Autor: Marduk666
miércoles, 04 de enero de 2006
Sección: Historia
Información publicada por: Marduk666


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Los terrores del año mil. Apocaliptica y Milenarismo

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En estas recientes fiestas en un canal de televisión por satélite pude ver un programa de zapping de temporadas anteriores donde hacía una aparición estelar Fernando Arrabal con su increíble actuación: “¡Hablemos del milenarismo!, “¡El milenarismo ha llegado yaaa!”. Seguro que todos recordamos aquella interpretación fascintante a la par que divertida, a la vez que asociamos este término a la sucesión de una serie de fenómenos de corte apocalíptico en los albores del año mil. Pero ¿verdaderamente se produjo una manifestación unánime de tal calibre en la Europa medieval? ¿Qué elementos pertenecen a la ficción y cuales a la realidad? Quizás uno de los elementos que hacen más atractivo el tema posiblemente tiene que ver con la fecha: el significado esotérico que inspira toda cifra redonda. En este sentido, que mejor referencia que el recuerdo del cercano “efecto 2000”, aunque de dimensiones diferentes pero con el mismo sentido referencial, de incógnita e incertidumbre, asociado al final del milenio. Sin duda alguna el origen de milenarismo proviene de la época romántica, etapa en la cual se produce el redeescubrimiento de la Edad Media, en gran manera para sostener las contiendas nacionalistas. Salustiano Moreta Velayos alude a una interpretación que empieza a coger auge a partir de la Revolución Francesa, teniendo un periodo de auge entre los años 1830 y 1850. Eloy Benito Ruano viene a coincidir en que esta idea surge también a partir de la mitad del siglo XIX considerando a Baronio y Le Vasseur como sus precursores, cristalizando y adquiriendo grado universal en torno a la figura de William Robertson. La exageración historiográfica, más la acción de ensayistas y literatos, viene sin duda a magnificar este tema que ha sido altamente mitificado gracias al alto calado popular que tiene todo aquello relacionado con las supersticiones. Los autores ofrecen su versión, haciendo ver al lector que no están inventando nada; exagerando la situación del año 999 sin un apoyo testimonial lo suficientemente verídico, ensalzando un espectáculo dantesco de temores, miedos, hambres, guerras y epidemias. ¿En que datos pudieron apoyarse los autores para generar esta imagen de la edad media? ¿Con qué argumentos contamos nosotros para desbaratar cualquier atisbo de milenarismo? Estos serán los objetivos de nuestro trabajo. Para ello, empecemos por depurar elementos: APOCALIPTICA Y MILENARISMO. EN ANTICRISTO. El cristianismo, en su origen, toma como referente previo a las religiones orientales, las cuales poseen una concepción cíclica del mundo. Esta inspiración oriental, basada preferentemente en el antiguo imperio persa, es la que concibe el mundo como una serie de dualidades (bien. – mal, vida – muerte...), llevando implícita la idea de que con la creación del mundo, se introduzca también la fecha de su destrucción. Apocalíptica, Apocalipsis en latín, viene a significar revelación. Hace referencia al género literario que se desprende a partir del último libro del Nuevo Testamento. Es un término que suele aplicarse como sinónimo de destrucción. Milenarismo, del latín millenium. Es la doctrina de instauración del reino de Dios en la tierra durante mil años. Tras el reinado del Anticristo, Jesús realizará una segunda venida y tras luchar y vencer a su antagonista (al que recortará su reinado), acaecerá el juicio Final. Esto nos lleva a plantearnos nuevas preguntas: el reinado de Cristo en la tierra durante mil años, ¿empieza a contar desde el nacimiento del Señor o desde su muerte? ¿La cronología divina coincide con la humana? El texto de san Juan recoge la llegada del Anticristo, anunciado en el tramo final de la existencia del mundo, precedido por los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, coincidiendo con un periodo de guerras, muerte y destrucción. Para muchos autores, el anticristo será reconocido por llevar marcada la letra p. Además su número es el 666, debido a que en todos sus nombres la suma del valor numérico de sus letras (según el alfabeto griego) da esta cifra. Es significativo que en esta asociación numérica que se da en el mundo antiguo a las cosas, el 6 es el número divino. Esta relación, es sin lugar a dudas, porque el Anticristo representa todo lo contrario al hijo de Dios, siendo su enemigo pero presentando sus mismas características, apareciendo como su contrafigura. En la mayoría de textos además, se destaca a este como una divinidad humana. Sin duda alguna, esta conexión entre ambos elementos divinos, viene significada por el producto de las tradiciones orientales primitivas, que destacan la dualidad entre el bien y el mal. La figura del Anticristo del Apocalipsis de San Juan toma el ejemplo de la profecía de Daniel, en la que se destaca a Antioco como un personaje perverso, causante de desgracias. La perversidad de Antioco viene justificada por su animadversión hacia los judíos. Así, todo aquel personaje que ha sido reconocido enemigo del cristianismo ha sido reconocido como el Anticristo, como también fue el caso de Nerón. TESTIMONIOS MILENARISTAS EN LA EDAD MEDIA: EL BEATO DE LIEBANA. A lo largo de la Edad Media se produjeron catástrofes naturales, situaciones angustiosas – hambres, guerras, epidemias, interpretaciones supersticiosas – de cometas, eclipses y noticias conmocionantes – como la destrucción del Santo Sepulcro en el año 1009-. Así mismo, en la tradición cristiana todos sus eruditos se han manifestado preocupados por descubrir el tránsito a la otra vida. La muerte de los papas siempre se interpreta como la proximidad del fin del mundo. Sin embargo ninguno de estos anuncios ha provocado una reacción que pueda haber sido transmitida colectivamente. Para Salustiano Moreta Velayos está claro: Es falso que la inminencia del final del primer milenio suscitara una especie de pánico colectivo y que la gente de Europa muriese de miedo regalando sus posesiones. Además argumenta que no se poseen testimonios coetáneos contrastados y por tanto no puede deducirse una conciencia milenarista de los pocos textos conservados que han sido exagerados. En este sentido ofrecemos una serie de ejemplos que bien pueden ilustrar dicho fenómeno y que tradicionalmente han servido a muchos autores para intentar justificar una conciencia milenarista en la edad Media europea: · Los anales carolingios y La crónica Anglosajona, que en la última parte del siglo VIII cuentan fenómenos astrales que son interpretados como causantes de temores. · Las revelaciones de Juan, un monje visionario, que en época de Carlomagno, profetizó el fin del mundo. · El Apocalipsis de Irene, en la que las tradiciones bizantinas y bárbaras vienen a enraizarse. Es un episodio en el que se descubren similitudes con las profecías de la Ultima Visión de Daniel. · La idea de Renovatio Imperii, que para algunos iluminados, con la coronación de Carlomagno como emperador, no solo recogería la tradición del imperio romano, sino que asumiría la defensa de la cristiandad frente al Anticristo. Al crearse el imperio se aseguraría la continuidad de la defensa espiritual. · Las profecías del Arzobispo Gracioso, un curioso Apocalipsis, que predice una futura destrucción de Ravena, cuyas catástrofes se extenderían por toda la tierra. ¿Corresponden todos estos textos y sucesos a una corriente genérica de pensamiento? ¿Verdaderamente llegarían a tener difusión y un fuerte impacto en una sociedad tan rural –con todos los condicionantes que esto supone- como la medieval? Debemos pensar que no. No obstante todavía encontramos autores, incluso en epoca contemporánea que defienden la validez de estas argumentaciones asociandolas a grandes figuras mediáticas, como pueda ser el caso de Gil Fernández con respecto al Beato de Liébana. . Sabemos que Beato tuvo un fuerte enfrentamiento con los herejes adopcionistas encarnados en las personas de Elipando, metropolitano de Toledo, y el obispo Félix de Urgell, en el transcurso de la cual Elipando y Beato se acusaron mutuamente de Anticristos. Beato sigue el cómputo agustiniano de las seis eras, especificando la duración específica de cada una de ellas, fechando el fin del mundo para el año 800 (siguiendo los cómputos de San Jerónimo y Julián de Toledo); advirtiendo desgracias y catástrofes terroríficas. Cronológicamente suceden en Francia entre 763y 780 demostraciones de pánico por producirse grandes prodigios (fenómenos astrales). Sin embargo no tenemos constancia para tierras hispanas. En relación a esto último hay una anécdota sobre el fin del mundo que se ha relacionado con Beato, según la cual fechó el fin del mundo para la Pascua del 800, advirtiendo a un personaje, Ordoño, de que se guardase de comer para prepararse para tal fecha. Sin embargo la fecha pasó y no ocurrió nada, a lo que Ordoño comentó que lo que tuviese que pasar, pasaría, y si tuviesen que morir que por lo menos lo harían con el estomago lleno. Al fracasar en su datación Beato añadiría que su medición no era errónea, que solo Dios sabe la fecha, y que si no ha acaecido en la fecha que él a dicho, es por que el tiempo divino es distinto del humano, pero que estaba seguro que ocurriría. Desconocemos si tal anécdota es cierta; lo que si que conocemos objetivamente es su querella contra los adopcionistas así como los comentarios que realizó sobre el Apocalipsis en los que realiza una escasa aportación a los textos de los padres de la Iglesia, llegando en algunos casos a manipularlos, por su peculiar manera de escribir. Beato da un sentido escatológico, profético y determinista de la historia, ilustrándola con el modelo de las seis edades. Para el fin del mundo, Beato anuncia el reno del Anticristo durante 1290 años, pero que será recortado por la venida de Dios. Para Beato, el Anticristo es una persona que simula la castidad, una persona que habita entre los hombres pero que promulgará las Leyes Antiguas y la Circuncisión. Añade que el Anticristo es un hereje que nacerá en el reino astur (sin duda alguna la referencia a Elipando de Toledo es explicita en este sentido). Tanto como Beato como los distintos autores, crónicas y sucesos, nos dan una imagen que tratados por si solos, nos podrían hacer pensar sobre la existencia del milenarismo. Pero, los sucesos que relatan las crónicas son muy aislados, de carácter local, y en ocasiones magnificados, ayudado esto por la mentalidad supersticiosa de la época. Y sin duda alguna, los escritos de los ya mencionados autores no responden al sentimiento colectivo de la época. ¿EL FIN DEL MUNDO EN EL AÑO MIL? Sin duda alguna, todas las explicaciones que estamos manteniendo aquí, quedarían muy vacías sin una argumentación que pudiese ratificar todo aquello a lo que nos estamos refiriendo. Es por ello que aquí presentamos una serie de pruebas, basados en sucesos coetáneos, que nos hacen dudar de la existencia de una conciencia milenarista en la Edad Media: · En, primer lugar, no existen noticias positivas de carácter general que nos indiquen que en el año mil se viviese una situación de carácter desmesurado. Las únicas que poseemos son de índole local y bastante magnificadas por su parte. · La aparición de cierto número de expresiones como Mundi Termino appropian ó Mundi in finen corrente, en documentos de donaciones o liberaciones de siervos, en contra de todo lo que pueda parecer no deriva de ellos un sentimiento de histeria multitudinaria a tal efecto, ya que suelen constatarse en la Edad Media como pautas en la redacción de documentos de uso notarial. Además su cronología es mucho más amplia que este suceso (siglos VI – XII), con lo que no reflejan el sentimiento colectivo de la sociedad. · Muchos autores afirman que el fin del milenio fue usado por el clero para incrementar las donaciones en su patrimonio. Sin embargo esta hipótesis se viene abajo en el momento en el que la Iglesia no solo se opone a todo este fenómeno apocalíptico, sino que está constatado que cuando más donaciones recibió la Iglesia es justamente después del año mil. · Un hecho muy significativo para derrocar la teoría milenarista es su datación cronológica. Cuando se habla del fin del mundo; ¿los autores se refieren al año 999 o al año 1000? Además, en lo relativo al reino de Cristo en la tierra durante mil años; ¿esos mil años empiezan a contar tras el nacimiento de Cristo o después de su muerte? Y que decir de las distintas computaciones del tiempo que en el medievo responden a intereses regionales. La medición del tiempo en Castilla era diferente, por ejemplo, a la de Francia. La Era Hispánica comienza con la conquista de la península por los romanos y no deja de usarse hasta el año 1383, fecha en la que Juan I ordena la homologación al calendario Gregoriano. ¿Cómo es por tanto que si en todo el Occidente Cristiano no se sigue un único cómputo cronológico pueda existir un miedo global al fin del mundo? Es por ello que la imprecisión cronológica, para un hecho tan determinado, nos lleve a pensar que no llegase a producirse nunca esta conciencia colectiva. Muchos autores, ya sean por exceso o por defecto, por referirse a fuentes más modernas, no pueden justificar la existencia de este fenómeno. · Otro elemento significativo: A partir del siglo XI comienza un periodo de reactivación arquitectónico. Además, ni un solo monumento de la época hace referencia a la menor alusión simbólica del fin del mundo ni a la satisfacción de haber escapado de una catástrofe. El único elemento que se manifiesta en contra es la pintura española con las distintas ilustraciones del Apocalipsis, como hemos referido en el caso del Beato de Liébana. Sin embargo los estudiosos del tema indican que hay un apaciguamiento en la mentalidad de la época al irnos acercando al año mil. Dos terceras partes de las monografías se consagran a poner de relieve la vitalidad y creatividad de reyes, pontífices y nobles o a los pueblos que vivieron esas décadas, lo que viene a contradecir la mentalidad negativa y de abandono de trabajos que se afirmaba tradicionalmente. Es más, entre el 970 y el 1000 ningún texto significa la catástrofe final. Solo entre el 960 y el 970 hay constancia de alguna opinión de iluminados que, ni cuentan con muchos adeptos, ni se sostiene durante un periodo razonable por la oposición eclesiástica. Existen muchos textos que nos indican todo lo contrario: 1)-Condenas del concilio de Roma del 998. Penitencias de 7 años para el rey Roberto el Piadoso y distintos herejes. 2)-Reconstrucción de Venecia tras el incendio del 977. Se pone especial énfasis en el palacio del Dux y la Iglesia de San Marcos. 3)-Festejos en Colonia para recibir a su nuevo arzobispo el 24 de diciembre de 999 4)-Documentos de plazos de 12, 20 y 25 años que estipulan préstamos a lo largo de la última década del siglo X. ¿Qué sentido hubiesen tenido todas estas manifestaciones si hubiesen sido realizadas bajo el signo constante de la amenaza? Es por ello que, aunque contemos con algún episodio positivo en momentos anteriores al siglo XI, e incluso en los años 1000 y 1033, son hechos aislados, que en muchos casos vienen a coincidir con espectáculos australes, con lo que no sería lícito deducir el tema a partir de estos fenómenos. En palabras textuales de Benito Ruano: ...no se detecta en la historia medieval del viejo Mundo fenómeno alguno al que pueda cuadrar con exactitud la designación los “Terrores del año mil” u otra equivalente”. CONCLUSION: Pensamos el terror al año mil tiene más de esotérico que de real que pudo tener su origen en una interpretación sui generis del Apocalipsis de San Juan siguiendo la cronología cristiana. Salustiano Moreta Velayos, al explicar que la coincidencia de textos que explican hambrunas y terrores milenaristas coincide con la crisis económica y social de la segunda mitad del siglo VIII y IX Sin duda, como afirma Pognon, los terrores del año mil son un milenarismo retrospectivo: siendo una teoría con poco éxito y apenas profesada, será en el sigo XIX magnificada y universalizada. BIBLIOGRAFÍA: POUNDS, Norman JG; La vida cotidiana. Historia de la cultura Material. Ed. Crítica, Barcelona, 1992. MORETA VELAYOS, Salustiano: “Apocalíptica y Milenarismo en la época de Beato de Liébana”, en Cristianismo Marginado: rebeldes, excluidos y perseguidos I. De los orígenes al año 1000: actas del XI Seminario sobre Historia del Monacato celebrado en Aguilar de Campoo (Palencia) del 4 al 7 de agosto de 1997/ coord. Ramón Teja Casuso, 1998, pp. 117-140. BENITO RUANO, Eloy: “El mito histórico del año Mil”. En Milenarismos y milenaristas en la Europa Medieval: IX Semana de Estudios Medievales, Najera, 1998, coord. Jose Ignacio de la Iglesia Duarte 1999, pp 87-100 GIL FERNÁNDEZ, Juan: “Beato de Liébana y los terrores del año 800”. En Milenarismos y milenaristas en la Europa Medieval: IX Semana de Estudios Medievales, Najera, 1998, coord. Jose Ignacio de la Iglesia Duarte 1999.

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