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  1. #1 Ángel Cordón 29 de ago. 2005

    Biblioteca: LOSA, LOUSA, LLOSA, LOZA, LAUZA, LAUZO, LOSE

    El Beve diccionario etimológico de la lengua castellana, de Joan Corominas, dice: LOSA. Del vocablo prerromano *LAUSA “losa” o “pizarra”, que se extiende por toda la Península Ibérica, Sur y Sudeste de Francia y Piamonte; de origen incierto, pero no parece ni ibérico no céltico; un derivado lapides lausiae “piedras análogas a la losa” se encuentra ya en una inscripción lusitana. El Sobrarbe y la Ribagorza formaban parte del área de extensión de euskara, lengua más antigua hablada en esos territorios, de la que aún queda abundantísima toponimia, y que formaban parte de la cultura pirenaica vascona, ya desde el Eneolítico y comienzos de la Edad del Bronce. Autores como Violant Simorra, Gartzen Lakasta, Bosch Gimpera o Joan Corominas, entre otros muchos, lo confirman desde sus respectivas disciplinas. Territorios vascones cuya área cultural se extendía hasta la sierra de Atapuerca y la muga del Olmo de Burgos, y que encontró su expresión política con el vascón Sancho III el Mayor. Los avatares políticos configuraron repartos territoriales, producto de guerras y conquistas, que no han sido suficientes para que todavía en el siglo XXI sigan quedando huellas y pruebas (algunas bien vivas) de un sustrato cultural común, que en el mundo del Derecho se conoce como Derecho Pirenáico, de concepción diferente al Castellano o al Germánico.

  2. #2 Ángel Cordón 29 de ago. 2005

    Biblioteca: Un principe galo en Navarra (actualizado)

    1. El mundo de la Arqueología hace años que admite que los vascos ocupan el mismo lugar, al menos, desde la prehistoria. 2. El euskara es una de las más antiguas de Europa. Lengua preindoeuropea que ha logrado sobrevivir hasta la actualidad. Un tesoro de la Humanidad que «nuestras» cultas autoridades tratan de guardar en un tarro de formol. 3. A pesar de todos los avatares históricos, el área de influencia y de extensión coincide con los restos toponímicos, todavía vivos en un área geográfica que se extiende desde la sierra de Atapuerca, los Pirineos y el territorio Gascón. El magnífico Mapamundi de Saint-Sever, de comienzos del siglo XI, lo refleja con un amplio territorio a ambos lados del Pirineo, que denomina «Wasconia». 4. La cultura política derivada de los usos y costumbres de esta área cultural, es claramente diferente de la generada en el área castellana o en el derecho germánico, aunque todos esos territorios no consiguieran articularse políticamente de una forma estable, sobre todo a partir de la muerte del vascón Sancho III el Mayor. En contra de la idealizada interpretación del mundo vascón hecha por el nacionalismo vasco basado en Arana, donde lo vasco auténtico equivale a caseríos y verdes prados, ya los romanos llamaron al Ebro el River vasconum. 5. La quiebra que supuso para los vascos la conquista de Navarra y la pérdida de nuestra soberanía como país europeo (a ambos lados del Pirineo), llevó consigo el sometimiento y la destrucción de todas nuestras instituciones políticas. Tras el levantamiento militar del 36, el trabajo de borrar nuestra memoria ha ido en aumento, siendo sistemática la destrucción de nuestro Patrimonio. El más reciente, llevado a cabo con todos los hallazgos de la Plaza del Castillo de Pamplona, termas romanas incluidas, es una pequeña muestra de ello, y no mayor del lavado de cerebro que se lleva a cabo desde las instituciones universitarias y de la enseñanza. Todo para configurar una Navarra, reducida a los estrechos límites de la actual CFN, alelada y gozosa de su actual situación de mera provincia española, separada, además de la Navarra norpirenaica. (A algunos esto les parece ciencia ficción, pero si le hubiera ocurrido a Portugal lo que a nosotros y viceversa, hoy seríamos un Estado de pleno derecho en la Unión Europea y los portugueses serían una autonomía insaciable en su petición del derecho de autoeterminación...) La pregunta que nos hacemos es que siendo esto así, y aunque nuestro territorio ha sido lugar ininterrumpido de paso e invasiones, y también de convivencia de culturas diferentes, si los más antiguos seguimos aquí, en nuestra casa de siempre, y nunca hemos dejado de estar, incluso como reino independiente y soberano, ¿cómo es posible que entre los cientos de excavaciones que se llevan a cabo nunca aparezcan restos de sus pobladores más antiguos y presentes sin interrupción? ¿cómo explicar que al levantar cualquier piedra, aparezcan celtas, iberos, celtíberos, visigodos, godos, romanos, árabes, musulmanes... y hasta «españoles» avant la letre, pero nunca un puñetero vascón? Supongo que fuimos los inventores del globo aerostático y que viviamos entre las nubes. De otra forma, es inexplicable nuestra permanente ausencia de nuestra propia casa. Este poblado de Peñahitero se suma a otras excavaciones, silenciadas o adjudicadas a quien manden los cánones establecidos, que confirman que el peso de la cultura vasco-aquitana, a ambos lados del Pirineo. Una cordillera que para el nacionalismo imperante divide España de Francia, pero para otros «supervivientes» sigue uniendo a los vascones continentales y peninsulares. Con todo, ha sido una suerte que las excavaciones las estén haciendo arqueólogos de la Universidad de Zaragoza. Con los de casa ya habrían funcionado las excavadoras y las huestes visigodas...

  3. #3 Ángel Cordón 30 de ago. 2005

    Biblioteca: Un principe galo en Navarra (actualizado)

    Creo, amigo verracus, que se confunde conmigo, aunque ya es costumbre que en cuanto alguien se sale del tiesto del Santiago matamoros, suenan las alarmas de la Una y Grande... No tengo tanto atrevimiento como para soltar otra gracia similar a la suya, aunque en el fondo del cierto desprecio que se manifiesta, se intuye la respuesta «buena». ¡Faltaría más! Entre los manuales escolares de los años cuarenta y siguientes hasta hoy, no hay tanta diferencia. Simple cuestión de adecuar los modales, pero latiendo el mismo fondo. Como en política. Recuerdo a Joan Fuster (perdone ud. que recurra aun catalán habiendo tantos españoles más listos) que refiriéndose a este asunto del nacionalismo español, decía que lo más parecido a un español de derechas era... un español de izquierdas. Me va a perdonar que más allá de su chiste fácil, le siga haciendo la misma pregunta respecto a los cientos de excavaciones arqueológicas que se llevan a cabo en la CFN, donde los naturales no hemos dejado rastro alguno, salvo la desgracia para algunos de seguir vivos en nuestra propia casa. Si tanto asombro le causa la toponimia vasca más allá de la sede del PNV, con muy poco esfuerzo puede conseguir suficiente bibliografía sobre el tema, desde la sierra de Atapuerca, la sierra de la Demanda, o el Sobrarbe y la Ribagorza. Y para terminar, le recomiendo que escuche la opinión del profesor Arsuaga sobre estos particulares que tanta gracia le hacen. Seguro que se le ocurre otro chiste sobre el Homo antecesor. Salud

  4. #4 Ángel Cordón 31 de ago. 2005

    Biblioteca: Un principe galo en Navarra (actualizado)

    1. En primer lugar, amigo verracus, le agradezco sus disculpas, que también le ofrezco si alguno de mis comentarios han sido injustos con usted. 2. Mi referencia al profesor Arsuaga, que pude expresar con poca claridad, no tenía que ver con la toponimia, sino con mi comentario sobre la entidad cultural del área vasco-aquitana, de lengua protovasca y vasca, que la mayor parte de estudiosos están de acuerdo en establecer desde el Garona hasta el Rosellón; el Pallars, Ribagorza, Sobrarbe, el Alto Aragón, el sistema Ibérico, hasta las cercanías de Burgos, y hacia el Cantábrico, al oeste de Santander. Tras una conferencia impartida en San Sebastián, algún medio de comunicación reprodujo la respuesta que dio a la pregunta de si Atapuerca tenía algo que ver con otras excavaciones llevadas a cavo en Ekain, Urteaga, Isturiz y otros lugares al norte de los Pirineos. Su respuesta fue que por lo que él conocía de los estudios publicados, sí se podía afirmar la existencia de aspectos culturales similares. Algo lógico, completaba otro antropólogo consultado, «por estar ubicados todos ellos dentro del área del idioma preindoeuropeo, más antiguo de Europa, admitida ya unánimemente por los especialistas europeos». Por citar sólo a alguno de ellos: Colin Renfrew y Jürgen Untermann: realidad incontestable del hecho vasco en la misma área, que hablaban un paleovasco o ausko-aquitano, del que procede el vasco actual, idioma que [según Renfrew] no encaja en ninguna de las cinco grandes familias idiomáticas de la Tierra. Cavalli-Sforza: los vascos actuales derivan de los cazaores mesolíticos magdalenienses, que se extendían al norte y sur del Pirineo. Bosch Gimpera: los vascos ya tenían definida su personalidad en el Neo-eneolítico, proviniendo de la evolución local de los habitantes autóctonos arraigados aquí desde el Paleolítico. Guillermo Fatás: realidad humana muy homogénea, entre el Garona y el Ebro. Una población de rasgos similares en lo idiomático. 3. Limpiemos el nombre del profesor Arsuaga. En el libro al que usted se refiere en último lugar, El mundo de Atapuerca, parece que «la cosa vasca» se reduce a hacer «mención a ciertos topónimos de origen vasco en la provincia de Burgos, y más concretamente en la Sierra de Atapuerca y de la Demanda». Supongo que usted no ha leído todo el libro, porque en él hay algo más que lo que comenta. Sólo como ejemplo cito de la página 202: «[…] Por esta razón nuestros protagonistas se saludan en vasco y, aunque no es la única lengua que se habla en la zona, pervivirá mucho tiempo. Se conservan documentos de villas del Alto Arlanzón en los que, todavía en el siglo XIII, sus habitantes piden permiso a Fernando III para solventar sus pleitos y negocios en vascuence. Este hecho explica la abundancia de topónimos vascos en la zona». Un texto que está lleno de guiños a una realidad que él desconocía cuando comenzó a trabajar en Atapuerca y que descubrió en el contacto con las gentes de allí: que todavía hoy se recuerda e incluso se reivindica su sentimiento navarro. En dos conferencias dadas en Pamplona así lo manifestó: «Como navarros estais obligados a ir a Atapuerca por vinculación tan fuerte con el viejo Reino de Navarra, la sierra de Atapuerca y la propia historia de Atapuerca», alegrándose especialmente porque el catálogo de la exposición que se inauguraba fuese en castellano y euskera. Recordó también con emoción cómo muchos de los lugareños, especialmente del pueblo de Agés, se reivindicaran como navarros. Conozco más datos al respecto del profesor Arsuaga, que en ningún caso mancharían su nombre, sino todo lo contrario, pero no debo alargarme demasiado, aunque sí le diré que este entrañable libro, precisamente por su contenido poco «mesetario» ha sentado bastante mal en las sensibilidades franquistoides universitarias. 4. Sobre la toponimia, que para usted no tiene, al parecer, mayor importancia, no así en las universidades europeas, le diré que ya el profesor Merino Urrutia publicó La lengua vasca en La Rioja y Burgos, con la cita de cientos y cientos de nombres vascos que todavía hoy permanecen vivos y coleando. Recuerdo alguna pequeña muestra de su opinión, compartida por otros como Menendez Pidal, p.e.: «Está probado que todas las tribus que poblaron las distintas tierras de la Rioja hablaban vascuence» «Con la llegada de los árabes, convivieron con los naturales, arabizando sus nombres». «Tras la expulsión de los árabes, los pobladores nuevos que llegaron hasta las cercanías de Burgos y hasta al sur de la sierra de Arandio (Demanda), establecieron una nueva vasconización sobre la ya existente en toda la Rioja y zona burgalesa». Fredrich H Jugermann: «fue el vasco el único idioma en la península Ibérica que no desapareció con la romanización». Respecto a las reiteradas preguntas sobre la presencia de diversos topónimos de lenguas fuera de su espacio geográfico, la respuesta es evidente: son prueba de la presencia de sus hablantes. Pero usted hace una pequeña trampa, ya que no es el caso que tratamos, pues la toponimia vasca actualmente existente es prueba de que, con las salvedades de rigor, prueban que sus hablantes vivían en su territorio natural. Entiendo que a alguien de Burgos, p.e., acostumbrado a las batallas de la España imperial, el Cid y Agustina de Aragón, estas cosas le suenen a blasfemia, pero por mucho que se empeñe el aparato centralista, la piel de toro no es más que otro mito del granacionalismo español, y no precisamente una coctelera, sino una máquina de imposición política y cultural. Se nos suele respetar cuando nos comportamos como perritos falderos, pero si no es así, cae piedra. Debo decirle que yo también siento un gran respeto por la lengua castellana, que también es mía, y por los españoles (francamente con demasiadas excepciones) pero siento algo más por quienes son mis compatriotas navarros que viven separados por una frontera impuesta contra nuestra voluntad. Siento la extensión de este escrito y les pido disculpas por ello. Atentamente.

  5. #5 Ángel Cordón 01 de sep. 2005

    Biblioteca: Un principe galo en Navarra (actualizado)

    En ningún caso he pretendido dar la impresión de defender una cultura «delimitada y exclusiva». El área que tomaba como referencia y que especialistas han delimitado con brocha gorda (como no podía ser de otra forma), es una de las que más tránsito han tenido en la historia europea, y considero que el intercambio cultural habido ha sido sumamente enriquecedor. Contra el mito del pueblo vasco escondido en las montañas (bastante tonto, por cierto) se dan muchas evidencias de que ha sido uno de los que más rápidamente ha recogido las ventajas que le ofrecían otras culturas, asimilándolas como propias. Las referencias que reproducía se refieren exclusivamente a épocas posteriores a las que en Atapuerca más atención provocan por su antigüedad. Épocas a partir del Neolítico, de las que se tienen restos más abundantes y conocimientos más precisos, y donde se encuentran más similitudes culturales a medida que avanzamos en el tiempo. Momento a partir del cual los estudiosos europeos tienen la certeza de que los actuales pobladores de esa área geográfica proceden directamente de aquélla. Lógicamente, también de la suma de todos los intercambios y mezclas producidas de forma natural o violenta. Es innegable, y un tesoro para muchos estudiosos europeos (y algunas excepciones españolas como Menéndez Pidal o Tovar), que de todo ello ha llegado hasta nosotros la única lengua preindoeuropea, superviviente en el occidente europeo, el euskera o vasco, y que sus huellas son mucho mayores de lo que se quiere admitir, a pesar de las abundantes y concretas evidencias. Habla Tirtanos, y con razón, de la ideología subyacente, pero quiero preguntar dónde es realmente excesiva e, incluso, descaradamente pornográfica. Provoqué este intercambio de opiniones con una pregunta que hacía, tras la valoración de los hallazgos de Peñahitero, y sin entrar a valorar las razones de sus arqueólogos responsables. Pregunta que puede hacerse cualquier persona que utilice exclusivamente el sentido común: ¿cómo es posible que en cientos y cientos de excavaciones llevadas a cabo en una parte reducida del territorio navarro, conquistado en 1512 y reducido a provincia española en 1841, NUNCA se cite (salvo en forzadas situaciones) la presencia, la existencia de sus naturales, de quienes vienen viviendo en su territorio, al menos, desde el Neolítico? La ideología de la que habla tirtanos no creo que sea subyacente, sino realmente chulesca, aunque no estaremos de acuerdo en el destinatario, porque creo que esa es la característica de ese nacionalismo español imperante, que todo el mundo respira, pero nadie ve. Hablaba el otro día de la destrucción premeditada, como tantas otras, llevada a cabo en Pamplona, capital histórica de Navarra, en las excavaciones para construir un aparcamiento subterráneo en el corazón urbano de su ciudad antigua, que nadie de este foro creería de no verlo. Y esto, tan habitual contra nuestro Patrimonio, es la ideología pura y dura que el nacionalismo español lleva a cabo para seguir borrando la memoria de lo que hemos sido, un pueblo independiente en Europa, a ambos lados del Pirineo. La idea «delimitada y exclusiva» no es otra que la de la España Una y Grande, que cada minuto se pasea galana y sin el menor atisbo de vergüenza por la totalidad de los medios periodísticos españoles. Estoy completamente de acuerdo en la insensatez de ciertas ideologías etnicistas que campan por sus fueros desde finales del XIX, pero eso no es excusa para, tras la paja, no ver dónde está la auténtica y más peligrosa viga. Espero, sinceramente, no haber ofendido a nadie de este foro. Atentamente

  6. #6 Ángel Cordón 03 de sep. 2005

    Biblioteca: Un principe galo en Navarra (actualizado)

    No quisiera abusar de su paciencia, pero ya que he hecho alguna afirmación que ha sido interpretada más como una visión excesivamente localista o fruto de la ideología, quiero mostrarles una noticia aparecida hoy mismo en medios de comunicación de Pamplona. Uno de ellos, Diario de Navarra –periódico del franquismo por excelencia, y manantial del nacionalismo español al que hice referencia–, da la noticia del hallazgo de una necrópolis de los siglos VI-VIII: «La excavación en el palacio de Condestable saca a la luz una necrópolis de origen visigodo. Se han hallado más de 50 enterramientos bajo el patio.» «Los técnicos aseguran que puede ser visigoda porque es posterior a la presencia romana y anterior al nacimiento del burgo de San Cernin», señaló ayer el concejal delegado de Urbanismo, Juan Luis Sánchez de Muniáin [de UPN, un PP navarrizado]. En las tumbas han aparecido esqueletos con abundantes adornos y armas, según información de los arqueólogos, como el de una mujer con collar y ocho anillos en sus dos manos. Los datos suministrados indican que corresponderían a notables de la ciudad. Recordemos que en el siglo VIII los vascos tenían una organización y desarrollo tecnológico suficientes para derrotar en Orreaga al ejército de Carlomagno. Este hecho aceleró la necesidad de que las diferentes tribus vascas se dotaran de una organización política más estable, que condujo a la creación del Reino de Pamplona. Llama la atención la insistencia en poner visigodos donde no los hay ni por asomo. Y lo es más en este nuevo caso, pues en las más de quinientas necrópolis que se conocen de ese pueblo, en ninguna aparecen armas, debido a sus creencias religiosas. El equipo de arqueólogos de esta excavación, TRAMA, es el mismo que preparó los estudios técnicos que permitieron el expolio del importantísimo patrimonio arqueológico de la Plaza del Castillo de Pamplona. Calificación de expolio que dio la Sociedad de Ciencias Aranzadi a requerimiento de un juez de Pamplona. Es más, este equipo, bajo la dirección de Mercedes Unzu, que carece del título de arqueóloga, funciona bajo el «patrocinio» de Mª Ángeles Mezquíriz, directora durante varias décadas del Museo de Navarra y cabeza visible de esta política de tergiversación y españolización de la historia de Navarra. Por si es del interés de alguien, reproduzco, escaneado, un fragmento del libro «Navarra Estado europeo», de T. Urzainqui Mina (Pamiela, 2003): III.2. Vasconia de nuevo III.2.1. Vasconia ante los nuevos pueblos europeos tras la derrota de los visigodos en la Batalla de Vouillé, año 507 Nos hallamos ante un abrumador origen germánico de los pueblos que conforman las entidades políticas en la Edad Media europea, siendo Navarra la excepción. Los principados de la época Alto Medieval sí que llevan nombres étnicos, refiriéndose a los pueblos bárbaros que invadieron el Imperio Romano: borgoñones, francos, godos, lombardos, anglos, etc. Con la caída del Imperio romano, en Vasconia se consolida una forma de poder independiente con respecto a los nuevos poderes emergentes de los pueblos germanos que se lo están repartiendo, resultando Navarra el único caso en Europa en que el Poder político no tenga su origen en alguno de esos pueblos germánicos. Vasconia se reafirma a la caída del Imperio romano no para combatirlo, sino para defender su legalidad. Hay que recordar que los bárbaros también entraron, en ocasiones, para defenderlo. Los romanizados vascones, sobre todo políticamente, se consideran con toda naturalidad parte del Imperio y quieren mantenerlo. Los germanos –Reino Visigótico de Toledo y Reino de los Francos– no lograron dominar a Vasconia, de la que nacerá el Reino de Navarra (primero, con el nombre de Reino de Pamplona). Desde el siglo V, existen formas de poder romano-vascón, que resultan históricamente continuadores de los vascones anteriores a la llegada del Imperio Romano (Sayas Abengoechea, 1999). La Novempopulania, o Vasconia-romana norpirenaica, tiene relación directa con la consolidación del Ducado o Principado de Vasconia, frente, y en el Reino Franco. Situación que es plenamente confirmada por las fuentes francas, como los Annales Regii de Eginhard y otros, donde Vasconia siempre aparece como un territorio diferente al de los francos y que comprende desde el Garona –llegando al Loira su influencia por su papel en Aquitania– hasta las tierras situadas al sur del río Ebro y los somontanos que rodean el norte de la cordillera Ibérica, así como su interior. Pero oscilando, con mayor o mínima intensidad, en el ámbito de influencia y poder del Reino de los Francos. A este respecto, las características cuasi federadas del poder en el regnum francorum, más o menos acentuado en los diversos monarcas, posibilitaron la consolidación política de Vasconia-Aquitania, aunque precisamente la existencia de ésta realidad política vascona condicionó también que existieran dichas peculiaridades de gobierno franco. Así llega a surgir la Vasconia de la época de Eudón el Grande del 710 al 732. Este duque, princeps, es soberano, rey, se le llamó «romano» por el Papa y tuvo tanto o mayor territorio y poder que los francos por un lado y que los visigodos por otro. Para el contexto historiográfico gran-nacional expansionista de españoles y franceses, el reciente descubrimiento de las necrópolis de Buzaga en el Valle de Elorz (por Juan M. Martínez Txoperena y José Mª Pastor Elgorriaga) y de Aldaieta en el pantano del Zadorra (por Agustín Azkarate, 1990), supone el derrumbe definitivo de su impostura para con Vasconia en este período tardoantiguo. Su excepcional importancia se realza con su carácter de descubrimientos no previstos por la historiografía española, como lo afirma Agustín Azkarate. Los materiales encontrados tienen una estrecha relación con los del conjunto cultural circumpirenaico y no con el mundo visigótico que tan dogmáticamente defienden algunos, a pesar de que ya lo indicaban las fuentes documentales. Buzaga y Aldaieta, además, complementan y dan su verdadero sentido al yacimiento de la necrópolis de Pamplona, conocido desde el siglo XIX, necrópolis denominada vascona por Juan Iturralde y Suit, miembro de la Comisión de Monumentos de Navarra, y camuflada como visigoda por la historiografía española. Para ello se basaron únicamente en la cronología que les interesaba, la que coincidía con la contemporánea Hispania goda, pero ignorando la Vasconia independiente, reconocida por las fuentes documentales. Como se ha demostrado con estos hallazgos arqueológicos, los vascones y los visigodos eran realidades humanas, culturales, económicas y políticas completamente diferentes. Debido a la aparente mezcla de los materiales encontrados en la necrópolis de Pamplona, algunos historiadores españoles los han interpretado como tardorromanos, hispanovisigodos o franco-aquitanos, excluyendo premeditadamente lo evidente, lo vascón. La explicación a los indudables aspectos europeo-continentales de la necrópolis de Iruña, la encuentran en las incursiones que los monarcas francos realizaron al sur de los Pirineos, dada la importancia estratégica de Pamplona. En este sentido, lo «norpirenaico» ha sido visto siempre por los ideologizados autores españoles como algo esporádico y circunstancial, que hubo de dejar alguna huella, obviamente, pero nada que fuera estable o definitivo. Cargados con más ideología nacionalista que cientifismo, venden la idea de una Península cohesionada religiosa y políticamente bajo el poder de los visigodos de Toledo; paradógicamente, aquellos escandinavos, refugiados definitivamente en la península ibérica a raíz de su derrota en la batalla de Vouillé en el año 507. La arqueología francesa distingue perfectamente unas especificidades culturales propias del territorio vascón, que no se dan –o se dan en mucha menor medida– al norte del Loira. Desde que N. Aberg, E. James o S. Lerenter efectuaran sus trabajos sobre los ajuares funerarios de la época posterior a la caída del Imperio romano en Gascuña, se ha venido identificando un conjunto de caracteres arqueológicos definido como «facies vascona» o «aquitana», diferenciable de otra calificada como «septentrional» o «franca». Es importante insistir en ello porque la mayor parte de los materiales que se han encontrado en las necrópolis surpirenaicas de Buzaga y Aldaieta responden no a los prototipos estrictamente «francos», sino al espacio «vascón» o «aquitano». No hay ninguna duda de que estas necrópolis no son visigodas, pues de las 500 necrópolis que se conocen de ese pueblo en ninguna de ellas aparece una sola arma, debido a sus creencias religiosas. En cambio, en las necrópolis vasconas mencionadas de los siglos VI y VII abundan las armas. La necrópolis de Buzaga se encuentra ubicada en el Valle de Elorz, a 13 kilómetros al este de Pamplona. Cronológicamente, parece ubicarse en un abanico temporal que se inicia muy avanzado el siglo VI, prolongándose durante todo el siglo VII, cuanto menos. En 1986 se localizaban, en una pequeña loma de dicha localidad, algunos objetos metálicos que afloraban en superficie por las labores agrícolas y que han alcanzado un número no desdeñable de materiales del máximo interés. Los materiales de Buzaga, a pesar de haberse hallado revueltos y arrancados de sus tumbas, por el repetido arado de los campos, son de una importancia trascendental según Agustín Azkarate. Destaca el fuerte componente militar, una treintena de armas, entre «azkonas» o puntas de lanza, «ezpatas», espadas y cuchillos o puñales. Pero son, sobre todo, sus hebillas de cinturón con placas, que merecen una atención especial, por cuanto reflejan de forma paradigmática los rasgos más específicos de los «tipos vascones» norpirenaicos, convirtiendo a Buzaga en un testimonio básico. Algunos bronces tienen pequeños textos grabados, como los que llevan las inscripciones «XOXEY INAYE» e «INASI», cuyas reproducciones se insertan en esta página. Se están encontrando vestigios de más necrópolis vasconas de esta época en la Cuenca de Pamplona y alrededores. La necrópolis de Aldaieta, estudiada por Agustín Azkarate (1990), ubicada en la misma orilla del pantano de Ulibarri-Gamboa, se halla enclavada en el término de Nanclares de Gamboa, a unos ochenta kilómetros al oeste de Pamplona-Iruña y a 15 kilómetros al este de Vitoria-Gasteiz. Una vez finalizadas las campañas de excavación, han sido un centenar largo los enterramientos exhumados, aunque, en origen, fueran muchos más, con unos ajuares y depósitos funerarios absolutamente sorprendentes y excepcionales. El ajuar militar, al igual que el de Buzaga, es completamente diferente a los hallados en la Península, con dos scramasaxes o espadas cortas de un solo filo, más de 50 puntas de lanza y azkonas, de tipología diversa, y una treintena de hachas de combate. Sin que podamos entrar en detalles, se pueden citar, además, numerosas hebillas de plata, de bronce –y de oro en un caso–, espléndidos anillos de plata y bronce, recipientes cerámicos, vasos de vidrio, cuencos de bronce –muchos de ellos intactos–, pendientes, magníficos collares, agujas de bronce, fíbulas en omega, cuchillos, empuñaduras, agujas, etc. Teniendo en cuenta que han sido varios los cientos de tumbas destruidas por el pantano, todo ello nos da idea aproximada de la excepcionalidad del yacimiento de Aldaieta.

  7. #7 Ángel Cordón 03 de sep. 2005

    Biblioteca: LO QUE ESTRABÓN DIJO DE VERDAD SOBRE LOS VASCONES

    Tras el excelente artículo de la profesora A.M.Canto, reproduzco un fragmento, tal vez demasiado extenso, pero que considero de interés, y que incide en la idea de que los vascones no sólo no vivieron de espaldas a Roma, sino todo lo contrario, y que fruto de ello fue la creación posterior del reino de Pamplona y Navarra y la consolidación del Derecho Pirenaico. El fragmento pertenece al libro Navarra Estado europeo, de T. Urzainqui (Pamiela, 2003). Lamento que al colocar el texto desaparecen todas las cursivas del original y no acierto a restituirlas. Vasconia (del siglo II a. C. al siglo VIII) III.1. Vasconia romana III.1.1. De la civilización circumpirenaica éuskera, a las civitas romano vasconas A partir del siglo II a. C., la conquista romana y las posteriores vicisitudes de las guerras civiles republicanas en la provincia romana Tarraconense (Tarragona), afectaron a los vascones, autrigones, caristios, várdulos y berones. La población reside en civitates y poblados localizados en las cuencas del Odrón, Ega, Arga, Irati, Aragón y Arba en la margen izquierda del Ebro y en la derecha del Tirón, Najerilla, Iregua, Leza, Jubera, Cidacos, Alhama, Queiles y Huecha. Roma implantaba casi siempre sus «castra», «oppida», incluso colonias en el mismo emplazamiento de las poblaciones autóctonas. Aunque muy frecuentemente se construían debajo del poblado preexistente, en una zona llana que era la preferida por los romanos, como se aprecia en Cara y Tarraga. La ciudad más antigua fundada por los romanos en la península está en territorio vascón; fue Graccurris (Alfaro), en el año 179 a. C., que toma el nombre de su fundador Tiberio Sempronio Graco. En el año 89 a. C. los jinetes vascones de Segia (Egea) recibieron la ciudadanía romana de manos de Pompeyo padre, por su actuación en la toma de Ascoli. En el año 75 a. C. Pompeyo, hijo, funda Pompaelo sobre la ciudad vascona que encabezaba los poblados de la Cuenca. En época inmediatamente anterior a la romana, se observan poblados cercanos que a su vez tienen uno de cabecera; es el caso, al parecer, del poblado de Iruñea respecto a asentamientos menores en los actuales parajes de «Santa Lucia», «Lezkairu», «Urri», «Legin Txiki», «Mendi», «San Quiriaco», «Santo Tomás», «Muru Astrain», «Muru Artederreta», «Murubarren», «Muruzabal», etc. Lo mismo ocurre en Mendavia respecto a los hoy yacimientos arqueológicos de «Cogote Hueco», «Puente Fustero», «El Altillo», etc., dependientes del poblado principal del «Castillar». Iruñea no fue el único asentamiento vascón que se convirtió en civitas durante los conflictos sertorianos. Pompaelo, Andelos y Cara eran poblados vascones ya en la Edad del Hierro que se transformaron en civitates, sobre el mismo lugar. Algunos poblados de la Edad del Hierro desaparecieron y sus habitantes engrosaron la población de las civitates construidas en las cercanías. Los vascones fueron englobados por el Estado romano implícitamente entre los «togati», por considerarlos gentes amigas, con la presencia de un legado romano sin tropas. Ya en la época de Augusto tenían centros urbanos importantes, ciudades con status jurídico elevado y bastantes civitates, entidades locales así definidas en términos político-administrativos, aunque algunas no fueron núcleos urbanos de importancia. La clasificación jurídico política de las ciudades se repartía en tres niveles: de Derecho romano, que son municipia, de Derecho latino (latinae), y las que no tienen estatuto privilegiado (civitas peregrinae). Estos últimos conservaban su derecho y su cultura, pero su administración se va acomodando a las pautas de la civitas romana. Todo ello, el aumento de civitas, conllevó un desarrollo del Derecho jurídico-administrativo y la creación de los conventus iuridicus, atendidos por personal administrativo especializado agrupando a las civitas dentro de las provincias. Así, los vascones estuvieron encuadrados en el Convento jurídico Caesaraugustano (Zaragoza) mientras que los autrigones, caristios, várdulos y berones estaban en el convento jurídico Cluniense (Clunia), ambas fueron demarcaciones de la misma provincia Tarraconense. Una parte de las «civitas peregrinae» son «stipendiariae» que pagan un impuesto, otra parte son «liberae» o «foederatae» con estatutos de libertad o de federación. Todas las ciudades que Plinio recoge para finales del siglo II a. C., ya disfrutaban del derecho latino, un instrumento institucional que reconocía la completa igualdad jurídico-política y la romanización. Una buena parte de la población vascona residía en las civitas. Estas ciudades eran pequeñas Romas, con los edificios públicos: Foro, mercado, basílicas, templos, termas, teatro, circo, e infraestructuras: acueductos, depósitos, calles, necrópolis y cloacas, según su peso demográfico e importancia. III.1.2. Acuerdos con Roma Las primeras noticias de la presencia de los ejércitos romanos en la periferia céltica del territorio de los vascones se refieren a acciones de guerra con botín y destrucción, pero a partir del gobierno de Tiberio, Sempronio Graco celebra «acuerdos precisos» con los vascones, como la fundación de «Gracchurris» (Alfaro) sobre la antigua Ilurcis. A la hora de interpretar la relación de las gentes, que se dio en llamar vascones, con los romanos, es necesario tener presente lo que había estado ocurriendo durante los cuatro siglos anteriores, desde el siglo VI antes de Cristo, pues como ya hemos visto en el capítulo II.4, la llegada de los pueblos célticos fue muy violenta, como se deduce de los vestigios de poblados incendiados y abandonados, produciéndose un cambio total en las estructuras de los asentamientos humanos, apareciendo una jerarquía social y fortificaciones hasta entonces desconocidas. Es sintomático que los primeros años desde la llegada de los romanos se produjeron actuaciones bélicas importantes en las zonas con mayor presencia céltica, zona de Calagurris, Jaca y Cinco Villas, donde según las fuentes romanas son eliminados los combatientes celtas. No es cierto que los romanos crearan artificialmente la etnia de los vascones, como se ha dicho, añadiendo comunidades y territorios de otros grupos étnicos, con manifestaciones culturales y económicas distintas, para formar con todo ello una misma etnia. Sino que, una vez concluida la mayor o menor dominación o presencia céltica, los territorios con poblaciones éuskaras fueron denominándose genéricamente como vascones, nombre que se había dado a una de esas poblaciones. En el año 184 a. C. el Pretor A. Ferencio tomó la población suessetana, celta, de Corbión, al parecer situada aproximadamente entre las tierras occidentales del actual Aragón y orientales de la actual Navarra cercenada, y vendió a todos los habitantes como esclavos. En el año 187 a. C. Manlio Acidino derrotó a los celtíberos junto a Calagurris oppidum y les causó 12.000 bajas y desde 180 a. C. al 178 a. C. dirigió su ejército a reprimir a los celtíberos. Los vascones comprenden pronto que pueden tener en Roma un aliado para liberarse de la molesta vecindad céltica que les imponía una sociedad jerarquizada de tipo feudal, y el cambio les resultó muy beneficioso. Los romanos no repararon en los rasgos étnico-culturales de los autrigones, caristios y várdulos, que por proceder de un tronco común, los compartían entre sí y con los vascones. Con los romanos los poblados se reorganizaron en sentido político y transformaron parte de sus asentamientos en núcleos urbanos y en entidades municipales, con la implantación del sistema organizativo de la «civitas», que consagraba el principio de gestión autónoma de los asuntos locales. El año 56 a. C. el general romano Crasus, lugarteniente de César, inició la conquista de Aquitania, atravesando el río Garona hacia los Pirineos; enfrentándose a la resistencia de los sotiates y de su rey Abiatuan. Sos, ciudadela de los sotiates, es obligada a capitular después de un mortífero asedio. A continuación, todos los pueblos del oeste de Aquitania se coaligan, reuniendo a gentes éuskaras de todo el Pirineo. Practican la guerrilla, rehusando las batallas en campo abierto; hostigando al enemigo y apoderándose de su abastecimiento construyen campos atrincherados a la manera romana. Crasus se da cuenta que si no toma la iniciativa puede ser derrotado. Por lo que manda atacar, venciendo a los aquitanos. Los poblados de los Pirineos resisten treinta años más. Cesar dice que el rey aquitano Abiatuan fue confirmado en su título por los romanos. Después de la incompleta victoria de Crasus, fueron necesarias tres campañas para someter definitivamente a los eusko-aquitanos. La primera fue dirigida directamente por Cesar, después de que venciera a las Galias. La segunda el (39-38 a. C.) dirigida por Agripa, y la última (27-26 a. C.) por Valerius Mesala Corbinus. Los romanos erigen Burdeos como capital de la Aquitania Segunda, siéndolo Bourges de la Primera. Bajo la dominación romana Aquitania se convierte en una próspera provincia del Imperio. Se ampliaron las ciudades que ya existían como Dax (Acuae Tarbelicae) Aire (Satura), Saint Bertran de Cominges (Ludunun Convenarum), se fundaron otras ciudades como Olorón (Iluro), Lescar (Benearnum) y villae (agrícolas) que dieron nacimiento a las numerosas villas que han llegado hasta la actualidad. Los eusko-aquitanos no se sentían vinculados a la suerte de los galos, por lo que no participaron en la sublevación de la Galia que terminó con la derrota de Bercingetorix en Alexia. Los romanos englobaron la Aquitania en una provincia muy extensa que se extendía hasta el Loira. Aquitania producía trigo. El viñedo de Burdeos se desarrolla a partir del siglo II. En la zona de los Pirineos había numerosos filones de minerales de hierro y forjas donde se construían armas e ingenios artilleros para las legiones. En Cominges y Coserans se extraían mármoles. Ciudades como Dax, Bañeres o Luchón eran frecuentadas por sus fuentes termales. La lengua de los aquitanos era igual que la de los vascones al sur de los Pirineos. III.1.3. Los vascones se romanizan En los últimos tres o cuatro siglos anteriores a la romanización algunos sectores de la población vascona serían bilingües con respecto a los idiomas celtas, pero estas lenguas indoeuropeas cedieron su puesto al latín, continuando una parte de la sociedad bilingüe en euskara-latín. De ahí la presencia de palabras de origen latino clásico en el euskara. Había un espacio rural menos romanizado que la ciudad y campo romanizado, pero en ambos espacios se mantiene la cultura éuskera, con mayor o menor intensidad, por lo que en los siglos II, III, IV y V los vascones afianzarám su presencia cultural, social, económica y política, reconocida por las estructuras político administrativas romanas en la península y la novempopulania en el continente. La población se reparte entre las villas, fundos, poblados y civitas, pero en todas ellas, bajo las formas romanas, pervive y se desarrolla la cultura vascona propiamente dicha, pero ya romano-vascona. La romanización se remontó de este a oeste y desde el valle hacia las montañas. Las comunidades éuskaras, pervivieron, más que menos romanizadas, durante la época romana. Al ser poblaciones con una organización vecinal, se adoptaron a los esquemas jurídicos del municipio romano. Localidades federadas o estipendiarias, que adoptan los patrones urbanos y culturales de Roma. La romanización no eliminó la comunidad éuskera, cuya cultura, con los nuevos aportes que la transformaron, permaneció. A partir del siglo II se aprecia un creciente distanciamiento socio-político entre el conjunto del Alto Valle del Ebro y área circumpirenaica con respecto al Medio y Bajo Valle del Ebro. El debilitamiento de los vínculos con Tarraco y Caesar Augusta (Zaragoza) contribuyó al reforzamiento más intenso de la sociedad vascona, tanto en su vertiente socio-económina, como jurídica, lingüística y política. Algunas de estas poblaciones, o partes de ellas, intervinieron en lo que se dio en denominar movimiento o sublevación «bagauda». La creciente ruralización es acompañada de un nuevo papel de las ciudades, como la construcción del potente recinto amurallado de la ciudad de Iruña-Pamplona que juega un importante papel durante varios siglos hasta su derribo por Carlomagno pocos días antes de la batalla de Orreaga (Roncesvalles), que tuvo lugar el 15 de Agosto del 778. En los foros de las civitates vasconas se aplicaba el «ius gentium» en los asuntos de obligaciones y contratos, integrado sobre todo por un derecho económico y comercial. El «ius civile» a las personas que tenían la ciudadanía. El derecho penal a todas las personas pero acomodándolo a las leyes de cada comunidad particular. En ciertas materias de derecho como el de familia, vecindad, determinados delitos se aplicaba el derecho del país. El derecho era de aplicación personal, según el estatuto jurídico de la persona, no territorial. En las relaciones con los extranjeros Roma no se atiene ni a su derecho –al menos en lo referente a las relaciones entre nacionalidades diversas– ni tampoco al de los extraños. Sino que aplica un derecho conocido en todos los pueblos el «ius gentium», desapareciendo así los peligros de la alienación. El individuo es reconocido en su individualidad como sujeto de derecho, independientemente de su pertenencia a un colectivo étnico así como de su rango social. Los vascones se consideran romanos, aún conservando su cultura y lengua euskara, tras setecientos años de permanecer plenamente integrados dentro del Imperio, sin comparación con godos y francos que apenas llevaron doscientos años de contacto con Roma. III.1.4. Participación vascona en la política romana El estudio de las epigrafías de la capital de la provincia romana de Tarragona, han puesto a la luz la importante presencia de vascones entre la clase política dirigente. Las Asambleas Provinciales se reunían anualmente en el magno Foro Provincial, situado cerca de la actual catedral de Tarragona, donde se congregaban los representantes de la provincia presididos por el «flamen» del culto imperial. La elección del «flamen» se efectuaba por los delegados de todas las ciudades de la provincia, sin distinción de su situación jurídica, quienes mediante votación elegían al candidato que consideraban más idóneo. En estas Asambleas Provinciales no sólo se trataban asuntos de la religión oficial del Estado romano, sino que se decidían las más importantes cuestiones políticas. Se formaban alianzas y coaliciones entre los grupos de electores para la designación de candidatos, así como para la adopción de los acuerdos. El poder político de las elites locales de algunas civitates vasconas se hizo presente, pues sus candidatos fueron elegidos de entre todos los de las Provincia Citerior y consiguen emplazar en el entorno del Foro Provincial de la capital Tarragona a vascones con gran influencia política. Las ciudades vasconas de Pompaelo, Calagurris y Cara destacan por la presencia en la política romana de sus hombres y mujeres, así como en el apoyo de sus patronos influyentes en los distintos ámbitos, tanto en el provincial como en el del imperio. Tras las excepcionales figuras de los calagurritanos Marco Fabio Quintiliano y Aurelio Prudencio Clemente (ver Cap. IV.8.1 de este libro), existen documentos epigráficos que acreditan la presencia de vascones en los más altos cargos de la Tarraconense, según Juan José Sayas Abengoechea (1999). Así el caso de Cneus Pompeius Pompaelonensis, fue un miembro de la burguesía pamplonesa, de la que al parecer fue duoviro, que fue elegido «flamen» por la Asamblea Provincial. C. Sempronius Fido de Calagurris, personaje del orden ecuestre, fue «tribunus militum» en varias legiones acantonadas en Siria y Britania, hasta llegar a ser «flamen» provincial de la Tarraconense. Otro «flamen» provincial fue «T. Porcius Verrinus» al parecer originario de Cara (Santacara) estaba casado en la «Flaminica Postumia Nepotiana Marcelina», de la ciudad de Cara. Otra sacerdotisa provincial, flamínica, es «Sempronia Placida», originaria de Pompaelo, a la que su marido hace una dedicación en Tarraco, tras el acuerdo de la Asamblea de la Provincia Citerior, que decidía en última instancia sobre los honores a otorgar a las flaminicae y flamines del culto provincial que dejaban el cargo. «Caius Cornelius Valens» de Pompaelo, esposo de la flaminica citada «Sempronia Placida» fue nombrado por la Asamblea Provincial de Tarragona para encabezar una delegación de la Tarraconense cuyo objeto era ir ante el Emperador, posiblemente Marco Aurelio, en «Simium». El motivo fue que los «mauri», procedentes de África, habían invadido la Península, lo que obligó a trasladar la legión «VII Gemina» desde la Tarracorrense a la Bética y a colocar ambas provincias, la Citerior y la Ulterior, bajo un mando único y una vez pasado el peligro moro, los miembros de la Asamblea Provincial Tarraconense quisieron volver al estado anterior de Provincia romana relacionada singular y directamente con Roma, separada de la Bética, y acordaron hacer un censo y enviar una «legatio censualis» ante el Emperador, encabezando la delegación enviaron al pamplonés Caius Cornelius Valens quién la llevó a feliz término, obteniendo el reconocimiento de la Asamblea Provincial. Esta presencia política se complementaba con el continuo trasiego de hombres que se enrolaban en las legiones y tropas auxiliares. Así de la Cohors II Vasconum equitata civium Romanorum los testimonios que se han descubierto son los siguientes: diploma militar del año 105, emperador Trajano, en Sydenham, Inglaterra, guardada en el Museo Británico; diploma militar del año 109, hallado en Valentia Banasa, Mauritania, se conserva en Rabat; diploma militar del año 114 y 117, en el mismo lugar y en el mismo museo que el anterior; diploma de 17 de julio de 122, emperador Adriano, encontrado en O-Szony, Hungria, el año 1925, según el cual esta cohorte vascona estaba en Britania, se conserva en el Museo Británico; diploma militar hallado en Volúbilis, año 156-7, en el museo de Rabat; diploma militar en Valentia Banasa y conservado en el Museo de Rabat; diploma militar del año 160 en Volúbilis. III.1.5. Carta del Emperador romano Honorio a las milicias de Pamplona, año 408 En el anexo 1 reproducimos el documento romano del año 408 que se halla inserto junto con el Códice de Roda, escrito según Lacarra el año 992 en el escriptorium del palacio de los reyes de Pamplona, hoy expoliado en la Biblioteca Nacional de Madrid. En esta época Pamplona era la urbe más importante entre las civitas vasconas, sobrepasando a Calagurris, Oiarso, Cara, Tarraga, Andelos, Cascantum, Graccurris, etc., debido a su privilegiada situación en la confluencia de las calzadas que venían o se dirigían a las Galias, a Hispania, al Mediterráneo y al Océano, así como centro mercantil, social y político para las comunidades romano-vasconas que consolidaban su existencia en el bajo imperio. Esta carta del Emperador Flavio Honorio a las milicias de la urbe de Pamplona del año 408, recoge la noticia de la organización de la defensa contra los bárbaros, por parte de las milicias pamplonesas, que deberán tener la misma retribución que las de las Galias. Existe otro ejemplo de documento epistolar de la época del Emperador Honorio, en la que contesta a la petición de ayuda imperial solicitada por las comunidades bretonas que cambaten al usurpador Constantino y los insta Honorio, ocupado en su lucha con Alarico, a que ellos mismos realicen la defensa con sus propias fuerzas. En esta primera y remota noticia se refleja la realidad socio-política de los pamploneses. Unidad que hará posible la consolidación sucesiva, en evolución propia, primero del Transpirenaico Principado (Condado y Ducado) de Vasconia, siglos VI al VIII, después del Reino de Pamplona y la conformación de Navarra como Estado europeo hasta el siglo XIX (1841), que permanecía independiente al norte del Pirineo en el siglo XVII (1620). Ante las interpretaciones que se han hecho de esta carta de Honorio a Pamplona, relacionándola con el documento llamado la «Notitia Dignitatum», Arce señala que todas las especulaciones nacidas de su interpretación son completamente baldías ya que el inventario (Notitia Dignitatum) y disposición de las tropas allí mencionadas no se corresponde con una realidad histórica. Lo que representa dicho documento es un planteamiento teórico militar de la época de Augusto, recuperado por la administración imperial en los momentos de crisis de comienzos del siglo V. En realidad, este ejército de la Notitia Dignitatum nunca se acantonó en la «Diocesis Hispaniarum» ni participó nunca de un supuesto «Limes Hispánicus» que jamás existió y menos contra los vascones. El siguiente dato es que el documento de la carta de Honorio a la «militie urbis Pampilonensis» se hubiera preservado entre la documentación política del Reino de Pamplona y estuviera unido con la relación de los Reyes de Pamplona en el texto llamado Códice de Roda, lo que nos obliga a reflexionar sobre su incidencia o reflejo en los acontecimientos que se desarrollaron dentro de dicho marco geográfico durante la antigüedad tardía, siglos V al VIII. Es también de ésta época la información sobre el episodio de los hermanos Didimo y Viridiano, miembros de las elites romano-vasconas, que estuvieron a la cabeza de un ejército propio de milicianos, formado por naturales y la colaboración de los possessores romano-vascones, que sostuvieron durante tres años a raya a los rebeldes germanos en Orreaga. El Emperador Honorio concedió a las milicias la «hospitalitas» en las tierras de Pamplona, ayudándoles también «doquiera haya oportunidades de vida o de pasar bien el tiempo». Esta colaboración, más o menos voluntaria, de la población con las tropas que se enfrentan a los invasores germanos, lejos de suponer la causa de una fractura social como algunos han querido ver, constituye una prueba de lo contrario, precisamente de la unidad interior de la sociedad romano-vascona frente a los germanos. Las referencias a Hispania no tienen ningún contenido político, son en época romana exclusivamente de ubicación geográfica. Si poco antes Avieno, a finales del siglo IV, incluye en la «Ora Marítima» la interpolación «inquietos Vasconas [sic]», en referencia a problemas de índole social (bagaudas), se observa que estos no interfieren, si no que colaboran, al menos para Pamplona y su tierra, en la organización de la defensa territorial contra los pueblos invasores. Es más, precisamente la agudización de la violencia por parte de los bárbaros, favoreció el proceso de consolidación y unificación interna de la sociedad de la vasconia-romana, que ya se había iniciado a partir del siglo II con una evolución socio-económica propia, por encima de sus clases, grupos y diversidad de intereses individuales o colectivos que pudieran estar en alguna medida enfrentados. Los «ricos hombres», denominación común en la Vasconia norpirenaica y surpirenaica, proceden de las estirpes de «possessores» rurales de «fundos» y «villae» que en la época bajo imperial romana constituyen las elites locales. Algunos de los cuales conocemos hoy, como Verus, Didimo, Viridiano, Prudencio, Atilius, Casius, etc. Como señala Paul Ourliac, es demostrable que la aristocracia, o «ricos hombres», de la antigüedad tardía, y Alta Edad Media, son en muchos casos descendientes directos de los «possessores» romanos que mantienen hasta la modernidad sus patrimonios. Estos propietarios son interesados defensores y mantenedores del orden romano. La pervivencia hasta nuestros días de documentos, como el de la citada carta del emperador Honorio y el De Laude Pampilone epistola, nos muestran hasta que punto se buscaba la legitimación, tanto de la situación familiar y social como de los intereses generales de amplias capas sociales en el ámbito político y territorial, dentro de las relaciones reconocidas en el Imperio Romano. Los trascendentales documentos –llegados hasta nosotros– de la constitución de la «Novempopulania», Lápida de Hasparren, o Vasconia aquitana, nos dan pie a suponer que en la Vasconia surpirenaica también los hubo de forma semejante y que el llamado De Laude Pampilone epistola, con respecto a la ciudad de Pamplona y a sus gobernantes, nos confirma la voluntad de mantenerse independientes respecto a las estructuras político administrativas intermedias con Roma y a los nuevos pueblos circunvecinos y en concreto primero de los celtas (galos e iberos), luego de los germanos (francos y godos). III.1.6. Las transformaciones socio-económicas, religiosas y políticas en la época Bajoimperial y su trascendencia. Evolución y reconstitución de Vasconia en época romana La relectura de las fuentes históricas y el nuevo examen de los materiales arqueológicos han producido un cambio completo en la historiografía de este periodo, así lo constata Juan Manuel Tudanca Casero en su libro «Evolución socioeconómica del Alto y Medio Valle del Ebro en época bajoimperial romana» (1997) En las obras del calagurritano Prudencio (siglo IV) («Peristephanon» y «Cathemerinon») se descubre una orientación hacia la vida ascética en el campo, de clara influencia priscilianea. Se observa un enfrentamiento entre la jerarquía eclesiástica de la Terraconense y los obispos del Alto Valle del Ebro, que también se traduce en el poder civil y político. Son dos mundos que paulatinamente se alejan y se separan definitivamente. Según Tudanca «la “versión” ascética de este primer cristianismo parece haber encontrado eco entre los “possessores” de la zona circumpirenaica». Frente a los que está la simbiosis del aparato del Estado romano con la incipiente organización del cristianismo como la nueva religión oficial del Imperio, pues serán los cargos eclesiásticos los que pasan a asumir y desarrollar las actividades públicas. El concilio de Caesaraugusta es celebrado en esta ciudad por su situación estratégica, según Tudanca, frente al movimiento priscilianista profundamente enraizado (incluso entre los detentadores de cargos episcopales) en el Alto Valle del Ebro, Aquitania y resto de la península ibérica. La progresiva ruralización y las nuevas condiciones que determinan la estructura de una Iglesia que pasa a ser oficial, suplantando el ejercicio del poder de la administración romana, supone una larga serie de beneficios para los cargos eclesiásticos entre los que destacan la exención institucional del pago de impuestos, la «annona» y de la obligación curial de sus representantes. Estos cargos de la Iglesia irán cayendo paulatinamente en manos de la clase senatorial, al quedar completamente vedada la incorporación de plebeyos ricos que intentan eludir los impuestos. La negativa de la jerarquía de la Iglesia de Tarragona para admitir a los obispos electos, del Alto Valle del Ebro, véanse los casos de Valerio y Silvano apoyados por los possessores consolidan la ruptura y más cuando Roma sorprendentemente, y sin que sirva de precedente, apoyó a los obispos elegidos en el Alto Ebro. La ideología recogida por Prudencio en su obra se consolida en el Alto Valle del Ebro. A través de los materiales arqueológicos se aprecia un resurgir de la cerámica autóctona –que no significa pérdida de calidad– y la práctica desaparición de la importada. Las supuestas devastaciones y desolaciones de ciudades y campos no fueron tales; en la realidad los bárbaros sí que efectuaron acciones de pillaje y piratería, pero verdaderamente el cambio en la vida urbana y rural tiene su origen interno en trascendentales transformaciones socio-económicas del Bajo Imperio romano. La vida ascética y luego monástica tienen unas características propias en esta área circumpirenaica con claras repercusiones sociales y geopolíticas, pues de ahí nacerán los monasterios alto medievales de Leire, Alaón, Albelda y San Millán y otros muchos más pequeños. Los «possessores», uno de los cuales era Prudencio, desempeñan un papel importante al convertirse en protectores de dicha sociedad y de sus monasterios; de entre ellos surgirá la clase militar y gubernativa. De la simbiosis entre monasterios y possessores, como en otros países europeos, en los Balcanes, Cáucaso, Irlanda, nacerá la clase dirigente que se enfrenta a los invasores bárbaros en la antigüedad tardía y que crea después la monarquía del Reino de Pamplona. Vascones, «Possessores» y ascetas, constituyen los eslabones que unen el Reino de Navarra con la época del Imperio romano. No tiene nada que ver la tradición ideológica de Prudencio de Calahorra con la de San Isidoro de Sevilla. La primera adapta el cristianismo a la historia universal y a una praxis ascética y rural. La segunda adapta el cristianismo al poder Imperial pero en manos de sus nuevos detentadores étnicos el pueblo visigodo. Como señala el historiador Juan Manuel Tudanca, pretender recuperar la realidad histórica basándonos exclusivamente en los textos senatoriales y curiales es un intento vano. Las noticias respecto a destrucciones y alteraciones supuestamente debidas a las invasiones del siglo III o a las bagaudas llevaron a muchos autores a mantener ese decimonónico sentido de crisis teñido de un carácter apocalíptico. Interpretación que en la actualidad se ha superado pero que sin embargo algunos autores, como Blázquez, la ha mantenido en la práctica totalidad de su obra. No se dan cuenta de la pérdida de la hegemonía de las clases curiales o la reorientación de los beneficios de la producción hacia el campo en el estudio de los limitados textos existentes, que a menudo simplemente están orientados hacia la mera defensa de cierto ideal senatorial y aristocrático. Una parcial y simplista interpretación de los textos condicionó por mucho tiempo las líneas de actuación de la arqueología y la información por ella proporcionada. Así las premisas que guiaban la investigación arqueológica quedaban orientadas hacia la comprobación de las características de la imaginada gran crisis que sucede al episodio de las invasiones. Siendo las fuentes escritas el origen de esta anticuada y equivocada interpretación, pues se las ha dado un sentido de veracidad histórica que resulta más que dudoso y no han sido interpretadas correctamente. Muchos de los autores romanos utilizados están muy alejados cronológicamente de los hechos narrados y algunos de ellos persiguen únicamente un efecto retórico. Por todo ello se debe volver a analizar bajo el mismo prisma crítico la mayoría de las «evidencias» arqueológicas que parecían probar las características, especialmente destructivas, de las invasiones de Francos y Alamanes. Es sintomático que las autores romanos más detallistas y los que más crudamente describen las invasiones son los más alejados en el tiempo de las mismas, así se asemejan los términos utilizados para las invasiones del siglo V y para las del III. En cambio, las fuentes más cercanas a los hechos son más discretas y los relatan con un tratamiento similar a la piratería y actos de despojo sin destrucciones generalizadas. En base a los citados textos algunos autores, como en el caso de Blázquez, consideran que la zona vascona se halla muy poco romanizada y cristianizada en el siglo V y que en la misma existe un sistema gentilicio. Lo que, recientemente, le llevó a decir que en la Plaza del Castillo de Pamplona no había nada. Sin embargo, los autores más serios, como Vigil-Barbero y otros muchos, creen que a partir del siglo III en Vasconia se mantiene y consolida la estructura socioeconómica prerromana, conectando con las nuevas relaciones socioeconómicas propias de una sociedad romana, cada vez más próspera, y que se ruraliza progresivamente, en todo el Imperio. III.1.7. «De Laude Pampilona» El anexo 2 reproduce el texto íntegro de la alabanza de Pamplona o Laude Pampilona epistola, que figura como continuación de la carta del Emperador Honorio a las milicias de Pamplona, todo ello en el códice de Roda, pero que por su contexto y estilo pertenece al siglo V. Esta segunda parte de la carta no tiene nada que ver con la carta del Emperador Honorio de comienzos del siglo V ni con el resto del Códice de Roda del siglo IX y X. Describe con el detalle de sus medidas las potentes murallas romanas de la ciudad que destruiría Carlomagno en el año 778. Esta fuente documental, junto con los descubrimientos arqueológicos en la Plaza del Castillo y alrededores, echan por tierra definitivamente las elucubraciones de ciertos autores «oficiales» que dieron un valor retórico al texto y que mantienen la existencia de una Pompaelo de mucho menor importancia que la que realmente tuvo. Quuius mororum turres in latitudine LXIII pedum sita. In altum LXXXIIII pedum /fol. 190 v./ surgit inmensis. Circuitu urbis mille ambitus dextris. Turrium situ numero LXVII. Pampilona presidium uonis, tribus angulis quoartata, ter preposita portis quattuor posticis sita, portui uicina: Greco eloquio, Pampilona, latine porta omnium dicitur. Silo flores arborum amnis orientalis flaxuoso retractos occiduo cum proximus uicinos cum plana et simplex suburbia. Las torres de los muros de la ciudad tienen un grosor de 63 pies. Su altura es de 84, irguiéndose inmensas. Las rodea una circunvalación de mil diestras. Posee 67 torres. Pamplona es una buena fortaleza, encerrada en tres ángulos, con tres puertas delanteras y cuatro traseras, vecina al puerto. Por eso en lengua griega se dice Pamplona, y en latín, puerta de todos. No hablo de las flores de los árboles, de los ríos de oriente que tuercen hacia occidente con los vecinos próximos y el suburbio llano y sencillo. Para las medidas de las murallas, el pie puede equivaler a 26 cm. Lo que supone 67 torres de 16,38 m de anchura por 21,84 m de altura y los lienzos de muralla intermedios lógicamente más delgados, alrededor 4 m de ancho por 10 m de alto. La ubicación cronológica de este texto se puede deducir de las frases «Deserviat ereticis contraria resistat baceis» (No ayuda a los herejes y resiste a los baceis) «Huic perpetim devet amari ut nullus ab impugnante sentiat mali» (Siempre se la debe amar de modo que ninguno sienta dolor por el que la combate). «Quam uis oppulenta Roma prestita sit romanis, Pampilona non destitit prestare suis» (Si la Roma opulenta sirve a los romanos, Pamplona no dejó de servir a los suyos). Algunos han traducido baceis por vascones, cuando el nombre era suficientemente conocido como para alterarlo. Tampoco pueden ser los antiguos Vacceos. Aunque en la tierra de los vacceos se asentaron los rebeldes británicos. Por otro lado baceis tiene parecido con báquicos, los seguidores del dios Baco. Los herejes son los arrianos, bárbaros, visigodos. Deducimos que baceis puede ser el nombre que se les da a los bárbaros en general. La pretensión de relacionar «vaceis» con vascones está en la línea de los que sostienen la presencia visigótica en Pamplona. (Ver los capítulos I.1, I.2 y I.3.) Pudo haberse redactado durante la segunda mitad del siglo V en Pamplona en los años anteriores a la conversión de los visigodos del arrianismo al catolicismo. Esta descripción de Pamplona y su condición de soberanía política manifestada, coincide con las evidencias arqueológicas de Pompaelo (Plaza del Castillo) y de las necrópolis de Iruña, Buzaga y Aldaieta, descritas en el capítulo III.2.1. La frase «por los muchos méritos de los mártires brilla una luz angélica, como se cuenta por antigua tradición», puede ser la primera descripción literaria del llamado carbunclo de ocho brazos, coincidente con la representación solar, símbolo nacional de los navarros. Concibe a Pamplona como al conjunto del territorio de la «civitate pampilonensium», no es exclusivamente el casco urbano, habla del suburbio, de la región y de las montañas. La misericordia divina la salvaguarda de las gentes bárbaras y enemigas. Que a lo largo de los siglos serán especialmente los visigodos, los francos y más tarde los musulmanes. El detalle de la dirección de los cauces fluviales que vienen de oriente y tuercen hacia occidente con los vecinos próximos, nos está describiendo el curso de los ríos Arga, Ulzama y Elorz, así como los afluentes Egüés y Sadar. Las descripciones sobre la abundancia de pozos para sacar agua, así como de los canales que conducen el agua hasta el río, reflejan la existencia de un sistema de abastecimiento basado en acueductos y pozos. Las grandes canalizaciones y el enorme depósito, castellum aquae, situados en el complejo termal aparecido en la Plaza del Castillo, son el testimonio que ha llegado hasta nosotros. Todo el texto refleja normalidad y consciente pertenencia al mundo romano. Ésta es precisamente la clave. Roma legitima a Pamplona políticamente frente a los invasores germanos. Los dirigentes vascones de Pamplona evidentemente se consideran romanos, cuya civilización e intereses están contrapuestos a los invasores bárbaros, ya sean germanos (godos, francos…) o después musulmanes. Esta legitimación ideológica fue mantenida por el Reino de Pamplona y después de Navarra. Según el lingüista Antonio Tovar (1985) la cuestión que se nos plantea es cómo el nombre de una parte de las gentes que se extendían por el antiguo territorio de la lengua euskara terminó por darle su nombre al pueblo que la habla. Podemos suponer que en la época tardo antigua, siglos VI y VII, en la que los vascos del norte y del sur de los Pirineos se mantienen independientes de los reinos franco y visigodo, la denominación de los vascones se convierte en nombre general, y se aplica a todos los pirenaicos, tanto a los territorios occidentales de Álava como a los confines del territorio euskaldun con la Aquitania franca, habiendo desaparecido ya al inicio de la época romana las denominaciones locales (autrigones, caristios, várdulos, berones, etc.). A juicio de Antonio Tovar fue la extensión de un nombre, y no claramente una conquista, la que designó como vascones a los hablantes occidentales, centrales, orientales y norpirenaicos del euskara. Este espacio vascón circumpirenaico tiene una explicación política. A la caída del Imperio romano, en el ámbito circumpirenaico, los pueblos de tradición cultural éuskera logran reforzar su estructura estatal, a partir de la trama social y económica que se había consolidado dentro del Imperio, a la que se acaba denominando vascones y Vasconia, que les permite ser independientes con respecto a los nuevos poderes de los pueblos de origen germánico que se reparten el territorio del antiguo Imperio romano en la Europa occidental. Sin la consolidación socio-económica en época romana y la realidad política de Vasconia en la época tardoantigua no hubiera sido posible la existencia de la comunidad cultural y lingüística con la intensidad y desarrollo que alcanzó durante el Reino de Navarra y posteriormente.

  8. #8 Ángel Cordón 03 de sep. 2005

    Biblioteca: LOSA, LOUSA, LLOSA, LOZA, LAUZA, LAUZO, LOSE

    Por si resulta de interés, reproduzco de un Diccionario de apellidos navarros de Miel Belasko lo referido a LOZA, nombre de una cendea en la Cuenca de Pamplona, y a LOYA LOZA Significado: Dudoso Comentario lingüístico: Es nombre que se repite en toponimia menor y que podría estar compuesto de lhi “barro” con pérdida de vocal final en composición y el sufijo abundancial -tza. Traducciones curiosas y explicaciones populares: Traducciones de este género son: “pastizal”. Documentación antigua: Lotza (1172,NEN); Loça (1274, 1279, NEN; Lossa (1277, NEN); Lotça (1282,1269, NEN) (NEN: Nomenclátor Euskérico de Navarra.) LOYA. Ezprogui (Sangüesa) Significado: “Barrizal”. Del vasco lo(h)i “barro” y el alrtículo -a Documentación antigua: Loya (1280, ZABALO)

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