Autor: lapurdi
viernes, 10 de marzo de 2006
Sección: Lenguas
Información publicada por: lapurdi
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LA POLIFUNCIONALIDAD DE LA PARTÍCULA “EN”

Para empezar este artículo podré un ejemplo metafórico que pueda servir, salvando las distancias, para comprender el cambio funcional de las palabras. Seguramente en un principio se invento lo que llamamos cuchillo, puñal, navaja. Era un arma que por su capacidad cortante, aunque fuera de piedra, i de uso manual le permitia matar o herir, con lo cual el hombre primitivo podia cazar i alimentarse con animales a la vez que defendeser de agresiones. Cuando la necesidad de la caza se hace menos necesaria i la defensa pasa a otras armas, el cuchillo va adquiriendo un estatus como de herramienta con la cual se hacen muchos trabajos. Finalmente con la transformación tecnológica i industrial el cuchillo va quedando relegado a utensilio de cocina i cubierto de mesa. Esta seria pues, también, la evolución de las partículas lingüísticas, que sin cambiar su esencia, si van cambiando sus funcionalidades a cada estadio o fase de evolución de la lengua.

La óptica diacrónica i comparativa

Cuando miramos la lengua desde una óptica de una lengua concreta, i en un estado concreto de esta lengua, nos puede llevar a no reconocer los tramos fónicos que comparte con otras lenguas, i dentro de la misma lengua, entre diferentes vocablos. Despista mucho el hecho que hemos aprendido las palabras de una lengua dentro de unas categorias gramaticales que, por tener diferente función, las hace totalmente diferentes a otras. El significado también es distinto, ya que al tener una nueva función no percibimos su igualdad con otras palabras o particulas de palabra. Este es el caso de la partícula o palabra “en”. A través de ella podemos entrar en una realidad desconocida de la lengua, por encima i debajo de manuales de normativa gramatical. En cada lengua i en diversas lenguas, la encontramos con diferentes funciones: nombre, adjetivo, pronombre, preposición, morfema verbal, morfema de caso, relativo, etc. En resumen: ocupa un amplísimo abanico de posibilidades que casi abarca todas las categorias gramticales. No voy a entrar en todo el camino o explicación del por qué llego a estas conclusiones, ya que ello ocuparia excesivamente espacio i seria muy penoso i casi irrepetible poder trazar un camino lógico. Es mejor dar un resultado final i una explicación sobre el resultado final de las investigaciones, que quedan siempre abiertas al intercambio de experiencias. Ahora únicamente trato de plantear el tema i que las preguntas se las haga cada uno. Uno de los mejores métodos para darse cuenta de la polifuncionalidad de la lengua es comparar diferentes lenguas i verificar que espacios ocupa en cada lengua la partícula “en”, ya se encuentre sola o englobada dentro de una palabra. Por ello voy a tocar 3 lenguas que me son más próximas: el vasco, como lengua que representa una etapa evolutiva mucho más primigenia que otras lenguas actuales, el castellano, como lengua por todos conocida i empleada, i el catalán, como lengua vernácula. La lengua vasca presenta dos palabras lo suficientemente importante como para destacarlas en primer lugar: “eme”, 'hembra', que antiguamente, que me corrijan los vascólogos históricos si digo algo erróneo, debio ser “enne”, ya que el vasco como el ibero desconocia o casi no utilizaba el fonema “m”. De hecho el nombre Eneko, se traduce como 'de mujer'. Muchos nombres de mujer también presentan en su parte final esta partícula: Edur-ne, Josu-ne, Neka-ne, etc. En esto el vaso tiene un parecido curioso con el griego que también hace nombres femeninos con esta terminación: Sele-ne, Ire-ne, Ariad-na, etc. El mismo nombre de Ana puede ser una relíquia de este nombre antiguo de mujer. Como dato complementario, la lengua aranesa hace el nombre de mujer en “henna”. El nombre de mujer en vasco es “ema-k-ume”, es decir, la que da (ema) crios. En esto hemos de ver una possible identidad entre “eman”, dar, i “eme”, mujer. De hecho creo que estas palabras tienen un significado, como luego iremos comprobando, de “desprenderse de”, de “materia de la que se extrae”. Por tanto no tiene un sentido de dar activo, sino pasivo, de dar de forma natural, de extraer una parte de ella, ya que de la mujer, eso queda muy claro, salen o nacen los crios. La materia de los bebes es parte de la madre, es extraida de la materia de la mujer. Otra palabra vasca muy elemental es el pronombre personal “ni”, yo, i el adjetivo posesivo “ene” mio, ambas muy relacionadas entre si. De hecho el pronombre personal debia ser antiguamente “eni”, que se ha reducido a “ni”al igual que de “ene” ha dado derivados en “neure” mio propio. Esta palabra que da nombre a la primera persona del singular de nuestros pronombres, no seria equivalente exactamente a nuestro “yo”, ya que el “ni” es totalmente pasivo i unicamente forma parte de verbos no transitivos. Estos verbos, o mejor la forma de confeccionar los verbos, debia ser, tal como aluden muchos autores vascos, una construcción pasiva, a la cual se le debió introducir la construcció ergativa para incorporar al actor, al hacedor de la acción. Esta acción esta identificada con el fonema “k”, formando pronombres como “nik”, yo en todo el sentido activo de la palabra, aunque muchas veces la primera persona es traducida por “-t” cuando va pospuesta: du-t, yo tengo, un verbo eminentemente activo i transitivo. Los verbos vascos sincréticos, la mayoria de ellos de acción i intransitivos, aglutinan el pronombre personal “ni”, i da verbo del estilo: na-iz (yo soy) del verbo iz-an, na-tor (yo vengo), del verbo e-torr-i, n-oa /yo voy) del verbo j-oa-n, etc. Aquí la presencia de “ni” no se habria de traducir como “yo” sino como “de mi”, o como “me”, complemento directo, tal como pasa en la forma “na-u-zu”, 'tu me tienes'. Partiendo de esta funcionalidad de cosa, de la cual hablamos, a la cual le pasan cosas, de la cual surgen cosas, se llega facilmente a la partícula del caso genitivo vasco “-en”, que traducimos habitualmente por nuestro “de”: “ama-r-en”, 'de la madre'. Es una primera traslación del ser pasivo del cual se saca i se extrae otra realidad a una categoria de palabras: las genitivas. En el caso genitivo, como ya su nombre indica, nombra las cosas de las cuales se extrae otra, de la que sale otra, però no las nombra como que voluntariamente o deliberadamente hagan tal cosa, sino como una realidad de sujetos pasivos, de los cuales surgen cosas. Es evidente que un hijo ha sido parte de la madre, de la que se ha separado, però el hijo no es un resultado de la voluntad de la madre, por tanto ella no es generadora del hijo, sino generativa, i el hijo no absorbe la realidad de la madre porque unicamente es una parte de la realidad materna. Esta disgresión filosófica o psicológica es necesaria hacerla para comprender el valor semàntica de esta partícula “en”. En el vasco, además de encontrarla como caso genitivo, pronombre i nombre, también tenen un valor como pronombre relativo, añadido al verbo auxiliar que acompaña i modifica al antecedente. De la misma forma que el genitivo la partícula “en” modifica al nombre que más que acompañar, con el que se aglutina, en alguno casos la vemos aglutinada a los verbos auxiliar “izan”, ser, i “ukan”, haver. Actua pues igual que nuestro “que” relativo que sigue al nombre antecedente al cual complementa, como si un complemento determinativo o adjetivo se tratara. Por ejemplo: “ikusi dut-en gizona”, aquí el antecedent es pospuesto i la frase de relativo va antepuesta, al contrario del castellano. Su traducción seria: el hombre que yo he visto. Otro ejemplo con “izan”: “etorri d-en neska”, la muchacha que ha venido. Podriamos decir que este pronombre relativo es el caso paralelo del genitivo aplicado al verbo.

La partícula "en" en el catalan y en el castellano

Si hacemos un traslado de esta partícula a sistema lingüísticos como el castellano o el catalán, lenguas romances ambas, encontramos esta partícula “en” con otras funcionalidades diferentes. Empezaré por los que son más substantivos, como el tratamiento catalan “en”, i “na”, es decir, algo así como señor i señora o don i doña, aunque también podriamos asociarlos con los articulos “el” i “la” con los que muchas veces comparten su aplicación a la práctica: en Joan, el Joan. Yo personalmente creo que estos tratamientos tiene mucho más que ver con el pronombre vasco “ene/ni”, ya que actuan como un valor pasivo del nombre. Con este tratamiento se quiere dar el significado de que la persona no actua como totalidad, sino como una parte de la que se dice o hace, o que dice i hace. Seria más parecido a un partitivo i que podemos traducir por “de ello”. Es precisamente esta función partitiva la que tiene el pronombre catalan “en” que se traduce como “de ello”, como en el ejemplo: “en menjo”, ' como (de ello)', donde el referente suele estar elíptico, aunque no siempre: “en menjo patates”, '(de ello) como patatas'. Este pronombre, dependiendo de las zona de Cataluña, especialmente la oriental, hacen un uso más acentuado de este pronombre , con frases como “gràcies en a tú”, que traduciriamos por 'gracias, de ello, a ti'. Es decir, se tiene la tendencia a usar este pronombre como forma de precisar más la acción. Cuando este “en” se aglutina a verbos hace que estos cambien sensiblemente su significado, ya que tendriamos que añadir al significado del verbo el “de ello”. Así en el verbo “en-pegar”, podemos decir que pegamos lo que sea a “ello”, “en ello”, “sobre ello”, etc. Queda reflejada la presencia de una casa sobre la que pegamos. O el verbo “em-pujar”, que por efecto de la labial canvia a “m, tiene un plus de significación añadido al verbo base “pujar”, subir, impulsar, al que hemos de añadir el “sobre ello”, no sobre nosotros mismos, como en el catalán “pujar”, ni sobre una subasta, sino como una acción que recibe una cosa que la impulsa, la hace subir. Otro ejemplo más: “en-volver”: si decimos “volver” lo relacionamos con la accion intrasitiva de caminar hacia el punto de partida, però si le añadimos el “en” ya no somos los actores de la acción sino el “ello” que sufre la acción del volver, sea el papel que rodea una caja o otro elemento parecido. De estos verbos encontramos muchísimos, tanto en castellano como en catalan (en-callar, en-contrar, en-coger, en-cargar, etc, “en-tomar”, “en-sumar”, “em-bastar”, etc.). Pero hay verbos tan aparentemente alejados de estos como “na-cer”, derivado de un “na-scer”, que ha dado el catalán “na-ixer”, que se compone del verbo “ixer”, salir, más la particula “en/na” que podemos traducir como “de ello” o , si lo preferimos, de “mujer, hembra”. Por tanto un verbo como na-cer seria 'salir de mujer'. Esta partícula “en” cuando la trasladamos fuera del verbo, es decir, la preponemos separadamente del verbo, tenemos alocuciones del tipo: “en vista”, “en volver”, “en acabando”, que en todas ellas se impone la traducción de “en” no como un circunstancial de lugar o tiempo sino como si el verbo expresara una acción antecedente: “en vista de..., hago...”, o “en volver en si, preguntó...”, o “en acabando la carta, haré...”. En todos estos casos estamos a medio camino entre la funcionalidad propia de la preposición “en” con la del prefijo verbal “en-”. No obstante habriamos de ver siempre que su significado es el “de ello”, que venimos comentando. Siempre se ha dicho que la preposicion “en” es una evolución del latín “in”, con el significado de “en, dentro”. Creo que muchas veces esto no coincide con la realidad de lo estamos diciento. Cuando decimos “en Madrid”, con un valor puramente locativo, no nos referimos a situarnos en el interior, dentro de Madrid, sino que Madrid es el entorno, la situación, de la que o en la que se da algo, sucede algo: “en Madrid, hay gente”. Es decir, la preposición “en” acompaña la materia preexistente de la cual o en la cual se produce algun tipo de transformación, que afecta en parte a la esencia del complemento circunstancial de lugar o tiempo, però solo en una parte. El valor prepositivo de “en” puede abarcar, pues, desde verbos (empezar), a nombres (en Madrid) hasta frase enteras (en el momento que llegué). De hecho en la lengua latina el vocablo “en” no tiene valor prepositivo sino exclamativo, de interjección, que traducimos como “he aqui”, “vés”, i a lo que yo añadiria algo así como “por ello, de ello”, como antecedente explicativo o causativo de una realidad evidente o descrita, como antecedente de un consecuente. En resumen: una misma realidad lingüística va evolucionando i adquiriendo otras funcionalidades. Desde un estadio elemental, como es la formación de palabras claves: mujer, hembra, yo,.. a la utilización morfemática como caso, prefijo o preposición, solo hay una devenir evolutivoque acompaña las necesidades lingüísticas de una comunidad concreta. Una partícula lingüistica, o tal como la defino, un tramo fónico con personalidad, como “en” va adquiriendo nuevas funciones dentro de cada lengua, i también en el cambio evolutivo de una lengua a otra. Un tema que aquí no toco però que seria interesante relacionar, seria los diferentes significados que comportan la família lingüística formada por “an”, “en”, “in” i “on”. Todas ellas comparten el fonema “n”, al cual yo le atribuyo un significado concreto como es el de: 'materia prima”, es decir materia preexistente de la cual se extrae una parte. “En” es el punto de partida de la cual evolucionan o se transforma a otras.


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Comentarios

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  1. #1 lapurdi 11 de mar. 2006

    Un pimre apunte sobre el griego. Además de "gnasco" nacer existe la palbra "gen-esis", nacimiento, de una razi "genea", que quiere decir rza, pueblo, origen. Si analizamos bien la palabra tan solo nos diferencia con el latin el fonema "g-" que se añade a "ene", partícula que comento, más la raiz "is" salir, nacer. Bien es verdad que en nuestro léxico conservamos muchisimas palabras con esta raiz "gen" como generar, genio, genital, etc. I todas son evidentes se relacionan, no tanto con el hecho de nacer, como de hacer, generar, etc. Es un matiz activo que no tiene como ahora expongo la particula "ene", ya se escriba también así: "en" o "ne. La partícula "en" cuando esta la referimos al nombre de hembra, la podemos extender facilmente a otras relaciones familiares como són las de madre, esposa, hijos, etc. Uniendo las dos tradiciones lingüísticas vasca y latina, tenemos que el nombre de mujer o hembra en vasco es "eme", i el de mujer o esposa "emakume", que literalmente quiere decir la que da (ema-k) hijos (ume). Aquí podemos ver como el nombre de "eme", hembra, se relaciona con el verbo "em-an", dar, y no creo que sea un cruce lingüístico, sino una misma base semàntica para la dos palabras. Ambas tienen el significado común de "dar" aunque yo prefiero decir desprender, separarse, producir, que comporta un aspecto más pasivo que el dar. De hecho no es lo mismo dar peras, el peral, que las da de forma espontánea y natural, que dar una limosna, que es totalmente voluntario y activo. Por otra parte "eme" es muy semejante a "fem-" raiz de las palabras latinas "fem-ina", mujer, i "fem-ella", muchacha. Hay un fonema de más en el latín, la "f" que proviene seguramente, como en muchos otros casos de una anterior "b". Voy a dejar el significado de "b", que es básicamente separar, para otro momento, y me centraré en la raiz "eme". Como ya muchos autores han reconocido, antiguamente "seme", hijo, provenia de "sen-be". Al igual, creo, "eme", podria provenir de la misma raiz "en-be", que por fusión de sonidos a dado la actual "m". Encontramos aquí la raiz "en", traducida por mi como "de ello" y se asocia a la significación más primitiva de mujer, de hembra. Tanto en el caso de hijo "sen-be", como en las posibles "fen-be" y "en-bre" tenemos el fonema "be", separación, qu se atribuye a la realidad de la madre y del hijo: la separación por la cual el hijo se desgaja, se desprende de la madre. Esta característica que afecta tanto a madre como a hijo es la unión de la dos raices (En + be) que da nombre, tanto a la mujer y a la hembra con al hijo). En el caso de "s-eme" tenemos una "s" inicial que como en el caso de la "f" de "f-em", no tengo una explicación del todo plusible, pero podria relacionarse con el "as" de as-cendente, en el sentido de asumir, recibir, etc. y del cual se derivan los des-cendientes. La tradición de la "s" del hijo no esta tan solo en el vasco, en "seme", sino también en el latino "semen", semilla, y "sementis", siembra. El hijo esta tan relacionado con la madre, en este caso "s-en", la palabra-particula diferencial de "be", que no obstante a veces también esta asumida dentro del nombre de mujer o hembre (fen.be o en-be). Otra palabra que nos diferencia un poco de estas anteriores es la del marido, "senar", en vasco, pero también con la latino "senius", vell,. Si a "sen-ar" le separamos la raiz básica de "sen" referida a la mujer y la "-ar" referida al hombre, tenemos que "sen-ar" es la relación del hombre con la mujer, lo que en latin es "m-ar-ito", casarse, que también conserva la raiz de macho "-ar". Es pues la palabra "sen-ar" una relación del hombre, o una propiedad del hombre el hecho de "tener" una mujer. Si un tema es importante dentro del de los nombres en general són los nombre de parentesco, de familia. Padre, madre, hijo, hermano, etc. conforman los nombres básico de una lengua. Pero todos nos hemos podido dar cuenta que de la misma forma que la mujer, la hembra en general, es básica y nuclear en la familia y sus relaciones, así también en la forma de componer los nombres de parentesco el de la mujer ocupa un lugar central, y este és, en el caso que nos ocupa, el relacionado con la partícula "en".

  2. Hay 1 comentarios.
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