Autor: Mazout
viernes, 16 de mayo de 2008
Sección: Toponimia
Información publicada por: mazout
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Topónimos Vascos Indoeuropeos

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  1. #1 hartza 16 de mayo de 2008

    Por no hablar de que la etimologia de Durango parece asimismo transparente como derivada del nombre de un possesor, Duranicus, como en tantos otros casos... O que Eztingagorri meresulta imposible de encontrar como toponimo existente en ninguna parte...


    En fin. Volviendo a Koldo Mitxelena, la mejor obra sobre analisis etimologico de los apellidos vascos es, precisamente, “Apellidos Vascos”; en la que éste no se atrevió a dar “probables” significados más que de sólo unos cuatrocientos apellidos. En su libro, que aunque no trata propiamente de explicaciones etimologicas a la toponimia viene bien al caso que nos ocupa, Mitxelena explica lo siguiente:




    "Espero se me excusarán unas consideraciones preliminares, aca­so demasiado prolijas, al frente de esta obrita. Aunque hasta cierto punto me consuela la consideración de que al escribirla me muevo dentro de las más puras tradiciones vascas, pues el furor etimológico ha sido siempre una señalada característica nuestra —por más que no sea, ni mucho menos, exclusiva—, no deja de causarme cierto apuro la idea de llegar a merecer el título de «etimologista» que un buen amigo mío aplica a los expertos del ramo en otro libro de esta colección. Lo relativo a esta ciencia o arte, o como quiera llamarse, va asociado en la memoria común a una serie de chas­carrillos, algunos muy graciosos y no siempre faltos de exactitud, que le confieren un carácter poco envidiable de entretenimiento temerariamente aventurado, gobernado por los caprichos de la más pura arbitrariedad, y con sus ribetes de disparatado."



    LA ETIMOLOGIA


    "Ya he indicado que la finalidad fundamental de este trabajo es la etimología de los apellidos, pero no estará de más explicar que es­te término no tiene más que un valor relativo. Una etimología cientí­fica no puede hacer otra cosa que establecer la relación entre las for­mas actuales —o conocidas en un determinado período— y otras más antiguas, atestiguadas o simplemente supuestas, de las palabras con­sideradas, y se ha de tener siempre en cuenta que estas formas más antiguas no tienen nada de «original» o de «primitivo», sino en sentido figurado. Quiere decirse únicamente que más arriba de ellas no podemos —o no nos interesa— proseguir nuestra investigación. La etimología de Castilla, p. ej., queda suficientemente establecida para un investigador de la toponimia española con derivar este nombre del lat. castella, plural, o, a lo sumo, con hacer constar que, dentro del latín, castellum es un diminutivo de castrum, sin que le interese seguir más allá el origen de las formas latinas. En el caso de los topónimos vascos —y por lo tanto de los apellidos—, se trata en general de determinar los elementos que entran en su composición. Sí estos elementos pueden ser identificados con elementos léxicos o gramaticales conocidos de la lengua vasca o de otras que han estado en contacto con ella -o bien con nombres propios ates­tiguados en esa zona-, la finalidad que aquí se persigue queda suficientemente conseguida.


    Pero tratándose de nombres propios hay una dificultad especial: un topónimo o un antropónimo no «significan», estrictamente hablando, nada: designan simplemente un determinado lugar o una determinada persona. Y esto supone una diferencia esencial para la seguridad de cualquier consideración etimológica. Como escribía Meillet, “las explicaciones de los nombres propios... tienen poco valor. La fuerza probativa de una etimología proviene de que no se puede considerar fortuito el hecho de que un mismo sentido se exprese en dos o más lenguas por sonidos idénticos o susceptibles de ser retrotraídos a una identidad anterior; toda la fuerza de la prue­ba desaparece desde el momento en que el sentido que se atribuye al nombre propio es arbitrario. No se pueden pues interpretar los nombres propios más que cuando su explicación es evidente”. Esta dificultad se acrece todavía cuando, como en nuestro caso con los apellidos, ni siquiera podemos contar con el control relativo de la descRIPción del lugar al cual ha sido aplicado el nombre. El ape­llido ha perdido desde hace tiempo el contacto con la casa o pobla­ción que en muchos casos le he prestado el nombre, y no persegui­mos ya más que la sombra de una sombra.


    Esto no quiere decir que no haya ninguna posibilidad de inter­pretación. Es cierto que desde las etimologías absolutamente con­vincentes, que no son tan numerosas como uno desearía, hasta las completamente reprobables, hay grados de duda que varían de manera infinitesimal en uno y otro sentido: esto debe ser muy bien tenido en cuenta al consultar este trabajo, pues una enumeración completa de mis inseguridades resultaría cansadísima y no dispongo de un vocabulario suficientemente rico para matizar sus grados. Pero hay algo que queda bastante claro: los rasgos generales, el sistema, de los apellidos vascos y dentro del sistema cobra fuerza la interpretación de los hechos aislados.


    Volviendo a los detalles, dejando a un lado los criterios semánticos que no son en general más que vagas ideas acerca de la plausibilidad o verosimilitud de cada interpretación, es claro que quedamos reducidos a criterios puramente formales, que en nuestro caso son menos seguros porque carecemos de documentación sufi­cientemente antigua. Así las interpretaciones son muchas veces ambiguas por necesidad. ¿Cómo vamos a decidir ante un ARTA- si se trata de ARTE “encina”, ARTE “espacio intermedio” o ARTE “maíz”, antes “mijo”, si la forma de composición de estas voces es la misma?"


    Atentamente,



  2. #2 alfaiome 23 de mayo de 2008

    Llamativo, Cogorzota, el término de La Hilera, y creo que la descRIPción que hace del fuerte estiaje, el ''hilo'' de agua en verano, explica muy bien que el cauce sea La Hilera. En Gal. varíos Fíos (Os) (Hilos), Fiaños (Hilachos),   Ast., Gozón: Fiame, (Hilambre)

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