por otro lado, en la zona norte contamos con un yacimiento calcolítico en el que se introducen los rasgos tradicionalmente conocidos como de argarización tras un episodio campaniforme de excepcional importancia. Nos estamos refiriendo al Cerro de la Virgen (Schüle y Pellicer, 1966). Por último, tendríamos que referirnos a las excavaciones arqueológicas más recientes realizadas en un yacimiento muy cercano a El Margen, el Cerro del Castellón Alto de Galera (Molina et al., 1986), donde se pudo excavar de manera sistemática un poblado de nueva planta de la Edad del Bronce.

Para estos casos podemos encontrar paralelos en el interior del pasillo. La Peña (Grupo 3C) podría ser un típico poblado encaminado al control de rutas hacia la sierra a través del Barranco del Yunco y un poco más al oeste el camino tradicional que pasa junto a La Venta, mientras que el Cerro de la Zanja y Tarifa muestran fases de Calcolítico avanzado seguidas de los inicios de la Edad del Bronce (particularmente, en el caso de Tarifa si se confirma el hallazgo de un enterramiento en cista). Sería necesario contar con la excavación de un poblado como el Cerro del Almirez, aunque podemos utilizar los resultados del Cerro del Castellón Alto de Galera (Molina et al., 1986).

En los poblados citados en los inicios de este análisis hallamos evidencias de aterrazamientos para el habitat (Cerro del Almirez, Cerro de la Yesera y quizás Fuente del Oro y La Peña) acompañados de murallas. Para una articulación de éstos con las viviendas se puede ver el caso de Peñalosa (Baños de la Encina, Jaén) (Contreras et al., 1989 y 1991). La disposición de las estructuras de habitación localizadas en la prospección es, sin embargo, muy diferente en el fortificado Cerro de la Zanja, donde los rasgos arquitectónicos deben remontarse al Cobre Pleno avanzado y también en el problemático Cerro de Don Pedro y en Pozo Viejo I, que domina el amplio valle que varias ramblas dibujan en su confluencia con Rambla Bermeja y que nacen en la pequeña sierra al norte donde se sitúa el Cerro de Don Pedro. Sin embargo, al contrario que El Vinco, pierde el control hacia el este, aunque desde luego su posición con respecto a los terrenos agrícolas y en cuanto a estrategia posicional es mucho mejor que la de Hojares y, por supuesto, que la de Pozo Viejo II.

En cuanto a la cultura material, los vasos carenados, cuencos parabólicos, las tulipas, los cuencos de copa y vasitos ovoides, así como los labios de las ollas decorados con impresiones e incisiones y las grandes vasijas de almacenamiento proporcionan la guía básica para la adscripción cultural en unión del tipo de habitat antes descrito y la exigua información sobre los enterramientos de la que posteriormente nos ocuparemos. Estos elementos están de nuevo presentes en el Cerro del Almirez, Las Tenadas, Pozo Viejo I, Cerro de la Yesera, Pulpite, Fuente del Oro y El Margen; y como rasgos aislados en un repertorio material típico de momentos avanzados de la Edad del Cobre en Tarifa y Cerro de la Zanja.

Teniendo en cuenta la desigualdad del registro arqueológico entre los diferentes poblados localizados en la prospección, el análisis de sus relaciones se establecerá teniendo en cuenta un condicionante básico: el momento cronológico al que podemos adscribirlos. Por un aldo, el Bronce Antiguo, aproximadamente entre 1800 y 1500 a.c. en fechas sin calibrar, y que verá, básicamente, la continuación del esquema de ordenación del territorio establecido en el Cobre Final. Por otro lado, nos ocuparemos después de aquellos poblados que presentan rasgos argarizantes y que, por tanto, han recibido la adscripción de Bronce Pleno, teniendo en cuenta que puede producirse entre ambos un cierto solapamiento y que localizar evidencias de amplias perduraciones en la ocupación de un poblado (como puede suceder en el Cerro de la Virgen) no siempre es fácil a través de una prospección superficial.

Toda la zona oriental de nuestra área de estudio conforma durante la Edad del Bronce una red de intervisibilidad, como en parte ya se ha referido al tratar del control del Cerro del Almirez. No es éste el que ocupa el emplazamiento más alto, ya que el Cerro de Don Pedro (Grupo 3C) y Pozo Viejo I (Grupo 3B) en el límite oriental del término municipal de Cúllar se sitúan por encima de los 1300 m., pero sí es significativo que tanto desde el Cerro del Almirez como desde el Cerro de la Yesera se controlan hacia el oeste los ricos llanos agrícolas del curso medio de las ramblas que en sentido sureste-noroeste van a desembocar al río de Cúllar. La situación central del Cerro de la Zanja sobre esta zona puede explicar una pervivencia de este yacimiento subordinada a los dos grandes poblados, aunque es el Cerro del Almirez el que se beneficiará más del control de la rica vía hacia el sureste y la fértil vega de la Rambla de Fajardo en sus inmediaciones, aunque el Cerro de la Yesera no desperdiciaría la excepcional posición sobre los recursos mineros en las cercanías. Es sintomático que todos los yacimientos tratados conformen en el Análisis de Componentes Principales un gran grupo de alta defendibilidad (Grupo 3C).

Tanto Tarifa como Cortijos de la Bermeja se abandonan en los momentos iniciales de la Edad del Bronce. En este último caso, su posición de control de paso en la Rambla Bermeja se vería mitigada por su encajonamiento por lo que si a ello unimos la aparición de nuevos poblados de control en la zona como son Pozo Viejo I y Las Tenadas y suponemos una expansión hacia el control de los recursos del nuevo centro que constituye el Cerro del Almirez tras la descomposición de la organización territorial existente en la zona durante el calcolítico, se puede plantear una potenciación de la vía más septentrional de la Cañada del Pasto hasta unírsele a la Rambla Bermeja en las inmediaciones de Pozo Viejo, en una zona que queda fuera de la visión directa desde el Cerro de la Yesera por impedirlo la Morra de los Clérigos (1235 m.) y del Cerro del Almirez por las diversas avanzadas de la Sierra de las Estancias (Cerro de los Goncillares y Alto de la Pililla). No contamos, sin embargo, con datos suficientes para afirmar si el Cerro de la Yesera y Cerro del Almirez constituían o no dos entes políticos separados. El Cerro de la Zanja, el Cerro de Don Pedro (Grupo 3C) y Las Tenadas (Grupo 3B) podrían actuar bien como nexo o bien como frontera, en este último caso vinculados al Cerro del Almirez. El caso de Las Tenadas es también interesante por suponer el yacimiento más cercano a El Malagón, en la confluencia de las Ramblas del Barranco de las Zahurdas y la Cañada del Pasto, y, por tanto, con buenas posibilidades agrícolas.

Solo un análisis detallado de un repertorio material más amplio (necesidad de sondeos y excavaciones sistemáticas) podrá decidir definitivamente entre ambas hipótesis, aunque la reestructuración del poblamiento en el antiguo centro sugiere una expansión hacia el norte desde el Cerro del Almirez mientras el Cerro de la Yesera estaría más vinculado a la zona este a través de la vía que supone la Rambla de la Venta y la Rambla de Chirivel, aunque Cerro de Don Pedro también podría controlar las ramblas que bajan hacia ésta en sentido suroeste-noreste (Rambla de Cañada Honda y nacimiento de la Rambla de Chirivel).

Si valoramos la extensión de los asentamientos, Cerro del Almirez, Cerro de la Yesera y Cerro de Don Pedro siguen siendo, teniendo en cuenta las limitaciones que ofrece una prospección en este campo, los yacimientos destacados.

En la zona norte del Pasillo Cúllar-Chirivel la estructuración del Cobre Reciente parece mantenerse básicamente durante el Bronce Antiguo, aunque la única evidencia disponible procede de La Zenaca I, al que consideramos en su momento como un poblado con el que estaría relacionado el fortín La Zenaca II. Es, sin embargo, Cortijo del Berrocal, con su alta visibilidad y mayor extensión, el yacimiento que parece estructurar el poblamiento de las estribaciones de la sierra norte en los momentos correspondientes al Bronce Pleno (su repertorio cerámico incluye sin embargo poco material). En esta zona ya nos hemos referido a las características argáricas de La Peña y su posible habitat aterrazado en la ladera noroeste. Este yacimiento debió controlar como ningún otro el paso hacia el interior de las montañas. La conexión visual entre Cortijo de El Berrocal y el Cerro de la Yesera no encuentra ningún impedimento, por lo que se puede pensar que, en las transformaciones que acompañarán la transición Cobre/Bronce en el Pasillo Cúllar-Chirivel, el control de los recursos de la sierra norte y de la zona minera de Tarifa y su posible complementariedad debió adquirir gran importancia.

Sobre la zona oeste ya hicimos abundantes referencias al tratar sobre el fin de la Edad del Cobre en la zona. Es aquí donde las transformaciones son más espectaculares y de emplazamientos de nula defendibilidad se pasa a otros fuertemente defensivos, ya sea por su simple emplazamiento en esas zonas de alta pendiente (Fuente del Oro - Fuente de la Quicuta) o por alta defendibilidad de unidades geomorfológicas compactas donde se ubican algunos asentamientos como Pulpite (Grupo 3C), que además se puede considerar el asentamiento más extenso de la zona. El registro arqueológico de estos asentamientos incluye en estos poblados de nueva planta materiales de los momentos de plenitud de la Edad del Bronce (cuencos de copa, tulipas, grandes vasijas de almacenamiento, etc.). Ya se han referido los excepcionales recursos agrícolas del entorno de Cúllar, pero si bien el desplazamiento de la población hacia Fuente del Oro puede explicarse por las simples necesidades defensivas en un contexto de conflictos de competencia y emulación, la fundación de Pulpite hay que vincularla a la revitalización de la ruta central del pasillo desde el área de Cúllar hasta la Rambla de Chirivel, aunque dado el encajonamiento del río de Cúllar la ruta debía transcurrir por los llanos más al sur como ya se refirió al tratar sobre la captación de recursos desde Pulpite, que controla las escarpadas terrazas del río de Cúllar. En torno a la hipotética vía referida hay que señalar la presencia de un hallazgo aislado en Venta Quemada en un punto intermedio entre Pulpite y el Cerro de la Yesera.

No nos referiremos al noroeste de la zona de estudio, donde se encuentra el poblado de El Margen por entrar dentro de la zona objeto de una Tesis Doctoral actualmente en curso en el Departamento de Prehistoria y Arqueología de Granada, con cuyos resultados habrá que cotejar las hipótesis señaladas a la hora de valorar los recursos potenciales de este asentamientos.

* Relación asentamientos/necrópolis

La evidencia arqueológica es problemática ya que en gran parte se debe a la recogida de restos superficiales puestos al descubierto por la erosión o los furtivos y en otros casos producto de noticias de hallazgos antiguos. Manejando la evidencia con cuidado se pueden señalar dos grupos de datos: por una parte, aquéllos que indican una verdadera adopción del rito de inhumación individual bajo las viviendas con la valoración de la familia como unidad social básica y a través de la cual la posición social se hereda con independencia del sexo y sobre todo de la edad (Humphreys, 1981; Molina, 1983). Los datos con que contamos sobre este aspecto en el término municipal de Cúllar incluyen las referencias a una cista localizada en la aldea de Tarifa y, con más problemas, los restos localizados en una fisura del Cerro de la Yesera que muestran una asociación de restos humanos con materiales de filiación claramente argárica (ollas de perfil ovoide, vasijas carenadas). No conocemos, sin embargo, la relación de estos enterramientos con el espacio doméstico.

Sin embargo, la evidencia de El Picacho de Oria (Hernández y Dug, 1975; Lull, 1983) y Cerro de la Virgen (Schüle y Pellicer, 1966) en una zona cercana a nuestra área de estudio sugiere que también aquí se extendió la costumbre de enterrar a los muertos bajo el espacio doméstico, evitando así, por un lado, que el individuo acabe con la muerte (Humphreys, 1981), pues seguirá viviendo con los vivos bajo las casas y, por otro lado, asegurando, por la continuidad directa, el derecho a una herencia de la posición social. En el caso de El Picacho encontramos, por ejemplo, niños con rico ajuar. En zonas no muy alejadas también se conocen enterramientos bajo las viviendas como sucede en el Castellón Alto de Galera, Loma de la Balunca (Castilléjar) y Terrera del Reloj (Dehesas de Guadix) (Molina et al., 1986), Cuesta del Negro (Purullena) (Molina y Pareja, 1975); o incluso en zonas más lejanas del foco inicial del Sureste como sería el caso del Alto Guadalquivir donde enterramientos bajo las viviendas se conocen en Peñalosa (Contreras et al., 1989, 1991), Cerro del Alcázar (Zafra, 1991; Zafra y Pérez, 1992), Rincón de Olvera (Carrasco y Pachón, 1986), etc.

El enterramiento en fisura del Cerro de la Yesera de confirmarse supondría un tratamiento diferencial de algunos difuntos. Tenemos que pensar que, a la vista del número de enterramientos conocidos en relación con las áreas excavadas, la mayoría de la población de los poblados argáricos no llegaba a ser enterrada según la norma y enterramientos en grietas se conocen en el Rincón de Olvera aunque han sido adscritos por sus excavadores a un momento tardío de la ocupación del yacimiento y relacionable con la ausencia de evidencias sobre los enterramientos del Bronce Tardío en la Cuesta del Negro (Carrasco y Pastor, 1986).

El otro grupo de datos sobre los enterramientos en el pasillo lo encontramos en la presunta existencia de una cueva artificial en el Cerro de la Fuentecica. El número de inhumaciones es, sin embargo, reducido (tres individuos). La adscripción cultural es problemática. Si la consideramos de un momento calcolítico habría que vincularla en cualquier caso a Las Vertientes o a Tarifa y de ninguna forma a El Malagón (Ramos et al., 1991). Por otra parte, los restos materiales sugieren un momento de la Edad del Bronce Inicial para su utilización. No es éste el único caso de enterramientos en estructuras relacionadas con el megalitismo durante la Edad del Bronce. Ya Mergelina (1941-42) consideró que en esta época se utilizaron dólmenes pequeños en la necrópolis de La Camarilla (Las Peñas de los Gitanos, Montefrío, Granada) para inhumaciones individuales o de un escaso número de personas. Igual ocurre en la necrópolis dolménicas de Los Eriales y del río de Gor. También algunas sepulturas de Marroquíes Altos (Jaén) muestran elementos en su ajuar que sugieren una utilización durante la Edad del Bronce (Lucas Pellicer, 1968) o el caso más espectacular de las inhumaciones colectivas en el Pantano de los Bermejales (Arribas y Sánchez, 1970). En estos casos se puede ver la resistencia al cambio o el enmascaramiento de éste a través de la utilización de un ritual arcaizante (Parker-Pearson, 1982).

* Las relaciones a escala regional. El Pasillo de Cúllar-Chirivel y el Sureste durante la Edad del Bronce

Nuestra zona de estudio es considerada una de las vías tradicionales por las que las influencias argáricas procedentes de la región murciano-almeriense penetran en las tierras de la Alta Andalucía (Granada e incluso Jaén) (Pareja, 1976). Muchos de los rasgos que se han venido considerando típicos de la norma argárica aparecen en algunos de los poblados que hemos analizado, sobre todo en un momento pleno o de apogeo de la Edad del Bronce (Molina, 1983; Chapman et al., 1987). Nos encontramos así con unos patrones de asentamiento dominados por la presencia de los poblados más importantes y de algunos otros en áreas elevadas con buenas posibilidades de control del territorio y de las vías de comunicación que lo atraviesan y en muchos casos cerca de fuentes de agua (éste sería el caso por ej. del Cerro de la Zanja). También contamos con indicios de urbanismo establecido a través de aterrazamiento artificial de las laderas de los cerros y la disposición en esas terrazas de viviendas y calles angulares (Cerro del Almirez y Cerro de la Yesera).

La arquitectura argárica cuenta con unas bases sólidas de conocimiento. Estas bases fueron sentadas en un principio por los hermanos Siret (1890) con la excavación de importantes poblados argáricos, como Fuente Alamo, El Oficio, Fuente Bermeja, Gatas y El Argar entre otros. En las últimas décadas, la investigación prehistórica del Sureste se ha centrado en el estudio de asentamientos del Bronce Antiguo y Pleno, tales como El Picacho, la Bastida de Totana, Cerro de la Virgen, Cuesta del Negro, Cerro de la Encina, Lugarico Viejo, Castellón Alto, Peñalosa y nuevamente Fuente Alamo y Gatas.

Con los datos proporcionados por esta serie de trabajos conocemos bastante bien los patrones arquitectónicos argáricos, que imponen el abandono de un urbanismo primitivo que venía caracterizado por la distribución dispersa y aislada de las viviendas. Los poblados argáricos se emplazan sobre las laderas y cimas de cerros escarpados; las viviendas de planta más o menos rectangular están compuestas a menudo por varias habitaciones alineadas a lo largo de estrechas terrazas, que se escalonan por las pendientes de los cerros, o que forman núcleos más compactos, con calles estrechas y tortuosas en las partes superiores de las mismas, como se observa en el Castellón Alto de Galera o en Peñalosa (Baños de la Encina). Estos poblados de altura se caracterizarían por hallarse provistos de un aparato de fortificación, acrecentando las posibilidades defensivas qué por su naturaleza presentan estos cerros.

El gran incremento en el número de poblados argáricos localizados hasta el momento nos muestra el creciente desarrollo demográfico durante la Edad del Bronce. Estos asentamientos se distribuyen espacialmente dentro del Sureste siguiendo unos patrones claros de jerarquización con vistas a la explotación económica de los recursos potenciales de los diferentes ecosistemas.

Las evidencias sobre los enterramientos individuales bajo las viviendas ya vimos que son más exiguas (Tarifa) y por tanto no podemos contar con ellas para realizar inferencias sobre el grado de jerarquización de la sociedad de la Edad del Bronce del pasillo, aunque por la información procedente de yacimientos argáricos cercanos como El Picacho y el Cerro del Castellón Alto de Galera o el Cerro de la Virgen de Orce podemos suponer que los yacimientos del Pasillo de Cúllar-Chirivel entrarían dentro de las pautas funerarias del mundo argárico.

Lo funerario en el mundo argárico siempre ha jugado un gran papel a la hora de estudiar esta cultura. Veamos brevemente algo referente a las tumbas argáricas y su significación. Las sepulturas argáricas se caracterizan no solo por sus rasgos formales y constructivos (cistas, fosas, covachas excavadas en la roca, urnas....), sino también por su localización, generalmente al lado de las unidades de habitación. Los poblados más típicos de la Cultura del Argar, en consecuencia, funcionaban como lugares de morada de los vivos y de los muertos.

Estas circunstancias traducen de una manera clara la significación que para los argáricos tenían sus difuntos, a los cuales no solo rendían cultos rituales, cifrados en las creencias relativas al "más allá", sino que también llegaban a venerarlos como antepasados notables, manteniéndolos cerca, seguramente para simbolizar de una manera directa la ascendencia que algunos vivos mostraban con orgullo, sobre todo, en aquellos casos que importaba justificar conceptos de sangre y linaje. El ritual es siempre la inhumación, individual o doble, casi siempre hombre-mujer, y en algunos casos triple, siendo niño el tercer enterrado. Esto nos demuestra el gran papel que dentro del seno de algunas organizaciones sociales de la Edad del Bronce habían llegado a desempeñar los núcleos familiares y los individuos, siendo elementos capaces de alcanzar ostentaciones de prestigio, alcurnia, riqueza y poder.

En las áreas aledañas al pasillo de Cúllar-Chirivel (Torre, 1979; Schubart, 1983; Schubart y Arteaga, 1986; Lull y Estévez, 1986; Molina, 1983; Contreras et al., 1987-88,1990, 1991) las diferencias en ajuares, forma y disposición de las tumbas, así como el hecho de que los elementos o las asociaciones que implican dignidad social han superado las barreras de la edad y el sexo, nos llevan a pensar, en unión con las evidencias sobre argarización del territorio y sobre la articulación visual de los yacimientos, que el caso del Pasillo de Cúllar-Chirivel no sería muy diferente al de las otras zonas, y que se puede suponer una organización aristocrática en base a los vínculos familiares intra e interasentamientos. En el caso del Sureste se ha llegado a hablar de tumbas principescas y de un estado centralizado en base a El Argar y que incluiría también Fuente Alamo (Schubart, 1983; Schubart y Arteaga, 1986), pero el carácter aristocrático de las élites y las relaciones familiares que establecen entre ellas dificultan el trazado de fronteras para la Edad del Bronce.

La implantación del enterramiento individual en la primera mitad del II milenio a.c. es un fenómeno común a amplias áreas de Europa y recientemente ha sido valorado el papel de las redes de intercambio puestas en funcionamiento por la demanda de los bienes de prestigio de vinculación campaniforme (la propia cerámica, la metalurgia, etc,) para generar por emulación el surgimiento de un nuevo fenómeno de enterramiento que supone la ruptura total con los lazos de parentesco amplios que aún sin organizar ya realmente la sociedad, en amplias zonas de la fachada atlántica europea, habían servido para enmascarar y diluir las diferencias sociales reales (Shennan, 1982).

La superación de esas tradiciones supone así la concienciación de que el sistema, a través de los cambios de descentralización y complementariedad entre élites, no puede verse ahora amenazado tan fácilmente desde sus bases (aunque no hay que excluir circunstancias excepcionales donde la revuelta sería posible) y por tanto la posición social no sólo no se debe ocultar sino que se debe exhibir, de manera tal que tanto aquellos que rivalizaran en poder como aquéllos que se encuentran subordinados aprecien la capacidad del dirigente de adquirir bienes, y que no es sino la capacidad de éste de movilizar hombres y, a través de éstos, otros recursos. Si bien el enterramiento individual y bajo las casas implica un deseo de expresar la continuidad física entre los diferentes miembros de las familias que traspasan el poder hereditariamente, como se muestra en los ricos ajuares infantiles (Molina, 1983), el hecho de que así parte de la riqueza se emplee directamente en la justificación ideológica implica que la situación social de los poderosos aún no es, o no la ven como tal, muy firme (Parker- Pearson, 1982).

Prueba y causa de la inestable situación de las clases dominantes en el mundo de la Edad del Bronce son los emplazamientos a que ya nos hemos referido y las fortificaciones con que se rodean. La gama de recursos controlados directa o indirectamente por los poblados del Pasillo de Cúllar-Chirivel es muy amplia, como se ha podido comprobar en el apartado precedente, y además tampoco todos los poblados de montaña buscan recursos minerales debiendo jugar un papel muy importante el control de las vías hacia los pastos altos. La importancia de la metalurgia hay que valorarla en el sentido de que la interrelación entre los asentamientos, y su dependencia en algunos casos, haría innecesario un acercamiento de todos y cada uno de ellos a los filones conocidos. Aunque podría plantearse la posibilidad de la existencia de otros filones más pequeños localizables, siguen teniendo importancia los recursos cupríferos para el poblamiento del sur y al este de la zona de estudio (Tarifa, Cerro de la Zanja, Cerro del Almirez, etc.). No sucedería así con la zona del río de Cúllar donde asistimos a un despegue de origen agropecuario, con una jerarquización no constatada en las etapas precedentes.

Complementariedad y tributo en relación a los diferentes tipos de recursos se ha asociado tanto para el oeste de Granada (Molina, 1983) como para el área del río Almanzora (Schubart y Arteaga, 1986). En el modelo de Fuente Alamo, las gentes de este poblado estarían encargadas de controlar las explotaciones mineras y quizás de elaborar un primer ensayo de separación de la materia mineral. En todo caso, cuidaban celosamente el envío de material a otros centros de producción, en los cuales se efectuaban las manufacturas. De todos los centros conocidos, El Argar pudo asumir la categoría de centro capital. Fuente Alamo muestra una circulación de piezas acabadas. En este papel de dependencia que asume Fuente Alamo enviando materias primas a la zona de Almanzora-Antas-Aguas se explica también esa "correspondencia" mediante la cual llegaban sin falta a la sierra otros productos como la carne de vacuno y el trigo. Es un modelo jerarquizado de explotación del territorio en el que cada asentamiento juega un papel en el sistema económico y en donde el foco metalúrgico o los focos se sitúan en poblados agropecuarios y no generalmente al lado de las minas.

En el modelo de subsistencia de la Vega de Granada (Molina, 1983), los poblados más meridionales cerraban los accesos que enlazaban con la costa; al norte otro pequeño grupo de enclaves dominaban los pasos naturales que se abrían hacia el Alto Guadalquivir, mientras que el grueso de los asentamientos se situaba en los valles del Genil, Monachil y Dílar, bajo Sierra Nevada. Esta distribución sugiere que las distintas actividades económicas primarias de los distintos poblados podrían estar diferenciadas, pues mientras los situados a mayor altura, en Sierra Nevada, por su emplazamiento solo podían estar dedicados a la minería, importando la mayoría de sus necesidades alimenticias, los más bajos en el mismo borde de la Vega, desarrollarían al máximo sus posibilidades agrícolas y ganaderas. Por tanto, estos poblados se integrarían en un sistema interdependiente en el que se desarrollarían actividades suplementarias.

Un modelo similar de complementariedad se ha establecida en la cuenca del río Rumblar, donde los poblados mineros y metalúrgicos del área intercambiarían lingotes y productos acabados por grano y otros productos alimenticios con las poblaciones de la campiña y de la Depresión Linares-Bailén (Contreras et al., 1989, 1990 y 1991).

Si hasta ahora no podemos ofrecer límites claros a la entidad o entidades políticas que se desenvolvieron en el pasillo de Cúllar-Chirivel en los inicios del II milenio, ello no nos impide rechazar, en base a las hipótesis de sociedades aristocráticas con vinculaciones múltiples pero limitadas en el espacio y el tiempo, como hemos visto en los modelos anteriores del Almanzora, Vega de Granada y Valle del Rumblar, los planteamientos (Lull, 1983) que han querido ver en el Horizonte Cultural Argárico la expresión de una sola formación social. Es de nuevo el desconocimiento de la escala al referirse a los elementos culturales lo que le lleva a marcar los límites de su "imperio" argárico en base a criterios propios nada claros (especialmente al referirse al poblamiento de Albacete y Alicante).

Como apostilla y teniendo en cuenta la concepción de "mundo argárico" no como una única cultura arqueológica sino como un Horizonte Cultural en el que incluimos diversos grupos arqueológicos representantes de unas sociedades cuyos componentes (especialmente las élites) adquirieron una serie de elementos materiales, y cuyo origen hay que buscar en los inicios del II milenio en el valle del Almanzora, hay que rechazar la concepción del Pasillo de Cúllar-Chirivel como un área marginal en la Edad del Bronce (Ramos et al., 1991), lo que sucede es que ninguno de sus importantes asentamientos (Cerro del Almirez o Cerro de la Yesera) han sido estudiados en detalle y mucho menos excavado.

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PIES DE FIGURAS

Fig. 1. Pasillo Cúllar-Chririvel. Area prospectada

Fig. 2. Pasillo Cúllar-Chririvel. Situación de yacimientos y hallazgos

Fig. 3. Gráficos cuantitativos sobre los resultados de la prospección

Fig. 4. Gráfico con los resultados del Análisis de Componentes Principales sobre los asentamientos de la Prehistoria Reciente del Pasillo Cúllar-Chirivel.

Fig. 5. La ocupación del Pasillo de Cúllar-Chirivel en la primera mitad del III milenio

Fig. 6. El poblamiento del Pasillo de Cúllar-Chirivel en la segunda mitad del III milenio y principios del II

Fig. 7. El poblamiento del Pasillo de Cúllar-Chirivel en la Edad del Bronce (primera mitad del II milenio)

1En este estudio también se incluye el material arqueológico procedente de una colección particular, la de D. Manuel González, así como la información y materiales proporcionados por el equipo de excavación de La Venta, dirigido por A. Ramos, que prospectó de manera selectiva el área del Pasillo que nos ocupa. En este sentido tenemos que agradecer la información transmitida por J.C. Aznar, miembro de dicho equipo y encargado de los trabajos de prospección. A la hora de la descripción de la cultura material tenemos que agradecer la ayuda prestada por F. Molina para la cerámica a mano, M. Orfila para la cerámica a torno, G. Martínez y J. Afonso para la piedra tallada y F. Carrión para la piedra no tallada.

2Según comunicación oral de G. Martínez.

3Comunicación verbal de G. Martínez.

4 Agradecemos a R. Buxó el habernos dejado para este trabajo el capítulo Resultados del análisis de semillas y frutos del poblado de El Malagón (Cúllar, Granada) de su Tesis Doctoral (inédita).

5A. Moreno: Malagón. Un asentamiento de la Edad del Cobre en el Pasillo de Cúllar-Chirivel, Tesis Doctoral en preparación.

6 Queremos agradecer nuevamente los datos suministrados oralmente por J.C. Aznar.

7 Noticias proporcionadas por F. Carrión a raíz de los resultados obtenidos en las prospecciones arqueometalúrgicas realizadas dentro del proyecto "Millares".

8A. Moreno: El Malagón. Un asentamiento de la Edad del Cobre en el Pasillo de Cúllar-Chirivel, Tesis Doctoral en preparación.

9A. Moreno: El Malagón. Un asentamiento de la Edad del Cobre en el Pasillo de Cúllar-Chirivel, Tesis Doctoral en preparación.

10Aunque en otros artículos se niega la existencia de fortificación (Delibes et al., 1985: 228).

 

 

http://www.ugr.es/~fccortes/curriculum/cullar.html

 


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Comentarios

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  1. #1 Uma 25 de mayo de 2007

    Bueno,es un artículo de hace tiempo,y no entiendo gran cosa de prehistoria,pero me ha parecido muy interesante y minucioso.

     
  2. #2 Uma 25 de mayo de 2007

    <a href="http://www.ugr.es/~fccortes/curriculum/cullar.html">aquí<a/>

     

  3. #3 Uma 25 de mayo de 2007

    http://www.ugr.es/~fccortes/curriculum/cullar.html

     

  4. #4 Uma 25 de mayo de 2007

    xD que caos

    si alguien puede decirme como,lo arreglo.

    el enlace es

    http://www.ugr.es/~fccortes/curriculum/cullar.html

     
  5. #5 A.M.Canto 25 de mayo de 2007

    Uma: Pues sí, bastante caótico, empezando por el título, que es tan largo, e incluyendo además a todos los autores, que se comerá todas las intervenciones en otros foros. Ocupa 9 líneas en una barra estrecha cuando lo normal son 3 o 4. Con llamarle "El pasillo Cullar-Chirivel durante la Prehistoria", y en autores "A. Moreno Onorato et al." sería suficiente. De todos modos, no es costumbre copiar y pegar aquí artículos completos de otras personas, pues con recomendar el link es suficiente, o si acaso resumir lo más importante de lo que dicen. Imagínese que todos hiciéramos lo mismo. Máxime cuando dice Ud. que no entiende del tema... ¿cómo piensa mantener activo el debate que se pudiera producir? Y,por otro lado, ¿tiene Ud. autorización de los autores para pegarlo aquí? No es un tema menor. Además, tal como ha quedado formalmente no tiene remedio. Ha dejado Ud. muchísimos espacios intermedios. Los comentarios tampoco tienen arreglo, con todos esos espacios en blanco. En fin, le recomiendo que, si sigue queriendo subirlo, lo borre todo y haga uno nuevo, y pida a los asesores que eliminen éste. Saludos.

  6. #6 Uma 25 de mayo de 2007

    he intentado borrarlo,paro nada.

    De todas formas Alicia,en cuanto a lo de "mantener el debate,"ahora mismo hay autenticas" joyas " en la portada con debates apasionantes,y artículos de los que hacen época...no creo que esto,aunque caótico,vaya a hacer demasiado daño.

    El artículo  es interesante  aunque no pueda mantener el debate,.mi intención,más que debatir era que se leyera

    En cualquier caso ,tiene usted razón en lo de que es es caótico,pienso que es un problema de formatos,porque lo he pasado a word y en mi ordenador queda bien.

    en fín.Como quiera que sea,lo he intentado borrar y no he podido,así que  ,si lo tienen a bién lo pueden hacer los administradores

    saludos
    Escribe aquí (borra esto).
  7. #7 Uma 25 de mayo de 2007

    por cierto,en cuanto al permiso de los autores,el artículo está en la red y yo he puesto el enlace.

    muchos artículos se han puesto así en celtiberia.yo misma lo he hecho varias veces y nadie me ha dicho nada

  8. #8 A.M.Canto 25 de mayo de 2007

    Lo del título y los autores sí lo podría hacer. Para borrar, le sugiero que lo intente por la versión antigua: Entra Ud. en "Mi Celtiberia", "Gestionar mis artículos", marca el texto y da a "suprimir". Saludos.

  9. #9 Abo 25 de mayo de 2007

    Pero Bruxiña, que fixeche? Pon el título más corto tal como te dice Alicia y despues....a ver si eres capaz de arreglarlo. A modiño.

  10. #10 Uma 25 de mayo de 2007

    no  lo sé Abo,voy a intentar arreglarlo otra vez...voy a ver si puedo quitarlo

  11. #11 SilberiusAdmin 27 de mayo de 2007

    Vamos a probar a ver porqué sale esto así de mal...

  12. Hay 11 comentarios.
    1

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