Autor: Silmarillion
viernes, 18 de abril de 2008
Sección: Roma y Grecia en Celtiberia
Información publicada por: silmarillion
Mostrado 24.178 veces.


Ir a los comentarios

Tanagras. Pequeña Belleza

- Las mujeres en terracota de Tanagra. S IV - III

-


Comentarios

Tijera Pulsa este icono si opinas que la información está fuera de lugar, no tiene rigor o es de nulo interés.
Tu único clic no la borarrá, pero contribuirá a que la sabiduría del grupo pueda funcionar correctamente.


  1. #1 A.M.Canto 05 de jun. 2005

    Lo traduzco por si alguien lo prefiere: "Con anterioridad, en los siglos V y IV a.C., ya se habían producido en Atenas estatuillas de terracotta, sobre todo para fines religiosos o como recuerdos del teatro. En contraste con ello, el completamente nuevo repertorio de terracotas de Tanagra se basó en un análisis íntimo del mundo personal de mujeres y niños, a veces efebos y otros personajes, tipos humanos que se cree que pudieron tener origen en la 'Nueva Comedia' de Menandro."

  2. #2 silmarillion 05 de jun. 2005

    Reproduzco el siguiente texto: Hay que distinguir el traje dorio, hecho con tejidos de lana atados por fuertes fíbulas, y la túnica de lino, de origen jonio, que debió introducirse en Atenas después de la derrota de la guerra contra Egino (568 a.C.). Sin embargo, se sabe que la lana se empleaba en Jonia desde la época homérica y en Mileto se teñía de colores vivos, con dibujos recamados (de los cuales el vaso François, en el Louvre, nos da una buena muestra). Esquilo menciona también las escenas de caza que adornaban la capa de Orestes. El peplo caracteriza la indumentaria dórica. Abierto, es un rectángulo de lana abrochado en los dos hombros y que, sin pliegue ni cinturón, deja ver en parte el cuerpo de la que se viste con él y es el vestido, muy antiguo, de las muchachas espartanas. Una variante de este traje consiste en doblar la parte superior y el borde doble se pasa entonces por debajo del brazo izquierdo y se abrocha sobre el hombro del mismo lado, de modo que forme una sisa que se prolonga más allá del codo y a continuación, el mismo borde se ata sobre el hombro derecho, dejando más juego en el pecho para pasar la cabeza. La disposición es asimétrica, ya que sobre el lado derecho la abertura del vestido acusa los ángulos, con espirales que subraya una banda de color. El aspecto del peplo se modifica también cuando el pliegue sobrepasa el talle y cubre, al menos, la mitad de la altura total. El ancho del pliegue (apoptygma) a veces se utiliza para cubrirse la cabeza. Podía hacerse estrechar los dos espesores del peplo abierto con un largo pliegue, con un cinturón: se obtenía, entonces, un vestido de gran sobriedad de líneas, con mucha nobleza y majestad. El peplo recubrió la túnica jónica antes de que los atenienses resolvieran llevarla sola, bajo el himation. Reuniendo con una costura los dos bordes flotantes del peplo, se obtiene el peplo cerrado y un tér­mino medio consiste en coserlo sólo hasta el talle: entonces es el peplo semicerrado. Una perfecta simetría caracteriza el peplo cerrado y puede subirse por encima del cinturón para formar un rodete de pliegues ahuecados: el colpos. También es posible cubrirse la cabeza con el pliegue del peplo cerrado. Todos los peplos pueden asociarse al manto, generalmente dispuesto sobre los hombros y los brazos, a la manera de un chal. La túnica de lino se compone de un rectángulo cuyos bordes laterales se reúnen por una costura. Entre los dos bordes superiores se deja una abertura bastante ancha para pasar la cabeza; después se unen por una doble serie de pequeñas fíbulas regularmente espaciadas. El talle se señala con un cinturón que puede decorarse con flecos, borlas o campanillas La tela se corta con un método muy antiguo, todavía empleado en nuestros días en ciertas regiones: con la uña se marcan pliegues paralelos; después se moja el tejido, retorcido en los extremos, y se mantiene así durante algunas horas. En Atenas, las más vastas túnicas forman un pliegue en la parte superior, análogo al del peplo. Cuando se lleva sola, con o sin pliegue, la túnica jónica caracteriza a las bailarinas: la anchura y el vuelo de la tela permiten asir con las manos la extremidad de la sisa y disimular completamente los brazos. La disposición oblicua del himation corresponde al progreso del traje jónico en Ática, abrochado a la izquierda o a la derecha y el uso de botones sustituye el de las fíbulas. La túnica se asocia a veces con el manto de los hombres, que la coquetería femenina dispone en sentido inverso: la extremidad, en lugar de echarse a la espalda, cae hacia delante. El traje jónico lleva también, en la época helé­nica, un manto de lino, el fairos, cuya disposición no se ha definido con precisión, y un largo chal (5 m x 0'75 m) llamado “chal oblicuo de Cores”, que Jacques Heuzey ha estudiado, demostrando que este traje, molesto y frágil, que reduce singularmente la libertad del brazo derecho, era el signo de la vida lujosa y cómoda expresada por la famosa sonrisa arcaica que Charles Picard ha definido con tanto acierto, como un “jeroglífico de felicidad”. El arreglo más simple consiste en atar el chal con fíbulas sobre los dos hombros, como un peplo y para obtener a continuación la forma de V invertida que abre paso al cinturón, se introduce la mano, por arriba, bajo el chal, se toma un pellizco de tela y se conduce por encima del borde superior, provocando así la retracción ascensional y piramidal del borde inferior. De esta manera se forman, debajo del borde superior, una serie de pequeños bolsillos que hay que igualar. El mismo procedimiento puede emplearse cuando el chal se coloca oblicuamente, liberando el brazo izquierdo, y repetirse igualmente bajo el brazo. De la demostración convincente de Jacques Heuzey, resulta que hay que repudiar todo uso de bandas o cintas de cuero; una vez más, el efecto decorativo, aparentemente complicado, se obtiene con medios muy simples. Insistamos en el hecho de que el ropaje dórico es arquitectónico, mientras que los efectos de la túnica jónica son pictóricos. La evolución de las costumbres, como la del gusto, tiene un buen papel en las transformaciones del traje femenino: a los hábitos rudos de un cuerpo vigoroso y endurecido, libre, bajo el peplo, sucede la preocupación por el confort, por la dulce sensación de las telas suaves. Con su capa, la mujer se envuelve, friolera, subiendo sobre su cabeza un faldón que forma una capucha. Ya no existe, entonces, el equilibrio entre el desnudo y el ropaje, que constituía la be­lleza propia del traje dórico; pero la tela fina, como mojada, se amolda al cuerpo, al que hace resaltar. http://www.cnice.mecd.es/eos/MaterialesEducativos/bachillerato/arte/arte/x-antigu/gre-vest.htm Una de las colecciones más importantes de tanagras, sino la más importante se encuentra en el Museo del Louvre. EN el año 2004 se realizó una exposición con 240 tanagras.

  3. Hay 2 comentarios.
    1

Si te registras como usuario, podrás añadir comentarios a este artículo.

Volver arriba