Autor: giorgiodieffe
sábado, 02 de diciembre de 2006
Sección: Artículos generales
Información publicada por: giorgiodieffe


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Barbaros y imigracion actual en el Occidente: un libro italiano

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La semana pasada he comprado un nuevo libro del doctor Alessandro Barbero, títulado "Barbari. Immigrati, profughi, deportati nell'impero romano", editores Laterza, Roma-Bari 2006, primera ediccion. Barbero es docente universitario italiano de Historia Medieval en la "Universidad del Piamonte Oriental" de Vercelli. El es originario del Piamonte Occidental (zona llamada "Pinerolese") y se ha merecido fama con la novela "Bella vita e guerre altrui di Mr. Pyle, gentiluomo", publicado en Milán 1995, que consiguió el premio Strega 1996 y fue traducido en siete lenguas. He escuchado personalmente Barbero en conferencias, más veces, le he preguntado algunas dudas y he participados en cenas en que presenció, por lo tanto me he percatado que él se mueve teniendo mucho en cuenta la mercadotecnia (me explico: su libro emplazado por último - lo de Mr. Pyle - no habría tenido muchos ejemplares vendidos, ni muchas traducciones, si el personaje principal se hubiera llamado Camacho Eanes da Silva, Illvuo Kakkuonen u Enver Dolnut Agà... y no es un caso que también la última novela trate de Toulouse Lautrec: parece, en efecto, que nuestro novelista se haga aconsejar de los directorios editoriales antes de iniciar la redacción... pero este no es sólo regla suya y es regla que devuelve bien, por lo tanto lo absolvemos). Pero, ya que no quiero hablar de una novela, el problema no se pone, por qué, cuando escribe de historia pura, Barbero siempre se demuestra muy serio, a pesar de que los temas que afronte puedan estar "de moda" en el momento, por qué, a denudo, grávidos de referencias al mundo actual. Algunos de sus textos como "Dizionario del Medio Evo" (2006, VII ed.) o "Medioevo. Storia di voci, racconto d'immagini" (1999), escritos en tándem con la profesora florentina Chiara Frugoni, son fundamentales. Interesantes, en cambio, "Carlo Magno. Un padre dell'Europa" (2006, V ed.), "Il Ducato di Savoia" (2002, II ed.), "La Battaglia. Storia di Waterloo" (2005, III ed.) y el libro "9 agosto 378. Il giorno dei barbari" (2005, III ed.). Venimos, en todo caso, a "Bárbaros. Inmigrados, prófugos, deportados en el imperio romano." el libro en cuestión se señala por una tesis de fondo: la similitud entre la situación del imperio romano y aquella actual del occidente. Ambos serían mundos: - que se autoconsideran prósperos y civiles, a pesar de que sean señalados por desegualidades y desequilibrios interiores - con fuertes administraciones estables - con una economía integrada - contrapuestos a un mundo externo, dónde pueblos enteros vivirían con recursos insuficientes, amenazados del hambre y de la guerra y preguntarian de penetrar la frontera militarizada. También las respuestas al movimiento del exterior dentro del mundo próspero serían las mismas: las autoridades decidirían de vez en vez el comportamiento para solucionar eternas emergencias. La gama de opciones sería: - alejamiento forzado - acogida de masa - establecimiento de cuotas de entrada - ofrecida de ayudas humanitarias y puestos de trabajo, (animados por dobles fines especulativos). El derrumbamiento del imperio romano de occidente derivaría de la incapacidad de administrar en particular la integración de un pueblo, los Gódos, y del abuso en el empleo de tropas mercenarias extranjeras. El imperio romano de oriente sobreviviría porque habría sabido proveer una respuesta a la emergencia. La tesis no es nueva, perteneciendo normalmente a la historiografía anglo-americana y ya confluida en documentales televisivos de History Channel, que, en cambio, quizás haya excedido en presentarnos estos Gódos como gran simpaticos, maltratados por los malos romanos. El libro de Barbero no llega a tales conclusiones, pero intenta ofrecer respuestas serias, denotando la importancia de la fuerte conciencia nacional goda y la importancia de la autoconciencia de la misma fuerza militar, especialmente a causa de la batalla de Adrianopoli, que marcó una trágica derrota romana. La otra lección que da Barbero es aquella que podría no estar util cooptar las élites bárbaras en las administraciones y en el ejército. Si los individuos, cargados de honores y dinero, pueden culturizarse, al contrario, las masas, cuando posean un autoconciencia de ser algo "diferente", quedan firmemente sobre las mismas posiciones y ententan de tener la ventaja sobre la sociedad de los huespedes, de que no comparten valores y costumbres. El libro del profesor piamontés posee algunos méritos innegables: - aclara muy bien la evolución de la inserción de los bárbaros en el ejército romano y la función del ejército en el proceso de integración del extranjero dentro de la sociedad romana - incluso aclara la composicion multietnica del imperio y la política multietnica de las autoridades imperiales, que no titubean a unir personas de diferente origen en una misma unidad militar regular - aclara igualmente bien la evolución historiográfica que se ha dado en relación al problema de la individuación del sentido de la palabra "laeti" y "praefecti laetorum" (en un primer tiempo los "laeti" habrían sido romanos capturados y concedidos por los bárbaros alemanes y "laetus" sería derivado por un verbo germánico antiguo que tendria como exito el actual "verlassen", mientras en un según tiempo, habrian sido "laeti" los miembros de tribu germánicas acogidas en los territorios imperiales despoblados. El nombre particular tendremos que ponerlo en relación al hecho que ésos, segun la mentalidad romana, se habrian tenido que considerarse "laeti" en cuanto "felices de gozar de la prosperidad y de la paz romana". Además, el nombre estaria tambien conectado al hecho que la gestión del asentamiento habría sido afrontada por las mismas autoridades antepuestas a asignar los ex prisioneros caídos en mano bárbara y liberados: autoridad que habría tenido el nombre de "praefecti laetorum"). El libro no se ocupa de los problemas de integración del individuo bárbaro, por qué admite la escasez de los manantiales antiguos. Ni siquiera se ocupa de los problemas de racismo emergente en el curso de los procesos de integración. Se limita, por lo tanto, a considerar el problema total de la integración de pueblos enteros. Defecto, quizás, en el mismo, el hecho de no subrayar que, a menudo, tales pueblos bárbaros ya fueron ellos mismos un melting pot de etnias diferentes. Otro defecto: sobrevalutar el exito de la batalla de Adrianopolis. la revuelta goda fue domada sucesivamente por el comes de la Tracia, que seguramente no era Alejando, ni Napoleon, como genio militar. Muy mejor leerse por comprender la batalla, ver iconografia y debates sobre la ciencia militar: "Adrianople 378: The Goths crush Rome's legions" de Simon McDowall, editor Osprey. En el complejo, "Barbari" de Barbero me parece, ede todas formas, un buen libro, que merece un lugar suyo sobre un estante de biblioteca.

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Comentarios

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  1. #1 giorgiodieffe 02 de dic. 2006

    Otros pensamientos de Barbero sobre los barbaros: (traduccion automatica , con muchos errores) "Hace falta ser muy civilizados para poder decirnos ", los bárbaros", y para desencovar, como hace Edgar Morin, el bárbaro que está dentro de cada uno de nosotros. Generalmente son los otros que nos etiquetan como bárbaros, una situación muy satisfactoria por nuestro amor propio, y de cuyo sin embargo no hay salvación: siempre se ha al bárbaro de alguien más. Los romanos fueron bárbaros a los ojos de los griegos, a los que va el dudoso honor de haber inventado la subdivisión de la humanidad entre "nosotros" y "los bárbaros"; y nos quiso una gigantesca eliminación colectiva porque se conviniera de no aplicar aquella etiqueta más a los vencedores, por lo demás ansiosos de limpiarse y civilizarse. Pero se cuidas que los romanos no fueron clasificados como bárbaros porque conquistaron con ferocidad, exterminando y destruyendo. Estas cosas los griegos fueron capaces de hacersela solo: no, fueron bárbaros porque también ellos como cualquier scita o persa, balbujeron una lengua incomprensible a la oreja pura de un elleno. Nosotros occidentales somos los "bárbaros peludos" a los ojos de los chinos, y temo que siempre lo seremos, no porque hemos colonizado el mundo con brutalidad y pisado tranquilamente los derechos a todo, pero porque usamos el cuchillo a mesa y tenemos un sistema pilífero de subdesarrollados. En general, en fin, no se ha bárbaros en cuánto se cometen atrocidades, pero se ha bárbaros a priori, a partir del cuerpo con que se ha nacido y de las costumbres chupadas con la leche materna. Para los romanos, por ejemplo, los bárbaros fueron ante todo tales porque fueron altos y rubios, todas señales inequívocas de pobreza e ignorancia en un mundo en que la raza dueña fue hecha de gente mediterránea, pequeña y morena. ¿Fue otro síntoma de barbarie, entonces como hoy, el desarraigo, por qué como un hombre puede que vivas tranquilamente en su casa, en su ciudad, en su País considerar seres humanos pares a él los emigrantes y los prófugos que ya no tienen techo ni patria? Es natural, el hombre civilizado piensa, que gente del género amenaza de invadirnos, ya que no tiene una casa propia y querrá llevarnos ciertamente las nuestras. Las elites de gobierno, en cambio, se dividen: hay quien calcula fríamente cuantos brazos pueden ofrecer a los bárbaros por la economía y para el ejército, quién se entusiasma a la perspectiva de un abrazo humanitario, el emperador ha hecho bien a no matarlos todo, dice el rétor Temistio al día siguiente de una gran victoria sobre los gótico: nosotros en efecto nos preocupamos que no desaparezcan los elefantes de Libia y los hipopótamos del Nilo, tan más tenemos que alegrarnos que haya sido ahorrado "un pueblo de hombres, a lo mejor bárbaros como alguien pero hombres" dirá, y quién en cambio encuentra su provecho a alimentar los miedos de la oPinión pública contra esta gente sucia y haraposa que viene a invadir nuestras bonitas ciudades. Así van las cosas cuando se trata de acoger a los bárbaros - así fueron, quiero decir, a los tiempos del imperio romano".. 2/11/2006, La Stampa

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