Autor: Mercedes Villar Liñan
lunes, 06 de junio de 2005
Sección: Artículos generales
Información publicada por: okeanos


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3-. La problemática del poblamiento en el Bronce Final en Andalucia

Tercero y ultimo articulo donde se relacionan la cultura dolménica y la ceramica en Andalucia.

La problemática del poblamiento en el Bronce Final en Andalucia La fase final de la Edad del Bronce se caracteriza por la disminución de la importancia de los asentamientos de la Andalucía Oriental y la aparición de nuevos hábitats en la parte occidental de la región. La actividad económica desarrollada entre los pueblos de la fachada atlántica de Europa, desde el golfo de Cádiz hasta el Báltico, impulsó la creación de nuevos núcleos de población en torno al Suroeste andaluz. Se han encontrado numerosos objetos de bronce en enterramientos o escondrijos en la cercanía de la costa, que han hecho pensar en las relaciones que se emprendieron por mar con otros pueblos cuyos restos presentan similares características. La existencia de una población creciente en la zona occidental de Andalucía, con una avanzada organización urbana, así como con una actividad económica y comercial basada en la riqueza agrícola, ganadera y minera, daría lugar a la aparición de una sociedad refinada y altamente desarrollada. Para el Bajo guadalquivir el prehistoriador Antonio Tejera Gaspar planteó una hipótesis sobre su poblamiento (Tejera ,1978). La aparición de nuevos núcleos en el Valle se relacionaría con la fertilidad y riqueza del suelo , si bien serían los grupos herederos de los poblados del Eneolítico quienes decidieron bajar de las cornisas y mesetas altas del río, por ejemplo de las comarcas sevillanas del Aljarafe y de Los Alcores . El desplazamiento podría explicarse por la actividad económica, y por tratarse de un período en principio menos convulsionado y sin aportes poblacionales externos (por el contrario, en las culturas del sureste andaluz, por ejemplo en El Argar, existieron grandes cambios de costumbres debido a la llegada de nuevos pobladores procedentes de Europa y/o de oriente). Los grupos del Valle del guadalquivir parecen ser de mayor dinamismo cultural que los de Los Alcores, y si seguimos el curso de los túmulos excavados en la zona, puede interpretarse que se trata de pueblos ganaderos que bajaron por la ruta que une Sierra Morena y El Valle a través de Los Alcores. Precisamente estos túmulos ofrecen una posibilidad interpretativa al fenómeno poblacional del bronce, confirmando el ya citado "arcaísmo cultural del bronce" En los túmulos de Entremalos y algunos de la Mesa de Gandul, en la Vega del Corbones, coexisten enterramientos de inhumación y de incineración, depositados en distintas fases, e incluso, como en Entremalos, el mismo túmulo se ha formado por acumulación de depósitos. El más importante quizás sea el Túmulo de Setefilla, en Lora del Río, y en la misma Vega. En su reexcavación se descubrió una tumba de cámara rectangular y corredor, de mampostería, cubierto por una superestructura de tumbas; al cortar el túmulo se descubrió un conjunto de enterramientos de incineración en urna acumulados desde el suelo, constituyendo un verdadero enterramiento colectivo de incineración, llegando a formar túmulos de hasta 7 mts de altura. El conjunto fue fechado entre los siglos VII y VI a.C., cronología muy reciente, sobre todo si la comparamos con los sepulcros colectivos que ya conocemos de Los Molares. Una explicación posible sería la pervivencia de la tradición del enterramiento colectivo, realizado en el mismo lugar desde el eneolítico, por gentes que conservan lo que conocen pero van incorporando el nuevo ritual de incineración. También en relación a esta pervivencia podemos recordar la cronología de los conjuntos dolménicos de Valencina de la Concepción (Tejera, 1978;Ruiz Moreno,1995), el gran poblado calcolítico que tuvo conexiones con las comarcas mineras onubenses, con el Andévalo, con el Condado y que ejerció un papel de enlace comercial con el guadalquivir. La necrópolis abarca hasta el término municipal de Castilleja de Guzmán, y en ella se encuentran 8 túmulos tipo "tholoi", 13 de menor tamaño y hasta 20 más en zonas colindantes. El dolmen de La Pastora se fecha entre 1800 y 1600 d.C., y presentaba ajuar de influencia oriental. Estas características junto a la inexistencia de un poblado de cronolgía posterior parecen apuntar a la pervivencia durante el bronce sin cambio cultural aparente (Ruiz Moreno,1995) En la zona de la Campiña sevillana que estudiamos no hay restos del Bronce Final de importancia, siendo en general escasos los yacimientos, por lo que podría hablarse de una cierta decadencia poblacional en el área. Este descenso puede deberse a la ubicación de la comarca y sus anteriores relaciones con los poblados ganaderos y mineros de Andalucía Oriental. Sí volvemos a encontrar restos pertenecientes a este período en los yacimientos de Las Aguzaderas, El Casar, El Coronil, El Jardal y La Frenadilla III. El Bronce Final continúa siendo un período peculiar y diferenciado en cuanto al cambio y la continuidad poblacional, social y cultural. Historiadores como M.Almagro, Basch, W. Schüle y O.Arteaga han investigado sobre la evolución de las culturas del Valle del guadalquivir desde el Eneolítico. Si seguimos sus planteamientos, junto a los de Tejera Gaspar, parece existir una evolución continuada de las culturas de este área, de fuerte y marcado carácter indígena, desde el Eneolítico, Calcolítico, Bronce Medio, Bronce Final Inicial y Bronce Final, (si bien este último período presenta la complejidad de la aculturación) para los yacimientos de Lebrija, Mesas de Asta (Hasta Regia), Colina de Los Quemados (Córdoba), llegando incluso al Cerro del Real, Cerro de la Virgen y hasta Saladones de Orihuela en Alicante. Parece pertenecer todo ello a un "hinterland tartésico" , con lento desarrollo tipológico en cerámica, arquitectura, urbanismo, que conformaría el sustrato básico del Bronce Final sobre el que va a aflorar, con aportes orientales, la Cultura Tartésica (Tejera,1978). Algunos yacimientos de Cástulo, pertenecientes al Bronce Final confirmarían las relaciones a través del guadalquivir, y de éste hacia las Hoyas de Baza, de los yacimientos mencionados, formando así una ruta minera a través de los cauces fluviales. Podemos resaltar tres rasgos del proceso de evolución cultural de este período anterior al "Orientalizante" propiamente dicho en el Valle del guadalquivir: -la evolución ininterrumpida de antiguas raíces eneolíticas y el fuerte tradicionalismo de las mismas -la unión con elementos orientales y europeos en una fase posterior, confirmados por los hallazgos de la Ría de Huelva o por las estelas decoradas del suroeste, en las que se aprecia la simbiosis. -la fuerza del mundo indígena que mantuvo su impronta y riqueza cultural a pesar de la aculturación. En el contexto del Bronce Tardío se han encontrado piezas de orfebrería parecidas a las del Mediterráneo central y oriental. La comparación de estas muestran han llevado a plantear la hipótesis (Rui-Gálvez ,1992) de una precolonización de la Península Ibérica por comerciantes micénicos y sardos anterior a la penetración fenicia, en torno a 1300 a.C. El crecimiento de los centros de Andalucía occidental, ligados al desarrollo de la actividad agropecuaria y finalmente minera (extracción de hierro, plomo, cobre, plata y oro), se relaciona con el desarrollo de Tartesos. Los contactos de esta civilización con los enclaves comerciales fenicios y griegos, aunque parecen basarse en diversos mitos y leyendas (mencionemos por ejemplo a Habis y Gerión, relacionados con la agricultura y la ganadería respectivamente) y en fuentes antiguas fiables pero poco claras al respecto, parecen confirmarse por el marcado carácter orientalizante de su cultura material: joyas, armas, escritura (sin descifrar), cerámica, dioses. Sí parece claro que el mayor auge de extracción minera coincide con un impulso del comercio con estas colonias, de modo que Tartessos se desarrollaría a remolque de la demanda exterior, en lugar de ser el hasta ahora considerado "brillo y esplendor" de esta cultura el atractivo que fenicios y griegos encontraron en la Baja Andalucía. Las necesidades de mineral para abastecer a fenicios y griegos obligaron a una extracción mejor organizada, y por tanto, dieron lugar al nacimiento de una incipiente y efímera unidad política, basada en el caudillaje y posteriormente en una jefatura de tipo monárquico, necesaria para una actividad minera constante y productiva. Los focos de poblamiento de esta cultura se extendían por el bajo guadalquivir, principalmente en el triángulo de las actuales Sevilla-Huelva-Cádiz y su auge y esplendor corrieron entre los siglos IX y VI a. C. En este sentido, el guadalquivir serviría de vía de comunicación entre las comarcas mineras de Córdoba, la Sierra de Huelva y la zona de Aznalcóllar. Asimismo el río se usaría como vía para el comercio por los orientales, hecho que explicaría la ubicación del poblado tartésico de El Carambolo como salida natural desde la Sierra de Huelva y punto de control en la comercialización del metal.[viii] (Tejera,1978) Durante esta etapa tartésica la zona de la Campiña parece mantener un poblamiento discreto, cuyos restos muestran la influencia oriental típica del período, si bien se trata de objetos de escaso valor. Más significativo es el cambio operado en la estructura socio-política, pues parece lógico que el caudillaje local habría sido sometido, de un modo más o menos intenso, a la autoridad tartésica. Con la decadencia de Tartessos la comarca mantiene su poblamiento en pequeños núcleos urbanos-agrícolas, incrementados ahora en número y dispersión. Entre los siglos VI y III a. C. podemos hablar de un poblamiento de tipo ibero cuyas cabeceras serían los centros de CARMO (Carmona), URSO (Osuna), ASTIGI (Écija) y ASTAPA (Estepa). Más alejado pero no incomunicado, pues el curso y valle del guadalquivir sería la vía natural de contacto, se encuentra el yacimiento de HASTA REGIA (Jerez de la Frontera). El crecimiento de estos lugares entra en relación con dos procesos: -la expansión de la cultura ibérica en todo el litoral mediterráneo y sur-occidental de la Península, cuyas manifestaciones en Andalucía son las culturas de Turdetanos, Oretanos y Bastetanos fundamentalmente -los contactos, esta vez más intensos, con las colonias costeras de fenicios, griegos y cartagineses; la pérdida de importancia de los centros tartésicos, en los alrededores de la desembocadura del guadalquivir, ponen en comunicación directa a la Campiña con la costa mediterránea de la actual provincia de Málaga a través de la cañada natural que discurre entre el valle del guadalquivir y la Sierra Subbética, aproximadamente por la actual carretera Sevilla-Ronda-Costa del Sol. Este auge explica que encontremos esculturas antropomorfas de influencia oriental en la Campiña sevillana, con paralelos en las culturas ibéricas de la provincia de Jaén (Cástulo) o de Granada (Comarca de Guadix-Baza), algunos de cuyos ejemplares más notables pertenecen a Carmona, Morón y Los Molares (yacimiento de El Casar). Estas esculturas de leones, toros y ciervos pertenecerían con probabilidad a monumentos funerarios, nueva muestra de la adopción de patrones religiosos y rituales en torno a la muerte de tipo oriental-mediterráneo. En cuanto a las bases socio-económicas de esta expansión, última antes de la conquista de la región por Roma, seguían siendo la agricultura y ganadería excedentetaria, con productos de la llamada "trilogía meditarránea", en particular trigo y olivo. La explotación de la tierra en cultivos de secano se realizaría a través de los primeros "latifundios", usando el término con la cautela necesaria, propiedad de los primeros "grandes jerarcas" de la zona, probablemente jefes locales de los pequeños asentamientos con necrópolis cercanas. Para terminar, y como conclusión, con este somero repaso a la prehistoria sólo pretendemos destacar la continuidad temporal y espacial del poblamiento de la Baja Andalucía, y la temprana especialización de la comarca en la actividad agrícola-ganadera con cultivos de secano que conformarían la primera jerarquización social basada en la propiedad de la tierra. Con los sucesivos asentamientos posteriores el patrón de poblamiento articulado en torno a "tierra-propietario-asentamiento de trabajadores" se confirma y consolida -aunque con intervalos de decadencia poblacional consignados en la cartografía histórica como "despoblados"- resultando característico de la comarca las grandes extensiones labradas y los núcleos de población dispersos pero abundantes, como centros de la actividad económica y política.

Más informacióen en: http://www.artegnos.com


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