Autor: candalin
martes, 21 de noviembre de 2006
Sección: Artículos generales
Información publicada por: candalin


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La historia del la reconquista en el alto y medio ebro vista por los árabes

Son pocos los estudios que existen sobre la situación del alto y medio Ebro del lado islámico durante la reconquista en comparación, con la prolija bibliografía de los reinos cristianos de la zona. Siguiendo en el enunciado, el conocido libro de Amin Maalouf, me gustaría también exponer la situación de una zona de especial interés cultural como es el alto y medio Ebro durante este tiempo, tomando en consideración los hechos ocurridos desde el otro punto de vista.

LOS REINOS MULADIES DEL ALTO Y MEDIO EBRO

EL SIGLO VIII EN EL ALTO EBRO Y LOS BANU QASI Si hay un verdadero heredero del Estado visigodo tras la invasión árabe es el del waliato muladí de los Banu Qasy, (en árabe, بنو قاسي) que al asumir el credo de los invasores es el necesario sucesor del antiguo reino visigodo, con lo que desde un punto de vista sociológico se viene a identificar. No existe por tanto en esta región solución de continuidad en la vida de las gentes durante estos siglos de convulsión a diferencia del resto de los estados peninsulares. La historia se inicia con ocasión de la campaña del conquistador Muza (Musa b. Nusayr) desde Zaragoza, Ebro arriba, un noble godo llamado Casius que gobernaba la región comprendida más o menos entre Tarazona, Ejea y Nájera,l hizo acto de sumisión al califa al-Walid, abrazó el islamismo bajo su protección, entró en la clientela de los Omeyas y, probablemente, conservó así el mando de las tierras que gobernaba en nombre del rey Rodrigo. De él recibió su linaje el nombre con que la Historia le conoce: los Banu Qasi Al cabo de medio siglo esa familia de conversosm (muladies) empezó a intervenir en las guerras civiles de al-Andalus. El clan acrecentó su poder durante el siglo VIII gracias a su apoyo que prestaron a los emires de Córdoba en las luchas internas entre árabes y bereberes que fueron frecuentes durante los años que siguieron a la conquista. Sabemos que esta época de revueltas que va de la segunda mitad del siglo VIII hasta principios del siglo IX se habrían mantenido en la obediencia omeya, por lo cual eran considerados qaysíes. A Fortún, hijo de Casius, le había sucedido su hijo Muza. Musa ibn Furtun (Fortún, nieto del conde visigodo). En su poder se encuentra la parte superior del valle del Ebro (Ejea, Tudela, Tarazona, Borja, Arnedo...). Proporciona su apoyo al emir Hisham I contra el levantamiento de Said ibn al-Husayn en el valle del Ebro (concretamente en la zona de Tortosa) al que combatió y mató. Después marcho sobre Zaragoza de la que se apoderó, pero fue muerto a su vez por un liberto de Al-Husayn. En el 788 con ocasión de la lucha entre los dos hijos de Abderramán I, Sulayman e Hisam, el nieto de Casius tomó partido por el segundo, venció a los yemeníes y entró triunfante en Zaragoza. Pero fue asesinado por un liberto del jefe enemigo. Los soberanos de Córdoba favorecieron a sus leales, y un hijo de Muza b. Fortún, llamado Mutarrif, que representaba el poder Omeya en esta ciudad gobernaba en Pamplona a fines del s. VIII. Si bien los pamploneses se alzaron contra él y le dieron muerte el año 798. La fidelidad de la familia de los Banu Qasi, tal vez descontenta de la posición demasiado fuerte de Amrus en la Marca, se tambaleó algo al principio del IX, cuando se aliaron con los primeros jefes nacionales de los vascos que emergieron con la dinastía de los Arista, y reforzaron su posición en Tudela que su rival, Amrus, les había disputado en algún momento. Estas buenas relaciones con sus vecinos los cristianos de Pamplona se consolidan con el matrimonio en segundas nupcias de Onneca (casada anteriormente con el vascón Íñigo Jiménez y madre de Íñigo Íñiguez, que más tarde sería el primer rey de Pamplona) con Musa ibn Fortún. Este matrimonio tuvo lugar hacia el año 784. De esta unión nació Musa ibn Musa, (Musa I) el cual era, por tanto, hermano de madre de Íñigo Arista, primer rey de Pamplona. Los vínculos familiares quedaron reforzados más adelante con el matrimonio de Assona (hermana de Íñigo Arista) con Musa ibn Musa. LOS BANU QASI EN EL SIGLO IX La familia alcanzó el cénit de su poder con su hijo, Musa ibn Musa, (Musa II). Durante su vida se acrecentó la tendencia a la autonomía de los Banu Qasi, llegando a aliarse con los reyes cristianos de Navarra, los Arista, en contra del emir de Córdoba, Abderramán II. Musa II llegó a acumular, uno tras otro, los "waliatos" de Arnedo (843), Tudela (847) y Zaragoza (852), controlando de esta manera una gran parte de la Marca Superior, lo que le llevó a titularse como "tercer rey de España". Aliado con su pariente cristiano, el rey pamplonés Iñigo Arista, y con el también cristiano conde sobrarbense, a punto estuvo de anexionarse asimismo el "waliato" de Huesca (840), lo que le hubiera proporcionado en la práctica todo el valle medio del Ebro. Hasta mediados de siglo, los ejércitos del emir organizan frecuentes expediciones de castigo contra Musa. No obstante, a mediados de siglo, reconciliado de nuevo el emir, y como gobernador de Tudela, participa en los esfuerzos emirales contra los cristianos. Musa derrota a los cristianos en la batalla de Albelda (851), accediendo a la década de mayor grandeza e influencia de la familia. Incluso se hace llamar “tercer rey de España” (junto con los de Asturias y Córdoba). En 852 gobierna sobre las tierras de Tudela, Zaragoza y quizás Calatayud y desde Daroca hasta Calamocha. Incluso es nombrado gobernador de la Marca Superior. Interviene en Huesca e instala a su hijo, Lubb (Lope) ibn Musa, en Toledo como gobernador. Tras su muerte en el 862, y tras una nueva rebelión de los hijos de Musa contra Córdoba, los Omeyas prestaron su apoyo a linajes árabes rivales de los Banu Qasi, como los Tuyibíes, que en el primer cuarto del siglo X ocuparon la posición de poder que los Banu Qasi habían alcanzado anteriormente en el valle del Ebro. La década siguiente (862-872) es una etapa de declive silencioso para esta familia, que permanece fiel a Córdoba mientras ve menguar sus dominios territoriales. Alfonso III el Magno, con una princesa navarra enlazó familiarmente a la dinastía asturiana con los Banu Qasí del Ebro (no olvidemos la hermandad entre Muza e Iñigo Iñiguez, el fundador del reino de Pamplona). La amistad que existió entre los B. Q y Alfonso III en un principio, fue rota más tarde. El 882 el hijo de Lope, el que fuera cónsul en Toledo, Muhammad, sorprendió a sus parientes, se adueñó del poder, se acercó a Córdoba y atacó al rey cristiano. No se avino a entregar a sus familiares al emir y, acosado por los condes de Alava y Castilla, pidió la paz a Alfonso III. No aceptó éste tratar con quien había traicionado a sus amigos y en consecuencia, el jefe de los Banu Qasi combatió en adelante en dos frentes, contra Córdoba y contra Oviedo. En algún momento llegó a apoderarse de Toledo. En el 891 obtuvo una gran victoria frente al rey de Asturias. Pero alarmado por la instalación en Zaragoza de un miembro de la familia rival de los Tuchibíes (Tuyibíes), la combatió Con furia; durante el cerco encontró la muerte en el 898. Había sido un digno sucesor de su abuelo, el gran Muza. Su hijo Lope ben Muhammad heredó la audacia y la bravura de su estirpe. En vida de su padre había dado ya pruebas de su arrojo, combatiendo contra diversos caudillos del Valle del Ebro y atacando al conde de Barcelona Wifredo el Velloso, quien vencido y herido por él, murió días después. Edificó el castillo de Monzón sobre el Cinca y el de Balaguer en tierras catalanas, y también en vida de su padre marchó hacia Andalucía, atacó y tomó la fortaleza de Cazlona e intentó pactar con Ornar (´Umar b. Hafsum). Al recibir la noticia de la muerte de su padre volvió al Valle del Ebro. Reconoció teóricamente la soberanía de ´Abd Allah y combatió con decisión a Alfonso III, venciéndole en Tarazona. Este éxito aseguró su autoridad en Toledo, cuyo gobierno encomendó a su hermano Mutarrif y prosiguió la lucha contra el rey Magno. Sitiaba éste Grañón, cuando Lope b. Muhammad penetró en tierras de Alava, conquistó el castillo de Bayas, al N del Ebro y obligó al soberano de Oviedo a abandonar el sitio de la plaza (904). Poco después atacaba al conde de Pallars y al año siguiente sitiaba Zaragoza. Sus triunfos y su audacia iban a ocasionar su pérdida en plena juventud y la ruina definitiva de su estirpe. El rey de Oviedo se alió con el conde de Pallars para dar un golpe de estado en Pamplona y llevar al trono una dinastía sin contacto con los renegados del Valle del Ebro. El golpe de estado triunfó en el 905 y Sancho Garcés ocupó el trono de Navarra. Tal vez el rey Magno logró al mismo tiempo que los toledanos se alzaran contra el pariente de Lope que gobernaba la ciudad y que le asesinaran. El último miembro de los B. Q. reaccionó con su habitual temeridad y violencia. Penetró en Navarra irritado y desafiante. Intentó levantar frente a Pamplona una fortaleza, pero Sancho le tendió varias celadas. Cayó en ellas el bisnieto de Muza y pereció luchando el 29 sep. 907. Había terminado la historia triunfante de los Banu Muza o B. Q. Su hermano ´Abd Allah procuró en vano recoger la herencia de la estirpe. Al-Tawil, señor de Huesca, se apoderó de Barbastro, Alquézar y de la Barbotania y más tarde de Monzón y de Lérida. El tuchibí que señoreaba Zaragoza entró en Ejea. Los toledanos reconocieron como caudillo a Lope b. Tarbisa probablemente amigo de Alfonso III. Sancho Garcés se afirmó en Pamplona. Los Banu Qasž siguieron dando muestras de su rebeldía y ambición de poder: Muhammad se anexiona Tudela,Barbitaniya, Monzón y Lérida; sitian Zaragoza durante ocho años, Lope vence al gobernador de Huesca Muhammad al-Tawžl en el 887, Toledo se les entrega en 897, el mismo año Lope dirige una incursión a Aura (Barcelona), en el 898 se dirige a Jaén para tratar con 'Umar ibn Hafsun. Pero éste es el momento de ocaso definitivo de los Banu Qasi y su sustitución en la Marca Superior por otra familia en creciente ascenso, los Tugibíes, que consiguen el gobierno de Zaragoza el año 889 y allí permanecen fieles a Córdoba soportando el cerco. A las pérdidas territoriales Lope de los Banu Qasž, señor de Tudela y Tarazona desde la muerte de su padre en 898, debe añadir los enfrentamientos con sus enemigos por todos los frentes: el leonés Alfonso III acomete contra el valle de Borja, el conde de Pallars le ataca por el nordeste, el conde de Barcelona por el este, Sancho Garcés de Pamplona por la Rioja Alta. Lope sólo es fiel al emir Abd Allah. Toledo se le entrega otra vez (de 903 a 906). Pero Lope muere en el 907 y el desastre es irreversible para esta familia, ahora sumisa a Córdoba, pero acosada por sus vecinos y sin apoyo del poder central. Van perdiendo más tierras hasta no conservar más que parte de la Rioja y de la ribera de Navarra, además de Tarazona y Borja. En el año 924 al-Nasir, cuya autoridad se impondría sobre los señores locales, los destituyó como gobernadores de Tudela y los llevó a Córdoba, donde servirían en el ejército. Al frente de Tudela puso al que ya lo estaba de Zaragoza, Muhammad ibn Abd alRahman al-Tflg;bí, cuya familia mantendría el poder de la Marca durante más de un siglo. LOS CENTROS DE PODER EN LA CUENCA DEL EBRO EN EL SIGLO IX BARBASTRO: -En la región de Barbastro y en la Barbitania, situada un poco más al norte, en dirección de Boltaña, que parece haber formado parte de ella en épocas anteriores, los Banu Shabrit, otro linaje muladí, ocuparon una posición semejante a la de los Banu Qasi que se encontraban más al oeste. El mismo año, Luis el Piadoso fomentó la revuelta entre los mozárabes de la ciudad mandándoles una curiosa carta cuyo texto se ha conservado. El poder omeya recuperó un poco más tarde el control de la ciudad, expulsó a los elementos rebeldes y edificó una imponente ciudadela de piedra o qasaba (Alcazaba) para albergar a una guarnición leal (834). Por estas fechas las tierras cristianas pirenaicas y pamplonesas se habían sacudido la sumisión al Islam definitivamente, pero perdiendo su autoría primigenia al entrar en la órbita del Reino Franco, iniciándose desde entonces una importante relación con las marcas del su francesa que no habría de interrumpirse hasta la formación de la corona de Aragón HUESCA: -En el 870 Amrus ibn'Umar ibn'Amrus, un muladí de Huesca, fue protagonista de una sublevación contra Córdoba que, en su momento final, enlaza con la gran rebelión de los hijos de Musa ibn Musa en el 872: Lope se alzó en Arnedo; sus hermanos enseguida le secundaron y, con la ayuda de García Iñíguez de Pamplona, rápidamente se hicieron dueños de la Marca Superior (excepto Barbitaniya). Tomaron Zaragoza, Tudela, Monzón y Huesca. Muhammad I reaccionó reforzando en Daroca y Calatayud a los Tugžbíes, familia de origen árabe asentada en la zona desde bastante tiempo atrás, y dirigiendo una campaña en el 873 en el curso de la cual recuperó Huesca gracias al muladí, antes rebelde, Amrus. Este personaje fue nombrado gobernador de Huesca, que constituiría el feudo familiar hasta mediados del siglo X. ZARAGOZA. Al año siguiente al-Mflndir dirigió una razzia contra Zaragoza y Pamplona, pero la Marca siguió insumisa, los Banu Qasž tomaron Barbitaniya, de forma que toda la Marca, menos Huesca, era suya. No obstante, el emir tuvo que emplear sus fuerzas en otros asuntos y hasta el año 878 no volvió a ocuparse de la frontera norte. Ese año, envió una expedición militar al mando de al-Mflndir contra Zaragoza, Tudela y Pamplona. Las campañas fueron sucediéndose en 879, 881, 882 y 883, hasta que la del 884 abrió Zaragoza al emir. Así quedaban partidos en los dos dominios de los Banu Qasž: Lérida-Monzón por un lado (y peleando contra los Banu Ámrus de Huesca por la posesión de Barbitaniya) y las riberas navarra y riojana por otro, mientras Huesca estaba dirigida por los Banu Amrus, Zaragoza por el gobernador que el emir había nombrado y Daroca y Calatayud por los Tugibíes. Estas familias del Ebro quedaron durante algún tiempo fuera del control central, pues los emires debieron concentrar sus esfuerzos en combatir al rebelde'Umar ibn Hafsun en la Serranía de Málaga. TUDELA -Los Banu Qasž siguieron dando muestras de su rebeldía y ambición de poder: Muhammad se anexiona Tudela,Barbitaniya, Monzón y Lérida; sitian Zaragoza durante ocho años, Lope vence al gobernador de Huesca Muhammad al-Tawžl en el 887, Toledo se les entrega en 897, el mžsmo año Lope ažržge una žncursión a Aura (Barcelona), en el 898 se dirige a Jaén para tratar con 'Umar ibn Hafsun. Pero éste es el momento de ocaso definitivo de los Banu Qasi y su sustitución en la Marca Superior por otra familia en creciente ascenso, los Tugibíes, que consiguen el gobierno de Zaragoza el año 889 y allí permanecen fieles a Córdoba soportando el cerco. A las pérdidas territoriales Lope de los Banu Qasž, señor de Tudela y Tarazona desde la muerte de su padre en 898, debe añadir los enfrentamientos con sus enemigos por todos los frentes: el leonés Alfonso III acomete contra el valle de Borja, el conde de Pallars le ataca por el nordeste, el conde de Barcelona por el este, Sancho Garcés de Pamplona por la Rioja Alta. Lope sólo es fiel al emir Abd Allah. Toledo se le entrega otra vez (de 903 a 906). Pero Lope muere en el 907 y el desastre es irreversible para esta familia, ahora sumisa a Córdoba, pero acosada por sus vecinos y sin apoyo del poder central. Van perdiendo más tierras hasta no conservar más que parte de la Rioja y de la ribera de Navarra, además de Tarazona y Borja. En el año 924 al-Nasir, cuya autoridad se impondría sobre los señores locales, los destituyó como gobernadores de Tudela y los llevó a Córdoba, donde servirían en el ejército. Al frente de Tudela puso al que ya lo estaba de Zaragoza, Muhammad ibn Abd alRahman al-Tflg;bí, cuya familia mantendría el poder de la Marca durante más de un siglo. LA EXPANSION DE LA FAMILIA TUYIBI Durante el tiempo de los últimos cálifas cordobeses, el poder central tuvo fue alternando su amparo en las diversas dinastías, a fin de empedir la consolidación de un poder local fuerte. El procedimiento anterior no dejaba de ser peligroso, y la realidad fue que, hasta la sustitución del Emirato por el Califato, en el siglo X, el valle del Ebro se nos muestra fragmentado en tres áreas de influencia prácticamente independientes de Córdoba: a) la zona riojana y del Moncayo, en manos del Banu Qasi Muhammad ibn Lubb ( hijo de Lope), nieto de Musa ibn Musa; b) Zaragoza-Daroca y Calatayud obedecían al Tuyibí al-Anquar; c) el "walí" de Huesca, al-Tawil, era señor de una extensa zona desde Huesca a Lérida. d) Al frente de Tudela, desde la caída de los último Banu Qasi, los últimos califas omeyas pusieron a su frente, Muhammad ibn Abd alRahman al-Tflg;bí, cuya familia mantendría el poder de la Marca durante más de un siglo. Durante el tiempo de los últimos califas Almanzor y Abd Al Malik, y las razias que se organizaron durante estos tiempos, crearía un espacio de inseguridad que determinaría despoblamiento de la zona como consecuencia del efecto frontera. EL SIGLO XI Y LOS REINOS DE TAIFAS Tras la caída del poder central cordovés todo el territorio del alto y bajo Ebro cae en un proceso de atomización del poder político en pequeños reínos, conocidos como taifas. Entre las taifas postcalifales musulmanas las habrá gobernadas por la nobleza eslava, berberisca o muladí; su número llegó a sobrepasar el centenar en los primeros momentos. El territorio del valle medio del Ebro que acabará siendo Aragón quedó integrado fundamentalmente entre dos de esas Taifas, la de Sarakusta y la de Sahla, gobernada una por la nobleza muladí, la otra, por berberisca. Con esta división, cristalizaba al fin el ansia independentista que tantas veces habían mostrado los muladís del valle del Ebro, sobre todo a lo largo del siglo IX. Aún existe nominalmente un "califa" cuando Mundir I (1009-1033), de la familia Tuyibí, pudo considerarse independiente en Sarakusta (=Zaragoza), desde 1017; poco después, los Tuyibíes serían suplantados por los Banu Hud (1039), artífices del esplendor de la taifa zaragozana. La inestabilidad fronteriza será una constante, fruto de alianzas, matrimonios y repartos hereditarios. Sólo en casos esporádicos se dilatan las fronteras, consecuencia de la unificación, como ocurriera durante el gobierno de al-Muqtadir (1046-1082), el constructor de la Aljafería zaragozana, palacio coetáneo de la catedral jaquesa. Al-Muqtadir llegará a dominar todo el valle del Ebro. Por otra parte, los musulmanes zaragozanos financiarán y enriquecerán a los estados cristianos circundantes a través de tributos regulares, las "parias". Una buena parte del arte románico aragonés tiene ese origen. Sarakusta (=Zaragoza), ciudad de unos 17.000 habitantes, y centro importante de científicos, filósofos y artistas, es codiciada durante toda la segunda mitad del siglo XI y primeros años del XII por todos los reyes cristianos circundantes. El rey sarakustí logró sobre vivir a base de pactos y alianzas oportunistas con los propios cristianos, antagonistas en el deseo reconquistador del valle del Ebro. Ya se ha indicado como una de las constantes en la vida y desarrollo de la taifa de Zaragoza fue su inestabilidad fronteriza. Un ejemplo de ello nos lo proporciona el padre y antecesor de al-Muqtadir, Sulaymán, quien antes de morir repartió la taifa, una de las más amplias e importantes de todo al-Andalus, entre sus hijos Admad al-Muqtadir (Zaragoza), Yusuf (Lérida), Sulaimán (Calatayud) y Muhammad (Tudela). Amad al-Muqtadir (1046-1082), por el contrario, logró rehacer el patrimonio de Sulaymán por eliminación de sus hermanos y, mediante la conquista armada, dominó varias taifas limítrofes. Al reino de Zaragoza -tan amplio como para incluir en él a poblaciones como Arnedo, Tudela, Soria, Calatayud, Huesca y Zaragoza- anexionó las taifas de Tortosa, Denia y Lérida, sometiendo a vasallaje a la de Valencia. Su "imperio" abarcaba desde la actual provincia de Logroño a la de Alicante. Temeroso del recién nacido reino de Aragón, será aliado casi permanente del rey pamplonés y del Cid, convirtiéndose este último en huésped casi permanente de la Aljafería, obra del propio al-Muqtadir. Toda la segunda mitad del siglo XI, y más concretamente los últimos veinte años, hacen del valle del Ebro una especie de tablero de ajedrez, cuyas fichas principales fueron el rey de Aragón, el de Castilla, el Cid, el conde barcelonés y los reyes de Taifas, todos ellos entremezclados en un juego de alianzas y contraalianzas, en las que nada tenía que ver el credo religioso. En realidad está en disputa el dominio de la tierra llana del Ebro y su salida al mar. Ya se ha visto al Cid como huésped reiterado de la Aljafería [v. mapa 46] luchando al lado del musulmán zaragozano contra los ejércitos cristianos aragoneses. Fruto de este tejer y destejer fue la conquista por parte de los aragoneses de tierras bien alejadas de su propio territorio. A la muerte del zaragozano al-Muqtadir, al-Mundir le sucedio en Lérida, Tortosa y Denia, contando con la alianza de Sancho Ramírez, a quienes derrotó el Cid en varias ocasiones. Sin embargo, en 1092, ya fallecido al-Mundir, tuvo lugar una inversión de alianzas que emparejó a Sancho Ramírez con el Cid, y dio como resultado el intento de la toma de Tortosa y la posesión por los aragoneses de Salou y Algecira, una isla situada en el Ebro, cerca de Mora, todo ello en 1093, aunque su posesión fuera efímera. Por otra parte, el rey de Albarracín Abd al-Malik, denigrado personaje al decir de sus coetáneos, buscó la alianza de Sancho Ramírez para que le ayudara a tomar Valencia, ofreciéndole en gratitud el castillo de Culla (1093). El rey aragonés puso al Cid, ahora su aliado, en antecedentes, quien tomó contra el berberisco cumplida venganza. Pero el hecho es que los aragoneses, desde Culla, cuando todavía no habían sido capaces de reconquistar Huesca y, mucho menos, Zaragoza, se adueñaron de una buena parte de la actual provincia de Castellón, incluyendo Miravete, Montroig, Oropesa y Castellón (1099-1103), con la aquiescencia del Cid, con quien se habían renovado los pactos de 1092. Los dominios del Cid en Valencia cayeron en manos de los almorávides en 1102; un año después se perdían los territorios aragoneses. El primer intento de salir al mar y cortar la expansión barcelonesa hacia el Sur se había esfumado. Sarakusta se convirtió en esta época en refugio de aventureros y desterrados de los demás reinos cristianos y musulmanes, pero también en reducto de sabios, literatos, alfaquíes y poetas, que harían de la Aljafería una de las cortes más distinguidas de la Europa del momento. La costumbre cristiana del reparto territorial arraigó entre los musulmanes, de modo que el "imperio" de al-Muqtadir murió prácticamente con él. Zaragoza tanto pudo ser para los castellanos como para los aragoneses: Alfonso VI de Castilla, por ejemplo, no llegó a conquistarla en 1086 porque la llegada de los "almorávides" le distrajo de este objetivo. Si al-Mustain II (1085-1110) logró salvar a Zaragoza de los castellanos, no pudo evitar, sin embargo, que los aragoneses le arrebataran Estada (1087), Monzón (1089), Naval (1095), Huesca (1096), Barbastro (1100), Tamarite (1104) y Ejea (1105-1106). Sarakusta estaba siendo cercada, pero, de momento, no serían los aragoneses, sino los almorávides quienes terminaron con el Reino en 1110. La Taifa de Sarakusta había concluido.

ALGUNAS INCOGNITAS

Hecho este resumen histórico me gustaría poner de manifiesto algunas cuestiones: - ¿Como se explica la alianza de la familia Banu Qasí y los Arista navarros, y cual fue la posición de la región vascona tras la invasión islamita? Evidentemente la invasión musulmana debió de ser en un primer momento motivo liberación para la región, frente a años de opresión de la monarquía goda Sin embargo, hay muchas cuestiones pendientes que no se entienden en el primitivo reino navarro. ¿Existió una verdadera sumisión de la región al dominio musulmán, hasta los incidentes del año 798?, ¿cual fue la posición ideológica de la región vasco navarra hasta esa fecha?. Lo que parece en todo caso del todo cierto es que no existe esa posición de restauración de la monarquía visigoda, como si ocurre en el Reino Asturiano donde ya desde un primer momento se procede la reinplantación del liber iudiciorum mediante la versión romanceada del fuero juzgo. Para el entendimiento de esta cuestión habría que entrar a dilucidar un tema espinoso que ya ha sido tratado cual es el del alcance de la cristianización en la zona - ¿De otra parte como se entiende la alianza de los Banus Qasí, condes godos a la postre, con sus tradicionales enemigos vascones? Relaciones que resultan más difíciles de entender cuando desde un primer momento se muestra que el ámbito propio de los banu casí se va a encontrar en la rivera navarra. Motivos de conveniencia del reino muladí para obtener su autonomía o de intereses comunes en la zona. Lo curioso es que la decadencia de la familia van a empezar con la aparición de la nueva dinastía Jimena. ¿Cuáles son las razones de la subsistencia de los reinos muladies, frente a las taifas bereberes y eslavas y en conclusión cual es la razón de esta inmanencia del mundo ibérico cualesquiera que fuera el signo de los tiempos? Y con ello, no sólo refiero a lo muladí, sino también al mundo mudéjar, pero esto ya es otra historia.


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